Pacientes embarazadas
Guía para un tratamiento odontológico seguro en pacientes embarazadas. Foto: Unsplash, Andrew Seaman.

¿Cómo hay que actuar cuando hay que intervenir a una paciente embarazada?, ¿qué tipo de antibióticos y analgésicos puede tomar?, ¿y qué hay de la anestesia?, ¿qué tratamientos odontológicos no son seguros para ella?

Estas dudas son frecuentes entre los estudiantes de Odontología y los dentistas primerizos. Muchos se muestran reacios a realizar ciertos tratamientos odontológicos a sus pacientes embarazadas debido al desconocimiento sobre sus efectos. Además, la incertidumbre también se extiende en el sentido contrario: está demostrado que muchas mujeres prefieren no acudir al dentista durante el embarazo.

Hay una razón para ello, y es que el cuerpo de una mujer embarazada sufre una enorme variedad de cambios anatómicos y fisiológicos a lo largo del proceso. Los niveles de estrógenos aumentan, cambia la composición de la saliva, se pierde masa muscular, aparecen las náuseas y los vómitos… Todo ello repercute en la salud oral de la paciente. Por eso, el odontólogo debe conocer las etapas del proceso, identificar cada cambio y tener claro qué tratamientos son seguros y cuáles no. A continuación, exponemos una breve guía que recoge las claves sobre cuáles son las recomendaciones fundamentales y los cambios a tener en cuenta para llevar a cabo un tratamiento odontológico seguro y eficaz.

El embarazo y sus efectos sobre la salud oral

Cada embarazo se divide en primer trimestre (1 a 12 semanas), segundo trimestre (13 a 27) y tercer trimestre (28 a 40 o más). A lo largo de todas ellas, el cuerpo de la paciente embarazada experimenta una serie de cambios diversos. Entre ellos se encuentra el aumento de los niveles de estrógeno circulante, que da como resultado una permeabilidad capilar amplificada capaz de exacerbar afecciones preexistentes, como la gingivitis o la periodontitis.

En relación a este aumento de las hormonas sexuales, también es frecuente la aparición del llamado granuloma o épulis del embarazo. Se trata de un crecimiento excesivo benigno del tejido gingival y de los capilares, que se encuentra normalmente en el área de la papila interdental. La tasa de ocurrencia de este pequeño tumor se sitúa entre el 1 y el 5%, y suele manifestarse en el tercer trimestre. La irritación gingival y una mala higiene dental favorecen su aparición.

Por otra parte, durante el embarazo se han observado algunos cambios en la composición de la saliva. La disminución de la concentración de sodio y pH, así como el aumento de los niveles de potasio y estrógeno, conducen a la proliferación y descamación de la mucosa oral. Las células descamadas proporcionan nutrición a las bacterias orales. Esto, junto con la caída del pH y el efecto amortiguador de la saliva, generan un entorno favorable para las bacterias cariogénicas. En consecuencia, durante el embarazo se aumenta considerablemente el riesgo de caries.

La acidez, presente en entre el 30 y el 70% de las embarazadas, se une a las náuseas matutinas y a los vómitos, que afectan aproximadamente a un 66% de las mujeres en estado. El primero se debe a la reducción del tono muscular del esfínter esofágico inferior y a la presión intragástrica. El segundo, al incremento de HGC. Ambos ocasionan una fuerte erosión ácida en las superficies palatinas de los dientes.

Debido a todos estos cambios, es clave que la mujer siga una exhaustiva higiene bucodental para prevenir la gingivitis, la periodontitis o la caries. En este aspecto, el papel fundamental del odontólogo es el de comprobar o corregir, si es necesario, la frecuencia y técnica de cepillado de la paciente, así como mostrarle el uso de auxiliares de limpieza interproximales, ofrecerle consejos dietéticos relacionados con el consumo de carbohidratos refinados y aconsejarle el enjuague con agua tras el vómito o la acidez para prevenir la erosión dental.

Sustancias y fármacos. ¿Cuáles son seguros y cuáles no?

  • El fluoruro: si bien muchos estudios han señalado que el flúor atraviesa la placenta, se ha descubierto que no es un teratógeno. Sin embargo, no hay evidencias para decir que el uso de pasta de dientes con fluoruro de sodio de 5.000 ppm o barniz de fluoruro de 22.600 ppm es seguro en embarazadas. Por el contrario, se ha descubierto que la pasta de dientes con flúor en concentración de 2.800 ppm es segura.
  • La anestesia local: todos los anestésicos locales atraviesan la placenta, pero su alcance variará según el tipo de anestésico. En casos de pacientes embarazadas, se debe utilizar uno que contenga un vasoconstrictor como la adrenalina, junto con una aspiración cuidadosa. La lidocaína con adrenalina es segura para la mayoría de las embarazadas. Por otra parte, la información sobre los efectos de anestésicos como la articaína durante el embarazo es limitada, por lo que debe evitarse su uso, salvo que cualquier beneficio potencial supere el riesgo. También deben evitarse los anestésicos locales que contengan felipresina, ya que esta se relaciona con la oxitocina y, aunque es muy poco probable, esta puede tener el potencial de causar contracciones uterinas.
  • Los antibióticos: al igual que con todos los medicamentos, todos los antibióticos atravesarán la placenta hasta cierto punto, por lo que solo se deben prescribir si se considera que el beneficio potencial supera el riesgo. Los antibióticos seguros en pacientes embarazadas incluyen penicilinas, cefalosporinas, eritromicina y clindamicina, y deben evitarse las tetraciclinas, ya que pueden presentar efectos irreversibles en los dientes y en los huesos del feto en desarrollo. De todas formas, es recomendable la consulta de fuentes como el BNF antes de recetar cualquier antibiótico.
  • Analgésicos: se ha demostrado que el paracetamol ofrece eficacia y seguridad durante todas las etapas del embarazo. No ocurre lo mismo con el ibuprofeno. Los estudios destacan una asociación entre el uso de AINE y un mayor riesgo de cierre prematuro del conducto arterioso en el tercer trimestre.

El posicionamiento de la paciente embarazada en la consulta

Las pacientes que se encuentran en el tercer trimestre tienen un mayor riesgo de sufrir el síndrome hipertensivo en decúbito supino. Se cree que esto ocurre en, aproximadamente, el 8% de las pacientes embarazadas. Cuando se acuestan horizontalmente, el peso del feto ejerce presión sobre la vena cava inferior, lo que provoca una caída repentina de la presión arterial que puede dar lugar a mareos, náuseas y desmayos. Por eso, es importante que, al intervenir a la paciente en la consulta, se eleve su cadera derecha entre 10 y 12 cm.

Radiografías. ¿Sí o no?

La preocupación sobre someter a la mujer embarazada a una radiografía es frecuente, ya que se teme que el proceso afecte al desarrollo del feto. Sin embargo, hay que tener presente que durante la mayor parte de las radiografías dentales, los rayos X no apuntan hacia el abdomen. En el improbable caso de que así sea, puede utilizarse un delantal de plomo para proteger al feto. En consecuencia, no suele haber necesidad de posponer las radiografías, pero debido a que se trata de un tema sensible, el FGDP recomienda que los odontólogos ofrezcan a las pacientes embarazadas la opción de retrasar las no urgentes.

Fuente: Dentistry