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Dr. Gonzalo Hernández Vallejo, decano de la Facultad de Odontología de la UCM

Desde la tranquilidad que le reportan sus cuarenta años vinculados a la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid y la ilusión con la que afronta su nueva etapa como decano, el Dr. Gonzalo Hernández expone los objetivos que se ha marcado junto a su equipo de trabajo, un grupo humano que, bajo el sello de la excelencia, ofrece experiencia y futuro. Sobre la mesa, proyectos de gran calado: desde la revisión del plan de estudios para adecuarlo a los tiempos a crear los cimientos del futuro Hospital Dental Universitario de un centro que es buque insignia de nuestra Odontología a nivel nacional e internacional.

—Cuarenta años vinculado a la facultad, «su casa», como así destacó en su discurso de toma de posesión como decano el pasado 13 de febrero. ¿Cómo han sido estas cuatro décadas hasta el momento actual, en el que asume este nuevo e importante reto?
—Apasionantes, sin duda, y corriendo paralelas a los profundos cambios sociales y políticos que han tenido lugar en nuestro país a lo largo de estos años. Hemos pasado de una Escuela de Estomatología donde se formaban especialistas médicos a una formación independiente de la Medicina, la Odontología. Ello ha supuesto una profunda modificación de los planes de estudios que han conducido a la situación actual, aparte de una planificación inicial basada en objetivos docentes a otra donde prima la adquisición de competencias, siguiendo los criterios establecidos en la declaración de Bolonia. Ello ha supuesto modificar y aclimatarse a nuevas formas de enseñar, por no hablar de la profunda rehabilitación estructural del edificio de nuestro centro, que en poco o en nada se parece al que yo conocí cuando realicé aquí mi especialidad como estomatólogo y que han convertido a nuestra Facultad en un modelo a seguir en cuanto a su físico.

—¿Quiénes le acompañan en el equipo decanal?
—Va a ser un equipo que combine experiencia y juventud, esta última con una proyección de futuro innegable, y donde hay un denominador común: la excelencia, tanto en la gestión como en la capacidad docente e investigadora. No ha sido difícil componerlo, por cuanto este centro está repleto de profesores que reúnen estas capacidades. Aun habiendo escogido al azar el resultado habría sido siempre bueno.

“en algunas carreras como la nuestra, la aplicación de la ley de incompatibilidades de los funcionarios públicos perjudica más que beneficia a los alumnos. ¿Puede imaginarse a un profesor de cirugía que nunca ha estado en quirófano?”

El Prof. David Herrera seguirá al frente del Vicedecanato de Clínicas e Infraestructuras, donde era necesario mantener una línea de continuidad, en especial por la situación de pandemia y por la labor encomiable que venía haciendo en ese puesto tan complejo; el Vicedecanato de Investigación y Doctorado seguirá ocupándolo el Prof. Alejandro Iglesias, que ha hecho un trabajo excepcional y donde quedan compromisos por finalizar, en especial en algunas áreas donde se va a diseñar un plan estratégico de futuro en investigación muy interesante; la Prof. Elena Figuero ha sido la secretaria académica del Departamento de Especialidades Clínicas Odontológicas, mi estrecha colaboradora en la tarea de dirección que he llevado en ese departamento durante diez años, y se encargará de liderar el Vicedecanato de Calidad y Relaciones Internacionales, donde tiene una amplia trayectoria; el Prof. Juan Carlos Palma se hará cargo del Vicedecanato de Profesorado y Formación Permanente, su gran experiencia en la formación posgraduada y su labor como director del Magíster en Ortodoncia le hacían idóneo para esa labor, mención aparte de su intenso background en el centro, y para el Vicedecanato de Grado me ha parecido oportuno tener a un profesor que concita capacidad de diálogo, conciliador, ordenado y con los esquemas del centro en la cabeza: el Prof. Francisco Martínez Rus, un gran docente y un «hombre tranquilo», que se encargará de la difícil tarea de cambiar, en la medida de lo posible, algunos de los esquemas docentes que veníamos teniendo.

La Secretaría Académica del Centro será asumida por el Prof. Vicente Vera, en el que descansará también la coordinación del equipo decanal y una responsabilidad de gestión para lo que ha demostrado una magnífica trayectoria. Aparte de este núcleo, he creído conveniente nombrar a dos delegados del decano: el Prof. José Carlos de la Macorra, que se hará cargo de las relaciones institucionales y de la coordinación, y la Profª. Paloma Planells, que será la Delegada de Estudiantes y ampliará su cometido en dos áreas imprescindibles en cualquier organización de carácter social, amparando dos parcelas fundamentales como son la igualdad y la diversidad. Finalmente, la complicadísima tarea de la gerencia del centro, aunque orgánicamente es competencia del rectorado y depende más de su voluntad que de la de este decano, me gustaría que siguiera siendo gestionada por la actual gerente, Josefa Fontecilla, por su labor extraordinaria en los últimos catorce años y por su conocimiento de los entresijos de la clínica de nuestra Facultad, uno de los pilares sobre los que asienta la docencia práctica pre y posgraduada.

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«Nuestra Facultad es un modelo a seguir en investigación de última línea», destaca el decano Gonzalo Hernández.

—Destacó en su toma de posesión, que iba a ser continuista respecto a su antecesor, pero también innovador. ¿Qué ideas quiere proyectar?
—Son varias y todas pasan por lograr aunar esfuerzos de todo el profesorado. El primero es mejorar la afluencia de pacientes a nuestra Facultad. Para lograrlo, manejamos varias propuestas, pero especialmente cinco que deben combinarse: la ampliación de los horarios de atención a los pacientes, la revisión de los precios, tanto en el Grado como en la Formación Permanente, la posibilidad de que algunas materias que son deficitarias cambien sus horarios docentes, el desarrollo de un proyecto de branding para hacer más visible nuestra Facultad y la creación de un posgrado multidisciplinar que dé cabida, no solo a alumnos recién egresados, sino también a residentes y quizás becarios y que proporcione servicio de atención odontológica a lo largo del año. Es decir, que nuestra Facultad no detenga su atención a pacientes en los periodos vacacionales docentes del Grado.

El segundo lugar, y no menos importante, es comenzar el análisis del Plan de Estudios vigente para acomodarlo a la situación socioeducativa actual, que no es la misma que la que existía hace diez años. El que tenemos ahora deriva de las directrices ministeriales aprobadas en el decreto CIN y cuya modificación es compleja, aunque sería bueno darle un repaso mediante el acuerdo de la Conferencia de Decanos, ya que hay algunas competencias realmente difíciles de evaluar. El Plan de Estudios compete solamente a nuestra Universidad y lograr acuerdos para cambiarlo se hace más sencillo. Mi idea es crear una comisión específicamente para tratar este tema y que pudiera ser consensuado y aprobado por el órgano de gobierno correspondiente. El objetivo es ser más realis­ta en cuanto a la carga docente que deben tener las diferentes materias, así como valorar la presencia de nuevas disciplinas.

Otros aspectos a considerar y que revisten especial importancia son las mejoras en algunas de nuestras infraestructuras para aprovechar mejor los espacios, teniendo además en el punto de mira principal a nuestros alumnos; la internacionalización de los programas de doctorado y de formación permanente también, así como la propuesta de nuevas líneas de investigación y la transición al programa de doctorado, fomentando la participación de la industria en el mismo y, quizás, comenzar a pensar en la impartición en nuestro centro de titulaciones cercanas a la Odontología.

—Hace semanas hablaba ante el rector Complutense de la necesidad de modificar leyes obsoletas como la Ley de Incompatibilidades del Profesorado. ¿Qué supone para la educación, los profesionales y los futuros dentistas la aplicación de la misma?
—No soy un político y me arriesgo a meterme en un terreno cenagoso, pero no voy a ponerme de perfil en esto y le expresaré mi opinión sincera, que creo comparten muchos profesionales de la Universidad, desde los más noveles hasta personas con mucha experiencia que ocupan cargos de responsabilidad.

Permítame que le trace un perfil dentro de la carrera que conozco, pero que pudiera trasladarse a otras similares –no todas–, donde la enseñanza de determinadas habilidades y técnicas se hace imprescindible para poder enseñar desde un plano de excelencia y experiencia. Desde que un profesor asume una plaza de ayudante o becario de investigación, pasando a las demás, en orden creciente de importancia, hasta llegar a catedrático, esta persona debe tener una dedicación a tiempo completo si quiere dedicar su jornada laboral normal a la Universidad. ¿Qué significa eso? Pues que no puede adquirir competencias prácticas en muchas de las especialidades de nuestra profesión que solo pueden conseguirse con la práctica diaria en alguna consulta y, por lo tanto, nunca podrá enseñar desde el plano de la experiencia. ¿Puede imaginarse a un profesor de Ginecología que nunca ha atendido un parto o a un profesor de cirugía que nunca ha estado en quirófano? Pues bien, la Ley de Incompatibilidades del Profesorado cercena en algunas carreras como la nuestra las posibilidades de formarse en la parte práctica de algunas especialidades, salvo que el profesor quiera asumir una dedicación parcial en su trabajo universitario, lo cual en ocasiones es imposible en las primeras etapas de su formación como docente. Esto también contradice la tan demandada consecución del empleo digno y completo, es decir, con jornadas de siete u ocho horas, y obliga a que profesores con etiqueta de excelencia busquen salidas fuera de la Universidad pública, lo que, sin duda, rebaja lo que los alumnos podrían obtener de estos profesores.

“no se puede ser innovador con utensilios docentes desfasados. hay que memorizar menos y enseñar a pensar más”

Por todo ello, creo que debería revisarse a fondo esta Ley de Incompatibilidades de los funcionarios públicos, que ya tiene casi 40 años, al menos en lo que al profesorado universitario se refiere, para que pudiera haber exenciones a la misma en los casos concretos en que dichas incompatibilidades supongan un posible perjuicio más que un beneficio para nadie. Esto sucede en algunas carreras de Ciencias de la Salud y quizás en otras y, sin duda, se puede conseguir. Desde un entorno como el nuestro se puede elevar la voz, pero es necesario que haya una voluntad legislativa y ejecutiva para hacerse cargo de sus modificaciones. No creo en el inmovilismo en ninguno de los aspectos académicos y, por eso, la Universidad debería ser un altavoz que facilitara estos cambios, porque la aplicación de esa ley al profesorado creo que en carreras como la nuestra perjudica más que beneficia a los estudiantes. Y ello sin entrar en otras particularidades de dicha ley, que también podrían debatirse en un marco que permitiera dedicar mayor extensión al mismo.

—También habló sobre «avanzar en la creación del futuro hospital dental universitario». ¿En qué punto está este interesante proyecto?
—El peligro de expresar deseos es que a veces pueden confundirse con propuestas electorales y, aunque esta es una ilusión personal, efectivamente, en mi discurso de toma de posesión como decano quise hacer ver a nuestras autoridades académicas las particularidades de la formación odontológica, que se parece muy poco a muchas carreras, por tener la nuestra un carácter muy profesionalizante. En este contexto, dije que la consecución de un Hospital Dental Universitario sería para mí un escenario idílico por varias razones. En las ramas clínicas de la Medicina, y no nos olvidemos que la Odontología sigue siendo Medicina, por mucho que la coyuntura política y académica la hayan colocado separada de esta, los docentes aprenden y enseñan sobre aquello en lo que trabajan y un buen ejemplo de ello son los hospitales clínicos, donde muchos de los médicos tienen un suplemento de «vinculación» docente, es decir, enseñan la Medicina desde el plano de su aprendizaje y experiencia como médicos, atendiendo a pacientes, por estar imbricados en unidades hospitalarias de tipo asistencial. Esto, que en el Sistema Nacional de Salud o en los hospitales privados puede hacerse con facilidad, es difícil de conseguir en nuestra Facultad, por cuanto esta tiene un carácter fundamentalmente docente, pero no asistencial en sí misma. Es así que, además, nuestros docentes pertenecen a Personal Docente e Investigador (PDI), pero no tienen una vinculación ni función asistencial propiamente dicha. Por ello, al igual que sucede en algunos países de nuestro entorno, la existencia de un Hospital Dental Universitario que diera cobertura asistencial al público y que, al mismo tiempo, proveyera de pacientes al alumnado, siempre bajo la adecuada tutorización del profesorado, sería un paso adelante importantísimo para equiparar la asistencia odontológica con la de otras especialidades médicas y, sin duda, un beneficio formativo innegable para el alumno.

Es solo una idea y un deseo, pero de entrada vamos a comenzar a estudiar el proceso administrativo, que sería lo primero y más complejo a desarrollar. He tenido conversaciones con nuestras autoridades y creo que puede ser viable a medio o largo plazo. Uno de los problemas es que nos encontramos con un plan plurianual de inversiones en infraestructuras que no nos permite plantear esto con la suficiente antelación, pero habrá tiempo si cala la idea. Tenemos la infraestructura suficiente –susceptible de modificarse con las obras necesarias–, y un plantel de profesorado inmejorable, por lo que ¿por qué no comenzar a andar este camino? Yo quizás no podré verlo, pero si dejamos puestos al menos los cimientos podría consolidarse en un futuro y el rédito social y académico que conllevaría sería magnífico en todas sus dimensiones: asistencia clínica del mejor nivel y formación práctica del alumnado envidiable, en el grado y en el posgrado, amén de la posibilidad de trabajar en el Hospital el profesorado que deseara tener dicha vinculación. ¿No es apasionante?

—¿Qué papel le otorga a la investigación?
La investigación pone en valor a la ciencia y es el instrumento que pone al día el conocimiento y la docencia, por lo que sin ella es inconcebible la Universidad. Me gusta recordar una frase de Marco Aurelio que dice: «Nada tiene tanto poder para ampliar la mente como la capacidad de investigar de forma sistemática y real todo lo que es susceptible de observación en la vida». Por ello, la investigación universitaria es tan necesaria como la docencia y, sin duda, es la que facilita que la docencia sea verdaderamente de calidad.

Si tuviera que poner adjetivos a la investigación odontológica en la Universidad diría que es excelente, fructífera, llena de sentido e imparable en cuanto a su progresión. No hay más que asomarse a la evolución de la misma para ser consciente de su progreso y de su aplicación práctica en la mejora de la calidad de vida de nuestros pacientes. Tomadas una por una las diferentes ramas de la Odontología vemos las consecuencias innegables de la investigación en todas ellas, y no solo ahora, sino desde el albor de los tiempos. Hace ya más de 100 años William Hunter pronunció una conferencia en la Universidad McGill de Montreal, donde suscitó un intenso debate científico por la implicación que él hizo de las enfermedades de la boca como génesis de muchas de las patologías que se observan en el resto del organismo. En la actualidad, la investigación y la evidencia científica han demostrado que, efectivamente, las enfermedades periodontales se asocian significativamente a problemas sistémicos de diferente tipo, como problemas cardiovasculares, metabólicos, etc. y eso viene de la mano de la investigación en nuestro campo y otros afines.

Nuestra facultad es un modelo a seguir en cuanto a investigación de última línea. Tenemos diferentes grupos de investigación muy consolidados y con una más que notable producción científica, abarcando casi todas las áreas de la Odontología. Con el reparo debido por si alguna pudiera olvidárseme, sí me gustaría destacar las áreas y las líneas de investigación en la etiopatogenia de las enfermedades periodontales y sus repercusiones en el resto del organismo, las referentes a las nuevas tecnologías de aplicación en prótesis y cirugía, las implicaciones tisulares y biológicas del movimiento dentario, los estudios sobre enfermedades autoinmunes y su repercusión oral, las consecuencias en la cavidad oral del trasplante de órganos y de la inmunosupresión, el estudio de nuevos materiales y los trabajos sobre la patología de la ATM.

En nuestro centro tenemos a uno de los equipos más punteros actualmente en el mundo de la periodoncia y que lidera el Prof. Mariano Sanz, al que debe reconocérsele su importantísima labor en la difusión internacional del trabajo en nuestra facultad y, muy especialmente, por la labor de investigación que hace en varias áreas, que le coloca a él y a nuestro centro en una posición de privilegio en el entorno odontológico mundial.

“me gustaría crear los cimientos de un futuro hospital dental universitario”

—Desde el ámbito académico, ¿qué lecciones se están sacando de esta complicada etapa?
—Muchas y de todo tipo: personales, sociales, académicas… y casi todas acompañadas por un denominador común: la solidaridad y el trabajo mancomunado.

En nuestro foro, nunca habíamos vivido una situación como esta, que nos ha empequeñecido a todos, pero la respuesta de los profesionales de nuestra Facultad, y creo que podría hacer extensivo esto al resto de las facultades del país, ha sido encomiable. Nos hemos colocado frente al problema, hemos analizado bien las posibles consecuencias para la docencia, hemos hecho bien el diagnóstico y hemos adecuado las medidas necesarias para minimizarlo. ¿Qué ha sido fácil? No, ni mucho menos; nos ha supuesto un sobreesfuerzo al que nadie ha vuelto la cara, hemos trabajado juntos y coordinados con otras facultades a través de la Conferencia de Decanos y, dentro de este drama, creo que no lo hemos hecho nada mal.

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El Dr. Gonzalo Hernández junto a sus hijos –una de ellas, dentista– en el acto de posesión como decano.

Como lecciones aprendidas de cara al futuro, hemos adquirido experiencia en cuanto a manejar nuevas herramientas docentes, reinventándonos muchas veces, lo que ha supuesto un valor añadido a nuestra experiencia educativa. No se puede ser innovador persistiendo en emplear utensilios docentes desfasados. Hay que memorizar menos y enseñar a pensar más. La resolución de problemas debe sustituir en gran medida a otras herramientas anticuadas de enseñanza/aprendizaje y en la situación que hemos vivido hemos sacado conclusiones muy positivas sobre el rendimiento educativo de estas herramientas, que creo benefician mucho al alumno, excepto en el plano de atención a los pacientes.


Momento de cambios

«Tiendo a ser optimista y creo firmemente que perseguir los sueños es la única manera de conseguirlos y en eso la ciencia y la educación tienen mucho que aportar», destaca el decano sobre la evolución de la Odontología cuando esta etapa pase. «Soy consciente -apunta- de que tenemos problemas en nuestro entorno profesional que deben mejorarse si queremos que nuestros jóvenes sigan perfeccionando nuestro mundo, cosa en la que he creído siempre y por ello me he dedicado a este trabajo. A pesar del desaliento que cunde muchas veces en cuanto a la plétora profesional o las condiciones de trabajo, creo que tendremos que cambiar muchos modelos de educación y convivencia, donde a buen seguro va a estar la Universidad, y encontraremos soluciones. No veo que el mundo retroceda, sino que progresa, aunque a veces lo pudiera hacer más adecuadamente, y las experiencias que hemos vivido nos ayudarán a afrontar el futuro con mayor éxito».


La enseñanza y la atención clínica en pandemia

«No acostumbro a poner dieces, pero hemos llegado al sobresaliente, si tenemos en cuenta los hándicaps que se presentaron y cómo pudimos resolverlos» afirma el Dr. Hernández sobre la adaptación de la Facultad a la realidad marcada por la pandemia. «En la parte académica, se ha adaptado con eficacia, seguridad y compromiso con los diferentes estamentos que trabajan y estudian en ella. La situación ha sido difícil y llena de desasosiego e intranquilidad, especialmente en los primeros momentos, pero se han ido tomando las medidas adecuadas, proporcionales a lo que se nos exigía por parte de las autoridades sanitarias, e incluso incrementando las medidas preventivas y los procesos docentes que nos permitieran salvaguardar unos mínimos de calidad. Se ha trabajado duro, con ilusión y esfuerzo de todos, con cambios diarios para acomodar la docencia teórica y suplir la parte práctica como podíamos. El equipo decanal realizó un esfuerzo ímprobo para mantener unos estándares educativos. La parte clínica se vio más desfavorecida. Tuvimos que mantener cerrada la Facultad, suspendiendo la atención a los pacientes, que es imprescindible para la realización de las prácticas de los alumnos, lo que ha creado un lastre formativo difícil de paliar. En cuanto pudimos se abrió la asistencia a los pacientes, gracias a la colaboración de los directores de los títulos propios, que se encargaron de atender las urgencias y finalizar los procedimientos que estaban en marcha, pero se perdieron meses de prácticas difícilmente recuperables», se lamenta el decano.


Hacia modelos híbridos

Sobre si el boom de lo digital a nivel educativo continuará tras la pandemia, el Dr. Hernández está convencido de que «seguiremos practicándola, aunque evidentemente con menos intensidad. No me preocupa tanto el que una parte de la formación sea online, como la deriva que se le quiera dar a esta enseñanza, pues para mí es indudable su utilidad. Ahora bien, en Ciencias Médicas como la nuestra, donde la manualidad es imprescindible en algunas facetas, la formación online tiene cabida en ciertos aspectos, si sus objetivos están bien diseñados, pero la adquisición de competencias prácticas a través del contacto directo con el paciente sigue siendo la piedra angular de la formación odontológica».