Conductas orales repetitivas como el bruxismo, masticar chicle o morderse las uñas –que se realizan de forma automática o inconsciente en situaciones de elevada tensión emocional– benefician al cerebro, como se desprende de una investigación dirigida por el Dr. Francisco Gómez, de la Universidad del País Vasco.

El estudio presenta datos experimentales en roedores que avalan la hipótesis descrita de que el hábito bruxista podría ser un «mecanismo de descarga desarrollado inconscientemente por las personas para así aliviar las consecuencias del estrés» o ansiedad sobre el propio organismo.

Según las investigaciones, se confirma que existe una asociación significativa entre la liberación de dopamina en el cerebro frontal con la conducta de tipo bruxista. En una situación de estrés se activan numerosas áreas del cerebro, que libera múltiples neurotransmisores, entre ellos, la dopamina, la cual «está involucrada en la regulación de las emociones ante situaciones de angustia y ansiedad, además de estar muy implicada en la aparición de aquellas».

No obstante, los investigadores recuerdan que el bruxismo es «un hábito oral muy nocivo para el aparato masticatorio (desgaste excesivo de dientes, enfermedad periodontal, mialgias masticatorias y problemas en la articulación de la mandíbula), que afecta hasta a un 20 por 100 de la población».

La investigación, realizada en colaboración entre los profesores e investigadores del departamento de Estomatología, Francisco Gómez, y del Departamento de Farmacología, Jorge Ortega, Igor Horrillo y Javier Meana, de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV/EHU, y publicada en la reconocida revista «Journal of Dental Research», ha ganado el primer premio «Juan Luis Ferrer» de la Sociedad Española de Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial (SEDCYDO).