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Dra. Bárbara Giordano: «En gutapercha, las propuestas bioactivas siguen siendo muy limitadas»

Dra. Bárbara Giordano, investigadora UIC Barcelona. Imagen: cedida por la Dra. Giordano.

La investigadora, odontóloga y endodoncista de UIC Barcelona explica el origen de BioSphereGutta, una nueva gutapercha bioactiva desarrollada junto al Bioengineering Institute of Technology con la que buscan mejorar la adhesión a la dentina, favorecer la biomineralización y abrir la puerta a una futura liberación local de fármacos. El proyecto, ya patentado, aspira a dar respuesta a una de las debilidades clásicas de la endodoncia: el sellado final de los conductos radiculares.

—¿Cómo surge la investigación que ha dado lugar a BioSphereGutta?
—La idea nace de mi trayectoria investigadora en UIC Barcelona. Empecé este trabajo en 2016, durante el doctorado, en colaboración con el Bioengineering Institute of Technology. Mi director, Román Pérez, es químico y experto en biomateriales, y desde el principio vimos claro que había una oportunidad real de mejorar la gutapercha tradicional, un material muy asentado en endodoncia pero con margen de evolución. La creación de este biomaterial fue, de hecho, el eje principal de mi tesis doctoral. En el proyecto y en la patente participamos cuatro investigadores: Román Pérez, Fernando Durán-Sindreu, José Antonio González y yo.

—¿Qué problema concreto intenta resolver este nuevo material?
—Principalmente, mejorar el sellado final en endodoncia. Hoy sabemos que una parte de los fracasos se relaciona con un sellado insuficiente del conducto radicular. La gutapercha se usa desde hace más de 150 años y cumple su función, pero es un material bioinerte: sella y rellena, sí, pero no establece una interacción activa con la dentina. Nuestra propuesta busca precisamente reforzar esa unión y hacer que el material contribuya de forma más eficaz al pronóstico del tratamiento. Cerca de un 15% de los tratamientos de periodontitis apical pueden resultar no exitosos por un sellado final insuficiente, y ahí es donde creemos que BioSphereGutta puede aportar una mejora relevante.

—¿Qué diferencia a BioSphereGutta de la gutapercha convencional?
—La diferencia es que incorpora microesferas bioactivas en la matriz de la gutapercha. Eso permite aumentar la adhesión a la dentina y promover la biomineralización, algo que la gutapercha convencional no hace. La gutapercha actual es biocompatible, pero no interacciona con el tejido dentario; simplemente ocupa el espacio para evitar la reinfección.
Nosotros buscamos que el biomaterial tenga una función más activa y contribuya a un sellado más hermético y biológicamente más favorable.

—¿Qué potencial añadido ofrecen las microesferas bioactivas que incorpora esta nueva gutapercha?
—Ofrecen varias ventajas. No solo están en la superficie, sino integradas en toda la matriz del material, lo que amplía su capacidad de acción. Además de mejorar la adhesión y
la biomineralización, pueden facilitar en el futuro una liberación sostenible de moléculas, iones o incluso fármacos con efecto local, como antibióticos o antiinflamatorios. Eso abre una vía muy interesante para seguir personalizando y mejorando el tratamiento endodóntico.

—¿Es una innovación pionera o ya existen desarrollos similares en endodoncia?
—En gutapercha, las propuestas bioactivas siguen siendo muy limitadas. Sí existen algunas líneas previas, pero en general se han centrado más en modificaciones superficiales o en otros enfoques. En cambio, en cementos biocerámicos bioactivos sí se está innovando más y ya hay productos comercializados. En el caso de la gutapercha, creemos que todavía hay mucho recorrido y que esta propuesta aporta un enfoque diferencial, especialmente por el uso de microesferas y por su integración en toda la matriz del material.

—¿En qué punto se encuentra ahora el proyecto?
—El material ya está patentado, pero aún faltan pruebas in vivo y estudios en pacientes. Los ensayos in vitro han dado buenos resultados, y ahora toca seguir validando aspectos como el comportamiento a largo plazo, la capacidad de sellado sostenida y la elección de las moléculas o compuestos que podrían incorporarse en futuras fases. Estamos en un momento de transición entre una investigación muy prometedora y los pasos necesarios para acercarla a la clínica.

—BioSphereGutta se ha presentado en el ecosistema de innovación vinculado al Mobile World Congress de Barcelona. ¿Qué buscaban con esa presencia?
—Buscábamos visibilidad y conexión con posibles partners e inversores. La respuesta fue muy positiva: se acercó por nuestro stand mucha gente interesada, tanto por el producto como por su posible aplicación. Para nosotros, estar en un entorno como 4YFN es importante porque el reto ahora no es solo científico, sino también de transferencia: necesitamos apoyos para completar los estudios necesarios y facilitar la llegada del material al mercado y a la práctica clínica.

—¿Cuáles son los siguientes pasos para que esta innovación llegue a clínica?
—El siguiente paso es encontrar un partner industrial o estratégico. Eso puede traducirse en una licencia de la patente o en la creación de una spin-off. Lo importante es contar con un aliado que permita seguir desarrollando el producto, financiar nuevos estudios y avanzar en todo el proceso regulatorio y de validación. Hasta ahora, el impulso ha venido desde UIC Barcelona y su entorno investigador, sin apoyo empresarial externo, así que ese es ahora uno de los grandes objetivos.

—Más allá de BioSphereGutta, ¿qué áreas ve más prometedoras hoy en la investigación en endodoncia?
—Hay varias. Por supuesto, todo lo relacionado con biomateriales bioactivos y con la endodoncia regenerativa. Pero también me parecen muy relevantes las líneas que conectan la salud oral con la salud general del paciente: el papel del sistema inmune, el estado metabólico o neuroendocrino, e incluso la microbiota oral. Entender mejor esos factores puede ayudarnos a mejorar la respuesta a los tratamientos endodónticos y a abordarlos con una visión más global.

—¿Y qué impacto están teniendo la tecnología y la IA en la endodoncia?
—El impacto está siendo alto y claramente positivo. Igual que ocurre en otras áreas de la Odontología, la endodoncia está viviendo un auge tecnológico que puede traducirse en mejoras para el clínico y para el paciente. En España y concretamente en UIC Barcelona se está apostando fuerte por estas líneas, así que creo que estamos en un momento muy interesante de evolución e innovación.

—A través de la AEDE (Asociación Española de Endodoncia) se enarbola desde hace años el lema “salvar dientes”. ¿Podemos decir que la disciplina vive uno de sus mejores momentos?
—Totalmente. La endodoncia tiene como objetivo conservar funcionalmente los dientes de los pacientes y evitar, siempre que sea posible, la extracción. Ese enfoque conecta también con el auge de terapias de vitalidad pulpar y regeneración, que van en la línea de ser cada vez más conservadores. Si hay que hacer una endodoncia, se hace para salvar el diente; esa idea sigue siendo absolutamente central.

—Para terminar, ¿animaría a los jóvenes odontólogos a investigar?
—Sin duda. La investigación aporta muchísimo al profesional. Quien se queda solo en la clínica puede hacer un gran trabajo, pero se pierde una parte esencial del conocimiento: entender de dónde nacen los materiales, los procedimientos y las decisiones terapéuticas. La investigación científica es la base del progreso, también en Odontología, y permite mejorar la práctica clínica, estar al día y, en definitiva, ofrecer una atención mejor al paciente.

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