Presidente y vicepresidente del Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España, doctores Alfonso Villa Vigil y Juan Antonio López Calvo, convocaron a los medios de comunicación para hacer llegar a la población un importante y preocupante aviso

El Consejo de Dentistas advierte a la población y a los odontólogos sobre la publicidad fraudulenta relacionada con un uso no autorizado de estos medicamentos

El Consejo de Dentistas advierte a la población y a los odontólogos sobre la publicidad fraudulenta relacionada con un uso no autorizado de estos medicamentos

El Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España lleva más de dos años alertando a sus colegiados acerca de los cursos de infiltración de toxina botulínica dirigidos a profesionales de la odontoestomatología. Ahora, ante la proliferación de anuncios en los que se atribuyen a este medicamento indicaciones que no están autorizadas legalmente, la organización que representa al colectivo de dentistas ha decidido hacer llegar su mensaje también a los ciudadanos, ya que estas prácticas fraudulentas pueden ocasionarles problemas graves de salud.

El 29 de enero, el Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España convocó una rueda de prensa a la que invitó no sólo a las publicaciones técnicas del sector, sino a importantes medios nacionales de información general.

Se trataba de transmitir a la población un mensaje de importancia y una seria advertencia al respecto de clínicas de estética que ofrecen tratamientos con toxina botulínica no autorizados legalmente.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios reconoce sólo cuatro medicamentos con toxina botulínica cuyo empleo está autorizado en nuestro país, tres de ellos tienen aplicaciones médicas (Botox®, Dysport® y Neurobloc®) y el cuarto (Vistabel®) se usa en estética, pero (¡ojo!) únicamente para el tratamiento de las arrugas del entrecejo.

Botox y Dysport están indicados en adultos para el tratamiento de blefarospasmo, espasmo hemifacial, tortícolis espasmódica, en pacientes que han sufrido un accidente cerebral vascular para la espasticidad del brazo y de la pierna o de la muñeca y de la mano y para el tratamiento de la espasticidad en niños con parálisis cerebral. Botox además está autorizado para el tratamiento de la hiperhidrosis primaria severa y persistente de la axila. “Cualquier otro uso representa someter a un paciente a un riesgo innecesario para su salud”, declaró el presidente del Consejo General, doctor Alfonso Villa Vigil.

Recientemente, el Consejo General ha tenido conocimiento de una clínica de estética que ofrece tratamientos con este tipo de toxina para corregir la sonrisa gingival y, lo que es peor, sin diagnóstico previo, ya que tal diagnosis debería realizarla un odontólogo o estomatólogo y no parece que la clínica tenga ninguno en plantilla (con lo que, además, se podría achacar a la mencionada clínica un delito de intrusismo profesional).

De momento, el Consejo General ya ha denunciado estas irregularidades ante las consejerías de Sanidad de Madrid y Barcelona.

Otro asunto que preocupa al colectivo de dentistas españoles es la proliferación de cursos dirigidos a odontólogos y estomatólogos sobre el uso de toxina botulínica para odontología y aumento de labio mediante microfillers. Hace ya algún tiempo, tanto el Colegio de la 1.ª Región como el propio Consejo General, denunciaron ante la Comunidad de Madrid la existencia de este tipo de cursos, lo que tuvo como consecuencia la suspensión de lo mismos.
“Para nuestra desolación, hemos detectado multitud de anuncios en internet que preconizan usos indebidos de la toxina botulínica. Incluso, en uno de ellos se observa una infiltración geniana paranasal que tampoco puede realizar un odontólogo”.

En este sentido, el doctor Villa Vigil recordó una vez más que sólo los médicos (y en determinados casos autorizados por la administración sanitaria) pueden emplear este producto, nunca un odontólogo, y que la toxina botulínica no posee ningún uso clínico odontológico, en tanto que su uso estético se limita a las arrugas del entrecejo.

Es cierto que está en estudio su utilidad en problemas como la disfunción temporomandibular, pero, de momento, no se han realizado las suficientes investigaciones para que la aplicación en estos casos esté justificada ni sea segura.

El Consejo General envía puntualmente información a sus colegiados, tanto a través de su página web como de su revista y mediante comunicados que remite a las publicaciones técnicas del sector, para recordarles qué prácticas no están autorizadas. “No tenemos nada que objetar a que se dicten cursos sobre últimas tecnologías, siempre y cuando las prácticas que en ellos se impartan sean legales y se lleven a cabo en lugares adecuados”.

Avisó también de que el uso no autorizado de toxina botulínica por parte de un dentista puede conllevar una implicación penal para este profesional (constituye delito) y, si bien de momento no se tiene conocimiento de ninguna denuncia al respecto, “la póliza de responsabilidad civil no cubre estas actuaciones ilícitas”. Por lo tanto, “por su propia seguridad, no deben utilizar este producto”.

En el caso de la colocación de microfillers (inyecciones de ácido hialurónico para el aumento del labio), también se recomienda a los odontólogos que, antes de dedicarse a esta práctica, contacten con la compañía de seguros de responsabilidad civil, al objeto de contratar la cobertura correspondiente.

Entre los riesgos para la salud que implica el uso de estos medicamentos por diseminación de la toxina, una nota informativa de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios fechada el 6 de julio de 2007, señala que se han notificado casos graves de debilidad muscular, disfagia o neumonía por aspiración, algunos de los cuales tuvieron un desenlace mortal.

En concreto, los pacientes con trastornos neurológicos subyacentes o dificultades para deglutir presentan un mayor riesgo de sufrir reacciones adversas.