Dr. Juan Antonio López Calvo, Premio Santa Apolonia del Consejo General de Dentistas de España

Aunque está en «fase de retirada», el Dr. Juan Antonio López Calvo se resiste a desligarse de una profesión que le ha reportado numerosos amigos y grandes satisfacciones. La última: la concesión del Premio Santa Apolonia del Consejo General de Dentistas de España. En su clínica, donde amablemente nos recibió, repasamos con él su trayectoria, aportándonos su punto de vista sobre el estado actual de la Odontología española que, a su juicio, ofrece un panorama desolador.

—Este mes de diciembre, en el trascurso de la gran gala de la Odontología, recoge usted el máximo galardón de la organización colegial. ¿Qué sintió cuando recibió la noticia?
—Me comunicó la noticia personalmente mi buen amigo, el Dr. Óscar Castro, presidente del Consejo General de Dentistas de España. Indudablemente, supuso una enorme satisfacción y orgullo. Y, también, algo de sorpresa, porque intuía que existían candidatos alternativos con muchos méritos. Es un magnífico reconocimiento de la profesión, de mis compañeros, a una trayectoria profesional cuanto menos larga e intensa; una distinción propiciada, eso sí, por la gran cantidad de buenos amigos que he atesorado en todos estos años.

—Usted siempre ha estado muy vinculado a la colegiación. Fue presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región. ¿Qué le aportó esa etapa?
—Fundamentalmente me aportó información sobre todo del sector profesional y experiencia en la gestión. Asimismo, un enorme bagaje de conocimiento y amistad con colegas extraordinarios a todos los niveles, desde los compañeros de la Junta de Gobierno y muchos presidentes colegiales hasta los que, de forma totalmente desinteresada, venían a dictar cursos o conferencias. Eso enriquece en lo profesional y en lo personal.

—Además, durante varios años, ocupó la vicepresidencia del Consejo General de Dentistas de España. ¿Qué vinculación tiene hoy en día con el organismo?
—Oficialmente ya no existe ninguna vinculación, pero periódicamente «me asomo» por el Consejo para conversar con los buenos amigos con los que he convivido muchos años. Y, de vez en cuando, compartimos alguna cena informal, pero sin vinculación en sentido estricto, únicamente por amistad.

—¿Cómo fue su etapa en el Consejo General de Dentistas de España?
—Extraordinaria en todos los aspectos. Compartir la gestión con Alfonso Villa Vigil fue totalmente enriquecedor. Aunque no sea persona que delegue fácilmente asuntos en otros, observar su capacidad de trabajo, su intuición para estudiar cada tema, para evaluar alternativas, para analizar la mejor solución por complicada que sea, etc. es prodigioso. La actividad con él se vuelve frenética. Sería imposible enumerar la cantidad de proyectos que se han desarrollado en estos años, algunos de los cuales, tal vez, hayan sido discutidos o no se hayan culminado, pero la gran mayoría han llegado a buen puerto y han resuelto muchos problemas. Considerarse partícipe de esta actividad en defensa de la profesión me hace sentir muy afortunado.

275_Entrevista—¿Echa de menos estar en primera línea de batalla para luchar por mejorar la profesión?
—Pues sí, se echa de menos realmente. Pero yo, aunque parezca mentira, soy partidario de realizar cambios periódicos en los equipos dirigentes. Así lo hice en mi etapa de presidente del Colegio de la I Región, no presentándome a una segunda reelección, y también lo hubiera hecho en el Consejo General, pero las circunstancias, a veces, obligan a contradecir las propias ideas. Creo que conviene dejar paso, periódicamente a nuevas ideas, a otras formas de ver y entender la profesión, a nuevas ilusiones. etc. Es necesaria una renovación periódica de líderes.

—¿Por qué decidió elegir la rama médica estomatológica para formarse?
—Al terminar el Bachillerato Superior estaba bastante desorientado. Por mis aficiones personales, pensaba en alguna ingeniería: Aeronaútica o Naval. Afortunadamente mi tío, José Calvo Blázquez, a quien estaba muy unido, me sugirió seguir sus pasos profesionales y convertirme en dentista. Me lancé a la aventura, al principio sin mucha convicción, pero, ciertamente la Medicina se fue «apoderando» progresivamente de mí, sobre todo en mi época de alumno interno de Patología General con el Profesor Casas. Hice la licenciatura sin problemas –a pesar de Tamarit y Gallego–, pensando tal vez en hacer luego Cirugía Maxilofacial, pero, como simultáneamente asistía a la clínica de mi tío para auxiliarle en su quehacer clínico diario, la Odontología me sedujo totalmente. Y, por fortuna, porque mi principal afición, todavía hoy, es el ejercicio profesional con el que he estado disfrutando a lo largo de mi vida. Nunca le agradeceré lo suficiente a mi tío su ofrecimiento.

—¿Cómo recuerda su época estudiantil?
—Fue una etapa estupenda. En aquella época, tenía la suerte de poseer memoria fotográfica lo que me permitía holgar durante todo el curso asistiendo a clases teóricas y a las prácticas, tomando apuntes y estudiar justo antes de cada examen. Esa dote me permitió vivir una etapa extraordinaria, sin excesivo esfuerzo, y aprovechando cada momento libre para disfrutar de una vida social intensa.

—¿Se ha arrepentido alguna vez de elegir este camino?
—De ninguna manera. Al revés, me he sentido siempre completamente afortunado y satisfecho por mi elección. Además, mis circunstancias personales y familiares me han permitido ejercer la profesión de un modo ciertamente cómodo.

—¿Cómo es el día a día en la clínica del Dr. López Calvo?
—Bueno, actualmente estoy ya en «fase de retirada». Prácticamente ahora solo atiendo a familiares y amigos, más que nada por seguir disfrutando de ese placer que es para mi la clínica. Es mi sobrino, Alfredo Saralegui Calvo –ya la cuarta generación de dentistas en nuestra familia– quien lleva la carga principal de la clínica. Durante mi vida profesional activa, como les decía antes, he tenido la fortuna de poder dedicar a cada paciente el tiempo necesario para un acertado diagnóstico y un correcto tratamiento, orientando mi actividad hacia la Odontología Conservadora y Restauradora. Poder trabajar así es un auténtico placer, y será, sin duda, lo que más eche de menos.

—En todos estos años de profesión, seguro que tiene alguna anécdota digna de mención.
—Infinitas. Alguna de ellas refleja mi carácter despistado. Soy muy mal fisonomista y, ahora, tengo pésima memoria visual (bueno, de la otra, también). En cierta ocasión, al recibir a una joven paciente en la consulta, la dije: «¡Cuánto tiempo sin verte!». A lo que ella respondió: «¡No me extraña, es la primera vez que vengo a su clínica!». Con decirte que hace poco, estando en misa en Sabiñán –un pequeño pueblo de Zaragoza en el que poseo una casa familiar y donde me conoce todo el mundo, pero yo confundo a todos–, al darme un señor la paz, le estreché la mano diciendo: «me alegro de verte».

Trabajar con tiempo sobrado, sin excesiva presión asistencial, supone intimar mucho con el personal auxiliar, incluso con los pacientes y en este ambiente distendido suceden múltiples ocasiones divertidas y graciosas.

—A lo largo de su carrera, ¿qué profesionales le han marcado más?
—También en eso he sido afortunado. He conocido y tratado a profesionales de excepción. El primero mi tío, José Calvo Blázquez, un hombre especialmente bueno que supo granjearse el afecto de cuantos le conocieron. Un profesional excepcional, con una práctica clínica minuciosa y singularmente eficaz y con un trato humano excelente. Guió mis titubeantes pasos en la Odontología y me imbuyó su buen hacer clínico. Aprendí mucho a su lado. Y, además, el fue quién me traspasó su interés por la docencia y por la vida corporativa. Inolvidable.

El Dr. Juan Antonio López Calvo conversando con José Luis del Moral, director de GACETA DENTAL.
El Dr. Juan Antonio López Calvo conversando con José Luis del Moral, director de GACETA DENTAL.

En la Escuela de Estomatología mi primer contacto fue con Luis García Vicente. Un hombre fantástico, imaginativo, cordial, simpático y afectuoso (aunque tenía fama de antipático y duro con los alumnos). Él me transmitió su pasión y su ilusión por la docencia y sus ganas de mejorar la formación que se daba a los alumnos. Disfruté con él los mejores años de mi trayectoria docente y de él heredé su voluntad de consolidar el Departamento de Odontología Conservadora y mejorar su docencia. Desde aquí mi agradecimiento más sincero.

También tuve gran relación en la Escuela con Juan Pedro Moreno, extraordinario personaje, visionario inconmensurable, político seductor y «conseguidor» nato. Con el que puede considerarse el padre de la Odontología española actual me inicié en la gestión y, aunque tuvimos ciertos desencuentros, mi admiración por su trabajo sigue incólume.

Quien me introdujo en las labores corporativas fue Antonio Bascones. Otro gran hombre. Trabajador incansable, infatigable gestor, muy buen profesor y persona íntegra con excelentes facetas humanísticas. A su lado comencé mi andadura colegial y por su influencia directa me presenté a las elecciones a la presidencia del Colegio madrileño. Y me enseñó cómo rodearme de buenos compañeros para formar un equipo colegial sólido, homogéneo y coherente. Tengo mucho que agradecerle.

Por último, debo citar a Alfonso Villa Vigíl para quien solo puedo tener palabras de afecto y admiración, aunque sean repetitivas. Por sus aptitudes, su inteligencia, su talento, su capacidad de trabajo, su claridad expositiva, su extraordinario poder de convicción y su integridad a toda prueba. También tengo que agradecerle, además, su confianza y apoyo en todo momento. Como profesional y como amigo es un tesoro a conservar. Espero que en su nueva etapa disponga de más tiempo para disfrutar de la vida, de su familia y de sus aficiones, pero será difícil en una persona con tantas inquietudes.

A todos estos que he citado, podría sumar múltiples compañeros extraordinarios con los que he tenido relación en las Juntas de Gobierno colegiales y en la Escuela y la Facultad. En el ámbito universitario: los profesores López Viejo, Calatrava, Mariano Sanz, Manuel Donado, Ruiz de Temiño, de la Macorra, del Río, López Lozano, Lucas, Rioboó, Vega, Baños o Calderón. En el corporativo: los doctores Gallastegui, Monlleó, Municio, Solo de Zaldívar, Font, Coscolín, Alijarde, Molina, Felipe Landete, García Boix, Fernández Palacios, Bertrand, Asurmendi, Bowen, Macu, Araceli Morales, José María Morales, Marco Verdasco, Luis de Manuel, Jaime Sánchez Calderón, Vicente Jiménez, Ortega Píga, Alfredo Malva, Martínez Lage, Emiliano y José Mª Sada, Pablo Rizo, Antonio Barreiro, Gerardo Saborido, Paco Férre, Paloma Planells, todos los compañeros del Comité Ejecutivo, etc. ¿Les suenan todos estos nombres? Pues, efectivamente, he tenido la suerte y el placer de trabajar con ellos y desarrollar una sólida amistad. Y, perdón, porque seguro que he olvidado a muchos.

—¿Qué le ha enseñado su faceta profesional que aplique habitualmente en su vida personal?
—Muchas cosas. De un desarrollo profesional tan intenso y satisfactorio como el mío, se extraen muchas enseñanzas y una experiencia que ayudan mucho en la vida personal. Tal vez destacaría la prudencia en la evaluación y resolución de los problemas y la minuciosidad y deseos de «hacer bien las cosas». Nuestro trabajo nos impregna de una meticulosidad que a veces incomoda, pero que, aplicada a la vida diaria, a mí me ha resultado muy beneficiosa y gratificante.

—¿En qué ha ganado el sector y en qué ha perdido desde que usted trabaja en él?
—Habría que desarrollar un sistema DAFO para estudiar las debilidades, fortalezas, oportunidades, etc. del sector. Pero, como en todas las profesiones, se ha pasado por diversas etapas. Antes de que yo terminara mis estudios y al principio de mi ejercicio, las posibilidades de una correcta y adecuada formación eran escasas (aunque las intenciones podían ser buenas, el resultado era pobre). Existía una gran presión asistencial y se hacía una Odontología muy práctica, mutilante y con soluciones de prótesis removible de forma habitual. Eso sí, había mucho trabajo y grandes oportunidades de prosperar. Vino luego una época dorada, con bastante mejor formación inicial y buenas posibilidades de perfeccionar y actualizar conocimientos y capacidades. Como existía mayor poder adquisitivo en la población, se pudo ofrecer una Odontología más conservadora y avanzada, de mayor calidad.

Empezó a existir más competitividad y dificultades progresivas.

Actualmente, hay un descenso en la calidad de la formación por la masificación en la Universidad –las privadas son grandes responsables de ello–, por la política de recortes que también ha afectado a los recursos docentes y por las dificultades de acceso y la desigualdad de oportunidades ante los postgrados de calidad. Por otra parte, hay muchos factores que han empeorado el ejercicio profesional y le han colocado «bajo mínimos»: la influencia de la crisis económica; la plétora profesional y sus indeseables efectos (personal mayoritariamente contratado en condiciones deplorables, sin autonomía en diagnósticos ni tratamientos o sometidos a los agentes comerciales) y la mercantilización de la actividad profesional por franquicias y aseguradoras. Todo esto ha conllevado una disminución en la calidad de los tratamientos en general (salvo en las élites profesionales y sociales) y, sobre todo, ha conducido a una nefasta situación de ausencia de posibilidades de trabajo digno, de subempleo y paro, de forzosa emigración de profesionales hacia destinos internacionales más favorables, etc. En fin, un panorama desolador.

El Dr. López Calvo siguió los pasos profesionales de uno de sus tíos. En la actualidad, su sobrino representa la cuarta generación familiar dedicada a la Odontología.
El Dr. López Calvo siguió los pasos profesionales de uno de sus tíos. En la actualidad, su sobrino representa la cuarta generación familiar dedicada a la Odontología.

—Y como profesor que también ha sido, ¿cómo ve a las nuevas generaciones de odontólogos que salen de las facultades?
—Ciertamente nosotros en la Universidad Complutense de Madrid vivimos una época extraordinaria, de bonanza. El tesón de Juan Pedro Moreno como decano y de todos los directores de Departamento consiguió que, tras muchos años de obras, alcanzáramos a tener una Facultad de Odontología entre las mejores de Europa en cuanto a instalaciones. Y también, con una estrategia de continuidad y buenas relaciones con el rectorado y con la administración autonómica, se consiguió obtener una relación profesor/alumno óptima y una autonomía en la gestión docente y económica muy favorable. Con todo ello, estuvimos en condiciones de poner en marcha una muy buena formación de los alumnos, tanto a nivel licenciatura/grado, como de los postgrados.

Lamentablemente en la actualidad no hay circunstancias tan favorables. La crisis se ha traducido en recortes de personal a todos los niveles y en una dependencia de gestión y económica indeseable que conlleva un empeoramiento de la enseñanza. Además, los obligados intentos de adecuación de la formación a las directrices europeas, (eso sí, «a coste cero»), y los buenos propósitos de desarrollar una enseñanza integrada, están complicando el desenvolvimiento de la docencia. Esto ocurre en todas las Universidades públicas. De las privadas, sobre todo de algunas de ellas, más vale no hablar; su objetivo no es perseguir la excelencia, como es norma en el ámbito europeo y norteamericano, sino el mero negocio: promociones de cientos de alumnos, masificación de la enseñanza con propósitos puramente mercantilistas sin conceder importancia a la calidad de la formación, abocándonos a la desastrosa plétora profesional.

—Fue también miembro del comité consultivo para la formación de odontólogos en el Consejo de Europa. Tras años de intentos, las especialidades oficiales en Odontología aún no son una realidad. Una situación totalmente discriminatoria para los estudiantes nacionales. ¿Cuál es su opinión sobre este asunto?
—Mi paso por este comité fue breve, pero me permitió conocer de cerca la lentitud que imprime la burocracia europea a todas las gestiones. El tema de las especialidades es muy complejo. Colegios, universidad y sociedades científicas estamos de acuerdo en que, de una vez, se creen especialidades en Odontología, y es lógico porque realmente es una situación discriminatoria y ya somos prácticamente el único país europeo que no las ha desarrollado. La idea del Consejo de formar especialistas por una vía de residencia (gratuita o incluso remunerada), similar al MIR de los médicos, que suponga igualdad de oportunidades para todos los aspirantes, independientemente de sus circunstancias económicas, es brillante, pero compleja y difícil de poner en práctica. Ya se sabe: «lo mejor es enemigo de lo bueno». Y, además, se encontró con la feroz oposición de universidades y sociedades científicas, que vieron peligrar sus intereses, y también de algún presidente colegial, de los que siempre se han opuesto a cualquier propuesta del Comité Ejecutivo.

El MIR de las especialidades médicas tiene circunstancias más favorables: hay hospitales públicos (y privados) donde la formación es factible y de calidad y a la Administración le conviene porque los especialistas en formación llevan un peso importante en la asistencia hospitalaria. Pero en el caso de la Odontología no hay centros públicos donde realizar esa formación. Y a la Administración, por otra parte, no le interesa el tema porque la Odontología, a este nivel, no entra en el sistema sanitario público. Siempre han «oído» nuestras solicitudes de creación de las mismas pero, en la práctica, se han «lavado las manos», dejando que lo intentemos solucionar por nuestra propia cuenta.

Sería fácil hacerlas en las Universidades ya que disponen de la infraestructura de instalaciones y personal necesaria y adecuada y deseos de dedicarse a ello porque supondría una inyección económica importante, pero, en las actuales circunstancias, con el sistema vigente, desde luego no está asegurada la igualdad de oportunidades de acceso y formación para todos los odontólogos aspirantes. Por lo menos, habría que cambiar las condiciones en que se desarrollan hoy los Títulos Propios universitarios. Tendremos que llegar a un acuerdo justo. Las discrepancias profundas se vencen con el diálogo.

—Ni que decir tiene que la formación continuada en el ámbito sanitario es clave para crecer y ofrecer el mejor tratamiento al paciente.
—Claro. En todas las profesiones es necesaria una actualización de conocimiento y técnicas, pero en el ámbito sanitario esto se convierte en imprescindible. Sobre todo hoy, en que asistimos a constantes y asombrosos hallazgos, avances y perfeccionamientos. Y desde luego creo que es la principal función de los Colegios: proveer de esta imprescindible formación continuada a sus miembros. El Consejo General, por su parte, debe continuar su labor para conseguir que estas actualizaciones puedan llegar a todos los colegiados aún en colegios pequeños o Juntas Provinciales que no tengan capacidad y autonomía para organizarlas por su propia cuenta.

En el despacho de su clínica, el Dr. López Calvo se confesó un enamorado de la práctica clínica.
En el despacho de su clínica, el Dr. López Calvo se confesó un enamorado de la práctica clínica.

—¿Ve solución a los grandes problemas que afectan a la Odontología hoy en día? ¿Es usted optimista de cara a una mejora a medio plazo del sector dental?
—Pues, sinceramente, no soy nada optimista al respecto. Tengo la percepción –ojalá sea equivocada– de que nuestros problemas tienen difícil solución. Por ejemplo, la plétora profesional, con las Universidades privadas cegadas en su afán de negocio, fomentando promociones de 300-400 alumnos por curso y ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) y las agencias autonómicas permitiéndolo. Y, por otra parte, las Administraciones responsables (Educación y Sanidad), sin ninguna intención de establecer un imprescindible númerus clausus. Al final, como siempre digo: «Muchos odontólogos sin trabajo para muchos ciudadanos sin atención» porque en la próxima campaña electoral nos «prometerán» la inclusión de la atención odontológica en la sanidad pública pero, en cuanto, cualquiera que sean los ganadores, puedan formar gobierno, se olvidarán de sus ofrecimientos. Estamos acostumbrados. O las macroclínicas franquiciadas y las aseguradoras (con sus engañosas y falsas pólizas dentales), con su modelo de ejercicio mercantilista, sin atisbos de calidad y continuos abusos en las condiciones laborales de los jóvenes –y ya no tan jóvenes– dentistas contratados, mientras la Administración responsable, con estrictas ideas «liberalizadoras», hace la vista gorda ante esos abusos y, sobre todo, ante el descenso de calidad de las intervenciones, que repercute directamente en los ciudadanos. Como decía el Dr. Rodríguez Sendín: «No se puede mercantilizar la salud de los ciudadanos».

Y, otro tema, el de la publicidad engañosa, equívoca o simplemente falsa, con una Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que no solo no vigila y controla, sino que sanciona a los que ponen en evidencia estas peligrosas actividades de desinformación de la sociedad y las favorece, sin intención alguna de ordenar y restringir la publicidad en temas de salud. Y etcétera, etcétera… Muchos problemas en muchos campos. Será difícil que se imponga la cordura y el deseo de solucionarlos.

—¿Qué medidas ve como más urgentes?
—Lo más urgente, aunque ya resultaría una medida cuando menos tardía, sería instaurar númerus clausus. Hasta ahora, cuando reiteradamente hemos trasladado esa necesidad a las autoridades ministeriales, nuestra sensación ha sido, un poco, de que «se reían» de nosotros. Desde luego es una medida que, aunque necesaria, es incómoda para la Administración. Ellos piensan que la competencia sanea cualquier sector y que, además, así bajan los precios. Pero, en salud, estos parámetros no sirven.

En este terreno, también sería bueno hacer ver a la sociedad, a la ciudadanía, que, actualmente, ser dentista no es «un buen negocio» y transmitirles los inconvenientes y las penurias que pasan los recién graduados y la actual tendencia migratoria; son necesarias campañas de divulgación de esta realidad para que las solicitudes de ingreso en las Facultades de Odontología disminuyan y únicamente se asegure un relevo generacional.

Asimismo, sería deseable que, de una vez, se regulase –como antes decía– la publicidad en materia sanitaria para impedir los mensajes que inducen al error y a la desinformación a los ciudadanos. Parece que hay atisbos de que, en algunas Comunidades Autónomas se está consiguiendo algo al respecto y bueno es el comienzo, pero debiera ser una normativa a nivel nacional la que impida el «todo vale» en esta publicidad.

Y, desde luego, hay que seguir insistiendo ante la Dirección General de Seguros o ante quien corresponda, en que lo que se ofrece como un «seguro dental», no es tal seguro, no asegura nada porque simplemente la compañía no corre ningún riesgo y solo cobra la prima. Y el riesgo tiene que estar implícito en el concepto de aseguramiento. Esto, tan elemental, ha sido reiteradamente rechazado por esta Administración. De ahí, insisto en mi falta de optimismo ante la posible solución de los problemas de la profesión.

—Usted que ha sido siempre tan activo, ¿se ve desligado totalmente de la profesión?
—Afortunadamente, soy hombre con muchas aficiones y muchas relaciones. Sin duda, ya echo de menos a tan buenos amigos como he conseguido en la Universidad y en las instituciones corporativas. Intentaré conservarlos y cultivar esa relación. Lo que más voy a añorar, con seguridad, es el quehacer clínico con el que tanto he disfrutado y a mis pacientes, con los que casi siempre he terminado estableciendo una relación muy amistosa y afectiva.
Pero, como les decía, al tener muchas y diversas aficiones (lectura, música, actividades culturales, viajes, bricolaje…), es fácil llenar cada rato. Por ahora, no tengo tiempo para aburrirme y siempre tengo cosas que hacer. Estoy en buena forma, solo con pequeños achaques puntuales. Veremos cuánto tiempo puedo mantenerme con tanta actividad.

Más personal

Nacido en… Madrid, mi pueblo, aunque pesa mucho la ascendencia aragonesa.
Estado civil… Soltero de convicción y sin compromiso.
Aficiones… Sobre todo viajar y leer. También me gusta el bricolaje.
Deportes… Me encanta el fútbol, jugué mucho de joven aunque era muy malo y tenía fama de “leñero” (bien ganada, creo).
Un libro… Un clásico: «Los pilares de la tierra».
Una película… Otro clásico: «El golpe».
Un lugar… Asturias, el río Cares.
Música preferida… Melódica, baladas, rock…
Viajes en cartera… Nueva York (no lo conozco, aunque he tenido que dormir un par de noches allí); ahora, Londres y Granada y, siempre, Río de Janeiro.

Trayectoria académica y profesional

– Médico Estomatólogo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
– Doctor en Medicina y Cirugía ( UCM).
– Profesor Titular universitario.
– Secretario Académico de la Escuela de Estomatología de la Facultad de Medicina (UCM).
– Director del Departamento de Odontología Conservadora de la Facultad de Odontología (UCM).
– Presidente y Vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región.
– Presidente de la Comisión Científica del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región.
– Vicepresidente del Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España.
– Miembro del Comité Consultivo para Formación de Odontólogos (Consejo de Europa).
– Miembro Experto del Comité de Acreditación en Formación Continuada en Odontoestomatología.