La contaminación del aire puede afectar también a la salud bucodental. Un estudio realizado en Brasil por investigadores de la Universidad Estatal de São Paulo (UNESP) y la Universidad de São Paulo (USP) ha demostrado por primera vez que la exposición a partículas finas (PM2,5), uno de los principales componentes de la contaminación atmosférica urbana, provoca alteraciones en los tejidos orales y acelera la destrucción de los tejidos periodontales que sostienen los dientes.
El estudio, financiado por FAPESP, se llevó a cabo en un entorno experimental controlado, en el que los investigadores expusieron ratones a aire contaminado recogido en las inmediaciones de la avenida Doutor Arnaldo, en la zona oeste de la ciudad de São Paulo.
«Está bien documentado que la contaminación afecta a diversos órganos. Dado que la cavidad oral está constantemente expuesta al ambiente externo, sospechábamos que también podría verse afectada por la contaminación. Lo que no esperábamos observar eran cambios tan significativos en los tejidos orales», afirma Luis Carlos Spolidorio, profesor de la Facultad de Odontología de la UNESP en Araraquara y coordinador del estudio, publicado en la revista Air Quality, Atmosphere & Health.
El estudiante de posgrado Álvaro Formoso Pelegrin llevó a cabo la investigación bajo la supervisión de Spolidorio, con la participación de Jhonatan de Souza Carvalho y Victor Yuji Yariwake.
Los investigadores observaron que la exposición a PM2,5 agrava la inflamación de los tejidos periodontales e intensifica la pérdida de hueso alveolar, comprometiendo así las estructuras que sostienen los dientes. La pérdida de hueso alveolar es una de las principales características de la periodontitis, una enfermedad inflamatoria que destruye los tejidos de soporte dental y puede provocar la pérdida de dientes en adultos.
Sin embargo, algunos de los hallazgos más destacados se observaron en la mucosa que recubre la lengua. «Incluso en animales sin inflamación periodontal inducida, identificamos cambios significativos en la mucosa oral, entre ellos un engrosamiento del epitelio que recubre la lengua, un mayor depósito de queratina y un aumento del número de mastocitos degranulados. Estos resultados sugieren que la mucosa oral puede ser especialmente sensible a los efectos de la contaminación atmosférica», señala Spolidorio.
Además de estos cambios estructurales, el estudio reveló una mayor producción de marcadores inflamatorios, como las citocinas, y un aumento del estrés oxidativo tanto en la lengua como en los tejidos periodontales. Según los investigadores, este conjunto de alteraciones indica que la exposición a PM2,5 favorece un entorno biológico propicio para el desarrollo y la intensificación de los procesos inflamatorios.
El estrés oxidativo se produce cuando existe un desequilibrio entre la generación de moléculas reactivas y la capacidad de defensa antioxidante del organismo. Cuando este equilibrio se altera, pueden producirse daños en las células y los tejidos. Este mecanismo ha sido identificado como una de las principales vías por las que la contaminación atmosférica puede afectar a los tejidos orales y contribuir a la progresión de las enfermedades periodontales.
«Hemos demostrado, en un entorno experimental controlado, que la mucosa oral sufre alteraciones al exponerse a partículas finas. Este hallazgo representa un avance importante, ya que los estudios previos se limitaban a identificar correlaciones entre la contaminación atmosférica y las enfermedades bucales. Con nuestro estudio, pudimos esclarecer los mecanismos celulares y moleculares que vinculan la exposición al contaminante con los cambios observados en la cavidad oral», explica el investigador.
Según Spolidorio, los efectos de la contaminación atmosférica sobre los tejidos orales probablemente implican múltiples mecanismos biológicos, ya que la cavidad oral constituye una de las principales interfaces entre el organismo y el medio ambiente.
«Las partículas inhaladas pueden entrar en contacto directo con la mucosa oral y desencadenar respuestas inflamatorias locales. Además, tras llegar a los pulmones, pueden inducir inflamación sistémica y estrés oxidativo, lo que puede afectar a órganos y tejidos alejados del aparato respiratorio, incluida la cavidad oral», señala.
Para el investigador, los resultados refuerzan la existencia de un vínculo biológico entre la exposición a la contaminación atmosférica y las alteraciones en los tejidos orales. «Aunque se necesitan más estudios para comprender plenamente estos mecanismos en seres humanos, los datos demuestran que la salud bucodental también puede verse influida por la calidad del aire que respiramos», afirma.
Los investigadores destacan, no obstante, que los cuidados habituales para preservar la salud bucodental siguen siendo fundamentales. «Aunque es imposible eliminar por completo los efectos biológicos de la exposición a la contaminación atmosférica, controlar los factores de riesgo conocidos de las enfermedades bucales es crucial. Un cepillado adecuado, el uso regular de hilo dental, una dieta saludable y las revisiones dentales periódicas siguen siendo medidas esenciales para preservar la salud bucal», indica Spolidorio.
Los resultados también ponen de relieve, según el investigador, la importancia de las políticas públicas dirigidas a mejorar la calidad del aire. «Prevenir los efectos de la contaminación depende tanto del cuidado individual como de las estrategias colectivas de protección de la salud. A medida que comprendemos mejor el impacto de la contaminación atmosférica en diferentes órganos y tejidos, se hace cada vez más evidente la importancia de reducir la exposición de la población a los contaminantes atmosféricos», concluye.


