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Cómo afecta el estrés masticatorio de la dieta al crecimiento del esqueleto craneofacial y sus consecuencias para la salud

Todo comenzó hace entre 200 y 300 años, con las revoluciones industriales. Las personas empezaron a tener las muelas del juicio impactadas y apiñadas, lo que provocó que antropólogos e investigadores estudiasen la diferencia entre mandíbulas de las zonas urbanas y mandíbulas de las zonas rurales.

De eso precisamente trata el artículo publicado en Dentistry UK, donde el Dr. Abdel Wahab Dannawi elabora cómo nuestra dieta puede cambiar la estructura de nuestra cara, lo que afecta a nuestra respiración y trae diferentes consecuencias sobre nuestra salud.

Y es que, lo que descubrieron dichos investigadores fue que muchos de los problemas de ortodoncia que experimentaban comúnmente las personas de los países industrializados, se debían a su dieta blanda. La dieta blanda hace que la mandíbula crezca demasiado corta y pequeña en relación con el tamaño de los dientes, lo que provoca el apiñamiento.

Pero no solo eso: el artículo explica que cuando comemos una dieta más refinada y procesada, nuestros paladares no se desarrollan como los de nuestros antepasados. Lo que sucede en este caso es que aparecen dientes apiñados y muelas impactadas, cambiando nuestra postura esquelética y provocando que no recibamos suficiente oxígeno.

Dos grandes preguntas surgen entonces:

  1. ¿Cómo sucede esto exactamente?
  2. ¿Cuáles son sus consecuencias?

Por un lado, el Dr. Abdel Wahab Dannawi menciona en el artículo que los estudios sugieren que una dieta dura, que requiere más tiempo y fuerza para masticar, promueve el crecimiento vertical de la rama y la translocación anterior del maxilar. Es decir, que el crecimiento del esqueleto craneofacial está regulado por el estrés masticatorio.

Si se da un desarrollo inadecuado del maxilar, se puede producir maloclusión e impactación de las muelas del juicio. Incluso se puede causar un subdesarrollo de toda la cuenca del ojo y provocar astigmatismo y miopía.

Pero además, puede disminuir la cantidad de oxígeno que respiramos, que es el punto focal del artículo publicado en Dentistry UK.

En una respiración normal, el conducto nasal está diseñado para ralentizar el flujo de aire dentro de los senos nasales. De esta manera, el aire se calienta y humedece, lo que permite que se mezcle con el óxido nítrico. Y esto a su vez aumenta la entrada de oxígeno en los pulmones.

Pero cuando la respiración se hace por la boca, los pulmones se secan y se infiltran con aire pero sin óxido nítrico. No llega suficiente oxígeno, lo que implica que a largo plazo, se dañan los músculos del corazón y el tejido cerebral.

Por otro lado, la mandíbula necesita al menos 35 mm de hueso detrás del segundo molar para que haya sitio para los terceros molares. De lo contrario, las muelas del juicio se impactarán o no erupcionarán normalmente. La mandíbula, por tanto, ayuda a masticar y tragar. Pero también a respirar, como veremos, ya que forma las vías respiratorias inferiores (paladar blando).

Ahora consideremos la lengua, que es un grupo complejo de músculos que se conecta con la mandíbula, el paladar blando y el hueso hioides. En reposo, normalmente, la lengua debe tocar el paladar. Pero cuando el paladar es estrecho y la lengua se asienta en el suelo de la boca, los músculos no abren las vías respiratorias como deberían.

Esto puede suceder cuando la mandíbula está subdesarrollada, lo que a menudo conduce a terceros molares impactados y apiñamiento de dientes, y a que haya menos espacio en la boca para que quepa la lengua. Entonces, la lengua cae hacia atrás al acostarnos y bloquea las vías respiratorias. Esto interrumpe la respiración y provoca ronquidos o apnea del sueño.

Si se llega a dar una apnea severa, donde hay una interrupción constante de la respiración, se puede interrumpir el flujo de oxígeno al cerebro y dañar partes del mismo que regulan la presión cerebral y la frecuencia cardíaca. Lo que conlleva al desarrollo de problemas graves como la demencia y enfermedades cardíacas.

Como conclusión, el Dr. Abdel Wahab Dannawi declara que la medicina dental es más amplia que únicamente el tratamiento de los dientes: se necesita un enfoque multidisciplinario para ayudar al paciente a detectar cualquier anomalía temprana y así mejorar su salud.

Y no es el primer profesional que lo indica. El Profesor David Williams, presidente del Comité de Ciencia de la Federación Dental Mundial (FDI) también aboga por una integración más estrecha entre la atención médica bucal y la general, tal como declaraba el año pasado.

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