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ToggleUn software señala una posible lesión en una radiografía de aleta de mordida. Un programa de planificación muestra el movimiento previsto de una pieza dental. Un diseño de sonrisa permite mostrar al paciente, antes de empezar, cómo podría quedar su tratamiento. En los tres casos, la tecnología aporta información; pero es el odontólogo quien decide qué parte de esa información es fiable, qué significado clínico tiene y cómo debe utilizarse.
Es precisamente esta pregunta -qué debe saber hoy un odontólogo para trabajar con inteligencia artificial con criterio, y no solo con curiosidad tecnológica- la que ha llevado al Instituto de Postgrados Avanzados en Odontología (IPAO) a revisar cómo se preparan sus propios programas de especialización. La conclusión del centro es clara: la tecnología cambia con rapidez, pero la capacidad de evaluar sus resultados con criterio clínico es una competencia que se construye con formación estructurada, no de forma improvisada.
Esta reflexión conecta con un debate más amplio del sector y es que la Federación Dental Internacional (FDI) recomienda que los profesionales adquieran alfabetización en IA, aprendan a valorar críticamente la evidencia que estas herramientas ofrecen y mantengan siempre la responsabilidad última sobre las decisiones clínicas asistidas por ellas.
Tres conceptos que conviene no confundir
«Antes de hablar de competencias, conviene distinguir tres términos que suelen mezclarse. La odontología digital es el uso de información y herramientas informáticas en procesos como el registro, el diseño o la fabricación. La inteligencia artificial añade a esos procesos sistemas capaces de aprender patrones para realizar tareas concretas, como detectar una lesión en una imagen. La IA generativa, por su parte, produce contenidos como textos o imágenes a partir de instrucciones. Un flujo digital de escaneo y diseño no implica necesariamente el uso de IA; que un proceso sea digital no demuestra, por sí solo, que incorpore inteligencia artificial», destacan desde IPAO.
«Esta distinción no es solo terminológica: ayuda a elegir formación con criterio, preguntando exactamente qué tarea se va a aprender, con qué supervisión y bajo qué criterios se evaluará esa competencia», añaden.
Saber leer un resultado, no solo aceptarlo
«Cuando una herramienta de IA señala una posible caries en una radiografía, ese aviso no es una respuesta definitiva: es una alerta que el profesional debe contrastar con la exploración clínica y su propio criterio. El currículo básico de IA para salud oral, elaborado con expertos de la IADR y del grupo de trabajo ITU/OMS, propone organizar esta formación en cuatro bloques: entender cómo funciona una herramienta, saber en qué situaciones se puede aplicar, comprobar si realmente funciona bien, y conocer sus límites -por ejemplo, si se ha probado en pacientes muy distintos a los propios-», subrayan desde IPAO.
«Un ensayo clínico con 22 dentistas ilustra bien por qué esto importa: cuando los profesionales contaron con apoyo de IA para detectar caries en radiografías, identificaron más casos reales, pero también propusieron más tratamientos invasivos de los necesarios. Es decir: la herramienta ayudó a ver más, pero no sustituyó el criterio para decidir qué hacer con lo visto. Un estudio posterior, realizado sobre casi 14.000 radiografías, confirmó resultados prometedores en la detección automática, aunque también señaló que estas herramientas aún fallan más ante ciertos tipos de imágenes. La lección para el especialista es siempre la misma: una alerta de IA debe abrir una pregunta clínica, nunca cerrarla», apostillan.
De los registros a la planificación
«La calidad del trabajo digital empieza, casi siempre, en los registros: una fotografía con iluminación irregular dificulta comparar el color de una restauración; un escaneado incompleto puede obligar a repetir una fase del proceso. La propia FDI señala la calidad y la interoperabilidad de los datos como uno de los retos pendientes para incorporar la IA a la atención odontológica de forma fiable», comentan desde IPAO.
«A partir de ahí, la planificación digital exige relacionar lo que aparece en pantalla con la anatomía y los objetivos del tratamiento. En ortodoncia, por ejemplo, no basta con revisar una propuesta de movimientos generada por software: hay que poder explicar su secuencia, sus exigencias de anclaje y cómo se comprobará la evolución real del caso. En cirugía e implantoprótesis, el profesional debe saber reconocer discrepancias entre registros antes de aceptar una planificación como válida. En estética, la comparación entre la propuesta digital y los criterios funcionales y periodontales sigue siendo un juicio clínico, no un resultado automático del software», añaden.
El enfoque formativo de IPAO
«En este contexto, el Instituto de Postgrados Avanzados en Odontología (IPAO) plantea sus programas de especialización desde una premisa concreta: la tecnología aporta información, pero es la formación clínica la que permite interpretarla con criterio. Distintos programas de IPAO incorporan ya componentes de esta preparación digital aplicada a la práctica real con pacientes. El Máster en Cirugía Oral, Periodoncia e Implantoprótesis incluye planificación con CBCT y software 3D junto a cirugía guiada. El Máster en Ortodoncia Avanzada, Ortopedia y RNO contempla un itinerario de ortodoncia digital. El Especialista Universitario en Estética Dental, Implantoprótesis y Odontología Digital trabaja con flujo digital, diseño de sonrisa y planificación protésicamente guiada, y el Especialista Universitario en Endodoncia integra microscopía y diagnóstico tridimensional», explican desde IPAO.
«La preparación para trabajar con inteligencia artificial en odontología no sustituye el conocimiento clínico: se apoya en él. Aprender a obtener mejores registros, interpretar con criterio un resultado automatizado y justificar una decisión terapéutica seguirá siendo, más allá de qué herramienta se utilice, la competencia que distinga a un especialista», comentan.
«La brecha entre quienes usan estas herramientas de forma superficial y quienes las integran con criterio clínico real ya se nota en la consulta diaria, y todo indica que se ampliará en los próximos años. La pregunta que cada profesional debería hacerse no es si va a trabajar con inteligencia artificial, sino si su formación actual le permite hacerlo con la seguridad y el criterio que sus pacientes esperan. Quienes quieran resolver esa pregunta pueden consultar la oferta de postgrados en odontología de IPAO y solicitar el dossier del programa que mejor encaje con su área de dedicación», concluyen.
