Dr. Julio González Iglesias

En los primeros tiempos el Licor del Polo se fabricaba en la propia farmacia de la calle Ascao 7. Pero cuando el negocio prosperó se hizo necesario trasladarse a otro emplazamiento e industrializar el producto. El lugar elegido fue Areta (Álava), que también se quedo pequeño, y, por fin, se construyó la fábrica de Deusto, con todo tipo de adelantos de la época: agua filtrada, electricidad, viviendas para los obreros, etc.

Galería de imágenes
A los diez años, en 1879, confesaba una producción de 100.000 frascos (1). En 1885 ya había subido a 260.000 frascos al año (2). Algunas casas como la de V. Ribas, V. Ferrer y Barcelona y la Sociedad Farmacéutica Española le hacen pedidos de 10.000 frascos «pagados al contado» (3). En 1891 declaraba una producción de 200.000 frascos al año (4). En 1901 decía que en 1899 había vendido 46.387 frascos más que en 1898 y que en 1900 había incrementado en 36615 frascos (5). En 1906, a los 36 años de la existencia, afirmaba haber llegado a los 1.000 frascos de venta diaria «solo en España». Es decir, 360.000 al año (6). En 1913 se llegó a suministrar a las distribuidoras 60.000 frascos mensuales (7), cantidad que a veces se sobrepasaba y a la que había que sumar la que se enviaba al extranjero (el Licor del Polo y la colonia se venden en Hispanoamérica, sobre todo en Argentina, México y Brasil).

Frasco del Licor del Polo de Orive

La reñidísima polémica con el dentífrico alemán Odol
1898 fue un año funesto para España con la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. La guerra desangró al país y castigó duramente a la juventud. D. Salustiano de Orive no se mostró públicamente ni a favor ni en contra del conflicto. Su convecino Sabino Arana felicitó a los americanos por su victoria sobre España, a la que odiaba histéricamente. D. Salustiano, por contra, se sentía español, como lo demostró en 1909 regalando 1.500 frascos de Licor del Polo a los soldados de Melilla, por lo que fue felicitado por el Gobernador Militar de Vizcaya Exmo. Sr. D. Alberto María de Borbón, Marqués de Santa Elena (8). No fue tan generoso con Cuba, pero sí sacó pecho como patriota criticando a quienes elevaban los precios amparándose en la depreciación de la peseta y «la enorme subida de los precios». Por el contrario, el mantenía en 1998 el precio del Licor del Polo Orive (9).

En ese mismo año destacaba las ventajas de su dentífrico sobre los extranjeros, basado en la economía y en la eficacia (10).

Lo cierto es que con la crisis las grandes firmas dentífricas extranjeras habían prácticamente abandonado el mercado español. La gran publicidad del Agua de Suez, Dr. Pierre, Benedictinos, etc., desapareció de los periódicos de manera casi total.

El Odol
Curiosamente, sin embargo, es el momento en que irrumpe con fuerza un dentífrico alemán, usando, para hacerse notar, las mismas medidas que habían dado popularidad a Licor del Polo, es decir, una masiva publicidad en la prensa.

El dentífrico era el Odol, una de cuyas primeras noticias aparecen en febrero de 1899 en La Correspondencia Española (11).

Soldados en la Guerra de Cuba.

Allí se decía que en Alemania, Austria, Rusia, etc…, se había puesto de moda un líquido dentífrico llamado Odol, que conservaba la dentadura sana hasta la vejez y cuyo uso iba alcanzando un vuelo fabuloso. «Se habla de muchos millones de frascos».

Ya en marzo La Correspondencia Española anunciaba que el Odol podía adquirirse en las mejores perfumerías, droguerías y farmacias (12).

Habiéndose acostumbrado a dominar los tabloides, D. Salustiano se tomó el asunto como una ofensa personal y rápidamente emitió una nota donde, con ingenio, llamaba locos a los que usaban dentífricos extranjeros «que producían la demencia» y dejaban de usar Licor del Polo, que la curaba (la demencia) y además calmaba los dolores de muelas (13).

Con la guardia alta, pone otro remitido asegurando que 28 millones de personas han usado el Licor del Polo, que es el mejor dentífrico y el más barato (seis reales) y por tanto es el preferido por los amantes de la prosperidad nacional (14).

En otro escrito informaba de que «en el periodo de más propaganda de un dentífrico alemán» las ventas de Licor del Polo se habían disparado y que en 1899 se habían vendido un cincuenta por ciento más que en 1898 (solo en la casa de M.García de Madrid se había pasado de 80.000 a 120.000 frascos) (15). Por su parte, el Odol seguía su camino con un COMPRENDASE, asegurando que era capaz de entrar en los agujeros de las muelas, impregnarlas y logar su «asepsia» durante horas enteras (16).

Aquellos aires doctrinales y la alusión a la asepsia castigaron el hígado del Sr. Orive, quien decidió dejarse de circunloquios y coger el toro por los cuernos. «Algunos alemanes –dijo- juzgaron a los españoles como incultos berberiscos, creyendo axiomática la afirmación de Dumas. No hay un español que desconozca lo que es un antiséptico desde hace 28 años, que el Licor del Polo vulgarizó la higiene dental». «Es incomprensible que haya un alemán, pasándose como se pasan de sabios, que ignore lo que tiene olvidado el último español (17)».

Propaganda en la prensa del Odol.

En realidad, con esto contestaba a otro anuncio del Odol donde se informaba de haber estimulado en la gente la higiene bucal y lo que es peor, informaba que «el nuevo antiséptico, Odol se agotaba en los depósitos». Cualquiera diría que D. Salustiano conocía de antemano los anuncios del Odol, pues a veces salía simultáneamente contradiciendo los argumentos del otro. Así, el 25 de marzo de 1988 aparecen juntos en La Correspondencia Española uno (el Licor del Polo) encima del otro (Odol) (18). Orive resaltaba el poder antiséptico del Licor del Polo basado en 28 años de experiencia, que incluso conseguía la asepsia de la boca e impedía la aparición de caries. El Odol a su vez atribuía esas mismas propiedades y menospreciaba «a todos los demás» que solo obran unos momentos, mientras que él dura horas y horas actuando dentro de los agujeros de las muelas picadas. Además de esto, se adornaba con un dibujo que representaba un frasco de Odol en el momento de echar un chorro en un vaso de agua. Aquello era demasiado, los alemanes no se arredraban, de modo que había que emplear espionaje industrial y así se interesó por la composición química de su adversario, descubriendo que tenía salol. El salol es el salicilato de fenilo, que al ingerirlo se desdobla en a. salicílico y fenol. El ácido salicílico había sido sintetizado en la década de los 80 (siglo XIX) y se empleó para conservar los alimentos aunque pronto se conoció su toxicidad (podía producir la muerte). El a. salicílico se proscribió en los dentífricos porque Magitot ya había popularizado su teoría ácida de las caries. El salol, por tanto era un producto sospechoso (aún no se sabía que Hoffman a finales del siglo crearía el a. acetilsalicílico para curar el reumatismo de su padre, naciendo así la aspirina).

Poco le faltó a Salustiano para enviar la noticia a la prensa diciendo que era motivo de la gran publicidad lanzada por un dentífrico alemán tanto en España como en América del Sur tildando de ineficaces a los demás dentífricos, algunos «dentifricistas» franceses como el Dr. Pierre, Benedictinos, Piarri, Agua de Botot, de Suez, etc., comenzarían a investigar cuando se vieron ayudados por un maestro despedido del laboratorio de Leipzig, que se apresuró a publicar la composición de la fórmula que aquellos habían descifrado. Efectivamente, tal y como proclamaba D. Salustiano, el Odol tenía Solol y sacarina aromatizada y disueltos en alcohol, componentes que, además de peligrosos, no alcanzaban el valor de 10 cms.

«Esta es la composición del cacareado dentífrico alemán…exento de los productos acreditados de siempre en la higiene de la boca, como la quina, el pelitre, el clavo, el lirio, etc».

A continuación insistía en que los fabricantes franceses estaban preparando una denuncia contra el Odol. Aquello sí que preocupó, y mucho, a los teutones, de ahí que reaccionara enseguida y el Sr. Muller, representante del Odol en España, envió desde Barcelona un comunicado en prensa asegurando que su dentífrico no contenía Salol, sino otro moderno antiséptico no tóxico y que estaban avalados por el Congreso Médico de Berlín y por el Laboratorio del Dr. Ferrán de Barcelona (Ferrán fue el que intentó combatir el cólera con una vacuna. Por cierto, el Salol entonces se usaba contra el cólera).

El frasco de Odol.

Desmienten también que los fabricantes franceses estuvieran preparando ninguna acción y que todo el ruido procedía de «cierto farmacéutico que desde hacía cierto tiempo estaba anunciando una mala imitación de Odol». Firmaba el resultado el Laboratorio Químico Lingner de Dresde. Conviene, llegados aquí, decir algo de Karl August Lingner (1861-1816), el creador del Odol, que aunque adversario de D. Salustiano Orive, tenía algunos puntos en común con él. Hijo de un comerciante de Magdeburgo se colocó en una botica en 1875 para ahorrar dinero con el que estudiar música en París (a Orive le gustaba también mucho la música). La muerte prematura de su padre truncó esos planes y abrió un laboratorio de química en 1892 en Dresde, donde hizo amistad con el científico naturalista Robert Seifert. Ambos se convencen que para combatir las bacterias que dañan el cuerpo hay que atacarlas en la boca. Así nace el Odol en 1893, nombre compuesto de las primeras letras de odonto (diente) y oleum (aceite).

Igual que D. Salustiano Orive, Karl Lingner recurrió a la publicidad masiva e impuso un producto en el mercado logrando una gran fortuna que aumentó con el lanzamiento del algodón «Forman» y el champú «Pixabon».

A partir de ahí creó una serie de instituciones de higiene social en Dresde, la Policlínica Infantil, el Centro de Desinfección de Sajonia y el de Higiene Bucal en 1902. Su mayor éxito fue la Exposición Internacional de la Higiene Bucal en Dresde en 1911 visitada por más de 5 millones de personas donde se expuso el famoso «hombre transparente» (destruido en 1945 por la aviación americana). Para darse cuenta de la importancia de Lingner, digamos que contó con la colaboración de bacteriólogos como Emil Von Behring, Paul Ehrlich, pediatras como Adalbert Czermy y Otto Heubner, psiquiatras como Oswald Bumke y el historiador de la medicina Karl Sudhoff (19).

Este hombre, miembro del Club de Yates Imperial, presidente del Mercedes Club de Sajonia, dueño del Castillo de Tarasp en Suiza, multimillonario, creador de un nuevo concepto de la higiene, mecenas, etc…, era, desde Dresde el rival del farmacéutico de la calle Ascao 7 de Bilbao. Viriato contra Roma. Ambos, sin embargo, fueron dos gigantes de la publicidad a nivel mundial (el Licor del Polo, igual que Odol se vendía en América). Pero acaso en viveza, picardía y rapidez de reflejos ganara el español. Por eso a finales de febrero vuelve a la carga y publica el análisis efectuado por el Dr. en Farmacia y Medicina Sr. Olmedilla y por el Dr. en Farmacia Soria Sánchez, publicado en el folio 34 del suplemento 16 de la Oficina de Farmacia de Dowault que daba para el Salol la composición siguiente:

Publicidad del Odol.

Fórmula para la preparación de Odol (1 litro):
• Solol 40 gr.
• Sacarina 4 gr.
• Esencia de carmín 10 gotas.
• Esencia de menta piperita 300 gotas.
• Tintura de vainilla 200 gotas
• Alcohol c.s. para formar 1 litro.

En el folio del suplemento 18 de la misma obra se lee:
• Alcohol 97 gramos.
• Solol 2’5 gramos.
• Esencia de menta piperita 0,5 gramos.
• Esencia de clavo 4 gotas.
• Esencia de Alcaravea 4 gotas.

Como le habían acusado de fabricar el Opol, dice que es una fórmula parecida pero con la diferencia que se vende a 2 pesetas mientras que el Odol cuesta 3’5 pesetas (20). En otro anuncio titulado «El salol en los dentífricos» explica que el salol se desdobla en el organismo produciendo ácidos salicílicos y ácido férrico. El Salol –explica- produce perturbaciones renales y Herlich y Hessebach han observado fenómenos de intoxicación. «El Licor del Polo –termina- es puramente vegetal y no contiene ni sacarina ni solol» (21). Naturalmente, «los alemanes» no se quedaron parados y con gran alarde incluyeron llamativos anuncios en la prensa con su ilustración y un texto donde explicaban que si la población padecía de la boca era porque hasta ahora, había usado unas «pobres e inofensivas aguas o pastas perfumadas» que nada podían contra los millones de gérmenes y bacterias de la boca, porque, incluso cuando se hicieron esas fórmulas, ni se conocía la existencia de los microbios. A continuación enumeran las bondades del producto, su buen sabor, su eficacia, etc. Firman Muller, hermanos, únicos importadores, Barcelona (22). Años más tarde, en una entrevista concedida al diario ABC, D.

Publicidad del Odol.

Salustiano recordaba esta batalla y explicaba como el dentífrico alemán había entrado en España arrasando y desprestigiando, que el que no había movido un dedo contra los Botot, Pierre, Suez, etc., no pudo callarse e invirtió una millonada en demostrar en la prensa que el Odol era perjudicial para la salud y que había logrado derrotarles. «No se recuerda –decía el periodista- en la prensa española una campaña de publicidad tan estruendosa … que el mismo Orive mantenía con su pluma acreditándose como polemista habilísimo, certero, implacable. El público se interesó en el debate más que en cualquiera otra campaña de la prensa…» (23). Volviendo atrás, D.Salustiano, en efecto, recurrió a todo. Entre otras cosas, lanzó el Opol, que ponía al lado del Odol y firmaba «Pérez y Cía. Farmacéuticos Españoles» (24). «El África empieza donde los cortes geográficos la señala, no donde algunos bobos creyeron la había colocado, con desconocimiento de España, Dumas, el gran poeta francés» (25).

En ocasiones aparecen los tres dentífricos juntos en la misma página. Arriba, la figura de un sabio con lentes y barbas apoyado en una mesa. Debajo de él «Compréndase» se decía que el Odol mantenía su acción durante horas y aseguraba la asepsis. En medio, el Opol de Pérez y Cía Farmacéuticos Españoles «de composición, propiedades y gusto igual que Odol pero a 2 pesetas» y abajo, el Licor del Polo de Orive, el mejor antiséptico, pero sin solol ni sacarina (26). Otro comunicado de Orive denunciaba la maniobra de Odol, acusándole de haber enviado un frasco gratis a numerosos médicos para que lo compararan con el Licor del Polo Orive y le enviaran informes saludables. Tomaba esa noticia de la «Correspondencia Médica» y la negativa de los médicos a secundar esa falacia. «A estos varapalos se exponen los que creen que África empieza en los Pirineos, los que importan envases de vidrieros alemanes y los que, finalmente, se figuran que los médicos españoles solo sirven para hacer el reclamo de los productos sin mérito alguno a cambio de baratijas» (27). Para impresionar, los de Odol llenaron los periódicos con un anuncio repetidísimo donde aparecía la imponente factoría, el Laboratorio Químico de Lingner en Dresde, donde se fabricaba el Odol. D. Salustiano, al lado, decía «El movimiento se demuestra andando» y añadía que a la gente no le importaba una fábrica ni la gente que allí trabajaba y que el Licor del Polo cada vez se vendía más (28). «Hechos y no palabras» proclamaba en otro encarte y recordaba el premio obtenido en el IX Congreso Internacional de Higiene a la historia de 40 años de Licor del Polo (29). Que la polémica le interesaba a la población lo demuestra el escrito aparecido en «Lectura dominical», un periódico católico en el que un redactor dice: «El vértigo de los anuncios va tomando unas proporciones colosales». «Si resucitara Barnum, el famoso inventor de los reclamos, se quedaría sombrado al ver hasta donde han llegado sus discípulos». (Barnum, el del circo Barnum).

Publicidad del Licor del Polo.

A continuación se hacía eco de la pelea sangrienta entre dos dentífricos, uno alemán y otro español. «El alemán anuncia el frasco, pinta señoras y señores quejándose de dolores de muelas y exhibe la fábrica que es como un palacio de la Exposición de París. Pero viene el español, lo pone de hoja de perejil. En cambio él… ni el agua del Jordán». «Guapos y patriotas por ocho reales» (30). Llegados a este punto, el laboratorio Químico Lingner en Dresde emitió un imponente comunicado que se difundió profundamente en la prensa española. En él denunciaba la irregularidad del Opol y señalaban al Licor del Polo como responsable del mismo y no el ficticio Pérez y Compañía. Decían que si al Licor del Polo le iba tan bien ¿por qué se preocupaba obsesivamente con ellos? Le echaban en cara criticar el dentífrico cuando compraba en Alemania casi todas las materias primas de Licor del Polo. Recordaban que en el Congreso Médico de Munich habían considerado al Odol como el mejor dentífrico del mundo. Traían la opinión del bacteriólogo profesor Hueppe favorable al Odol. También aducen el informe del Dr. Ferrán, Director del Laboratorio del Laboratorio Microbiológico de Barcelona, también favorable al uso del Odol. Se ufanaban de ser el dentífrico más extendido en el mundo y de tener la fábrica más grande. Echaban en cara a los otros dentífricos (Licor del Polo) el desconocimiento de la bacteriología. Señalaban el hecho de que los dentífricos de color encarnado (como el Licor del Polo) teñían los dientes. Por último daban por terminada la polémica (no cumplieron esa promesa)( 31).

Tan largísimo alegato no podía quedar impune y D. Salustiano compuso a continuación la arenga más larga, meditada y literaria que hiciera en toda su vida. La tituló «Competencias con el Licor del Polo». Comienza aseverando que en el futuro no empleará el cloroformo cuando meta el escarpelo en los huesos comidos por el pus. «Estirparemos las carcomas sin cuidarnos de los gastos de los operados». A pesar de sus convicciones cosmopolitas en la economía se impone el principio de «España para los españoles». Ya sabemos por donde van los tiros. En la lucha contra la invasión dentífrica de los germanos pide intervencionismo, fronteras, protección y sobre todo cuando esto se hace de la manera de los hulanos. Se quejan, dicen, que el Licor del Polo haga competencia al Odol, cuando es éste el que la hace a un producto español y con una gloriosa historia de 32 años. «Se necesita tupé –ironiza-. Pero lo que les duele es que haya demostrado que el Odol está compuesto de salol, sacarina y acido salicílico. Entonces entraron en la verdadera lucha y para empezar rebajaron los precios de 3,5 a 2 pesetas». A continuación rebate sistemáticamente los argumentos del contrario punto por punto.

El Doctor Ferrán que avaló al Odol.

1. Dicen que el fabricante de Opol es el mismo que fabrica el Licor del Polo y que los Pérez y Compañía son unos testaferros, lo que es incierto, pues los tales son dos farmacéuticos titulados, uno Don Gerardo Gómez Vega y otro Don José Pérez y Pérez.

2. Argumentan que si al Licor del Polo le va tan bien, por qué se preocupa del Odol. Le responde que se ha limitado a poner coto a su publicidad engañosa y a pararles los pies.

3. Han enviado una circular prometiendo desde marzo a diciembre una gigantesca campaña publicitaria en 80 periódicos y revistas y que, además, van a presentar un envase más pequeño a dos pesetas que tiene más contenido que el Licor del Polo. Orive les contesta que menos lobos, que la campaña de publicidad no es tal y que lo de compararse con el Licor del Polo, en cuanto a calidad, demuestra a quien temen, pues no citan ninguna otra marca. Denuncian también las malas artes del Sr. Muller que ha amenazado a los periódicos con retirar sus anuncios si ponían la publicidad de Licor del Polo o del Opol al lado de la de Odol, de lo cual ha sido informado y lo ha aceptado por no perjudicar a nadie. A este respecto recuerda un anuncio que ordenó publicar el 18 de mayo de 1900 en el Heraldo de Madrid. (Efectivamente, en dicho número, en que se informa del eclipse de sol que se vio desde Madrid, podía leerse con grandes letras «Un nuevo astro con más fuerza lumínica que el sol no lo eclipsa ningún planeta» en cuyo texto se decía que un planeta quería interponerse entre el Sol y la Tierra para robar a esta la luz y que había ordenado a sus satélites, los periódicos obedientes, que no dejaran salir a la Tierra (el Licor del Polo) en las mismas páginas que el planeta (el Odol). «El nuevo astro, decía, es el Licor del Polo, el planeta, un dentífrico desacreditado que fue lanzado a los espacios intersiderales de la Higiene sin ton ni son» (32).

4. Dicen que ha sido descortés con Alemania atacándoles a ellos. Pero demostrar que el Odol tiene salol, sacarina y a. salicílico libre, no es atacar a Alemania. «Yo admiro la ciencia venga de donde venga… lo que me repugna son los parlanchines». «Tampoco compro mis materias primas en Alemania. Solo un día compré allí los frascos del Licor del Polo y tuve que desistir porque son mucho mejores los franceses. Otras materias las importo de Ultramar».

Publicidad del Odol

5. Que le dieran el premio al mejor dentífrico en el Congreso Médico Internacional de Munich. «¿¡Como si no, si estaban en casita!?» les responde. Al Licor del Polo se lo dieron en el XI Congreso Internacional de Higiene de Madrid, en dura competencia con otras marcas.

6. Dicen que el Odol no tiene salol ni sacarina, pero esto está claro según los análisis de Dervoult. La sacarina está prohibida su importación en España y el a. salicílico que proviene del salol es muy tóxico según Berzelius y, sobre todo, muy perjudicial para la dentadura. La composición del Odol, según el Laboratorio Químico Municipal de Madrid (folio 134 del 8º libro de Análisis), confirma la presencia de los elementos citados.

7. Se justifican alegando que si el Odol no fuera tan bueno ¿cómo es que triunfa en todas partes? La propaganda –les contesta– convence a cualquiera (si lo sabría él) y Vds. han gastado un montón de dinero. «La sociedad que fabrica el Odol es poderosa, pero en España han encontrado un hueso… un hombre con riñones que les ha plantado cara… Si en todos los países hubiera habido un hombre así Vds. no venderían ni un frasco y se hubieran arruinado».

8. Manifiesta que todos los dentífricos de color rojos tiñen la dentadura. Les contenta que los dentífricos no blanquean la dentadura pero que sí lo hacen el Polvo de Quina y el Carbón Orive. Para terminar, vuelve a recordar el informe del Laboratorio Químico Municipal de Madrid y aduce la autoridad de Herlich y Hesselbach, que consideran peligroso el salol (este último científico habría descrito el caso de la muerte de una joven que había ingerido 8 gr de salol) (33).

Larguísimo el alegato-respuesta de D. Salustiano, si lo hemos resumido –y aún resulta extensísimo, es para dar una idea de la pasión y habilidad polémica del farmacéutico de Briones.

Según él, era un hombre «con riñones». De eso no cabe duda, y también inteligente, inquisitivo y batallador.

Publicidad del Odol

De todos modos, Lingner era demasiado poderoso para eclipsarse, ni aun ante D. Salustiano de Orive y Oteo. Por eso, poco después daba la noticia de haber obtenido un premio en el Congreso Internacional de Odontología celebrado en París en 1900 (34).

Este congreso se celebró a la sombra de la Magna Exposición Universal que se celebró ese año en la ciudad del Siena. Allí se dieron cita dentistas importantísimos y se creó la Federación Dentista Internacional. Don Salustiano despide el año con anuncios denunciando la presencia del salol y el a. salicílico en el Odol (35) mencionando el análisis del Laboratorio de Química de Madrid (36).

Insiste hasta los últimos días. El 28 de diciembre dice «quien respira por la herida senda puñalada debió recibir» (37).
«La verdad es amarga, el que se pica ajos come» (38).

Por su parte, los de Odol decían: “El despecho anubla el buen sentido de los hombres” y aseguraban que quien se mete con el Odol solo consigue glorificarle (39).

A pesar de todo, estos dos últimos anuncios aparecían uno encima del otro. Las amenazas del señor Muller no habían surtido efecto.

Año 1901
Comenzó el siglo XX y los gallos de pelea no envolvieron sus espolones.

Odol recibió el Año Nuevo defendiéndose de los ataques y detracciones de la competencia amparándose en el informe del Instituto Microbiológico de Barcelona, del Doctor Ferrán, que le era favorable (40).

D.Salustiano acuña otra frase ingeniosa y llama Lodo al Odol, anagrama –dice- del mal llamado dentífrico extranjero y además les acusa de haber llevado «micos» a la prensa (41). ¿Qué eran esos «micos»? Pues unas viñetas humorísticas en las que el Odol atacaba al Licor del Polo y lo vencía. En realidad habían aparecido a mediados de julio en la revista humorística El Cardo y ahora aparecían en El Globo el día de Reyes de 1901 (42). Allí se veían un cañón y varios frascos de Odol atacando y derrumbando a varios frascos de Licor del Polo. D. Salustiano les respondió con versos prestados:
Tu crítica majadera
De los dramas que escribí
Pedancio, nada me altera
Más pesadumbre tuviera
Si te gustaran a ti (43).

Publicidad en la prensa del Odol.

Además, para chinchar a los alemanes, visitó la fábrica de vidrio Cervelló para adquirir frascos para su Licor del Polo, puesto que la fábrica de Francia no era capaz de servirles tal era la cantidad de pedidos que tenía (44).

No obstante, los alemanes le atizaron un golpe bajo cuando dieron la noticia que el Director del Laboratorio Municipal de Madrid había emitido un certificado donde aseguraba que «el producto denominado Odol, en sus aplicaciones para uso externo, no contiene noticias nocivas» (45).

Más tarde se ufanaban de haber conseguido en 20 semanas de existencia lo que otros habían conseguido en 20 años (en alusión a Licor del Polo) (46).

Contesta Orive con «escurrir el bulto y otros nuevos infundios» diciendo que los «alemanes de cuello vuelto» se hacen los suecos y no responden a sus acusaciones sobre el salol, el azúcar y el ácido salicílico.

Les recuerda que en agosto de 1900 habían prometido no volver a preocuparse por el Licor del Polo, como si hubieran vencido en la lucha, y de eso nada, pues a pesar de los miles de marcos malgastados en propaganda siguen encontrándose con el Licor del Polo hasta en la sopa.

Sigue llamando Lodo al Odol y dice que no solo no le ha afectado la competencia sino que en 1900 han vendido 86.000 frascos más (47).

Desciende la tensión
Durante el primer trimestre de 1901 el fragor de la batalla va disminuyendo y diluyéndose, posiblemente por el cansancio y las enormes sumas de dinero gastadas en aquella lucha estéril. En 1907 D. Salustiano Orive, en entrevista a ABC, recordaba esta guerra achacando la causa de la misma a que «el dentífrico alemán quiso desacreditar al mío (el Licor del Polo) y su atrevimiento le costó la vida».

Con estas palabras se proclamaba vencedor de la campaña porque «yo en la paz soy hasta en exceso complaciente, pero en la guerra, cuando se me hace por medios ilícitos, soy terrible…» (48).

En 1911 en «El Siglo Futuro» decía «El único dentífrico español que redujo al silencio a un dentífrico extranjero» refiriéndose a la lucha entre el Licor del Polo y el Odol (49).

Publicidad del Odol.

El Dr. Salvador Landa Llona, en un meritorio trabajo sobre D. Salustiano de Orive y Oteo, dice que en su querella contra el Odol llegó a demostrar en Madrid, en el Departamento de Sanidad, que «su composición era perjudicial para la salud bucal, consiguiendo que se prohibiera la venta de dicho producto…» (50).

Lo cierto es que el Odol siguió defendiéndose y hasta decía:
«La envidia es mala consejera. En vista de que en buena lid no pudo vencer al dentífrico Odol, cierto industrial lanzó al mercado una pobre imitación, con nombre Opol, que tampoco cuajó. Ahora se vale de la difamación torciendo el sentido de un análisis oficial. Que los laboratorios Municipales de Barcelona y Madrid certificaran la inocuidad y bondad del Odol se ha demostrado más de una vez en estas columnas. Los lectores conocen al autor de estas noticias contra el Odol y les causa risa sus filantrópicos y desinteresados consejos del uso de tan excelente dentífrico» (51).

D. Salustiano había atacado fuerte y definitivo. En febrero decía «Está demostrado hasta la evidencia que los ácidos son un verdadero veneno para la dentadura. Es así que la sacarina, salol y ácido salicílico que contiene un dentífrico extranjero (análisis del Laboratorio Municipal de Madrid sobre el Odol) se convierten en ácidos en la boca. Luego, el que estime su dentadura debe abstenerse, por instinto de conservación, de usar tal dentífrico» (52).

A partir del mes de mayo el Odol dejó de anunciarse en la prensa donde venía haciéndolo. Los reclamos del Licor del Polo disminuyeron de extensión, a veces un par de líneas, a pesar de proclamar que vendieron 1.000 frascos diurnos y que entre todos los demás no llegaban ni a la décima parte de tal cifra (53).

El Licor del Polo había ganado indiscutiblemente, pero había dejado muchos pelos en la gatera, o «pelas», dinero.

Salustiano Orive dice que la pelea «le costo la vida (a Odol)». Si realmente hubiera existido esa prohibición D. Salustiano la hubiera exhibido hasta la extenuación. Más bien, las causas de su retirada fueron otras y en este sentido bien vale fijarnos en un comentario aparecido en “El Liberal” que decía lo siguiente:

Publicidad del Odol.

La Sacarina en el Odol
Se probó concluyentemente que un producto tan nocivo a la salud como la sacarina formaba parte de un mal titulado dentífrico alemán que intentó pasar como de Higiene Dentaria. Afortunadamente para la salud de nuestros compatriotas, un hombre de tan mal temple como el autor del Licor del Polo, dio la voz de alarma, no por espíritu de competencia, que para ello le hubiera valido acogerse a la ley y haber pedido al Director de Sanidad y al de Aduanas que se prohibiese la importación del Odol por contener la sacarina. Pero no: el Sr. Orive, librecambista convencido, jamás habría apelado a tal recurso. La higiénica y valiente campaña del célebre farmacéutico en defensa de la salud pública revela, evidentemente, lo mucho que debe desconfiarse de nuevos productos, sobre todo extranjeros, y de personas incompetentes en general, que en conocimientos científicos sacrifican quizás inconscientemente la salud de los clientes a su codicia mercantil. Por esto venimos observando con satisfacción que muchas perfumerías que hasta poco ha creían honrarse exhibiendo en sus escaparates ¿Dentífricos? proscritos por la higiene pública, han retirado hasta los envases vacíos. Demuestran con tal excelente criterio que no se hacen solidarios de ataques a la salud pública vendiendo productos tan nocivos a la misma como los formados a base de sacarina y aun de otros peores (54).

Mientras tanto, la pelea había prendido en la sociedad española tan dada a emocionarse con el enfrentamiento entre los contrincantes, ya sean toreros, actores o políticos.

He aquí lo que decía un vate anónimo a este respecto:

«Merece la pena de bolo
el que con estos calores
abuse de los licores
no siendo el Licor del Polo
muy fresco y muy español
a condiciones solamente
de que el tal no se caliente
riñendo con el Odol» (55).

Incluso, esta vez con nombre conocido, otro poeta, Francisco Delgado, de Ávila, compuso un soneto para la ocasión. Decía así:

Las armoniosas trompas de la Fama
Han proclamado que “El Licor del Polo”
Es el representante exclusivo, el solo
Que con razón dentífrico se llama
Huelga, por tanto, la inocente trama
Del producto alemán, Odol o Dolo
Que siendo entre los suyos un Pistolo
Con ademanes bélicos declama.

Deja el intruso su pujanza y brío
Para empresas más nobles en la Tierra
En España no debe decir ni pío
Que al conocer los ácidos que encierra
La gente le «premió» con el desvío
¡Cosa mucho más grave que la guerra!

Aun en 1908, cuando la polémica había desaparecido hacía años, volvió sobre el tema con un comunicado cuyo título decía:
«¡Ojo con las modas en lo que toca a la Salud Pública!» en el que informaba que en Francia, Bélgica, Inglaterra y la misma Alemania, habían tenido que salir en defensa de sus dentífricos los autores dentifricistas que se veían perjudicados por el «descaro de un titulado dentífrico alemán»,

Lamentaba, no obstante, que ninguno de ellos hubiera tenido la valentía de Licor del Polo, que había hecho retirar con las orejas gachas al «mal titulado dentífrico Odol del cuello vuelto» (en alusión a la curvatura del envase). Afortunadamente, un «celebérrimo doctor francés» estaba dando la voz de alarma en Le Temps y Le Matin acerca de lo perjudiciales que eran para los dientes los antisépticos tóxicos tales como el sublimado, timol, fenol, sales y otros derivados de la hulla. Terminaba con la frase ¡Ojo con las modas en lo que toca a la salud pública! (56). La verdad es que Lister había tenido que dejar de usar las pulverizaciones de a. fénico en los quirófanos, puesto que, aunque lograba desinfectar el campo, producía terribles consecuencias en el personal quirúrgico.

Artículo elaborado por:
Dr. Julio González Iglesias

Profesor Historia de la Odontología
Universidad Alfonso X El Sabio
Madrid

Dr. Julio José González Pérez
Doctor en Odontología. Implantólogo.

Dr. Jorge González Pérez
Profesor de la Facultad de Odontología.
Universidad Alfonso X El Sabio. Madrid.

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50. Landa Llona, S. “Revista vasca de odontoestomatología” vol. 19. Nº3. 2001. p.13.

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56. La Correspondencia de España. Viernes 17 de junio. 18017. 1908:3.