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ToggleLa inteligencia artificial está dejando de ser una tecnología experimental en el ámbito sanitario para integrarse de forma creciente en la práctica asistencial. Según un estudio de la Comisión Europea publicado este año, el 94% de los proveedores sanitarios europeos ya utiliza soluciones de IA o tiene previsto adoptarlas, mientras que las herramientas de diagnóstico basadas en esta tecnología podrían alcanzar una adopción cercana al 80% en 2029.
En este contexto, uno de los principales retos del sector será preparar a los profesionales para trabajar con ella y tomar decisiones rigurosas a partir de sus resultados. Así lo señala Francisco Javier Domingo, director del Máster de Formación Permanente en Inteligencia Artificial Aplicada a la Salud de UNIE Universidad, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación Universidades, quien considera que la IA transformará las competencias de prácticamente todos los profesionales sanitarios.
“No se trata de quién sabe de IA, sino de quién es capaz de incorporarla a su práctica con el objetivo de que las decisiones sean rigurosas”, explica Francisco Javier Domingo. Para el experto, el uso de la IA no eliminará la responsabilidad sobre las decisiones. “Cuanto mayor es el nivel de datos, gracias a la IA, se reduce el riesgo del error. Pero datos erróneos que no sepamos interpretar nos harán tomar decisiones erróneas que pensamos que son certeras”, advierte.
De encontrar la información a saber qué hacer con ella
En este nuevo escenario, el valor del profesional podría desplazarse progresivamente desde la búsqueda de información hacia su interpretación y aplicación: formular las preguntas adecuadas, distinguir entre evidencia y plausibilidad y convertir una respuesta generada por una máquina en una decisión válida para un paciente o problema sanitario concreto.
“La IA nos permite avanzar hacia un escenario en el que sintetizar miles de documentos, explorar grandes volúmenes de datos o generar una primera hipótesis sea prácticamente inmediato. El valor del profesional se desplazará entonces desde encontrar información hacia saber formular las preguntas adecuadas, distinguir evidencia de plausibilidad y convertir una respuesta generada por una máquina en una decisión válida”, apunta el docente.
“Calibrar la confianza” será una competencia de seguridad
Uno de los principales retos será aprender a valorar la fiabilidad de las respuestas que ofrecen estas herramientas, especialmente cuando pueden presentar información incorrecta con una apariencia extraordinariamente convincente. Francisco Javier Domingo denomina “calibración de la confianza” a esta competencia, que consiste en saber cuándo una respuesta puede utilizarse como apoyo, cuándo debe verificarse y cuándo el contexto clínico, científico o regulatorio exige descartarla. “El pensamiento crítico dejará de ser únicamente una competencia deseable para convertirse también en un mecanismo de seguridad”, señala.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud ha identificado la preparación de los profesionales, la gobernanza de los datos y los marcos legales y éticos como algunos de los elementos clave para una integración /segura de la IA en los sistemas sanitarios europeos.
En este sentido, mantener al profesional “en el circuito” de las decisiones no garantiza por sí mismo una supervisión efectiva. Será necesario rediseñar los procesos de toma de decisiones, estableciendo qué funciones pueden delegarse en la IA, cuáles deben verificarse, qué señales deben llevar al profesional a cuestionar una recomendación y quién mantiene la responsabilidad última sobre la decisión. “Incorporar IA no es simplemente añadir una herramienta: obliga a rediseñar procesos, responsabilidades y mecanismos de control”, afirma Francisco Javier Domingo.
La formación no puede quedarse en el ‘prompting’
Este nuevo escenario plantea también un reto para la formación de los profesionales sanitarios. Según el experto, enseñar únicamente a utilizar herramientas concretas o técnicas como el prompting no será suficiente, ya que las tecnologías disponibles evolucionarán a gran velocidad.
De hecho, un análisis de la OCDE sobre las competencias digitales y de IA en las profesiones sanitarias, basado en casi 55,5 millones de ofertas de empleo online en Canadá, Reino Unido y Estados Unidos entre 2018 y 2023, identifica una creciente demanda de competencias vinculadas a la gestión de información sanitaria, la telemedicina y la ciberseguridad, y destaca la importancia de la formación continua para aprovechar el potencial de estas tecnologías.
Las competencias más duraderas estarán menos vinculadas a una herramienta concreta y más a comprender cómo se generan las respuestas, conocer el papel de los datos, identificar posibles sesgos, validar resultados y evaluar la evidencia que una IA produce o sintetiza. En este sentido, “debemos evitar que la comodidad de disponer siempre de una respuesta termine erosionando el conocimiento necesario para juzgar si esa respuesta es correcta”, apunta Francisco Javier Domingo.
El objetivo, por tanto, será formar profesionales capaces de trabajar de forma crítica con sistemas de IA que seguirán evolucionando. “La IA que estamos utilizando a día de hoy, con todos sus adelantos, es la peor IA que usaremos en nuestra vida, ya que la evolución es más que exponencial”, concluye el experto.
