Los doctores Esteban Brau Aguadé y Alfonso Villa Vigil, durante la rueda de prensa

El 12 de septiembre ha quedado instituido como Día Mundial de la Salud Bucodental. El Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos ha querido celebrarlo convocando a los medios de comunicación para hacerles llegar información de interés sobre temas de interés ciudadano relativos a la salud dental, concretamente la amalgama y el blanqueamiento de la superficie externa de los dientes. Participaron en la rueda de prensa los doctores Alfonso Villa Vigil, presidente del Consejo General, y Esteban Brau Aguadé, catedrático de Patología y Terapéutica Dental de la Universidad de Barcelona.

La postura del Consejo General, en boca de su presidente, el doctor Alfonso Villa Vigil es bastante clara: “No hay ninguna razón científica hoy que justifique el ataque que está sufriendo la amalgama dental ni la alarma social que estas informaciones están creando”. Una vez más, Villa Vigil, insistió en que el único motivo para retirar una amalgama de la boca de un paciente es que esta persona experimente alergia a este material, “algo que se da muy excepcionalmente”.

El comunicado del Consejo General se produce tras la declaración de la Asociación Dental Americana, del 28 de julio pasado, que concordaba con la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) en su decisión de no establecer ninguna restricción en el uso de la amalgama dental. Este informe la califica como un material de bajo riesgo, en la misma categoría que los empastes de oro o composites del mismo color que el diente.

La amalgama, material de empaste hecho de una combinación de materiales como plata, cobre y estaño, además de mercurio, lleva más de 150 años empleándose en restauraciones dentales sin que existan evidencias de que haya ocasionado serios problemas de salud a los pacientes (“no existe documentación de cuadros graves de intoxicación por uso de amalgama”). Su composición ha ido mejorando a lo largo de los años y tal vez el inconveniente que ha motivado el que cada vez se emplee menos sea una razón estética (por su color).

El presidente de los dentistas españoles reconoció que no existe ninguna sustancia que empleada en seres vivos resulte inocua. Cualquier material de los que se emplean en restauraciones dentales es susceptible de provocar algún tipo de alergia o efecto secundario indeseable.

También se ha hecho referencia en reiteradas ocasiones al efecto contaminante del mercurio contenido en las amalgamas. Sin embargo, según Villa Vigil, la amalgama es un material que se estabiliza perfectamente “y sólo libera mercurio al medio ambiente en las incineraciones” o cuando se retira de la boca.

El segundo de los temas tratados en este encuentro con los periodistas fue la problemática de los blanqueamientos dentales con peróxido de hidrógeno o de carbamida. Se trata de productos de libre utilización en concentraciones muy pequeñas que, si bien no presentan riesgos para la salud, tampoco tienen un efecto blanqueador significativo. Sí funcionan en concentraciones más elevadas (al 6% en el caso del peróxido de hidrógeno y 21% en el del peróxido de carbamida), pero en estos casos su venta no es libre y su empleo queda limitado a los dentistas.

El problema es que no tiene la calificación de producto sanitario, sino que a efectos legales se considera producto cosmético, algo que se contradice con la obligatoriedad de limitar su venta a profesionales de la odontología.

Los blanqueadores a base de peróxido, que tanto están popularizando las clínicas de estética, presentan además numerosos efectos secundarios, como la posible aparición de grietas en los dientes, sensibilidad dental, alteraciones linguales y quemaduras, entre otros, razones más que suficientes para considerarlo producto sanitario.