Dr. Mariano Sanz

El 16 de marzo se celebra el 25 aniversario de la célebre Ley 10/86, la que venía a actualizar en nuestro país la situación académica de los estudios para acceder a la profesión dental. Ello era consecuencia de nuestra pertenencia a la Comunidad Económica Europea, donde los títulos universitarios –y no sólo universitarios, pues la Ley se titula «Sobre Odontólogos y otros profesionales de la salud bucodental», esto es, Protésicos e Higienistas Dentales– deberían converger para que la libre circulación de profesionales fuera posible.

España presentaba en aquel momento una situación peculiar –por lo poco frecuente– en el ámbito europeo, ya que el acceso a la profesión se alcanzaba mediante el título de especialista médico, concretamente en Estomatología. Este modelo de formación médica especializada se daba únicamente Francia y en Austria, países que como España finalmente lo abandonaron para realizar únicamente estudios odontológicos independientes de Medicina.

Quizá convenga de entrada hacer un recuerdo de cómo se había llegado a esta titulación. Este recuerdo va jalonado por unas fechas que corresponden a diferentes concepciones de lo que desde antiguo se llamó, con término neutral, el «Arte Dental».

La etapa más larga en nuestro país transcurre de forma muy pintoresca pues la regulación de los estudios profesionales era apenas inexistente. Desde la Ley que los Reyes Católicos promulgaran el 9 de abril de 1500 –como recuerda nuestro profesor Javier Sanz en su «Historia General de la Odontología Española»–, en la que se pidió por primera vez un examen a los Barberos que en un futuro quisieran «extraer dientes y muelas», transcurren dos siglos y medio sin actualización alguna en la legislación que hoy llamaríamos odontológica, cuando los Reales Colegios de Cirugía, mediado el siglo XVIII, exigieron en sus ordenanzas algún conocimiento previo para realizar algunas intervenciones dentales entre otras operaciones de cirugía menor.

En el siglo XIX no cambiaron mucho las cosas, o al menos no cambiaron tanto como se esperaba, pues ya en los Estados Unidos habían comenzado a proliferar escuelas independientes de Odontología, la primera en Baltimore, en el año de 1840. Veinte años después, el «Arte del Dentista» era encomendado a los practicantes, precursores de los enfermeros, pero como una tarea más.

No fue hasta 1875 que se creara un título con nombre propio, cuando el 4 de junio de ese año firma el Rey Alfonso XII el Decreto que instituye el título de «Cirujano-Dentista», que constituía una profesión independiente, si bien en su cuarto artículo recogía la inexistencia de algún centro para adquirir los conocimientos necesarios para su desempeño. Aunque prometía que se crearía dicho centro o escuela en algún momento, lo cierto es que jamás se llevó a cabo. Durante veinticinco años, los aspirantes a dicho título se examinaron en la antigua Facultad de Medicina de Madrid y habiendo demostrado conocimientos teóricos, su pericia realizando una extracción dental –en un cadáver– y la construcción de una prótesis, se titulaban de flamantes «Cirujanos-Dentistas». Pero la prensa diaria recogió los abusos y escándalos que se producían en estos exámenes, olvidados del celo de los examinadores porque, de acuerdo a una tradición secular, la profesión del dentista no les interesaba en absoluto.

Estudios universitarios
Tuvo que dar un giro esta situación y fue por obra de don Florestán Aguilar, dentista influyente en cuanto que lo era de la Real Casa, y consiguió que la Reina regente, Doña María Cristina, intercediera ante su gobierno para que tomaran en cuenta las razonables sugerencias de su dentista. Esta acción fue definitiva y así lo recuerda una lápida grabada que luce hoy en el Museo de nuestra Facultad.

El 21 de marzo de 1901 la Odontología cumplía el sueño de verse en aulas universitarias, concretamente en un altillo de la vieja Facultad de Medicina. Allí comenzaba una andadura académica que tuvo diversas actualizaciones y lo que fuera una carrera de tres cursos en su origen, llegó a convertirse en una de cinco años en 1932.

Sin embargo, pese a la buena salud que gozaba en el lugar que le correspondía, surgieron partidarios de que se transformara en una especialidad médica, con dos bandos enfrentados y capitaneados por el mismo Aguilar y por don Bernardino Landete. Sin embargo, la prueba de la concordia se resume hoy en la adjudicación del nombre de cada una de las aulas magnas de nuestra Facultad –la única que hubo en España hasta el año de 1971, en que abriera sus puertas la de Barcelona– a ambos protagonistas de posturas tan divergentes.

Sería después de nuestra guerra civil cuando la nueva titulación sufriera otro giro importante. A partir de un decreto de fecha 7 de julio de 1944, que marcaba la ordenación de algunas Facultades universitarias, entre ellas la de Medicina, se consideraba entre las especialidades médicas la de la Estomatología y así, el 25 de febrero de 1948 la antigua «Escuela de Odontología» pasaba a denominarse «Escuela de Estomatología». Ahora, reconstruida de sus ruinas pues sin haberse llegado a inaugurar fue derruida durante los bombardeos de la contienda, ingresarían licenciados y doctores en Medicina para, en lo sucesivo, ejercer como tales médicos especialistas.

La mayor parte de los profesionales que hoy en día cuidan la salud bucal de los españoles se han formado con los estudios de Odontología.

Sin embargo, lo que parecía una situación definitiva, vino a cambiar como consecuencia de lo que advertíamos en las primeras líneas. Y así, el 17 de marzo de 1986 se creaba la Ley 10/86 sobre Odontólogos y otros profesionales relacionados con la salud bucodental (Protésicos e Higienistas Dentales), con un título de «Licenciado en Odontología» que establecía el Ministerio de Educación y Ciencia el 11 de abril. Por esta Ley, las Escuelas de Estomatología quedaban transformadas en Facultades de Odontología. Curiosamente se volvía a una situación parecida a la de principios del siglo, en la que se abrió un gran debate en nuestra profesión entre los defensores de la formación Estomatológica y los partidarios de los estudios de Odontología. Sin embargo, en esta ocasión las prioridades del proceso de convergencia con Europa y las tendencias generales en el mundo más avanzado impusieron el modelo odontológico, con el que, por otra parte, se han alcanzado los mayores avances científicos y tecnológicos de la moderna Odontología.

Estudios independientes
No es casual que la Odontología norteamericana, que ha llevado el liderazgo de la Odontología mundial durante más de un siglo, fuera la primera que instauró los estudios universitarios independientes en Odontología a finales del siglo XIX.

Los estudios en Odontología han evolucionado en estos 25 años en consonancia con los cambios en la sociedad y con los avances científicos y tecnológicos tanto de las ciencias de la salud como de los métodos docentes de la formación universitaria. En 1986 comenzó el primer plan de estudios de Odontología como licenciatura independiente de Medicina, con una duración de cinco años. Desde entonces, la evolución de los distintos planes de estudios ha tratado de mejorar la formación odontológica de nuestros estudiantes, sin descuidar los contenidos básicos y médicos fundamentales en una carrera moderna en ciencias de la salud. Para ello hemos tenido que adaptar la infraestructura de nuestras facultades y, sobre todo, desarrollar unas clínicas odontológicas donde se combinen los objetivos docentes con la mejor provisión de servicios sanitarios a los pacientes que tratamos.

Uno de los aspectos que más ha evolucionado en estos 25 años, han sido nuestros métodos docentes. Sobre todo a través de la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y computación. Hemos pasado de una enseñanza basada fundamentalmente en clases magistrales, a una enseñanza donde combinamos eficazmente las clases, los seminarios, el aprendizaje dirigido utilizando tecnologías virtuales y donde nuestros estudiantes aprenden no solo de las enseñanzas directas de los profesores, sino mediante la combinación de muy diversas fuentes de información. El uso eficaz de los fondos de nuestras bibliotecas y sobre todo el manejo de las bases de datos electrónicas, tanto dentro del propio centro, como mediante su acceso remoto mediante internet, permite a los estudiantes acceder de un modo inmediato a la información relevante. La formación odontológica moderna exige unos fundamentos científicos sólidos, por lo que es fundamental el desarrollo de la investigación en nuestras facultades. Nuestros profesores no son meros transmisores de información sino que crean el conocimiento a través de los avances científicos y tecnológicos que llevamos a cabo en nuestros laboratorios. Esta cercanía entre el desarrollo científico y el proceso de aprendizaje es el mejor método para introducir a nuestros estudiantes en la «cultura de la ciencia», fundamental en cualquier carrera de ciencias de la salud.

Adaptación a Europa
La adaptación de nuestros planes de estudio al Espacio Europeo de Educación Superior nos ha exigido adaptar la infraestructura de nuestros espacios docentes y nuestras metodologías educativas. Nuestros estudios de Grado se fundamentan en la adquisición de competencias.

La labor docente en las Facultades de Odontología no acaba con la formación de los odontólogos, disponen también de programas de postgrado que abarcan todas las especialidades de la Odontología moderna.

Los estudiantes deben adquirir unas habilidades muy específicas en modelos simulados y en el trabajo directo con pacientes en nuestras Clínicas Odontológicas.

Nuestra labor docente en las Facultades de Odontología no acaba con la formación de los odontólogos, sino que disponemos de programas de postgrado que abarcan todas las especialidades de la Odontología moderna, así como de programas de doctorado que nos permiten formar los futuros docentes e investigadores. La formación postgraduada requiere unas instalaciones clínicas y de investigación que permitan llevar acabo todos los servicios odontológicos independientemente de su complejidad.

Estas clínicas postgraduadas son, además, la punta de lanza en el desarrollo y utilización de la última tecnología disponible para la práctica profesional. En estos 25 años la mayor parte de los profesionales que hoy en día cuidan la salud bucal de los españoles se han formado con los estudios de Odontología que hoy celebramos.

En esta labor nos hemos adaptado a las nuevas tecnologías y métodos docentes, así como a la legislación y necesidades sanitarias de nuestra moderna sociedad. Nos sentimos muy orgullosos de haber colaborado desde la Universidad con el progreso de la profesión odontológica y de la sociedad española.

Artículo elaborado por:
Dr. Mariano Sanz

Decano de la Facultad de Odontología.

Universidad Complutense de Madrid.

Amplía tus conocimientos y fórmate