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ToggleEn el inicio de su trayectoria profesional, los recién graduados en Odontología se enfrentan a una etapa llena de ilusión, decisiones y nuevos retos. En esta carta abierta, el Dr. Lluís Giner, presidente de la Conferencia de Decanos/as y Directores Académicos de las Facultades de Odontología de España, invita a los jóvenes odontólogos a afrontar el futuro sin miedo, con vocación de servicio, espíritu crítico y una mirada humanista capaz de equilibrar la excelencia clínica, la formación continua y el compromiso con la salud de las personas.
Estimado graduado:
En breves instantes, podrás decir ¡Ya soy odontólogo!, es decir, un profesional listo para servir a la sociedad. Yo, en cambio, me encuentro al final del trayecto profesional, después de muchos años de servicio. Permíteme, por tanto, transmitirte una parte de mi perspectiva, desde esa atalaya excepcional que es la experiencia.
Ser un odontólogo de prestigio
Evidentemente, tu situación ha cambiado. Atrás quedan unos años de formación universitaria donde el camino estaba, por lo general, trazado paso a paso, curso tras curso. Ahora, como profesional, te corresponde buscar y encontrar tu propio rumbo dentro de la profesión y de la sociedad. Solo tú puedes saber cuál es el camino que debes recorrer, el cual será diferente para cada uno.
El primer decano de la Facultad de Odontología de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC), el Dr. Miguel Cortada, repetía a los alumnos en cada graduación: “No tengáis miedo“. Pienso que esto mismo es lo que debéis tener presente todos los que os iniciáis en la profesión. No tengáis miedo porque estáis bien formados. La universidad española —y, en concreto, sus facultades de Odontología— está muy bien situada en los rankings internacionales como institución de prestigio en la enseñanza superior.
Por lo tanto, estáis preparados. También conocéis vuestros límites, y debéis hacer un esfuerzo por identificarlos cada vez mejor, tanto para solicitar ayuda o consejo en casos que superen vuestras competencias actuales, como para fijaros nuevos horizontes formativos que os permitan superarlos. Vuestra formación no ha sido únicamente técnica, sino también humana, basada en cómo —desde la profesión— se puede ir más allá de las patologías bucales, impactar en la salud global y mantener en todo momento una visión ética en la actuación clínica, respetando siempre la autonomía del paciente (tras informarle correctamente) y, sobre todo, su dignidad como persona.
El proceso de toma de decisiones
Para guiaros a partir de ahora, puede ser de gran ayuda recordar un método muy extendido, pero que a veces olvidamos, heredado de los primeros pensadores de la historia para tomar decisiones de forma ordenada y coherente. Cuando te enfrentas a una decisión compleja que puede afectar al curso de tu vida en un aspecto tan importante como tu futuro profesional, es recomendable seguir estos tres pasos:
- Identificar el problema: No siempre es fácil; a veces solo vemos los efectos de un problema que debemos afrontar, pero no el punto exacto donde tenemos que actuar. Es importante ser sinceros con nosotros mismos para ver qué estamos decidiendo realmente, así como reconocer nuestras propias emociones ante las diferentes situaciones de la práctica clínica.
- Recoger el consejo de personas con criterio: Acudir a profesionales que, a nuestro juicio, conozcan a fondo la materia sobre la que debemos decidir, y que además sean lo más objetivos y transparentes posible.
- Meditar y decidir: El paso más importante. Con el criterio que has adquirido, debes reflexionar sobre toda la información y tomar tu propia decisión, sin eludirla.
La búsqueda de la excelencia a través de la ilusión

En esta nueva etapa, es importante que reconozcas con serenidad tus sentimientos ante las emociones que vives al enfrentarte a los diferentes tratamientos, ya sea en tu formación o en los primeros pasos de tu vida profesional. Observa y siente qué es lo que más te atrae, qué es aquello que te ilusiona y que hace que, al levantarte por la mañana, sientas prisa por que llegue el paciente para empezar el tratamiento.
En aquello que nos ilusiona de manera especial es donde alcanzamos más fácilmente la excelencia y logramos ser líderes de opinión. Búscalo con sinceridad, seguridad y fortaleza; no tengas prisa, pero sé consciente de lo que buscas, y lo encontrarás.
Esta va a ser la etapa más importante y larga de tu vida. Te has preparado para iniciarla, pero deberás ir decidiendo el camino a seguir. Seguramente, a lo largo del tiempo tendrás que reorientar el enfoque, porque el conocimiento avanza de forma importante y cada vez más deprisa, y también cambiarán tu situación y tus expectativas.
El panorama actual de las especialidades en España
El primer paso es decidir si quieres ser “especialista en un área de la Odontología” o dedicarte a la Odontología general. En ambos casos deberás seguir formándote: ahora, al inicio, de forma más intensa y si es posible reglada; y después, a lo largo de toda la vida mediante la formación continua a través de las diversas fuentes a nuestro alcance.
En España aún no tenemos reconocidas las especialidades de forma oficial, aunque desde hace años las facultades de Odontología ofrecemos programas formativos basados en la normativa europea. Sin embargo, en el último año hemos avanzado mucho gracias al esfuerzo del Consejo General de Dentistas —especialmente en la figura de su presidente, el Dr. Óscar Castro—, de la totalidad de las sociedades científicas y de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Odontología españolas. A través de la Comisión de Especialidades, dirigida de forma excelente por el Dr. Daniel Torres, a finales de enero pasado se pudo presentar en el Ministerio de Sanidad la propuesta para que el Gobierno iniciara el trámite para la aprobación de la ley de especialidades en Odontología, la cual fue acogida con satisfacción por parte de los responsables del Ministerio, aunque posteriormente en el mes de julio nos notificó que no era posible el trámite con la ley actual, con lo que se procedió con las diligencias que la legalidad española permitía, a solicitar el diálogo para alcanzar el camino adecuado. Es un tema que está abierto, que seguro costará encontrar el camino, pero donde todos los implicados estamos de acuerdo que es totalmente necesario y que debemos llegar a ello, más temprano que tarde.

De momento se han solicitado seis especialidades: Endodoncia, Cirugía, Ortodoncia, Odontopediatría, Prótesis y Periodoncia. En cuanto sean reconocidas, se abrirá el camino a otras opciones, siempre que tengan el contenido suficiente y no se solapen con las ya existentes. En cualquier caso, debes formarte pensando en ello; tan importante es el especialista en una materia como el odontólogo general, quien, al fin y al cabo, es el encargado de dirigir y coordinar a los especialistas en el tratamiento multidisciplinar del paciente.
El equilibrio entre tecnología y humanismo
La digitalización y la inteligencia artificial (IA) forman parte de nuestra actividad diaria, tanto en el diagnóstico como en el soporte al tratamiento. Lograr utilizarlas con eficiencia puede ser complejo y, cuando alcanzamos un buen dominio, puede parecernos que eso es la excelencia en Odontología. De hecho, lo es en parte, porque nos permite alcanzar resultados exitosos con una perfección humana en los tratamientos que efectuamos.
Sin embargo, la excelencia va mucho más allá de nuestro campo clínico de actuación; va más allá de la boca y su entorno. Significa tratar a la persona en su totalidad, tener empatía con ella, intentar conocer qué siente, cuáles son sus miedos y cuáles sus expectativas. Este equilibrio entre tecnología y humanismo es fundamental y debemos tenerlo siempre presente, ya que es muy fácil que la tecnología nos aparte del verdadero objetivo del profesional de la salud: tratar a la persona a través de la atención a sus patologías.
Tenemos una profesión con un impacto profundo en la sociedad. En ocasiones debemos tratar y aliviar el dolor, algo que nos afecta siempre en lo más íntimo de nuestras vidas. También podemos devolver al paciente una nueva imagen, la estética que siempre ha deseado, aportándole seguridad en sí mismo y una mayor autoestima.
Cualquiera que sea tu camino, de todos los retos que presenta nuestra actividad clínica, hay dos que es primordial mantener siempre en la atención asistencial:
- El mantenimiento de la salud, priorizando la prevención en cada una de nuestras actuaciones.
- La atención a la salud sistémica, trabajando en una correcta coordinación con otros profesionales sanitarios. Por supuesto, no debemos diagnosticar ni tratar nada que no sea competencia de nuestra área de conocimiento, pero sí tenemos la capacidad de orientar al paciente hacia el profesional adecuado.
Las nuevas tecnologías y la IA en particular nos ayudan notablemente, sobre todo en el diagnóstico y en la orientación de las opciones del plan de tratamiento. No obstante, debemos recordar que el responsable de las decisiones clínicas no es la IA, sino siempre nosotros: el clínico con criterio, apoyado por la tecnología.
Proceso de toma de decisiones
Para orientar adecuadamente tu futuro profesional ten en cuenta estos tres pasos:
- Identifica el problema.
- Recoge el consejo de personas con criterio.
- Medita y decide.
La importancia del equilibrio vital
No debemos descuidar nunca la formación continua a lo largo de toda nuestra vida profesional; además, es un reto intelectualmente muy atractivo. Actualmente existen muchas opciones y, seguramente, en el futuro habrá muchas más. Me atrevo a aconsejarte que busques en cada momento la modalidad de formación que mejor se adapte a tus circunstancias y posibilidades, pero tenla siempre presente.
La Odontología es una profesión muy exigente y, a pesar de todos los avances, sigue siendo una ciencia con cierta incertidumbre, algo que nos debe hacer humildes ante nuestros pacientes. Esto exige un gran equilibrio, y aquí es donde debe aflorar esa sabiduría que os ha transmitido la universidad y que resulta tan esencial en el ejercicio profesional.
Hay que ordenar, en la medida de lo posible, las prioridades: la ciencia, los pacientes, los recursos, los amigos… y, lo más importante, la familia. Cuando se alcanza este equilibrio, se llega a una paz interior que se transmite a los demás.
A este respecto, permitidme recordar una historia atribuida a Stephen Covey, autor de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”. En ella, un profesor llena un frasco con agua, luego añade arena y, finalmente, piedras; obviamente, no cabe todo y el agua se desborda. Después, repite el experimento al revés: primero introduce las piedras grandes, luego, despacio, añade la arena y, finalmente, el agua. De este modo demuestra que, si se empieza por las cosas más importantes (las piedras grandes), todo lo demás encuentra su lugar.
Quiero concluir con una frase de Edith Stein, copatrona de Europa: “Ante todo, la verdad. Acordaos de su búsqueda”. Sed siempre transparentes con los demás y, sobre todo, con vosotros mismos. Cada uno a su ritmo, intentad buscar aquello que os entusiasma; en eso seréis líderes de opinión y vuestros tratamientos se enfocarán, de forma natural, hacia la excelencia.


