Un dentista, entre las v´ctimas que se precipitaron de un avión en Kabul
Fada Mohammad era un joven y prometedor dentista de 24 años que regentaba una clínica dental en Kabul. Foto: Mohammad Rahmani, Unsplash.

Con las imágenes aún en la retina, comienzan a conocerse los detalles de las personas que se precipitaron de un avión estadounidense durante la evacuación del aeropuerto de Kabul.

El pasado 16 de agosto una docena de hombres, entre ellos un joven dentista de 24 años, se aferró al fuselaje de un C-17 Globemaster que se disponía a entregar equipamiento a las tropas norteamericanas.

El avión militar nunca llegó a descargar dicho equipamiento. Ante la avalancha de civiles que se agolpaba en las pistas para huir de Afganistán, los pilotos decidieron despegar de nuevo.

Fada Mohammad, un prometedor odontólogo

Entre esas personas que alcanzaron el C-17 se encontraba Fada Mohammad, un joven y prometedor dentista de 24 años que llevaba tiempo pensando en marcharse del país. Según ha declarado su padre, Payanda Mohammad, Fada soñaba con emigrar, pero no tenía un plan concreto ya que no disponía de los recursos económicos suficientes.

A todos sus familiares les sorprendió la noticia de su trágica muerte porque no comunicó a nadie su intención de ir al aeropuerto: “cuando se fue a trabajar a las ocho y media de la mañana, se despidió de nosotros como cualquier día normal. No dijo nada sobre el aeropuerto, o sobre el viaje», subrayaba su padre.

De hecho, la mujer de Fada se preocupó cuando su marido no llamó, como de costumbre, para decir que había llegado al trabajo. «Entonces, a las dos de la tarde, recibimos una llamada de un desconocido preguntando si conocíamos a Fada Mohammad», relataba su progenitor. Encontraron el cuerpo de Fada en un tejado a apenas seis kilómetros del aeropuerto de Kabul.

Fada Mohammad nació a finales de los años noventa (su padre no recuerda si fue en el año 1996 o 1997) y era el mayor de diez hermanos.

Payanda, que trabajaba vendiendo ropa, se dio cuenta enseguida del potencial que tenía su hijo. Por ello, la familia reunió dinero para enviarlo a la universidad privada Shifa, en Kabul, a estudiar Odontología. Tras graduarse, Fada abrió una clínica con un amigo en la capital, cerca de la plaza Shaheed, en la que ganaba 200 dólares al mes. Además, según su padre, su hijo consideraba la posibilidad de seguir estudiando y obtener un título superior.

Mohamad Basir, primo y mejor amigo de Fada, confirmaba las declaraciones de Payanda sobre la ilusión del odontólogo de salir del país, aunque era más bien un sueño. Pero reconoce que, con el avance de los talibanes a principios de agosto, Fada comenzó a temer por la seguridad de alguien de su posición y educación en un entorno tan radical como el talibán.

Quizá fue esa sensación de inseguridad lo que empujó a Fada a querer salir de Afganistán de una manera tan precipitada. Al menos, es lo que se desprende de las palabras de su padre, quien asegura que “mi hijo debía conocer el peligro, pero creía que el avión no despegaría en esa situación y que entonces habría tenido la oportunidad de negociar un pasaje a Estados Unidos”.

Wali Salek, guardia del mercado Mandawi de Kabul, fue quien halló el cuerpo de Fada junto al el de otro joven de 18 años. Ambos se encontraban en un depósito de agua del tejado de su casa. Con la ayuda de un grupo de vecinos, llevaron los cuerpos de los dos hombres a una mezquita cercana. Fue allí donde revisaron sus pertenencias, entre las que se encontraban sus documentos de identidad y sus teléfonos.

Varios civiles siguen desaparecidos

Pero varias familias aún siguen sin encontrar los cuerpos de sus parientes. Según un representante del Ministerio de Sanidad de Afganistán, saber cuántos hombres murieron al precipitarse del avión y lograr su identificación se ha hecho casi imposible tras el derrocamiento del Gobierno. «Sus cuerpos estaban tan dañados por la caída que era difícil identificarlos; no había gobierno para investigar el incidente. Si conocieras a los talibanes, entenderías por qué estos hombres hicieron esto«.

Las fuerzas aéreas estadounidenses están investigando lo que ocurrió aquel 16 de agosto. Pero todo apunta a que dicha investigación concluirá que lo sucedido fue fruto de los momentos de tensión e inseguridad. Tal y como explica el portavoz de las fuerzas aéreas norteamericanas, Ann Stefanek, “el avión fue rodeado por civiles que traspasaron las vallas del aeropuerto antes de que la nave pudiera descargar. Frente al rápido empeoramiento de la situación de seguridad en torno a la aeronave, la tripulación del C-17 decidió abandonar el aeropuerto lo antes posible».

Fuentes: Anchorage Daily News y ElDiario.es