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ToggleDiecisiete años después de su apertura en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Clínica Imaye ha evolucionado hasta convertirse en un proyecto clínico con identidad propia. Integrada hoy en el Edificio Laguna, la clínica articula su actividad en torno a tres pilares: una práctica odontológica basada en la autoexigencia clínica, un equipo estable que comparte una misma cultura profesional y una apuesta decidida por la formación continuada y la integración tecnológica. Para el Dr. Martín Laguna, esta evolución ha permitido consolidar un modelo de clínica que prioriza el criterio profesional, el cuidado del detalle en la experiencia del paciente y una visión de la Odontología orientada a la mejora constante.
Hablar con el Dr. Martín Laguna es hablar de evolución. Diecisiete años después de la apertura de Clínica Imaye en Alcázar de San uan, el proyecto, que fundó junto al Dr. Juan Carlos Aparicio, poco tiene que ver con aquella clínica que inició su andadura con la lógica ilusión emprendedora. «La perspectiva del tiempo ha hecho que tenga hoy muy claro hacia dónde queremos ir y de qué manera queremos ir», explica.

Reconoce que los inicios fueron distintos: «Al principio no teníamos ni la más remota idea de qué valores teníamos y solo queríamos que entraran pacientes y trabajar». Con el paso del tiempo, la clínica ha ido definiendo un modelo propio, incluso en aspectos que pueden resultar poco convencionales.
«Nosotros no somos una clínica dental al uso», afirma el Dr. Laguna. De hecho, subraya una idea que marca claramente su posicionamiento: «No todos los pacientes que entran por la puerta son mis pacientes». No es una cuestión de presupuesto, insiste, sino de coherencia profesional. «Muchas veces vemos que hay una descoordinación completa entre
lo que ellos quieren y lo que yo les quiero dar. Y, entonces, ahí acaba nuestra relación, casi sin empezar».
Ese planteamiento se traduce en una organización poco habitual. Hay días en los que atiende a un único paciente, especialmente en rehabilitaciones complejas, siguiendo una secuencia clínica que le permite dedicar la jornada completa al tratamiento. «Es un concepto de clínica un poquito diferente», explica.
Odontología desde la autoexigencia
Cuando se le pregunta por los valores que sustentan el proyecto, su respuesta es directa: «Hago Odontología para mí». Lejos de sonar individualista, lo vincula con el nivel de exigencia profesional. «Si yo soy súper exigente con mi trabajo y no me limito a lo que el paciente dice, aunque al paciente ya le valdría, lo peleo y lo peleo para que yo llegue a estar satisfecho. Ahí es cuando doy mi mejor nivel».
Esa exigencia marca el estándar interno de la clínica. «Creo que hacemos Odontología al nivel de alguien que sabe más que un paciente», resume el Dr. Martín Laguna.
Estabilidad y compromiso del equipo
Uno de los pilares del proyecto es la estabilidad del equipo humano. «Diecisiete años después, casi todo el equipo es el mismo», destaca. Para el Dr. Laguna, esto refleja «el concepto casi familiar» del proyecto y la importancia de «poner en valor el capital humano». En cuanto al liderazgo, apuesta por el ejemplo. «El que llega el primero soy yo, el se va el último soy yo», afirma. Reconoce que la gestión de personas es «la materia pendiente», pero defiende que la motivación no puede sustentarse únicamente en lo económico: «Creo que trasciende lo económico».
Entre los valores que busca en un profesional menciona tres con claridad: «El compromiso, la pasión y la fidelidad». Y matiza: «El compromiso sin pasión no vale de nada». Además, subraya la importancia de relaciones a largo plazo: «La fidelidad en el sentido más estricto de la palabra».
Experiencia del paciente: el valor del detalle
En cuanto a la experiencia de paciente, el Dr. Laguna compara con frecuencia la Odontología con la alta cocina. «Cuando alguien va a un restaurante donde se cuida la manera de hacer, te das cuenta de que todos los detalles cuentan para generarte una experiencia positiva», apostilla el Dr. Martín Laguna.
En este sentido, desde la recepción hasta el gabinete, el objetivo es que el paciente perciba un entorno distinto. «La parte más fácil de crear una gran clínica es que sea bonita», afirma el Dr. Laguna, subrayando que la diferencia real está en lo que el equipo transmite.

«Lo diferente es lo que las personas que trabajamos aquí dentro somos capaces de hacer sentir al paciente que entra por la puerta», cuenta. La planificación de agendas evita el bullicio: «Intentamos que haya el menor número de pacientes por día», lo que permite que cada persona sienta que «el foco es él». Además, la documentación fotográfica y en vídeo es constante. «Muchas veces nos dicen: madre mía, si tienes más fotos de mí que el día de mi boda». El paciente, asegura, «se siente muy protagonista».
Tecnología con criterio clínico
Aunque reconoce un alto nivel de digitalización, insiste en que la tecnología es una herramienta más dentro del modelo asistencial. «Las bases del conocimiento no tienen que ver tanto con tecnología», comenta. Para el Dr. Laguna, el criterio clínico y la habilidad siguen estando por encima de cualquier dispositivo.
Eso no significa renunciar a los avances. Al contrario: explica que, para trabajar al nivel que exige su práctica, necesitan «un despliegue tecnológico importante» y que, en ese sentido, están «perfectamente dotados de tecnología, todo lo que nos hace falta». La clave está en el enfoque: «No se compra nada que no se necesite». Cada inversión responde a una necesidad concreta, ya sea ganar exactitud, mejorar el flujo de trabajo o reforzar el control de calidad. «Nada es superfluo. Nada de lo que te encuentres en la consulta está aquí de decoración, ni por imagen», detalla el Dr. Martín Laguna.
Entre las herramientas que han marcado un antes y un después menciona la digitalización en su conjunto -desde la cámara de fotos y vídeo hasta el captador para impresiones digitales-, el CBCT de calidad y la magnificación. Además, el hecho de contar con laboratorio propio dentro del edificio les permite integrar los procesos y generar «un flujo de trabajo muy orgánico».
En su caso concreto, destaca también la incorporación de inteligencia artificial en la primera visita. Como profesional muy orientado a la visión global del paciente, reconoce que, en ocasiones, pequeños detalles podían pasar desapercibidos en fases iniciales. Esta herramienta le permite visualizar de forma estructurada «desde esa pequeña caries interproximal hasta el estado de inserción de los dientes a nivel periodontal», facilitando que el plan de tratamiento se construya «desde lo pequeño a lo grande».
Gestión sostenible y próximos retos
En el ámbito económico mantiene una postura clara: «No intento maximizar económicamente el gabinete». Su objetivo es encontrar un volumen asistencial sostenible que le permita mantener el nivel de exigencia clínica. Tampoco buscan un efecto llamada masivo en marketing. «Huyo de todo lo que tiene que ver con marketing directo», explica. Prefieren consolidar una imagen de autoridad profesional a través de la formación y la presencia en congresos, lo que ha generado un flujo constante de derivaciones.
De cara al futuro, el proyecto contempla el lanzamiento de un nuevo programa formativo semestral centrado en cirugía y el refuerzo de una visión más integrativa del paciente. El objetivo es claro: que cada persona sea entendida «como un ente global de su salud general, más allá de la salud bucodental». Tras casi dos décadas, Clínica Imaye mantiene una identidad definida: una Odontología basada en criterio, detalle y coherencia profesional, donde la exigencia interna marca el estándar asistencial.
Formación continuada como motor de mejora clínica
Dentro del Edificio Laguna, además de Clínica Imaye, el proyecto impulsado por el Dr. Martín Laguna incorpora un área dedicada específicamente a la formación continuada. Para el doctor, esta dimensión docente no es una actividad paralela a la práctica clínica, sino una parte estructural de su desarrollo profesional y del propio modelo de trabajo de la clínica.

Dr. Martín Laguna incorpora un área dedicada específicamente a la formación continuada.
La idea, en realidad, se remonta al origen del proyecto. Cuando hace cerca de 17 años fundó junto al Dr. Aparicio la clínica en Alcázar de San Juan, decidieron que el nombre del centro reflejara ya esa vocación. «Imaye» responde al acrónimo de Instituto Manchego de Implantología y Estética, y desde el inicio contemplaba la creación de un espacio destinado a la formación entre profesionales. En aquel momento, sin embargo, el contexto no permitió desarrollar plenamente esa iniciativa. La actividad asistencial fue ganando protagonismo y la formación quedó temporalmente en un segundo plano dentro del proyecto. Fue años más tarde, tras una etapa de intensa formación fuera de su propia clínica y una creciente participación en cursos y congresos, cuando la situación cambió. A medida que el equipo ampliaba su experiencia clínica y su actividad científica, comenzaron también a recibir invitaciones para impartir formaciones y compartir su enfoque de trabajo con otros profesionales. Ese proceso llevó a retomar la idea inicial y a consolidarla dentro de las actuales instalaciones del Edificio Laguna.
Hoy, el centro de formación desarrolla dos programas anuales que reúnen de forma periódica a entre 30 y 40 odontólogos procedentes de distintos puntos de España. Para el Dr. Laguna, este modelo tiene un valor añadido que trasciende la propia actividad docente: la formación funciona también como un motor interno de mejora continua para el equipo clínico. «Nos obliga a documentar todos nuestros casos, a revisar nuestros protocolos y a mantenernos actualizados», explica. De este modo, la formación continuada se convierte en una dinámica bidireccional: los profesionales que participan en los programas amplían sus competencias clínicas, mientras que el propio equipo docente refuerza su compromiso con la actualización constante.


