En un conocido restaurante de comida rápida destaca un anuncio que llama la atención de los comensales: «Con cada hamburguesa especial te regalamos una limpieza de boca. Clínica X-Dent» Inaudito, grotesco, vergonzoso. ¿Qué está pasando en una profesión tan respetable como la Odontología para que se llegue a estos niveles de degradación? Famosos anunciando implantes baratos, descuentos, promociones dos por uno, subvenciones mágicas propuestas por «dentistas con corazón», garantías de por vida, ¡todo a cien señores! Un mercadillo de pueblo no se promocionaría mejor que estos mercachifles de la salud. Llevamos años advirtiendo sobre los peligros de una publicidad agresiva y engañosa y los efectos que ocasionan sobre una clase media deprimida que tiene difícil el acceso a una Odontología de calidad y acaba cayendo en las redes de estos depredadores de la salud. Una nueva modalidad de clínicas cuya propiedad está en manos de inversores que arriesgan su dinero y exigen unos resultados económicos por encima de cualquier otro objetivo, incluso el de la buena praxis y la ética profesional.

Fraude sin precedentes

Esta práctica mercantilista ha provocado el mayor fraude de salud que ha conocido este país en toda su historia, protagonizado por las clínicas iDental, con más de 350.000 afectados, buena parte de los cuales han perdido sus ahorros tras haber financiado el tratamiento de sus bocas y sin haber comenzado sus tratamientos. Todo ello tras haber vivido y denunciado fraudes anteriores de similares características por parte de otras conocidas franquicias. Por tanto debemos repartir las responsabilidades no solo entre los dueños y trabajadores de iDental sino también entre los que tenían la obligación de vigilar y de tomar las medidas oportunas para impedir que se repitiera el engaño, en esta ocasión, de enormes dimensiones y ámbito nacional. La administración y el poder legislativo han tenido suficiente tiempo para legislar y poner en marcha las medidas necesarias destinadas a impedir este nuevo fraude y por tanto deberían afrontar las consecuencias de tal desidia.

Medidas necesarias

Las medidas que llevamos años reclamando a los poderes políticos son esencialmente tres. La primera y más importante, bajo nuestro punto de vista, es la de establecer un numerus clausus efectivo, tanto en universidades públicas como privadas. Un país que tiene tres veces más dentistas de los que necesita da pie a una competencia desmesurada y a una mano de obra de calidad y barata, de la que se aprovechan franquicias y aseguradoras para garantizarse una contratación ventajosa. Si a ello le añadimos una legislación laxa en materia laboral, unos materiales de baja calidad y un bajo coste en prótesis, tendremos como resultado la obtención de importantes beneficios económicos, aun a costa de la salud de los pacientes. No estamos en contra de las franquicias y aseguradoras, ya que proporcionan un buen número de puestos de trabajo, siempre que cumplan con la legislación en materia laboral mediante un contrato de trabajo con sueldos dignos que incluyan los incentivos o porcentajes pactados por ambas partes y especifique horarios, remuneración de horas extras, vacaciones e indemnización adecuada en caso de despido improcedente. Las demás fórmulas de contratación como la de los falsos autónomos, alquileres de gabinetes y otras similares constituyen un fraude y una competencia desleal. La segunda de estas medidas debe ser la de la prohibición total de la publicidad en materia de salud, reclamo del que se nutren estas macroclínicas y aseguradoras, que invierten grandes sumas para atraer a sus clientes recurriendo a engaños y falsas promesas que acaban muchas veces en fraudes. Por último la necesidad de que la propiedad de las clínicas esté en manos de los dentistas y, en caso de que sean sociedades las propietarias, que la mayoría de su accionariado pertenezca a profesionales de la salud. Es importante para cualquier usuario diferenciar claramente los dos modelos de clínicas dentales que existen, para que puedan elegir libremente.

Dos modelos

Por un lado, tenemos las mencionadas clínicas marquistas, franquicias, clínicas propias de aseguradoras y macroclínicas con numerosas sucursales, que conocemos a través de los anuncios de la televisión y la radio; y, por otro, las clínicas de titularidad, en las que el dueño o dueños son dentistas y trabajan en ellas como responsables. Es importante conocer sus diferencias porque puede estar en juego la salud de los interesados. La mayoría de las clínicas marquistas tienen como propietario a un empresario ajeno a la profesión, que invierte en ellas, no porque tenga un especial interés en mejorar la salud bucodental de la población, sino para hacer rentable su inversión, es decir, para ganar dinero. Esta es la prioridad de las clínicas marquistas y para ello emplean métodos comerciales basados en la publicidad y el reclamo para atraer a su clientela, la financiación previa al comienzo del tratamiento y la persuasión mediante métodos de venta comerciales para que se elijan las soluciones más costosas, que no siempre son las más convenientes. Hay gran movilidad de los dentistas contratados, por lo que no siempre te atenderá el mismo profesional.

El otro modelo de clínicas es el que conocemos de siempre, que denominamos clínicas de titularidad, en las que el dueño y responsable es el dentista o un equipo de dentistas, cuya prioridad es la salud de sus pacientes. Hay un hecho muy claro en este modelo, al dentista dueño de su clínica le interesa, por encima de todo, alcanzar la excelencia en el tratamiento que da a sus pacientes, pues con ello logra que vuelvan y que les recomienden a las personas de su entorno.

Elegir bien, clave

Por tanto la elección de este tipo de clínicas tendrá cuatro ventajas: la seguridad, pues el profesional que te atiende va a estar siempre en la clínica para futuras revisiones o cualquier eventualidad o urgencia que pueda surgir. La confianza, ya que el trato prolongado con el mismo dentista crea unos lazos de familiaridad que se acrecientan con el tiempo, ayudando a superar el miedo y a despejar las dudas.

Calidad en los materiales y en el equipamiento, así como en la puesta al día en los últimos avances. Y la ética, ya que son los más interesados en no hacer tratamientos innecesarios y en ofrecer las mejores soluciones, después de estudiar todas las opciones. Una buena elección de clínica y dentista es el primer paso para garantizar un buen tratamiento y evitar fraudes, engaños y problemas de salud. Aunque siempre hay excepciones a la regla, no hay que dejarse seducir por la publicidad a la hora de elegir una clínica porque en temas de salud lo barato puede salir muy caro.