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Dra. María José Muñoz leal, Universidad Andrés Bello de Chile

Ya asentada en su Chile natal, la Dra. María José Muñoz, quien fuera vicedecana de Odontología de la Universidad Europea de Madrid durante varios años, nos ofrece sus impresiones sobre las consecuencias que la COVID-19 está teniendo en la profesión dental.
Experta en educación superior internacional destaca en esta entrevista la necesidad de transitar hacia nuevos modelos de aprendizaje en el ámbito odontológico, así como de desarrollar, a nivel profesional, habilidades transversales como el liderazgo, la comunicación efectiva y la gestión de equipos en las clínicas dentales.

—¿Cómo se está viviendo la pandemia en el ámbito clínico de Chile? ¿Cómo están afrontando los dentistas chilenos esta complicada situación que llevamos viviendo desde el mes de marzo de 2020?
—Al comienzo, la incertidumbre y el temor fueron los sentimientos comunes dentro de la profesión, tanto en el ámbito privado como público, donde incluso se paralizó la atención odontológica. Luego se comenzó a realizar un ejercicio de revisión de protocolos de atención a nivel internacional donde se tomó como referencia la experiencia de la American Dental Association (ADA) y la información que fue generando el Consejo General de Dentistas de España, no solo porque estuvieran sufriendo la pandemia con anterioridad a Chile, sino porque era una información de alto nivel, científicamente sustentada y aplicable a la realidad nacional.

En las clínicas privadas el retorno ha estado condicionado a las restricciones sanitarias de cada territorio, pero, en general, se ha podido atender a pacientes con altos estándares de bioseguridad y dar continuidad a los tratamientos odontológicos. Sin embargo, en el sector público, donde se ofrece atención odontológica general y de especialidades, se ha disminuido mucho la atención de pacientes, incluso llegando a interrumpirse, lo cual ha generado grandes listas de espera que, probablemente, tarde años en resolverse, afectando más a los pacientes con menos recursos. Según un estudio de la Fundación Sonrisas, de la cual formo parte como miembro de su directorio, en Chile el 76% de la población es atendida en el sistema público de salud donde se concentra la lista de espera, un 17% en el sistema privado de salud y un 7% en otros sistemas específicos, como el de las Fuerzas Armadas, lo cual acentúa las inequidades de acceso.

Los dentistas del sistema público de salud, sin embargo, han trabajado incesantemente en este periodo de pandemia colaborando en equipos multidisciplinares para llevar a cabo el rastreo de casos y trazabilidad de pacientes con COVID-19. Actualmente, debido a la geografía (Chile es el país más largo del mundo, con una extensión de más de 6.000 km en su territorio continental) se generan situaciones epidemiológicas muy diversas. Hay zonas que aún están afrontando la primera ola, incluso con peores datos epidemiológicos que en el pico de contagios que ocurrió entre mayo y junio. Sin embargo, como colectivo profesional estamos más seguros de nuestros conocimientos y formación, contamos con más información y evidencia científica, lo que ha permitido generar mayor confianza en los pacientes, sobre todo, para que no descuiden su salud oral. Somos conscientes de que la pandemia está generando y generará problemas bucodentales producto de la interrupción de tratamientos o las atenciones no realizadas a tiempo, y que tendremos que trabajar para disminuir al máximo su impacto.

—¿Qué le están haciendo llegar sobre esta situación sus colegas españoles donde durante años vivió y desarrolló su actividad profesional?
—Creo que los sentimientos fueron similares que en Chile y en otros países en los cuales tengo colegas. Al inicio de la pandemia hubo incertidumbre, temor y confusión. Luego noté un punto de inflexión entre los dentistas en España que tuvo que ver con tomar un rol más activo y empoderarse de la situación. Fue fundamental el que los dentistas plantearan con argumentos lo bien preparados que estaban para protegerse y proteger a sus colaboradores y pacientes de este virus como desde hace tantos años se viene realizando con otro tipo de enfermedades contagiosas. Ese golpe sobre la mesa fue un ejemplo para otros dentistas en Latinoamérica, donde también figuramos como uno de los colectivos profesionales con la menor tasa de infección por coronavirus en lo que llevamos de pandemia.

—Y el ámbito académico, ¿cómo se está adaptando al nuevo escenario impuesto por la pandemia? La formación online parece que lo hace todo posible (o casi todo). ¿Qué pros y contras encuentra en esta metodología de enseñanza?
—Afortunadamente, la Universidad Andrés Bello, la institución en la que trabajo, ya había iniciado un proceso de virtualización de la enseñanza en 2019, que tuvo una primera prueba de fuego durante el estallido social que ocurrió a partir de octubre de ese año, el cual interrumpió abruptamente las actividades presenciales en pleno año académico.
En marzo de 2020, cuando se inició el año académico en Chile, ya teníamos claro que era necesario acelerar ciertos procesos relacionados con la formación tanto de docentes como de estudiantes para poder dar continuidad a la formación. A nivel latinoamericano se generaron instancias de conversación e intercambio de buenas prácticas para reflexionar sobre los límites de la virtualización de la enseñanza de la Odontología, así como las nuevas oportunidades que nos puede brindar. De ello surgió una opinión común: la formación online es una herramienta complementaria a la formación presencial. En una profesión basada en el contacto directo con el paciente y donde deben ejecutarse acciones clínicas, no es posible, con la tecnología actual, reemplazar la adquisición de las competencias y habilidades técnicas y transversales que se adquieren con un paciente real.
Dentro de los pros, es un valor añadido que la universidad sea la que vaya donde el alumno esté, una manera innovadora de colocarle en el centro y que se comprometa en su autoaprendizaje.

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“Espero que la realidad virtual y aumentada sean cada día más habituales en las universidades”, asegura la Dra. Muñoz.

La virtualización del proceso de enseñanza en aquellas áreas de la Odontología donde es más factible es, sin duda, una herramienta que ha llegado para quedarse. Sería perder una tremenda oportunidad no abrirse a transitar hacia nuevos modelos de enseñanza y aprendizaje. La Odontología es una profesión que de por sí transita hacia lo digital hace ya un tiempo, y es lógico y necesario que esto también ocurra en el ámbito académico.
Más que contras, hablaría de limitaciones y preguntas que debemos plantearnos, no para detenernos ante este nuevo reto, sino para afrontarlo de la mejor manera y romper paradigmas. En muchos docentes aún existe la creencia de que las habilidades transversales solo pueden adquirirse en un entorno presencial. Pero la generación de estudiantes con los cuales trabajamos son personas que han nacido en un mundo hiperconectado, en un mundo en el cual son capaces de, por ejemplo, construir relaciones a través de una pantalla, por tanto, debemos quizás replantearnos cómo acercarnos generacionalmente a nuestros alumnos y aprendiendo de la evidencia científica de otras áreas del conocimiento que ya llevan tiempo estudiando estos fenómenos sociales y la tecnología.

—Como experta en educación superior, ¿qué metodologías de enseñanza son más enriquecedoras para los futuros profesionales de la salud?
—Creo que la formación en Odontología debe apoyarse en modelos híbridos de formación, es decir, que mezclen la presencialidad con la formación online, que va mucho más allá que tener a un alumno sentado frente a un ordenador escuchando a un profesor.

La simulación es otro de los grandes pilares que debe estar presente dentro de un plan de estudios, entre otras cosas, porque permite el aprendizaje de los alumnos en un entorno seguro y con un alto protagonismo de los docentes, ya que, al contrario de lo que algunos creen, la simulación no reemplaza al profesor, sino que es una herramienta como muchas otras que facilitan esa conexión entre el contenido y el alumno, con el docente como nexo. Dentro de las tecnologías existentes, pero que aún son incipientes en la formación odontológica, están la realidad virtual y la realidad aumentada, que espero que sean cada día más habituales en las universidades. Para que todo ello ocurra, son fundamentales dos aspectos: la apuesta firme por la formación docente, sobre todo, en sistemas de evaluación, recursos tecnológicos de apoyo al proceso de enseñanza y aprendizaje, entre ellas la educación on line; y, por otra parte, el diseño de los planes de estudio. Ambos aspectos son inseparables y deben dialogar fluidamente. Un plan de estudios anclado en cómo se enseñaba la Odontología a mediados del siglo XX no es compatible con los nuevos procesos de aprendizaje ni la tecnología disponible. Desafortunadamente esto ocurre en no pocas universidades latinoamericanas.

—A su juicio, ¿de qué adolecen los planes de estudio actuales? ¿Y cómo deberían completarse?
—Los planes de estudio actuales creo que carecen de agilidad a la hora de acometer los cambios. La adaptabilidad a los cambios en la profesión de la que hablaba anteriormente. Es evidente que se requiere cumplir procesos y estar supeditados a normativas y agencias de acreditación para asegurar unos estándares de calidad, pero ello, a veces, impide cierto margen de maniobra para enseñar aquello que cada universidad quiere otorgar como sello a sus estudiantes.

En España están aún quedando fuera o están abordándose tímidamente aspectos relevantes como la gestión, el liderazgo o la comunicación efectiva como parte de la formación integral de los futuros odontólogos.

En Latinoamérica, creo que falta implementar un sistema que permita una mayor movilidad tanto estudiantil como de profesionales y docentes, inspirándose en el sistema europeo. Cada día los procesos migratorios van en aumento, y ello requiere acciones conjuntas que pasan por tener puntos en común en cuanto a la formación de los futuros odontólogos y también del reconocimiento de los títulos profesionales.

—¿Cómo se traslada esta forma de entender la profesión desde la formación al día a día de la clínica?
—Es evidente que un buen profesional no solo debe serlo desde el punto de vista clínico. El desarrollo de habilidades transversales como el liderazgo, la comunicación efectiva, la gestión de equipos o las nociones de cómo gestionar una clínica dental son fundamentales para desarrollar una profesión de excelencia y debe partir desde la formación en la universidad.

—¿Cómo valora el paciente esta atención diferencial?
—Los pacientes están cada vez más informados, tienen expectativas que los odontólogos debemos comprender y adaptar a las posibilidades reales de tratamiento. Un odontólogo con una sólida formación desde el punto de vista clínico, en gestión, en comunicación y liderazgo tendrá ventajas comparativas con otros profesionales y estará en condiciones de brindar una mejor atención a sus pacientes. Y una atención donde el paciente se sienta realmente como la persona más importante del gabinete no solo será un paciente satisfecho, sino que será una persona fidelizada, que construirá una relación a largo plazo con la clínica y el profesional que lo ha tratado, además de estar más comprometido con su autocuidado.

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«En Latinoamérica también somos uno de los colectivos profesionales con la menor tasa de infección por coronavirus en lo que llevamos de pandemia», asegura la Dra. Muñoz Leal.

—¿Qué competencias son fundamentales en momentos cómo el que vivimos?
—Pensando en el odontólogo dentro del equipo clínico, la pandemia nos ha mostrado muchas de las competencias que son necesarias para un desarrollo profesional exitoso: la resiliencia; la adaptación a los cambios; las habilidades de comunicación, para contener a su equipo, crear confianza y potenciar el talento dentro de su clínica y, sobre todo, desarrollar la habilidad para adelantarse a los hechos. Wayne Gretzsky, probablemente el mejor jugador de hockey sobre hielo de todos los tiempos, dijo una frase que me parece además de demoledora, muy atingente a nuestra profesión: ‘Un buen jugador de hockey juega donde está el disco. Un gran jugador de hockey juega donde el disco va a estar’.

—Usted orientó su profesión a la gestión. ¿Cómo le ayudó esta visión al montar su propia clínica?
—Mi primera clínica dental la monté con 23 años en el pueblo de mi familia y donde pasé gran parte de mi infancia. Apenas había terminado la universidad, tenía poca experiencia, pero sí mucho entusiasmo. El tener una relación cercana con mis pacientes, ya que era un pueblo pequeño y todos nos conocíamos, me enseñó el valor de escuchar, de conversar y de entender las necesidades de mis pacientes. En la parte económica fui aprendiendo del ensayo y el error. No había escuchado aún lo que era la gestión odontológica.

Ya en España trabajando en una clínica en Mallorca, leí sobre un curso de gestión odontológica dictado por Primitivo Roig. Haber hecho ese programa con Primitivo fue abrirme a un mundo donde todo lo que había vivido y aprendido de forma intuitiva, tenía un nombre, tenía una sistemática y una forma de proceder. Todo comenzó a tener sentido y a encajar con habilidades y temas en los cuales me sentía cómoda.

Hoy en día, cuando mis alumnos me preguntan sobre qué consejo les daría para montar su propia clínica, les recomiendo que se formen en gestión y que comiencen a normalizar palabras o conceptos que a veces crean resistencia dentro de la profesión: gestión, marketing, campaña, etc.

—¿Cómo afectará la crisis COVID-19 al emprendimiento en el sector dental?
—La crisis del COVID-19 ya ha tenido un impacto importante en la economía del sector odontológico español. Un claro indicador es, por ejemplo, la cifra de un 24% de caída del mercado dental que entregó FENIN en un informe en diciembre pasado, precisamente publicado en Gaceta Dental.

La profesión odontológica es una cantera de emprendedores, pero lamentablemente con poca formación como empresarios. Es el gran talón de Aquiles y que con la crisis pospandemia quedará más en evidencia. Navegar en aguas turbulentas requiere no solo compromiso y pasión, sino también conocimientos sobre cómo llegar donde se desea en términos organizativos.

Por eso creo que quienes inviertan en su formación personal, más allá de lo técnico o clínico, jugarán con ventaja y serán capaces de lograr clínicas de éxito. Pienso en la crisis que se vivió en España en la década pasada, y para mí fue uno de los grandes aprendizajes que debemos aplicar ante este nuevo reto.

¿Qué les quiere trasladar a los futuros dentistas, ante la incertidumbre sobre el futuro?
—El futuro siempre será incierto. En estricto rigor, lo único cierto es el presente. Por eso los invito a estar siempre preparados para el cambio, y para ello la mejor manera de estarlo es formándose de forma permanente y potenciar sus habilidades, aquellas que los hacen diferentes al resto.

—¿Cree que la Odontología saldrá tocada o reforzada de esta complicada etapa?
—Soy de las que piensa que la Odontología saldrá reforzada. Somos un colectivo con un alto grado de preparación, con un aprendizaje a cuestas no solo de esta pandemia, sino de crisis económicas pasadas y de lo que ocurre en otros rincones del mundo.

La clave está en dialogar y comprender que la Odontología no solo la construyen los dentistas, sino todo el equipo que lo rodea, las universidades y las empresas del sector. Todos son actores relevantes y juegan un rol importante en lo que queramos construir como futuro. Es cosa de ceder la pelota y juguemos todos como equipo.


Un necesario cambio hacia la digitalización

Sobre si los planes de estudio se corresponden con la situación de la profesión odontológica actual, María José Muñoz destaca que la Odontología evoluciona más rápidamente que los planes de estudio. “Se trata de un fenómeno global. Basta con ver cómo materiales que usábamos hasta solo unos pocos años ya están quedando obsoletos. La digitalización es un proceso que está irrumpiendo cada vez más rápido en las clínicas dentales. Los pacientes y sus expectativas han ido cambiando también y es un aspecto fundamental para los cambios dentro de la profesión, incluso en la filosofía de trabajo de las consultas dentales. Sin embargo, las universidades debido a distintas causas, vamos por detrás de esa evolución en cuanto a velocidad. El punto positivo es que es en las universidades donde se produce mucha transferencia tecnológica y evidencia científica que termina aportando a esta evolución de la profesión”.


Educación, gestión y solidaridad

María José Muñoz está a punto de cumplir dos años como directora de Odontología de la Universidad Andrés Bello (Chile). Asimismo, es miembro de la Comisión del Curriculo Académico de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

En España, fue vicedecana y directora de Área de Odontología de la Universidad Europea de Madrid entre 2014 y 2018.

Con una preparación muy multidisciplinar, esta odontóloga se declara apasionada por la gestión y la formación en el sector sanitario, además de contar con un profundo interés por las causas sociales (colabora con diversas ONGs con proyectos en el ámbito dental).

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