D. Iñaki Lauret

Creo que tratándose de una sección que lleva la palabra multimedia en el título, era obligado hacer referencia a los hechos recientes, y para el que no esté al tanto, y aunque ha pasado casi un mes (el artículo se escribió solo unos días después), lo diré: Steve Jobs, el fundador de Apple ya no está entre nosotros.

Había pensado en poner a este artículo un título más rimbombante como «La Manzana de la Discordia» o «El Legado de la Manzana», pero a tenor de los comentarios, artículos y demás explicaciones y comentarios escuchados estos últimos días, he decidido que lo mejor era no intentar explicar quién era Steve Jobs o lo que pensaba o sentía, pues creo que es algo que, como en el caso de todos los genios, se nos escapa a la mayoría de los mortales.

Lo que sí puedo hacer es referencia a su obra y la impresión que me causó cuando tuve conocimiento de la misma por primera vez y que aún me sigue emocionando.

Sin embargo, un poco de desmitificación nunca viene mal, sobre todo en lo que se refiere a las ideas preconcebidas acerca de fenómenos populares como éste.

A Steve Jobs se le conoce por ser el creador de los ordenadores y dispositivos Apple, y eso creo que nadie lo pone en duda. Lo curioso es que a renglón seguido se suele hacer un panegírico acerca de la importancia del ratón, el sistema operativo con ventanas y el manejo de gráficos digitales.

Bien es cierto que cuando aparece el primer Mac, allá por 1984, la facilidad de uso y el interface gráfico fueron una novedad en toda regla, pero también es necesario resaltar que en aquella época no era demasiado difícil conseguir un salto cualitativo de ese calibre y que los ordenadores ya llevaban algún tiempo realizando tareas complicadas y de gran relevancia técnica y científica.

No es cierto, como dicen algunos, que si no fuera por Steve Jobs los ordenadores aún no tendrían ratón, escritorio con ventanas e internet, cosas todas ellas que ya existían en 1968.

En cuanto al tema de las tipografías, es sabido que Jobs sentía gran preocupación por el tema y pensaba que debían formar parte integral de un interface que fuera agradable para el usuario, pero las tipografías no servirían de mucho en pantalla si después no pudieran trasladarse al papel o a otros soportes, y en este caso, el mérito debe recaer en Adobe y su sistema PostScript.

¿Quiere decir todo esto que entonces sería una cuestión de tiempo que tuviéramos, por ejemplo, un iPhone, aún sin la contribución de Jobs y de Apple?

Difícil cuestión, aunque me arriesgaré en este caso y diré que no lo creo.

Al fin y al cabo no hay más que ver la teletienda e intentar comprender porqué los norteamericanos (y no sólo ellos) con todo su Massachusetts Institute of Technology, aún no han inventado la fregona y se debaten en la oscuridad con todo tipo de artilugios fregasuelos a cual más delirante.

Y es que en Steve Jobs concurren una serie de circunstancias totalmente inusuales y además irrepetibles, tanto en él como en su circunstancia.

Por un lado, la aparición del ordenador personal que, esta vez, sino hubiera sido por él, podría seguir siendo un aparato del que aún nos preguntaríamos qué tiene de personal. Fue gracias a él (y a la habilidad de la competencia para copiar sus ideas) que los ordenadores podían empezar a formar parte de nuestra vida cotidiana, y pudimos empezar a comunicarnos con ellos de una manera más o menos asequible.

A este respecto no puedo evitar hacer referencia a algunos comentarios aparecidos en los informativos, demasiado impregnados de contenido económico a mi parecer, que vienen a decir que la competencia de Apple se está frotando las manos planeando el asalto a la parte de la tarta que aquella había conseguido en los últimos años. Creo que puedo asegurar que los altos ejecutivos de todas esas empresas lloran la muerte de Jobs como el que más, al fin y al cabo, ¿a quién van a copiar ahora?

Más de veinte años esperando día tras día al siguiente evento de Apple para decidir si los ordenadores debían ser negros, plateados o de colores, si los teléfonos podían llevar pantalla táctil y cómo usarla, si la integración de sonido, vídeo y animación podían convivir con el usuario o ser un estorbo y otras miles de preguntas del mismo tipo. En qué invertir el precioso tiempo de los departamentos de desarrollo, en qué basar el siguiente lanzamiento, era relativamente fácil (sólo había que copiar a Apple).

Casi todo el mundo empresarial tenía claro que, aunque no se supiese con mucha claridad qué era y para que servía QuickTime (sistema que utilizan prácticamente todos los estudios de vídeo del mundo actualmente), era la tecnología del futuro, y ¿cómo lo sabíamos? Pues porque lo decía Steve Jobs, simplemente (si es que hay algo simple en todo esto).

¿Sabía Steve Jobs en aquel momento que esa tecnología seguiría funcionando al pasar los años, que triunfaría? Estoy convencido de que no, demasiadas variables, demasiadas incertidumbres, digamos que no estaba en sus manos. El desarrollo de los procesadores podía haber seguido un camino completamente diferente, podía haber surgido algún producto de la competencia más atractivo, podían ocurrir mil cosas.

Pero el caso es que triunfó una vez y otra y otra vez y se convirtió (se hace un poco difícil tener que hablar en pasado) en un personaje único en la historia de la Humanidad.

No era un artista en sentido estricto, ni un actor en sentido estricto, ni político, ni revolucionario, ni filósofo, ni científico, ni médico, ninguna de esas cosas lo fue en sentido estricto, en realidad era un empresario y esta vez sí que se puede decir que lo fue en sentido estricto, es decir, un emprendedor.

Pero, además, fue un empresario que unos consideraban como revolucionario, otros como filósofo y aún otros como el adalid de la fuerza, en contraposición al lado oscuro (encarnado por Windows y su particular Darth Vader, Bill Gates).

Y es que no es posible entender la dimensión que alcanzó Jobs si no se considera la «galáctica» lucha que mantuvo contra el imperio «PC» y que en las mentes de sus seguidores llegó a tomar dimensiones épicas. Su personaje llegó a ser tan relevante porque se oponía, o por lo menos así lo pensábamos los usuarios de Mac, a la fuerza más poderosa jamás conocida (en el mundo de la informática por lo menos), con un producto (Windows), del que sus propios usuarios recitaban la profunda desazón que les producía y la cantidad de catástrofes que podía provocar. Nadie estaba contento con el sistema, pero todo el mundo lo usaba (bueno, casi todo el mundo).

Un sistema a menudo incomprensible y plagado de mensajes y preguntas de respuesta imposible:

«El sistema ha sufrido un error fatal y debe reiniciarse. ¿Qué desea hacer?

Aceptar Continuar Resumir

Si selecciona aceptar, todos sus archivos serán borrados, si selecciona continuar puede perder los archivos de su disco duro, si selecciona resumir, el sistema realizará las operaciones asignadas».

Solución: tirar del cable.

Así que tenemos un sistema operativo odiado por casi todos sus usuarios tanto como odian a su líder, ni más ni menos que el hombre más rico del mundo, pero con un miedo ancestral a abandonar la senda marcada por la mayoría.

Y ahí estaba él, el rebelde, con sus iconos y sus ordenadores con altavoz que hacía algo más que «Piiiiiiii», cuando le dabas al interruptor.

Fue una lucha sin cuartel, pero el malvado Bill Gates era habilidoso dando a su sistema una apariencia que podía engañar a las masas, con su ratón y todo.

Y a pesar de todo, el rebelde triunfó, y lo hizo con todas las de la ley. Puede que aún el sistema de Apple no sea el más extendido, puede que nunca lo sea, incluso, puede que desaparezca en un futuro cercano debido al descubrimiento de nuevos mundos informáticos, pero Steve lo logró, llevó a su compañía a ser la más valorada del mundo, pero no sólo en términos económicos, sino en cariño, fidelidad y emoción. Creo que ningún empresario ha logrado a través de la historia un triunfo de ese calibre y poco importa si la compañía sigue siendo líder en innovación o lo que cada uno considere más relevante, porque la importancia de Steve Jobs no reside en la creación de un producto, ni de un montón de productos. Su importancia reside en haber hecho el trabajo que el mismo se asignó, empresario. Una persona que no conoce lo que puede deparar el futuro, excepto por el pequeño detalle de que a todos nos ha de llegar el día señalado, pero que sabía que la humanidad necesita creer en algo y que si uno sabe que puede marcar el camino, debe marcarlo.

Llegado este punto, no puedo evitar un sentimiento de profunda tristeza, pues aunque nunca tuve la oportunidad de conocerle personalmente y aún siendo seis años menor que él, lo considero de mi generación, una generación que ha visto surgir no un nuevo mundo, sino infinidad de nuevos mundos reales y virtuales y que estoy convencido nos tomó por sorpresa como seguramente le sucedió a él.

Una generación que ha vivido a un lado del espejo y que ha tenido la oportunidad de pasar al otro lado, al lado en el que empieza a ser posible pensar en cualquier posibilidad, a nivel social, técnico y no digamos médico.

Una generación que tiene el inexcusable deber de entender lo que está sucediendo y que, al mismo tiempo, debe comprometerse en explicar a los más mayores lo que pasa y a los más jóvenes que no, que el mundo antes no era en blanco y negro, sólo que la tecnología no permitía trabajar con millones de colores.

En definitiva un momento apasionante de la historia que nos permite emprender nuevos caminos y que seguro nos va a deparar grandes sorpresas, sorpresas que desgraciadamente Steve ya no verá.

Descanse en paz.

MITOS Y LEYENDAS DE LA MANZANA
Ratón

Aunque muchos lo creen, el ratón no fue inventado por Apple, aunque sí fue el primero en sacarle un auténtico partido integrándolo completamente en el sistema operativo del ordenador, de tal forma que podía utilizarse con cualquier aplicación.

Aunque para ser honestos y según Wikipedia:

(El ratón) Fue diseñado por Douglas Engelbart y Bill English durante los años 60 en el Stanford Research Institute, un laboratorio de la Universidad de Stanford, en pleno Silicon Valley, en California.

La primera maqueta se construyó de manera artesanal de madera, y se patentó con el nombre de «X-Y Position Indicator for a Display System».

En San Francisco, a finales de 1968, se presentó públicamente el primer modelo oficial. Durante hora y media además se mostró una presentación multimedia de un sistema informático interconectado en red de computadoras y también, por primera vez, se daba a conocer un entorno gráfico con el sistema de ventanas que luego adoptarían la práctica totalidad de sistemas operativos modernos. En ese momento además, se exhibió hipermedia, un mecanismo para navegar por Internet y usar videoconferencia.

LAS COSAS NO SON LO QUE PARECEN
Stanford

Confieso que durante todos estos años, aunque un enamorado de los ordenadores Apple, nunca he sido lo que se puede llamar un fan de Steve Jobs en toda regla, y sólo después de habernos dejado he descubierto algunos detalles de su vida que hacen aún más interesante su obra.

No en vano, ahora es catalogado como la encarnación del sueño americano y muchas veces eso nos lleva a crearnos imágenes que no guardan relación con la realidad, por eso, para los que aún no estén al tanto, y así, según Wikipedia:

Steve Jobs nació en San Francisco (California) en el año 1955, fruto de la relación entre Abdulfattah Jandali, un inmigrante sirio musulmán, y Joanne Carole Schieble, una estadounidense de ascedencia suiza y alemana. Dos jóvenes estudiantes universitarios que lo entregarían en adopción a una pareja de clase media, Paul y Clara Jobs (Hagopian) de origen armenio. Sus padres biológicos se casarían luego y tendrían otra hija, la novelista Mona Simpson, a quien Steve no conocería hasta la edad adulta. En el seno de la nueva familia Steve creció junto a su otra hermana, Patty. Su padre, Paul Jobs, era maquinista para la compañía estatal de transporte ferroviario y su madre ama de casa (…)

Inicios de Apple Computer

Debido a exigencias de contrato, Wozniak (socio de Steve en Apple) tuvo que dar a conocer su intención de construir un ordenador personal a la empresa para la que trabajaba, Hewlett-Packard, que desechó la idea por considerarla ridícula. Fue así como en 1976 nació Apple Computer Company.

Y para los que no lo hayan visto, creo que este vídeo es obligado, no ya por ser quién es el que habla, sino por su contenido y que viéndolo ahora me produce una emoción aún más profunda que la primera vez.

Como detalle, una frase que me parece especialmente inspiradora: «No puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás». Así que debes confiar en lo que haces ahora, aunque no estés muy seguro del partido que le podrás sacar más adelante.

Lo más sencillo es buscar en Youtube con la frase: «Steve Jobs Discurso en Stanford Sub.Español HD».

LO MENOS CONOCIDO DE APPLE
Drone

Es evidente que ya no queda casi nadie que no haya oído hablar del iPhone, quizá son menos los que saben lo que es un Mac, pero en general todos han oído hablar de la «manzanita» en lo que a ordenadores se refiere.

Muchos saben que los Mac son ordenadores con multimedia, diseños curiosos y que no se sabe muy bien de dónde les viene la fama.

A este respecto hay anécdotas de todos los tipos, pero una que puede resultar curiosa es que los ordenadores Apple fueron los primeros en incorporar de serie el lector de CD-ROM, lo que fue muy bien recibido por los usuarios que exclamaban:

«Fíjate que detalle más útil, hasta han pensado en un posavasos, ahora ya tenemos donde poner el café sin peligro de que se caiga sobre el teclado».

Y aunque parezca mentira, ese fue el primer uso que se le dió a la bandejita donde se coloca el disco, ya que si tenías la CPU en el suelo al lado del escritorio, qué mejor sitio para dejar el café.

Sin embargo, y anécdotas aparte, una de las características menos conocidas del sistema de la manzana, ha sido la casi total ausencia de virus informáticos desde sus inicios hasta hoy.

Apenas en una ocasión en los años noventa y otra más reciente, ha habido un par de intentos que no han prosperado y ésa es la razón por la cual, los usuarios de Mac no tienen instalado ningún tipo de antivirus en sus máquinas, y de hecho, no sufren ninguno de los inconvenientes derivados de los mismos.

Es cierto que los programas antivirus se han ido perfeccionando con el tiempo y que en este momento, y por un módico precio, existen soluciones de gran eficiencia, pero no hay que descartar que es una amenaza real y que si bien en un entorno personal el daño puede ser limitado, en otros ámbitos puede resultar muy inquietante, y sino que se lo digan a los responsables de manejar los aviones militares teledirigidos conocidos como Drones, como puede leerse en Wired.com:

Exclusivo: Virus informático golpea la flota de aviones no tripulados de EE.UU.

Un virus informático ha infectado a las cabinas de los aviones no tripulados Reaper y Predator, registrando los golpes de teclado de los pilotos, en cada misión en Afganistán y otros zonas de guerra.

El virus, detectado por primera vez hace casi dos semanas por el Sistema de las fuerzas armadas de seguridad basada en host, no ha impedido a los pilotos de la Base de la Fuerza Aérea Creech en Nevada realizar sus misiones en el extranjero. Tampoco ha habido confirmación de que se haya interceptado información confidencial.

Pero el virus ha resistido varios intentos de ser eliminado de las computadoras de la Base Aérea de Creech y amenaza la credibilidad del sistema de armamento más importante de los EE.UU.

El artículo continúa detallando que el virus sigue activo y que no están muy seguros de hasta dónde ha llegado.

Mientras tanto, los aviones (en realidad bombarderos) siguen realizando sus misiones a miles de kilómetros de la base desde la que se les controla, y no es nada tranquilizador pensar que pueden empezar a desviarse de la ruta trazada y buscar objetivos que no estaban programados en un principio.

Quizá si hubieran utilizado el sistema de Apple…

Artículo elaborado por:

D. Iñaki Lauret

Responsable del Departamento de Audiovisuales e Informática de i²

Centro i² Implantología Madrid