D. Rufino Aragoneses Ex maestro de Prótesis y ceramista dental

La estética dental es todo un conjunto de color, anatomía y posicionamiento (entre otras valoraciones), cuyos valores se pueden reinstaurar con “carillas”, máscaras de porcelana, que hace que individualmente sea más destacable su belleza en los diferentes rostros.

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En ciertos casos, se pueden confeccionar facetas estéticas, “carillas” de cerámica sin la preparación habitual, con el nuevo color elegido y que morfológicamente queden bien alineadas.

Esta técnica puede ser aplicada a esas diferentes personas a las que la naturaleza, en su evolución dental, no las trató favorablemente (y que existen), y que ya bien sea por su edad, o bien por los motivos que argumenten, precisan de un cambio que no sea “radical”, pero sí que necesariamente se les realice en el menor tiempo posible.

Profesionalmente, valoramos que para obtener un buen funcionamiento de la dentición, las prótesis deberán realizarse con las funciones básicas de cortar, rasgar, partir, que la función de triturar sea la correcta, y por supuesto que también “destaquen de la faz la muy valorada estética”. Hay que crear un conjunto en cuanto a color, anatomía, posicionamiento de cada pieza dental, que además por añadidura, deberá tener la particularidad e importantísima belleza que ha de intervenir en la amplitud de las sonrisas, tanto para sí mismo como para que socialmente sean más agradables.

Parte de la belleza fisonómica radica en una dentición que sea por un lado atractivamente blanca en cuanto a color, y por otro, en cuanto a la anatomía de cada pieza, el “cómo” se ha de confeccionar apropiadamente en relación a la forma facial, sin olvidar la corporal, así como el sexo de cada uno de las diferentes personas, “pacientes”, ya que todo su conjunto será lo que formará la estética.

En los casos en los que haya que confeccionar las “carillas” de cerámica sin la preparación habitual (como en este caso), dependerá del ceramista desarrollar las fórmulas y las técnicas adecuadas que se han de poner en práctica para confeccionarlas morfológicamente alineadas y sobre los modelos de las piezas dentales naturales, para que así el resultado facilite que las “carillas” de cerámica enmascaren las piezas naturales y que a su vez atesoren el valor del color elegido, como pudiera ser la blancura de la luna, con el valor añadido de la fluorescencia.

Con, o sin la preparación habitual en la confección de toda clase de facetas “carillas”, el técnico ceramista siempre tiene el compromiso de crearlas como una pieza dental única, de textura fina, con el color adecuadamente elegido, y siempre ajustadas sobre los modelos maestros resultarán moderadamente “blancas” (como una cortina que cubre y no se transparenta).

En cada época se va cambiando la idea de lo importante y atractivo que resulta el que la dentición en cuanto a la morfología y al color se hagan resaltar estéticamente de la faz, y que también (como siempre) deben ir combinados en relación a la forma y al color facial, sin olvidar, claro, la parte de la anatomía corporal.

Sobre modelos fantomas, se muestran las máscaras “carillas” de porcelana con sus diferentes gruesos tratando de alinear las piezas anteriores; solamente se han enmascarado los incisivos y los caninos, ya que no se tenía referencia hasta que piezas podría llegar la comisura de los labios. Se han confeccionado sobre “piezas”, sin el tratamiento habitual, con el color “blanco luna”, que “supuestamente” fue elegido por la, o el paciente, con la “supuestamente” exigencia de que dicho color elegido, “blanco luna”, que debería resplandecer indiscretamente en relación al color de su faz y con diferentes luces.

Creo que en ciertos casos se puede obtener la belleza estética con máscaras “carillas” de porcelana desde el final de la comisura labial.

Con la colaboración teórica del
Dr. D. Juan Manuel Aragoneses Lamas.

Y la colaboración práctica de
C. P. D. Aragoneses.

Precisión y Estética dental.

Redactora Dña. Begoña Aragoneses Lamas