El Dr. López-Valverde está al frente del equipo de investigación cuyo proyecto «Regeneración ósea por medio de células madre» ha sido merecedor de una prestigiosa beca Mapfre. Con él hablamos del mismo y abordamos cómo es el panorama investigador en España en el campo odontológico. La coyuntura económica no lleva al optimismo respecto a la financiación de proyectos, a pesar de que la ciencia odontológica está sometida en la actualidad a un profundo proceso de transformación.

—En qué consiste la investigación que están llevando a cabo y gracias a la cual han conseguido una beca Mapfre de investigación?

—Nuestro proyecto de investigación se basa, fundamentalmente, en la regeneración ósea por medio de células madre mesenquimales, en combinación con una serie de productos que nosotros, en nuestro argot, denominamos «carriers» o trasportadores.

—¿Quién compone el equipo investigador que está detrás de este proyecto?

—Proyectos de esta envergadura requieren una serie de investigadores experimentados y solventes. Suelen ser proyectos multicéntricos. En nuestro caso, tenemos la gran suerte de sentirnos respaldados por personas con un amplio bagaje en el quehacer investigador. El profesor Clemente Muriel Villoria, catedrático de la Universidad de Salamanca y director del Departamento de Cirugía, al cual pertenecemos una buena parte del equipo investigador. La profesora Mª José Sánchez Ledesma, subdirectora del Departamento. Los Doctores Joaquín de Vicente, Leticia Blanco y Rosa Rojo, igualmente del Departamento de Cirugía de la Universidad de Salamanca. Las Doctoras en Biología, Begoña García y Sandra Muntión del Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca. El profesor Juan Carlos Prados Frutos, director del Departamento de Estomatología de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y el profesor Antonio Cutando Soriano del Departamento de Estomatología de la Universidad de Granada. Todos con una amplia experiencia en el campo investigador. Finalmente, un servidor, al que, en este caso, le ha tocado liderar el grupo, aunque cualquiera de los integrantes del proyecto estaría en excelentes condiciones de hacerlo.

—¿En cuánto tiempo se concretará el proyecto?

—En principio, la fase experimental animal se alargará durante 1-2 años. Posteriormente, pasaremos a los ensayos clínicos en humanos.

—¿Qué pasos irá dando el equipo investigador?

—Básicamente, la primera fase se hará en un modelo experimental animal, en el cual se crean una serie de defectos óseos, donde, por explicarlo sencillamente, se deposita el sustituto regenerativo. Ésta será la primera fase de la investigación. A continuación, casi con seguridad, en algún otro modelo experimental diferente al primero, antes de pasar al ensayo clínico en humanos. Como usted podrá comprender, todo esto es un poco más complejo de lo que expongo en este comentario.

—¿Cuándo podremos conocer los resultados de la investigación?

—Cuando existe un mecenazgo en una investigación, como es este caso y, en general, la mayoría, el mecenas, en este caso Mapfre, queda propietario de los resultados obtenidos, con lo cual, los resultados y su difusión dependen de las decisiones que tomen ellos. Nosotros nos limitamos, única y exclusivamente, a investigar. Es nuestra misión fundamental. Pertenecemos en la Universidad al PDI (Personal Docente-Investigador).

—¿Qué intentará aportar este trabajo al campo odontológico?

—Si los resultados son positivos –y estamos convencidos de ello–, no solamente el campo odontológico se beneficiará de estos resultados, en general, donde se requiera regeneración ósea. Piense usted que este campo es amplísimo, traumatología, ortopedia, cirugía oral y máxilofacial, etc.

En cuanto al campo odontológico, la regeneración ósea significaría, entre otras cosas y por ser escueto, tener hueso donde antes no existía, en fin, el caballo de batalla diario, por ejemplo, en el campo implantológico.

—Con la concesión de la beca, se supera una de las principales dificultades para llevar a cabo un proyecto de investigación: la financiación. Pero, ¿a qué otras adversidades deberá enfrentarse el proyecto?

—Muchas e imprevistas, pero quiero ser optimista y no pensar en dificultades, sino en el trabajo y en las cosas bien hechas que conducirán, con seguridad, a buenos resultados. Esa es la filosofía de mi labor cotidiana.

—Desde hace varios años, la investigación con células madre es muy habitual en la medicina.

—Desde que en el año 2003, Prósper, de la Clínica Universitaria de Navarra y Verfaille, de la Universidad de Minnesota, describiesen la capacidad de ciertas células somáticas adultas (mesenquimales) de generar, mediante transdiferenciación, células funcionalmente activas de otros tejidos, se abrieron las puertas de la ingeniería tisular.

Las estrategias de esta disciplina, en la que se han depositado todas las esperanzas de la medicina regenerativa y reparadora, se fundamentan en la combinación de estas células pluripotenciales, con materiales artificiales y moléculas bioactivas que induzcan la neoformación tisular.

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De izda. a dcha. López-Valverde; Mª José Sánchez, Sandra Mutión, Leticia Blanco y Joaquín de Vicente.

Le quiero decir que, desde esta época, el interés clínico y biológico que han despertado estas células ha ido en aumento, siendo muchos los estudios sobre ellas y en este terreno.

—Ustedes centran su investigación en la regeneración ósea. ¿Por qué?

—Cada día nos enfrentamos a mayores retos en la implantología oral, movidos, generalmente, por la demanda de nuestros pacientes. La Odontología tradicional, la de hace 20 años, por citar una cifra, está asistiendo a cambios significativos, de forma impensable, casi, casi, como ciencia ficción. Si hace no más de 30 años le comentan a alguien que los dientes se atornillarían a unas fijaciones instaladas en los maxilares, ¿qué hubiese pensado? Sin embargo, eso es una realidad desde hace ya unos cuantos años. Para instalar esas fijaciones en los maxilares, es necesario que exista una buena disponibilidad ósea y ése, precisamente, es el problema al que los odontólogos, cirujanos orales y cirujanos maxilofaciales nos enfrentamos a diario. La regeneración ósea en sitios donde escasee el tejido es fundamental y, hasta ahora, se está llevando a cabo por medio de métodos no carentes de un buen componente yatrogénico por parte del profesional.

—¿Qué avances se han conseguido ya en el terreno de las células madre?

—La terapia celular ha curado animales en modelos de enfermedad, aunque siguen sin conseguirse los efectos deseados en humanos ya que, entre nosotros, las patologías suelen ser mucho más complejas que las simulaciones en animales de experimentación.

Quizás influyan en ello una serie de factores como podrían ser el estrés, la alimentación, el estilo de vida, además de los factores genéticos, siempre complejos.

Las ASC (Adult Stem Cells), Células Madre Adultas, usadas como complemento en el tratamiento de fracturas, son una realidad clínica desde hace varios años. En el año 2004 un equipo de cirujanos alemanes, coordinados por el Dr. Howaldt, logró regenerar, en una niña de siete años, un defecto craneal de alrededor de cien centímetros cuadrados.

Proyectos de ingeniería tisular regenerativa, por medio de células madre, en defectos óseo-maxilares, me consta que se están llevando a cabo en España en diferentes centros, aunque desconozco si los resultados, a nivel clínico, han sido satisfactorios.

—¿Existe algún país o modelo referente en el campo de la investigación con células madre?

—En Europa, en 2011, el Tribunal de Justicia Europeo, se pronunció en contra de las patentes de células madre embrionarias humanas y esto ha retrasado la investigación en el continente. De todas maneras, España, Suecia y Reino Unido son, en Europa, los países más abiertos y permisivos en este tipo de investigaciones.

En cuanto a su pregunta, no lo sé, pero sí le puedo hacer el comentario de que en EE.UU. Bush había prohibido que el gobierno destinara fondos federales a la investigación con células madre y el presidente Obama, en 2009, levantó la prohibición, con lo cual, y como suele ocurrir, donde más se invierte en investigación es donde más se investiga.

—¿Qué lugar ocupa España dentro de la investigación en el campo odontológico?

—Toda la investigación biomédica española ha sufrido un notable desarrollo en los últimos treinta años.

En un estudio publicado, en el año 2008, en la Revista Española de Documentación Científica, no salíamos muy bien parados. Ocupábamos el puesto 21, por detrás de países como Grecia, en el puesto 20; Italia, en el 11; Turquía, en el 12… A la cabeza, como es costumbre, EE.UU., 39.741 artículos publicados; España, 891. La crisis económica que estamos sufriendo incrementará, con seguridad, estas diferencias.

—¿A qué retos se enfrentan los investigadores odontológicos?

—La ciencia odontológica, como otras muchas ciencias, está sometida, en la actualidad, a un profundo proceso de transformación.

Mantenerse al día es, cada vez, más difícil. Estamos asistiendo a cambios radicales en la forma de actuación profesional, en nuestras clínicas, en cualquier disciplina odontológica. Los tratamientos novedosos se transforman en obsoletos en poco tiempo.

En pocos años, cualquier tratamiento convencional, de los que hoy día aplicamos, estará en el olvido. Fue el caso de los implantes dentales que, en su momento, revolucionaron la filosofía odontológica tradicional.

Pero, si trasladamos la pregunta a nuestro país, mejor sería plantearla de la siguiente manera: ¿A qué retos se enfrenta la investigación en Odontología? Y mi respuesta sería contundente: crear un buen número de investigadores competentes. ¿Y sabe usted por dónde pasa esta respuesta? Pues por dos cosas fundamentales que son el ABC de este asunto: crear políticas, por parte de la Universidad, para fomentar la investigación, y una buena financiación económica por parte de quién sea.