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Dr. Francisco Acedo: «Nos encontramos pacientes entregados, fieles, amigables y simpáticos que, por desgracia, no tienen la suerte de ver a un médico en un mes»

Algo tan básico como tratar una caries o practicar una endodoncia se vuelve difícil, a veces hasta utópico, en determinadas regiones de El Salvador. Porque lo que aquí vemos como ‘natural’ y hemos interiorizado como ‘normal’, en este país es una excepción que depende de la buena voluntad de terceras personas.

Una sola conversación con el cónsul honorario de El Salvador en Sevilla, le valió al doctor Francisco Acedo para organizar el proyecto “Sonrisas para El Salvador”; un proyecto del que ya se han celebrado dos expediciones, camino ya de la tercera, y que ha conseguido tratar a más de 1.100 pacientes y donar más de 35.000 dólares en materiales. Todo ello con el objetivo, tal y como asegura el Dr. Acedo, “de dibujarles una sonrisa” en una situación de extrema pobreza, inestabilidad e inseguridad. Aunque, en realidad, la sorpresa se la han llevado sus voluntarios porque han sido los salvadoreños “quienes nos la han sacado a nosotros”.

 

— “Sonrisas para El Salvador” se fraguó en el año 2019 tras una conversación con el cónsul honorario de El Salvador en la ciudad de Sevilla, Ignacio de Cossío, ¿qué panorama le dibujó como para plantearse un proyecto de este tipo?

Tuve la suerte de conocer al cónsul honorario de El Salvador en Sevilla. Hablando con él una noche me dijo -sin muchos paños calientes- que la situación del país era muy difícil. Además, tenían la lacra de las maras, por lo que muchos proyectos no habían tenido éxito. Pero también me comentó que, si lo hacíamos, íbamos a ser partícipes de una de las experiencias más enriquecedoras de nuestra vida.

El cónsul no sabía nada de Odontología, aunque sí intuía que allí sufrían un déficit. Y así lo corroboró la responsable del área de Odontología del Minsal (Ministerio de Sanidad), ya que los informes que realizaban sobre diferentes áreas del país indicaban un altísimo índice de caries en adultos y niños, además de una educación inexistente.

Todo ello motivó la creación del proyecto basado en tres pilares fundamentales: la educación de la población, la educación de los profesionales y los tratamientos a realizar. Analizamos los medios de que disponían, los medios que nosotros podíamos aportar, estudiamos los tratamientos más necesarios y nos pusimos manos a la obra. Así surgió “Sonrisas para El Salvador”.

“Sonrisas para El Salvador” ha conseguido tratar a más de 1.100 pacientes y donar más de 35.000 dólares en materiales

— Tras la conversación con Cossío, llegó el momento de formar el equipo que se desplazaría a El Salvador, ¿quiénes son los integrantes de este proyecto y en qué disciplina están especializados?

Necesitaba un equipo multidisciplinar que integrase endodoncistas, odontopediatras, odontólogos generales y cirujanos. La idea era cubrir esos campos a sabiendas de que para ellos la endodoncia, por ejemplo, es un tratamiento casi desconocido. Además, los niños son clave en nuestro proyecto, tanto por los tratamientos como por la educación que pretendíamos inculcarles.

Como la selección la hice yo, fui un poco ‘egoísta’ y pedí ayuda a compañeros y amigos que sabía que me iban a responder en cualquier situación que se pudiese presentar. En la primera expedición participaron los Dres. Alejandro Zurera y Arcadio Galván; las Dras. Fátima Vázquez, María del Mar Sierra y Cristina Romero; y también contamos con la ayuda de Amparo de la Puerta. En la segunda expedición, hemos sumado a las Dras. Pilar Zabala y Rocío Villoslada y al Dr. Alberto Cruz.

Aprovecho para darles las gracias, a todos y cada uno, pues sin ellos este bonito sueño no se habría hecho realidad.

— La salud bucodental de la población salvadoreña está muy lejos de encontrarse en niveles óptimos: ¿cuáles son las principales patologías que padece la población local, tanto niños como adultos?, ¿cuáles son los procedimientos más habituales que se llevan a cabo en cada expedición?

Es como si nos remontásemos a la España de los años cincuenta o sesenta. No existe una educación para la salud bucal y, además, las personas de medios rurales no tienen tampoco capacidad económica. Por ejemplo, hay familias que viven con 20 dólares al mes y una obturación les puede costar 4 o 5 dólares. Por lo tanto, ni se lo plantean.

La pandemia predominante allí es la caries, por eso intentamos salvar el mayor número posible de piezas y evitar el deterioro de las demás con consejos.

Para ello se realizan obturaciones, reconstrucciones, endodoncias, pulpotomías, pulpectomías o fluorizaciones. También realizamos exodoncias y cirugías de cordales, profilaxis, frenectomías y enseñamos técnicas de cepillado.

— ¿A qué tipo de poblaciones se desplaza el equipo?, ¿son poblaciones rurales o también se trabaja en núcleos urbanos?

Todas las jornadas se llevan a cabo en zonas rurales. Y hemos elegido estas zonas porque, según los informes, son las más necesitadas. Aunque hemos tenido la suerte de acudir a un colegio en una ciudad grande, llamada San Miguel, donde disfrutamos mucho con los niños.

Intentamos salvar el mayor número posible de piezas y evitar el deterioro de las demás con consejos

— ¿Durante cuánto tiempo se extiende cada viaje?

Cada viaje suele durar en torno a la semana y aprovechamos desde el primer minuto, trabajando sábados y domingos si es preciso.

— ¿Cómo han sido recibidos por la población local, tanto pacientes como colegas de profesión?

Sea el día que sea, las acogidas son increíbles: personas que caminan varios kilómetros campo a través, por ellas o por sus hijos; mujeres que hacen colas y turnos de horas con los pequeños para ser tratados y que, al concluir las jornadas, siempre nos obsequian con cualquier cosa, ya sea algo de comida preparada por las mujeres del pueblo, o con algún baile típico por parte de los niños. A veces nos muestran algo de su ciudad, un monumento o una iglesia, para que podamos llevarnos algo de su pueblo.

La gente piensa que estamos dando mucho, pero es infinitamente más lo que recibimos por parte de ellos.

— Además de la falta de recursos o de acceso a la información, la situación de los salvadoreños se agrava por la deficiente formación de los profesionales sanitarios, ¿cómo la definiría?, ¿qué tipo de ayuda proporciona “Sonrisas para El Salvador” en este sentido?

Los odontólogos salvadoreños son unos profesionales que aman su trabajo; estudian y se preparan en el país, o salen a países vecinos, como México, para completar sus estudios.

Pero se encuentran con dos problemas fundamentales: la escasez de medios para trabajar en su país -disponer de anestesia en ocasiones es difícil y, cemento de endodoncia, prácticamente una utopía-, y la nula educación de la población en salud bucal.

El ministro de Salud, Francisco José Alabí Montoya, y la coordinadora de Odontología, la Dra. Fátima Borja, intentan cambiar esa dinámica, pero es un trabajo difícil.

Por ello, nosotros aportamos conocimiento y materiales, y realizamos pequeños seminarios con los dentistas de allí -también vía online- para que puedan optimizar el material que donamos.

— ¿Con qué dificultades se encuentra este tipo de proyectos internacionales?

Son varios los factores que dificultan estos proyectos. Por un lado, conseguir el material para poder trabajar allí.

Por otro, cuando trabajamos en un país como El Salvador -y además en zonas de exclusión- no sabes dónde vas a trabajar.  Cuando vas a un colegio, tu imaginación te lleva a pensar que es como uno de aquí; pero cuando llegas no encuentras más que un techo de uralita y cuatro paredes y, si hay suerte, sillas. Si no, los chicos se sientan en el suelo.

No sabes si la electricidad para los motores de endodoncia estará disponible una hora o todo el día; y los equipos portátiles que tiene el ministerio funcionan o no dependiendo del día. Nunca sabes qué puedes esperar.

A eso se le suma la temperatura y la humedad de las zonas donde trabajamos, junto con el hecho de que, por supuesto, no hay aire; o que llegar a una población de montaña situada a 20 kilómetros de la ciudad base, por las condiciones del camino, puede suponer más de una hora.

A pesar de ello, hay que destacar que nos encontramos pacientes entregados, fieles, amigables y simpáticos que, por desgracia, no tienen la suerte de ver a un médico en un mes, ya sea dentista o general. Cuando ven que vienes desde tan lejos a preocuparte por ellos, abren los brazos y te acogen con todo lo que tienen.

Así que nosotros, pese a poder mirar las dificultades, preferimos centrarnos en mirarlos a ellos.

La gente piensa que estamos dando mucho, pero es infinitamente más lo que recibimos por parte de ellos

— Desde que se puso en marcha el proyecto, ¿a cuántos pacientes se ha atendido y a cuántos profesionales se ha formado?

La última edición ha sido un absoluto éxito, realizando un total de 902 tratamientos en 625 pacientes. En la edición anterior se atendieron a un total de 523 pacientes en 793 tratamientos.

A cada población que hemos podido visitar nos han acompañado dentistas de la zona, pudiendo ser testigos de cómo se realizaban los tratamientos, e incluso llevando a cabo algunos de ellos.

Sin tener una cifra exacta, en cada localidad donde realizamos las jornadas estamos acompañados por más de veinte compañeros de allí con los que hablamos y compartimos conocimientos. Las redes sociales hacen posible que sigamos en contacto con muchos de ellos y nos comentan que, gracias a las jornadas, se atreven a llevar a cabo tratamientos que antes no realizaban. Eso siempre es un motivo de alegría para nosotros.

— La segunda edición de “Sonrisas para El Salvador” se ha llevado a cabo, tras el parón debido a la pandemia, a comienzos de este año. Ahora que la situación se ha normalizado, ¿tienen previsto organizar expediciones de una manera más regular y sistematizada?, ¿ya hay fecha para una tercera edición?

La pandemia supuso un parón en cuanto a las posibilidades físicas y de hacer una labor presencial allí. Pero uno de los pilares fundamentales en este proyecto era conseguir que dentistas del país se formasen e interaccionasen con nosotros para que, con el material que aportábamos, pudiesen llevar a cabo ellos mismos los tratamientos.

Los viajes, por ahora, siguen siendo una vez al año por un periodo de siete a diez días. Hemos hablado con los responsables de allí para realizar, en un periodo cercano, alguna jornada más en la que se pudiesen practicar tratamientos que habitualmente no se realizan. Pero todo ello necesita una logística que tenemos que estudiar bien. Con mucha ilusión ya preparamos la siguiente edición que será en febrero de 2023, eso está asegurado.

“Sonrisas para El Salvador” puede tener carencias y necesidades de materiales, pero es inmensamente rico por la gente que lo compone y apoya

— ¿Qué necesidades tiene “Sonrisas para El Salvador”, tanto a nivel material como a nivel humano?

Como todos los proyectos de este tipo, requiere dos elementos principalmente: un factor material y un factor humano.

Con respecto a los materiales, el pasado proyecto conseguimos una gran cantidad mediante donaciones de casas comerciales, aportaciones privadas y aportaciones de clínicas de amigos y compañeros que se enteraron del proyecto por redes sociales. La suma de todos ellos tuvo un valor de más de veinte mil dólares. Ese material se usó durante las jornadas; y todo el excedente se donó al Ministerio de Salud, que lo distribuyó en los lugares donde poseen gabinete o un centro de salud con capacidad para usarlo cuando no estemos.

Sin duda alguna, si reunir ese material tiene dificultad, cada vez encontramos menos problemas en el factor humano, puesto que por la difusión del proyecto y la calidad humana de la mayoría de las personas que lo siguen, son muchos los que se ofrecen a venir. Por motivos de logística no puedo contar con todos, pero espero que en futuras ediciones puedan acompañarnos.

Podemos decir que, como todos los proyectos de este tipo, “Sonrisas para El Salvador” puede tener carencias y necesidades de materiales, pero es inmensamente rico por la gente que lo compone y apoya.

— ¿Había llevado a cabo antes un proyecto solidario de estas características?

Durante mucho tiempo, con mi compañero de clínica, Carlos Solano, habíamos planteado proyectos de ámbito local colaborando con asociaciones conocidas de Sevilla como “La Gota de Leche”. Eran proyectos encaminados a mejorar la salud en barrios con niveles de necesidad alto e índices de higiene bucal bajos, y dirigido a niños menores de 15 años.

Con este proyecto vimos la posibilidad de aportar y poner nuestro granito de arena a nivel también internacional. Nunca imaginamos que tuviese tanta repercusión dentro del país, pero estamos muy satisfechos puesto que esa repercusión se ha hecho realidad en forma de tratamientos para los salvadoreños.

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