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ToggleEn una profesión sin formación continuada obligatoria, el compromiso de los odontólogos españoles con su actualización se ha convertido en una de las claves de su alto nivel clínico e investigador. La última edición del ranking de Stanford sitúa a 21 investigadores españoles entre los científicos más citados del mundo en Odontología, un dato que confirma el alto nivel y la proyección internacional de una disciplina que avanza impulsada por universidades, sociedades científicas, centros formativos y profesionales que entienden que aprender no termina nunca.
En un entorno clínico cada vez más exigente, marcado por la innovación tecnológica, la digitalización, la evolución de los materiales y el aumento de las expectativas de los pacientes, la formación se ha consolidado como uno de los grandes motores de la profesión.
En España, la formación continuada no es obligatoria para ejercer la Odontología. Sin embargo, esa ausencia de obligatoriedad no impide que miles de profesionales la incorporen de forma natural a su trayectoria. Al contrario: buena parte del prestigio de la Odontología española se explica precisamente por ese compromiso voluntario con la actualización, la mejora clínica y el aprendizaje permanente.
La formación no puede entenderse como una etapa cerrada que termina con el grado. Para quienes acaban de graduarse, el postgrado se ha convertido en una puerta de entrada hacia la especialización, la seguridad clínica y la construcción de una identidad profesional propia. Para quienes ya ejercen, la formación continua actúa como una herramienta de actualización y competitividad, pero también como una garantía de responsabilidad ante el paciente.
Postgrado: el primer gran paso tras el grado
Tras finalizar los estudios universitarios, muchos jóvenes odontólogos se enfrentan a una pregunta decisiva: ¿y ahora qué? En un mercado laboral cada vez más competitivo y en un país donde las especialidades odontológicas todavía no están reconocidas oficialmente, la formación de postgrado ha adquirido un papel estratégico.
Másteres oficiales, doctorados y títulos propios configuran una oferta amplia y diversa que permite al recién graduado orientar su futuro hacia áreas de mayor complejidad clínica o científica.
El postgrado aporta actualización, experiencia práctica, mayor confianza clínica y mejores oportunidades laborales. También permite al profesional construir una reputación basada en la cualificación, algo especialmente relevante en una profesión en la que la confianza del paciente se apoya tanto en la capacidad técnica como en la seguridad con la que se explican y ejecutan los tratamientos.
En este contexto, y ante la amplia oferta académica existente, elegir bien se vuelve fundamental. La reputación del centro, la experiencia del equipo docente, el equilibrio entre teoría y práctica, la metodología, las instalaciones, los materiales empleados, las acreditaciones, el coste, la financiación, el perfil del alumnado, las experiencias de antiguos alumnos y las oportunidades de networking son factores que deben valorarse antes de tomar una decisión. No se trata solo de cursar un programa, sino de escoger un entorno formativo capaz de acompañar el crecimiento profesional con rigor.
Formación continua: aprender durante toda la vida profesional
Si el postgrado marca el inicio de una etapa de especialización, la formación continua acompaña al odontólogo durante toda su carrera. Congresos, cursos clínicos, talleres prácticos, simposios, conferencias, aulas formativas, webinars, programas modulares y actividades acreditadas forman parte de un ecosistema cada vez más amplio y accesible.
Aunque en España la formación continuada no sea obligatoria, el debate profesional apunta hacia la necesidad de una estructura más formalizada, evaluable y compartida por los distintos agentes del sector, donde se delimiten competencias y conocimientos imprescindibles.
Los créditos de formación continuada actuales, que otorgan determinados organismos autonómicos a acciones formativas -previa solicitud por la organización-, tienen especial valor en procesos dependientes de las administraciones públicas, como bolsas de contratación, oposiciones o desarrollo de carrera profesional.
Pero más allá de la acreditación, la formación continua conecta directamente con la ética profesional. Mantenerse actualizado permite incorporar la evidencia científica, evaluar nuevas técnicas, aplicar criterios de seguridad, reconocer los propios límites y derivar cuando sea necesario. En definitiva, permite ejercer mejor ofreciendo una excelente atención a los pacientes.
Ciencia española en la élite internacional
El compromiso formativo de la Odontología española también se refleja en su producción científica. La última edición del Ranking of the World Scientists: World’s Top 2% Scientists -uno de los más prestigiosos a nivel mundial-, elaborado por la Universidad de Stanford y publicado por Elsevier, identifica a los investigadores más citados del mundo a partir de indicadores como publicaciones indexadas, citas, índice h, coautoría y un indicador compuesto.

En el área de Odontología, la clasificación, publicada en septiembre de 2025, recoge 1.971 investigadores a nivel mundial e incluye a 21 españoles, cuatro más que en la edición previa. Este dato confirma la fortaleza de la investigación odontológica desarrollada en España y su creciente visibilidad internacional.
El recorrido por algunos de los nombres destacados ayuda a entender la dimensión de este reconocimiento. El Dr. Eduardo Anitua, director del University Institute for Regenerative Medicine and Oral Implantology, encabeza la presencia española y se sitúa en la posición 48 del ranking global de Odontología. Su trayectoria está vinculada a la implantología, la medicina regenerativa y la innovación clínica, áreas en las que la transferencia del conocimiento a la práctica diaria resulta especialmente evidente.
El Dr. Mariano Sanz, de la Universidad Complutense de Madrid, ocupa la posición 84 en el ranking mundial y destaca también en la clasificación de influencia más reciente. Su perfil simboliza el peso de la universidad, la periodoncia y la investigación traslacional en el desarrollo de una Odontología basada en la evidencia.
Junto a ellos, el Dr. David Herrera, también de la Universidad Complutense de Madrid, refuerza la presencia de grupos académicos españoles de referencia internacional. Su inclusión en la clasificación habla de la continuidad de escuelas científicas consolidadas y de la importancia de formar investigadores capaces de generar conocimiento aplicable a la clínica.
Desde la Universidad de Granada, el Dr. Miguel Ángel González Moles representa otra línea de excelencia, vinculada al diagnóstico, la patología oral y la investigación clínica. Su presencia en el ranking muestra que la proyección internacional de la Odontología española no se concentra en una única disciplina, sino que se extiende por ámbitos muy diversos.
La Dra. Pía López-Jornet, de la Universidad de Murcia, completa este recorrido por cinco perfiles de referencia que permiten visualizar la amplitud territorial, académica y científica de la Odontología española. Su reconocimiento confirma que la excelencia investigadora se distribuye entre distintas universidades, equipos y áreas de conocimiento.
Estos nombres son una muestra de una realidad más amplia: la Odontología española cuenta con profesionales capaces de competir en los principales indicadores internacionales de impacto científico. Y esa producción investigadora termina alimentando la formación, la docencia y la práctica clínica.
En los datos de Stanford también se identifica a los investigadores más influyentes en el último año, atendiendo al impacto científico de sus trabajos publicados en 2024. En este sentido, en el área de Odontología, figuran, por orden, Mariano Sanz, Eduardo Anitua, David Herrera, Alberto Monje, Federico Hernández-Alfaro, Miguel Ángel González Moles y Elena Figuero.
Y no sólo esto. Cada vez más nombres de la Odontología española figuran como ponentes en congresos internacionales de prestigio; profesionales muy consolidados, pero también otros perfiles más jóvenes que impulsan la rama a los máximos niveles de excelencia.
Especialidades
En abril de 2024, seis sociedades científicas —AEDE, SEPA, SECIB, SEOP, SEDO y SEPES—, junto con el Consejo General de Dentistas de España y la Conferencia de Decanos de Facultades de Odontología, impulsaron la creación de las especialidades de Endodoncia, Periodoncia, Cirugía Bucal, Odontopediatría, Ortodoncia y Prótesis Estomatológica.
El proceso, sin embargo, sufrió un importante revés en julio de 2026, cuando la Dirección General de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad emitió resoluciones desfavorables al inicio de los procedimientos para la creación de estos seis títulos oficiales de especialista en Ciencias de la Salud. La principal objeción planteada por el Ministerio se centra en el modelo formativo propuesto y en su encaje en el actual marco de formación sanitaria especializada.
Las seis sociedades científicas han recurrido estas resoluciones y solicitan que se continúe la tramitación y se permita reformular los proyectos. Defienden un sistema de residencia reglado, remunerado, acreditado y evaluado, pero adaptado a la realidad asistencial de la Odontología.
El reconocimiento de las especialidades continúa así abierto y mantiene intacto uno de sus principales objetivos: avanzar hacia itinerarios formativos reglados y homogéneos que permitan ordenar la formación de posgrado, definir con mayor claridad las competencias profesionales y reforzar la calidad y la seguridad de la atención a los pacientes.
¿Cuándo hacer un máster?
Para muchos recién graduados, la primera gran decisión profesional llega justo al terminar el grado: ¿empezar a trabajar, matricularse en un máster o intentar combinar ambas opciones? No existe una respuesta única, pero sí algunas claves que pueden ayudar a tomar la decisión con criterio.
Si tienes clara tu vocación, cuanto antes. Cuando el alumno sabe hacia qué área quiere orientar su carrera, iniciar el máster nada más terminar la carrera suele ser una opción recomendable. El recién graduado conserva el hábito de estudio, mantiene fresca la base académica y puede incorporarse con mayor facilidad a una dinámica formativa exigente. Además, comenzar pronto permite construir desde el inicio una trayectoria coherente y especializada.

Si tienes dudas, trabajar puede ayudarte a decidir. No todos los estudiantes terminan el grado con una vocación definida. En esos casos, una etapa breve de experiencia clínica puede ser útil para conocer mejor la profesión, ganar manejo del paciente y descubrir qué áreas despiertan realmente interés. Trabajar durante uno o dos años antes de elegir un máster puede aportar madurez y perspectiva, siempre que esa pausa no se convierta en una renuncia a seguir formándose.
Valora si puedes compatibilizar estudio y clínica. Compaginar el máster con trabajo clínico no siempre es posible, pero puede ser una fórmula interesante cuando el programa lo permite. La práctica con pacientes ayuda a consolidar lo aprendido, facilita los primeros pasos profesionales y puede aliviar parte del esfuerzo económico que supone la formación de postgrado.
La mejor decisión: formación con sentido. Hacer un máster no debería ser una reacción automática ni una decisión tomada por presión del entorno. Debe formar parte de un proyecto profesional. Para algunos, el momento será justo después del grado; para otros, tras una primera etapa de trabajo. Lo importante es que la elección responda a una pregunta de fondo: qué tipo de odontólogo quiero ser y qué formación necesito para ejercer con excelencia.
La obligación ética de actualizarse
La Federación Dental Internacional ha sido clara al respecto. En su declaración sobre formación odontológica continua, adoptada por su Asamblea General en Nueva Delhi en 2004 y revisada en Madrid en 2017, la FDI define la educación continua y el desarrollo profesional como una obligación profesional y ética para los dentistas, los profesionales de la salud oral y las asociaciones odontológicas nacionales.
El organismo internacional vincula esta necesidad a los avances de la ciencia, la investigación, la innovación tecnológica, la relación entre salud oral y salud general, la seguridad del paciente, la calidad de vida, la Odontología basada en la evidencia y los retos emergentes de salud pública. Su planteamiento es especialmente relevante para una guía dirigida a recién graduados, estudiantes de postgrado y profesionales en activo: formarse no es únicamente acumular cursos, sino aprender a responder a una sociedad que cambia.
La FDI también subraya la importancia de sistemas educativos estructurados, continuos, accesibles y sometidos a evaluación. Además, recomienda incorporar contenidos médicos en la formación de los odontólogos, precisamente por la creciente conexión entre salud bucodental y salud general. Esta visión sitúa a la Odontología dentro de un marco sanitario más amplio, en el que el profesional no solo trata patologías orales, sino que contribuye al bienestar general de la población.


