Mesa inaugural del congreso. De izda a dcha., el presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la VII Región, Dr. Agustín Moreda; el presidente del Comité Organizador, Dr. José María Malfaz; el alcalde de Valladolid, Ilmo. Sr. D. Francisco Javier León de la Riva; el presidente de AEDE, Dr. Manuel Peix Sánchez, y la concejala de Turismo del Ayuntamiento de Valladolid, D.ª Mercedes Cantalapiedra

Un congreso diferente, más dinámico, con un programa integrado por conferencias lo más variadas posible y de menor duración, y sin intervenciones en paralelo que pudieran solaparse unas a otras. Así resumía el doctor José M.ª Malfaz, presidente del 29 congreso AEDE, lo que el comité organizador tenía en mente a la hora de crear este nuevo modelo de reunión científica. Y muchas han sido las novedades. Para empezar, el tradicional curso precongreso se integró dentro del programa, el cual incluía, como una actividad científica más, un taller de cata de vinos. La gran cantidad de trabajo e ilusión a partes iguales que han derrochado sus organizadores tenía como objetivo que las tres jornadas de congreso resultaran tan enriquecedoras como divertidas. Batir o no un récord de asistencia era lo de menos, aunque lo cierto es que se superó la cifra de 530 inscripciones.

Valladolid se erigió en el centro nacional de la Endodoncia, por decisión de AEDE, desde el 30 de octubre al 1 de noviembre.

Un programa científico de altísimo nivel desarrollado por una veintena de excelentes conferenciantes, con reconocida calidad y prestigio tanto a nivel profesional como académico, para muchos de los cuales representó su primera participación en un congreso en España.

En la entrevista que ofreció a “Gaceta Dental” el presidente del Congreso, doctor José María Malfaz, confesaba que la Asociación se había permitido “el capricho” de traer al congreso a “nuevos cracks de la endodoncia que están rompiendo moldes a nivel internacional”, entre los cuales mencionaba a los doctores Cohenca (Estados Unidos), Nallapati (Jamaica), Garala (Estados Unidos), Cruz (México), Saavedra (Venezuela), Roges (Estados Unidos) y los italianos Grande y Plotino.

Las presentaciones científicas en formato video, los casos clínicos y talleres prácticos constituyeron el plato fuerte del programa, sin olvidar las interesantes comunicaciones científicas y en formato póster. Todo ello pensado para complacer al mayor número de profesionales posibles, de todos los niveles.

La sala principal, en el Centro de Congresos Miguel Delibes, tenía una superficie aproximada a los 1.700 metros cuadrados. En ella tuvieron lugar la mayor parte de las actividades.

Una de las decisiones del comité organizador fue evitar la celebración de conferencias en paralelo, así no se solaparían las intervenciones y los congresistas no tendrían que perderse ninguna. Para conseguirlo hubo que reducir el tiempo de cada ponencia, lo que requirió un esfuerzo de concreción también por parte de los dictantes, quienes debieron concentrar su sabiduría en 50 minutos y hay que decir que salieron bastante airosos.

También se prestó atención al idioma y se organizaron las conferencias en base a él. El primer día tuvieron lugar las intervenciones de los ponentes nacionales, al día siguiente, las de los internacionales de habla inglesa, y se dejaron para la tercera jornada las ponencias de los internacionales de habla hispana. La razón, concentrar en un sólo día la necesidad de traducción simultánea.

La nota más original la pusieron los talleres dedicados a cata de vinos y a habilidades de comunicación oral. Este último llevaba por título “Hablar en público. Cómo mejorar tu capacidad para dar una conferencia”.

En cuanto al programa de actos sociales propiamente dicho (ya que el congreso en sí se concibió como un evento social y científico), hay que mencionar la recepción inaugural del congreso, en el que los protagonistas gastronómicos fueron los productos del prestigioso concurso nacional de pinchos y tapas “Ciudad de Valladolid”, así como la excursión del sábado a través de los parajes descritos por el novelista Miguel Delibes en su obra “El hereje”.