Dra. M. Serrano Torrecilla

El tratamiento con implantes osteointegrados supone una de las opciones terapéuticas más demandadas, tanto en pacientes con edentación parcial como total, con la finalidad de alcanzar los objetivos de toda rehabilitación oral protésica como son restablecer la morfología, función, estética y salud del sistema estomatognático.

Esta nueva terapéutica fue impulsada inicialmente por los hallazgos conseguidos por Branemark en 1969, quien asimismo realizó el primer estudio a largo plazo acerca de implantes dentales en 1977, contraindicando la carga inmediata por inducir la formación de tejido fibroso en la interfase entre implante y tejido óseo, dando como resultado la ausencia de conexión directa entre ambos (1,2).

Estudios posteriores concluyeron que el período de mayor riesgo para los implantes se encuentra comprendido entre la segunda y la cuarta semana desde su colocación por producirse una disminución progresiva de la estabilidad primaria de los mismos (3). Asimismo, la ausencia de micromovimientos es imprescindible para evitar la formación de tejido fibroso alrededor del implante, no debiendo superar en ningún caso los 50 ó 100 µm (4).

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