Hasta hace poco la mayoría de los investigadores sólo tenían en cuenta la variación del tamaño de los dientes del T. Rex, cuando estudiaban la sonrisa de este extinto carnívoro de la época de los dinosaurios.

Pero ahora, una paleontóloga de la Universidad de Alberta (Canadá) ha descubierto que más allá de la obvia diferencia en el tamaño hay una variación considerable en los bordes dentados de los dientes. Estos bordes variables no sólo permitían que la fuerza de los dientes de los T. Rex fuera útil para cortar carne y hueso, sino que además la colocación y el ángulo de estos dientes dirigían la comida en su boca.

La paleontóloga Miriam Reichel analizó los dientes de toda la familia de los tiranosauros y encontró que el T. Rex tenía la mayor variación en la morfología o estructura de los dientes. Esta especialización dental fue un gran beneficio para un animal cuya preocupación se apartaba de la de otros dinosaurios. La investigación, que ha sido publicada en la Revista Canadiense de Ciencias de la Tierra, aporta como conclusiones que los dientes delanteros del T. Rex fueron diseñados para agarrar y tirar, mientras que los dientes a lo largo del lado de la mandíbula perforaban y desgarraban la carne, y los dientes en la parte posterior no sólo trituraban sino que, además, dirigían la comida hacia la garganta. Reichel explica que estos hallazgos y el apoyo estadístico añaden fuerza a la clasificación de los tiranosauros como animales con dientes adaptados para diferentes funciones, dependiendo de su posición en la boca.