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Dra. Laia Alegret: «Es importante dar mayor visibilidad a la profesión de higienista bucodental»

La Dra. Laia Alegret.

Antes de convertirse en odontóloga, la Dra. Laia Alegret inició su trayectoria profesional como higienista bucodental, una experiencia que ha marcado profundamente su manera de entender la clínica, la prevención y la relación con el paciente. En esta entrevista reflexiona sobre la evolución de una profesión que se ha convertido en una pieza clave en la educación sanitaria, el seguimiento de los tratamientos, la coordinación del equipo y la incorporación de las nuevas tecnologías. Una visión que también recoge en su libro Higienista del Siglo XXI: Conecta. Impacta. Evoluciona, con el que reivindica el valor clínico, humano y profesional de una figura esencial para la Odontología presente y futura.

-¿Cómo ha evolucionado el papel del profesional de la higiene dental en los últimos años?
-El papel del profesional de la higiene dental ha evolucionado de una función tradicionalmente asociada a la realización de determinados procedimientos clínicos hacia un perfil mucho más completo y transversal. Durante mucho tiempo se le relacionó casi exclusivamente con la realización de higienes dentales, pero actualmente su función es mucho más amplia: participa en la prevención, la educación sanitaria, la recogida de registros, el seguimiento de los tratamientos y el acompañamiento del paciente.

El profesional de la higiene dental ya no debe entenderse únicamente como un profesional que realiza una higiene dental. Es una figura esencial para detectar necesidades, reforzar hábitos y establecer una relación continuada con el paciente. Yo empecé mi trayectoria profesional estudiando higiene bucodental antes de estudiar Odontología, y creo que eso ha marcado profundamente mi forma de ejercer y vivir la Odontología. Me ha permitido entender que detrás de cada tratamiento existe un trabajo preventivo, educativo y humano que resulta imprescindible para obtener resultados duraderos.

-¿Qué papel desempeña el profesional de la higiene dental en la educación y la concienciación del paciente?
-Desempeña un papel esencial. La prevención no consiste únicamente en explicar cómo debe cepillarse una persona, sino en conseguir que comprenda qué está ocurriendo en su boca, qué factores están influyendo en su salud y qué puede hacer para mejorarla.

El profesional de la higiene dental dispone de un espacio privilegiado para escuchar, observar y adaptar las recomendaciones a cada paciente. No todas las personas tienen los mismos hábitos, capacidades, circunstancias personales o nivel de motivación. Por ello, la educación debe ser individualizada, comprensible y realista. Cuando el paciente entiende el porqué de nuestras recomendaciones, deja de ser un receptor pasivo y empieza a implicarse en el cuidado de su propia salud.

-Más allá de la realización de procedimientos clínicos, ¿qué valor aporta en la relación y el seguimiento del paciente?
-El seguimiento no consiste únicamente en comprobar resultados clínicos. También implica conocer cómo está viviendo el paciente el tratamiento y ayudarle a mantener su compromiso. Ese vínculo humano tiene un enorme valor terapéutico.

Esta continuidad permite detectar cambios clínicos, pero también emocionales y conductuales: si el paciente está perdiendo motivación, si no ha entendido correctamente las indicaciones, si siente miedo o si está atravesando una situación personal que dificulta el seguimiento del tratamiento; también permite detectar cambios en los hábitos, miedos, dudas o señales clínicas que podrían pasar desapercibidas en una visita puntual. También permite reforzar los avances, recordar objetivos y adaptar las recomendaciones.

Para mí, este acompañamiento es una parte esencial de la Odontología. No tratamos únicamente dientes o encías; tratamos a personas. Y muchas veces el éxito de un tratamiento depende de que el paciente se sienta escuchado, comprendido y acompañado. Precisamente para estructurar esta visión global del paciente, junto con la señora Rosa Escolano, hemos elaborado el protocolo A.L.E.S.C.O.: Análisis, Localización, Estrategia, Control y Optimización. El protocolo parte de un análisis completo de la persona, no únicamente de su boca: anamnesis, medicación, factores de riesgo, registros clínicos, fotografías y situación periodontal. Después se localiza el problema y se establece una estrategia individualizada, definiendo objetivos y coordinando, cuando es necesario, la intervención de otros profesionales sanitarios. El control permite valorar la evolución del paciente en diferentes momentos y la optimización ayuda a adaptar el mantenimiento a sus necesidades reales. No todos los pacientes requieren el mismo seguimiento ni responden de la misma manera a las recomendaciones. A.L.E.S.C.O. refleja cómo entiendo el trabajo del profesional de la higiene dental del siglo XXI: un profesional que analiza, observa, educa, coordina y acompaña. No tratamos solamente dientes o encías; atendemos a personas. Por eso, el éxito de un tratamiento no depende únicamente de la técnica realizada, sino también de que el paciente se sienta escuchado, comprendido y acompañado durante todo el proceso.

-¿Cómo ha influido la digitalización de las clínicas en el trabajo diario del profesional de la higiene dental?
-La digitalización ha transformado profundamente su trabajo. Actualmente, puede participar en la obtención y organización de fotografías, escaneados intraorales, registros periodontales, radiografías, documentación clínica y herramientas de comunicación con el paciente. Esto permite trabajar con información más precisa, comparar la evolución de forma objetiva y mostrar al paciente aquello que estamos observando. Ver su propia boca en una pantalla facilita enormemente la comprensión y la concienciación. Sin embargo, siempre insisto en que la tecnología debe estar al servicio de las personas. Digitalizar una clínica no significa deshumanizarla. Significa disponer de mejores herramientas para diagnosticar, comunicar y acompañar. Son herramientas que nos facilitan una atención más humana; nunca he visto la tecnología como un enemigo, sino como una aliada para facilitar el trabajo.

-¿Qué herramientas tecnológicas están transformando especialmente su forma de trabajar?
-Entre las herramientas que están teniendo un mayor impacto destacaría el escáner intraoral, la fotografía clínica, los programas de gestión y seguimiento periodontal, la radiología digital, el CBCT y las plataformas de planificación de tratamientos; todas ellas están cambiando nuestra manera de trabajar. También están adquiriendo importancia la impresión 3D, las herramientas de comunicación automatizada con el paciente y la inteligencia artificial aplicada al análisis de imágenes, la organización de la información y la educación sanitaria. Estas herramientas no sustituyen al profesional de la higiene dental. Al contrario, hacen necesario un profesional más preparado, con criterio y capacidad para interpretar la información. La tecnología puede generar muchos datos, pero seguimos necesitando profesionales capaces de transformarlos en conocimiento y explicarlos de una manera comprensible y convertirla en una herramienta útil para el equipo y para el paciente.

«El profesional de la higiene dental dispone de un espacio privilegiado para escuchar, observar y adaptar las recomendaciones a cada paciente»

-En una Odontología cada vez más multidisciplinar, ¿cómo debe integrarse el profesional de la higiene dental dentro del equipo clínico?
-Debe integrarse con funciones claras y definidas, criterio propio, capacidad de observación y participación activa en la comunicación interna. Para ello, es necesario que tenga acceso a la información relevante del paciente y que exista una coordinación real con odontólogos, auxiliares, recepción y otros profesionales sanitarios. Yo imagino esta figura como el punto central de un círculo de 360 grados dentro de la clínica. Los pacientes pueden pasar por diferentes especialidades (ortodoncia, periodoncia, implantología, cirugía, estética o prótesis), pero todos terminan convergiendo de nuevo en el profesional de la higiene dental para mantener los resultados obtenidos y preservar su salud bucodental a largo plazo. La multidisciplinariedad no consiste simplemente en que diferentes profesionales atiendan al mismo paciente. Significa compartir información, objetivos y responsabilidades. El profesional de la higiene dental debe convertirse en un nexo: entre las distintas áreas de la clínica, especialmente en prevención y para aprovechar todo su potencial, debe sentirse escuchada y formar parte de la dinámica del equipo.

-¿Qué importancia tiene que el profesional de la higiene dental participe activamente en la planificación y el seguimiento de los tratamientos?
-Tiene una gran importancia porque observa aspectos que condicionan directamente el éxito de muchos tratamientos: el nivel de higiene, la inflamación gingival, la motivación, los hábitos, la destreza del paciente o su capacidad para mantener las recomendaciones en casa. Su participación no significa asumir competencias que no le corresponden, sino aportar información clínica y conductual relevante dentro de un trabajo coordinado.

En tratamientos periodontales, ortodóncicos, implantológicos o restauradores, el resultado no depende exclusivamente del procedimiento realizado por el odontólogo. Depende también del mantenimiento y de la adherencia del paciente. Y en ese terreno, el profesional de la higiene dental tiene un papel esencial.

-¿Cree que los pacientes conocen realmente cuáles son sus funciones y su importancia?
-En general, todavía existe un conocimiento limitado. Muchos pacientes continúan relacionando al profesional de la higiene dental exclusivamente con la limpieza dental y desconocen su formación y su participación en prevención, educación sanitaria, mantenimiento periodontal, ortodoncia o implantología. También es responsabilidad de las clínicas explicar quién es cada profesional y cuál es su función. Presentar correctamente al profesional de la higiene dental, darle visibilidad y permitir que comunique directamente con el paciente contribuye a que su trabajo sea comprendido y valorado. Cuando el paciente descubre todo lo que puede aportarle, cambia su percepción y se establece una relación mucho más sólida. Y aquí hay una cuestión que para mí es muy importante: trabajamos en un sector sanitario y atendemos a pacientes, no a clientes. No puedo entender que se sustituya sistemáticamente la palabra paciente por cliente, porque no estamos hablando de una relación puramente comercial. Un paciente deposita en nosotros su salud, sus miedos y su confianza. Naturalmente, una clínica debe estar bien gestionada, pero nunca debemos perder de vista que nuestra primera responsabilidad es sanitaria.

Antes de estudiar Odontología, la Dra. Laia Alegret estudió Higiene Bucodental.

-¿Cuáles son los principales retos profesionales a los que se enfrentan hoy los profesionales de la higiene dental?
-Uno de los principales retos es conseguir un mayor reconocimiento profesional, tanto dentro de las clínicas como por parte de la sociedad. También es necesario definir mejor sus responsabilidades, favorecer la estabilidad laboral y crear oportunidades reales de crecimiento. Otro reto importante es adaptarse a una profesión cada vez más tecnológica y especializada, sin perder la esencia preventiva y humana. Además, debemos hablar del desgaste emocional. Trabajan muy cerca del paciente, gestionan miedos, expectativas, presión asistencial y, en ocasiones, falta de reconocimiento. Por eso es necesario cuidar también su bienestar, su capacidad de liderazgo y su desarrollo profesional. Todavía existen higienistas con una enorme preparación que sienten que no pueden crecer, que no son escuchados o que su trabajo no se valora suficientemente.

-¿Qué importancia tiene la formación continuada en una profesión que cambia tan rápidamente?
-Es imprescindible. El sector odontológico tiene una gran cultura de formación. Somos profesionales con muchas ganas de aprender, compartir conocimiento y mantenernos siempre actualizados para ofrecer la mejor atención a nuestros pacientes. La formación inicial proporciona una base, pero la Odontología evoluciona constantemente: aparecen nuevos materiales, tecnologías, protocolos y formas de comunicación con el paciente. La formación continuada no debería limitarse a acumular cursos. Debe responder a las necesidades reales de la profesional y permitirle aplicar lo aprendido en su práctica diaria. También debe abarcar áreas que tradicionalmente han recibido menos atención, como la comunicación, la gestión del tiempo, el trabajo en equipo, el liderazgo, la prevención del desgaste profesional o la interpretación de nuevas tecnologías.

-Además de los conocimientos clínicos, ¿qué habilidades personales y comunicativas resultan hoy imprescindibles?
-La capacidad de escuchar es una de las más importantes. Antes de educar o motivar, debemos comprender qué preocupa al paciente, qué dificultades tiene y qué está dispuesto a cambiar. También son esenciales la empatía, la comunicación clara, la capacidad de observación, la adaptación, la organización y el trabajo en equipo. Un buena profesional no es el que ofrece el mismo discurso a todos los pacientes, sino el que sabe adaptar el mensaje sin perder el rigor. Comunicar bien no significa hablar más, sino conseguir que la otra persona entienda, confíe y pueda actuar.

-¿Cómo imagina el perfil del profesional de la higiene dental dentro de diez años?
-Imagino un higienista con un perfil mucho más especializado, digital y preventivo, integrada plenamente en equipos multidisciplinares y con mayor autonomía organizativa dentro de sus competencias. Será un profesional capaz de manejar tecnología avanzada, interpretar registros, participar en programas de prevención personalizados y acompañar a pacientes con diferentes necesidades y patologías. Pero también creo que, cuanto más tecnológica sea la Odontología, más importante será conservar la parte humana. El futuro necesitará higienistas capaces de utilizar la inteligencia artificial, los escáneres y los registros digitales, pero también capaces de mirar al paciente, escucharlo y acompañarlo.

-¿Qué cambios deberían producirse en el ámbito formativo, profesional o institucional para favorecer la evolución del profesional de la higiene dental?
-Sería necesario reforzar la conexión entre la formación y la realidad clínica, actualizando contenidos e incorporando más competencias digitales, comunicación, prevención avanzada, trabajo interdisciplinar y gestión del paciente. En el ámbito profesional, deberían existir itinerarios de especialización y desarrollo que permitan a los higienistas evolucionar sin tener la sensación de haber alcanzado muy pronto un techo profesional.

«La prevención no consiste únicamente en explicar cómo debe cepillarse una persona, sino en conseguir que comprenda qué está ocurriendo en su boca, qué factores están influyendo en su salud y qué puede hacer para mejorarla»

En muchos países, la Higiene Bucodental es una titulación universitaria. España sigue siendo una excepción, ya que el acceso a la profesión se realiza mediante un Ciclo Formativo de Grado Formativo de Grado Superior. Institucionalmente, es importante dar mayor visibilidad a la profesión, defender sus competencias y favorecer la participación de los higienistas en espacios científicos, docentes y de toma de decisiones relacionados con la prevención y la salud oral. Además, considero fundamental que las clínicas recuperen y refuercen su papel como espacios de aprendizaje. En mi caso, todos los miembros de mi equipo empezaron realizando prácticas en nuestra clínica dental. He podido ver cómo crecían, adquirían seguridad y se convertían en grandes profesionales. Formar a una persona no consiste únicamente en enseñarle una técnica. También implica transmitirle valores, responsabilidad, criterio clínico, respeto por el paciente y capacidad para trabajar en equipo.

-¿Qué la llevó a reflexionar de manera específica sobre todos estos cambios en la profesión en el libro “Higienista del Siglo XXI: Conecta. Impacta. Evoluciona”?
-El libro nace de mi propia historia personal y profesional. Antes de estudiar Odontología me formé como higienista, y esa experiencia ha marcado profundamente mi manera de entender la profesión y de relacionarme con los pacientes. Para escribir este libro también me inspiré profundamente en Pili, mi higienista y compañera en la clínica desde hace muchos años. No solo hemos compartido una larga trayectoria profesional, sino también una parte importante de nuestras vidas. Llegó a la clínica cuando empezaba su relación con Joan y hoy son padres de dos hijas maravillosas. Como explico en las páginas del libro, Pili ha estado a mi lado en los buenos y en los malos momentos, siempre con esa lealtad tranquila hacia mí, hacia el equipo y, sobre todo, hacia los pacientes. Pili representa para mí la esencia del profesional de la higiene dental: un profesional comprometido, constante, cercano y capaz de sostener una clínica desde la discreción, la responsabilidad y el cuidado diario. Ella no solo forma parte del equipo; también es el alma de Clínica Dental Alegret. A través de su trayectoria he podido comprobar el impacto real que un higienista puede tener en la salud de los pacientes, en la cohesión del equipo y en la identidad de una clínica. Su ejemplo me ayudó a poner palabras a muchas de las reflexiones que aparecen en el libro.

A lo largo de los años también he conocido a higienistas extraordinarios, con una enorme capacidad clínica y humana, que en ocasiones no eran conscientes de todo lo que podían aportar. El libro nació de la necesidad de dar visibilidad a esa evolución, de poner palabras a lo que muchas profesionales sienten y de recordar que el profesional de la higiene dental no es una figura secundaria. Es un profesional esencial para conectar con el paciente, generar impacto en su salud y contribuir a la evolución de la Odontología.

También nace de la influencia de mi padre, el doctor Ángel Alegret, que fue estomatólogo y amaba profundamente la Odontología y, por cierto, asiduo lector de Gaceta Dental. Crecí viendo cómo vivía su profesión, el respeto con el que trataba a sus pacientes y el compromiso que sentía hacia su trabajo. Él fue mi gran inspiración. La rama sanitaria corre por mis venas. En mi familia existe una larga tradición médica y mi hermano representa la sexta generación de médicos. Por eso, para mí, ejercer una profesión sanitaria nunca ha significado simplemente realizar un trabajo. Implica responsabilidad, vocación de servicio y respeto hacia la persona que confía su salud en nosotros. Esa vocación familiar continúa ahora con mi hijo mayor, Pau, que este año empieza sus estudios de Odontología y quiere seguir mis pasos y los de su abuelo. Para mí es muy emocionante comprobar cómo el amor que mi padre sentía por esta profesión ha ido pasando de generación en generación. Me ilusiona pensar que Pau construirá su propio camino, con su personalidad y su manera de entender la Odontología, pero compartiendo los valores que hemos recibido en nuestra familia: el compromiso, la responsabilidad y el cuidado del paciente. También existe en mí una profunda vocación docente, que probablemente heredé de mi madre, que impartía clases de Pedagogía en la universidad. De ella aprendí la importancia de enseñar, acompañar y ayudar a cada persona a descubrir sus capacidades.

-¿A quién se dirige principalmente la obra y qué espera que encuentre el lector en ella?
-La obra se dirige principalmente a higienistas bucodentales, tanto a estudiantes como a profesionales con experiencia, pero también puede resultar útil para odontólogos, responsables de clínicas y otros miembros del equipo dental. Espero que el lector encuentre herramientas prácticas, reflexión y una visión actualizada de la profesión. El libro aborda la prevención, la comunicación, el seguimiento del paciente, la digitalización, la ortodoncia, la cirugía, el liderazgo y el bienestar profesional. Sobre todo, me gustaría que cada higienista terminara la lectura comprendiendo que su trabajo tiene un impacto real. Que conectar con el paciente, evolucionar profesionalmente y participar activamente en el equipo no son elementos secundarios, sino una parte esencial de la Odontología del presente y del futuro.

Y también me gustaría que los odontólogos que lo lean comprendan que apoyar el crecimiento de sus higienistas no solo beneficia a la profesional. Mejora el funcionamiento del equipo y la experiencia del paciente. Mi intención es enseñar, pero también acompañar. No pretendo decirle a cada higienista cómo debe ejercer su profesión, sino ofrecerle herramientas, experiencias y reflexiones que le permitan descubrir su propio camino.

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