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ToggleGDentalk participó en SEPA Granada 2026 con un especial dedicado a la comunicación en Odontología. En su segundo bloque, Ana Molina, Beatriz de Tapia y Simón Pardiñas reflexionaron sobre el papel del clínico como divulgador en un entorno marcado por la viralidad, la desinformación sanitaria y el avance de la inteligencia artificial.
GDentalk participó en SEPA Granada 2026 con un episodio especial centrado en los nuevos retos de la comunicación en Odontología. En su segundo bloque, el programa puso el foco en la comunicación del clínico hacia fuera: redes sociales, medios de comunicación, divulgación sanitaria, fake news e inteligencia artificial.
En esta segunda parte participaron la Dra. Ana Molina, periodoncista, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidenta de SEPA; la Dra. Beatriz de Tapia, periodoncista vinculada a la Universidad Internacional de Cataluña y responsable en SEPA de áreas relacionadas con investigación, divulgación profesional y formación; y el Dr. Simón Pardiñas, odontólogo y divulgador con una amplia trayectoria en redes sociales. La conversación estuvo moderada por Gema Bonache, directora de Gaceta Dental, y Álvaro Alonso, director de Desarrollo de Negocio de Dentalplay.
El punto de partida fue claro: las redes sociales se han convertido en una herramienta imprescindible para llegar tanto a profesionales como a pacientes. Sin embargo, también plantean un gran reto: cómo comunicar ciencia de forma sencilla, atractiva y rigurosa en un entorno donde lo que más circula no siempre es lo más preciso.
Una herramienta necesaria, pero difícil de manejar
La Dra. Ana Molina reconoció durante el debate que no se considera una usuaria especialmente activa en redes sociales, en parte por el pudor que genera la exposición pública y por proceder de un entorno académico y científico. Sin embargo, defendió que las redes son hoy una herramienta que los profesionales deben aprender a utilizar, porque permiten estar presentes, llegar a más personas y aumentar el impacto de los mensajes de salud.
La Dra. Beatriz de Tapia coincidió con este planteamiento. Aunque también admitió cierta distancia inicial respecto a la exposición en redes, subrayó que se trata de “un elefante encima de la mesa” y de un canal al que los profesionales deberán incorporarse, antes o después, para comunicar de forma adecuada y llegar a la población.
Desde la perspectiva de SEPA, ambas destacaron el esfuerzo realizado en los últimos años para acercar la información científica no solo a los profesionales, sino también a los pacientes. La divulgación, señalaron, forma parte de la responsabilidad de las sociedades científicas, especialmente cuando se trata de traducir mensajes complejos a un lenguaje comprensible.
El Dr. Simón Pardiñas explicó que su salto a las redes sociales surgió precisamente de trasladar al espacio público aquello que ya explicaba a sus pacientes dentro del gabinete. Según señaló, los pacientes valoran que haya una cara reconocible detrás del mensaje, una trayectoria profesional y una fuente que les genere confianza. En su caso, la divulgación digital se ha convertido en una extensión de su labor clínica.
El problema de la viralidad
Uno de los grandes temas del debate fue la dificultad de competir con la viralidad. La Dra. Ana Molina advirtió de que lo que más se difunde en redes no siempre es lo más riguroso, sino aquello que genera impacto, polémica o alarma. El desafío, por tanto, consiste en conseguir que los mensajes basados en evidencia también lleguen al público sin caer en el sensacionalismo.
Los participantes coincidieron en que los mensajes alarmistas pueden tener un efecto ambivalente. Por un lado, pueden colocar temas de salud bucodental en programas de máxima audiencia o en conversaciones masivas. Por otro, pueden dejar instalada una idea equivocada que después resulta muy difícil desmontar.
La Dra. Beatriz de Tapia recurrió a una imagen muy gráfica para explicarlo: cuando se despluma una gallina, las plumas se esparcen por todas partes y luego resulta muy complicado recogerlas. Con esta metáfora quiso subrayar que, aunque un mensaje viral pueda abrir una conversación, si parte de una premisa errónea puede generar confusión duradera entre los pacientes.
Para los participantes, la clave está en elaborar mensajes simples, accionables e impactantes, pero sin renunciar al rigor. “El sangrado no es normal”, “hay que prevenir antes de que duela” o “los implantes también pueden tener patología” fueron algunos ejemplos de mensajes breves, comprensibles y útiles para el paciente.
Divulgar prevención más allá del “cepíllate los dientes”
La prevención fue otro de los ejes del debate. Los participantes señalaron que los mensajes preventivos tradicionales, como recordar al paciente que debe cepillarse los dientes, ya no resultan suficientes para captar la atención de la población.
El Dr. Simón Pardiñas apuntó que el mensaje preventivo debe evolucionar. No basta con repetir instrucciones básicas; hay que explicar los beneficios concretos que tendrá para el paciente cuidar su salud oral. En su opinión, el lenguaje debe adaptarse al público y centrarse en aquello que realmente le importa: poder alimentarse mejor, tener mejores digestiones, sentirse más cómodo, hablar mejor, mejorar su salud o conservar sus dientes a largo plazo.
La Dra. Ana Molina añadió que una de las claves de la motivación del paciente es encontrar sus razones personales para el cambio. No se comunica igual con un adolescente que con una persona adulta preocupada por su salud general. A un joven, explicó, quizá no le motive hablar del riesgo cardiovascular, pero sí puede entender mejor un mensaje relacionado con el aliento, la estética o la imagen social. En cambio, en pacientes adultos, la conexión entre salud oral y salud general puede ser un argumento muy potente.
En este sentido, los participantes destacaron la importancia de que otros profesionales sanitarios -cardiólogos, internistas, reumatólogos u otros especialistas- también ayuden a reforzar el mensaje de que la salud bucodental forma parte de la salud general. Según se apuntó en la conversación, cuando diferentes profesionales transmiten el mismo mensaje, este gana fuerza y credibilidad ante el paciente.
El papel del dentista frente a los bulos
La proliferación de fake news y pseudoterapias fue uno de los asuntos que generó mayor preocupación. Los participantes coincidieron en que los dentistas tienen un papel fundamental a la hora de desmentir bulos y contextualizar la información que los pacientes encuentran en redes sociales.
Entre los ejemplos mencionados durante el debate aparecieron los supuestos efectos de pastas blanqueantes, remedios caseros con vinagre o limón, productos sin evidencia, retos virales y prácticas peligrosas como el llamado “lookmaxing”, que en algunos contenidos anima a golpearse la cara para intentar modificar la mandíbula.
Para el Dr. Simón Pardiñas, la primera recomendación a los profesionales que quieran divulgar es clara: formarse, estar informados y revisar la evidencia antes de compartir cualquier mensaje. No se trata de copiar lo que otro ha publicado porque parezca atractivo, sino de comprobar las fuentes, entender la literatura científica y adaptar el contenido al público objetivo.
También insistió en que no es lo mismo comunicar a compañeros que a pacientes. Un caso clínico con sangre, cirugía o radiografías puede resultar interesante para otros profesionales, pero no necesariamente para el público general. El paciente suele buscar otro tipo de información: qué beneficio obtendrá, cómo mejorará su salud, qué problema puede evitar o cómo le afectará un tratamiento en su vida diaria.
Pacientes mal informados e inteligencia artificial
El debate también abordó el papel de la inteligencia artificial como nueva fuente de información para los pacientes. Los participantes señalaron que cada vez es más frecuente que una persona acuda a la consulta tras haber preguntado a una herramienta de IA por un síntoma, una técnica o un posible tratamiento.
La Dra. Beatriz de Tapia matizó que, más que pacientes sobreinformados, en muchas ocasiones se trata de pacientes mal informados. Por ello, defendió que el profesional no debe hacer que el paciente se sienta avergonzado por haber consultado TikTok, Google o ChatGPT, sino ayudarle a entender lo que ha visto, contextualizarlo y aplicarlo -o descartarlo- en función de su caso concreto.
La Dra. Ana Molina mostró su preocupación por la aparición de respuestas generadas por inteligencia artificial en los buscadores, especialmente cuando el usuario no tiene conocimientos suficientes para detectar errores. Según explicó, cuando busca información de su propia área de conocimiento puede identificar imprecisiones, pero eso mismo resulta mucho más difícil para un paciente en un campo que desconoce.
El Dr. Simón Pardiñas aportó una visión más ambivalente. Señaló que la IA puede ser útil si orienta al paciente hacia información correcta o hacia la consulta con un profesional, pero también puede aumentar la confusión cuando mezcla datos fiables con contenidos erróneos. Por ello, insistió en que el diagnóstico requiere exploración, pruebas y criterio clínico.


