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La proliferación de anuncios dedicados a los juguetes sexuales ha disparado no solo la compra de estos instrumentos especialmente diseñados para el placer, sino que también ha movido a los más atrevidos, o tal vez no, a utilizar dispositivos de lo más variado y no indicados para el goce íntimo. Parece ser que esta moda de buscar aparatos de toda índole para el disfrute particular ha llegado a tal punto que hasta el muy conservador diario británico The Sun ha salido al paso para desaconsejar el uso del cepillo de dientes eléctrico en funciones distintas para las que ha sido diseñado. Este tabloide inglés, con más de medio siglo de existencia y el más leído en la lengua de Shakespeare, se ha puesto en contacto con una afamada ginecóloga del Reino Unido para abordar el tema. La doctora Anne Henderson ha sido clara: «Me preocuparía mucho que alguien usase un cepillo de dientes eléctrico para otra cosa que no sea limpiar sus dientes». La ginecóloga, que no explica si ha tenido conocimiento de primera mano en su consulta de esta práctica sexual, dice que las mujeres no deben usar nunca el cepillo eléctrico dental para masturbarse porque podría provocar laceraciones o traumatismos, «particularmente en el clítoris, en especial si se usa uno de los cabezales de limpieza más agresivos». Una vez más, la extensión del problema ha sido la difusión en foros anónimos de internet de la supuesta experiencia placentera por parte de mujeres que han echado mano del cepillo eléctrico dental no solo para limpiar su boca. Aunque ahora la cosa ha tenido más repercusión –cosas de las redes sociales– el tema no es nuevo, de hecho, hace no menos de diez años una avispada empresa creó y patentó unos complementos que convierten el simple cepillo en un vibrador erótico mediante el fácil acople de un dispositivo al cabezal del cepillo de dientes eléctrico, aprovechando su fuerza vibratoria. Y siguen vigentes. No hay más que darse una vuelta por las páginas del ciberespacio para comprobarlo.