Dentistas
Los doctores Miguel Carasol y Javier Román, acompañados por el Dr. Rafael Sanz (i.), gerente del Instituto Oncológico (IOB) de Madrid.

Dres. Román y Carasol, oncólogo IOB Instituto de Oncología, de Madrid y médico estomatólogo

Los actuales tratamientos oncológicos, tanto de quimioterapia como de radioterapia, entre otros, afectan a la cavidad oral. Así, las posibles complicaciones bucodentales pueden alterar de manera significativa la calidad de vida de los pacientes con cáncer. Por ello, una comunicación fluida entre dentistas y oncólogos cobra especial relevancia, tal y como constatan en esta entrevista los Dres. Javier Román, director médico asistencial del Instituto de Oncología (IOB) del Hospital Ruber Internacional y Ruber Juan Bravo de Madrid, y Miguel Carasol, médico especialista en Estomatología.

—¿Cuáles son las cifras del cáncer en nuestro país?
—Javier Román: De acuerdo con los datos publicados por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la incidencia o número de casos nuevos de cáncer en España en 2019 será de 277.234 frente a los 247.771 diagnosticados en 2015. Los cánceres más frecuentes serán los de colon y recto (44.937 nuevos casos), próstata (34.394), mama (32.536), pulmón (29.503) y vejiga urinaria (23.819). A mucha distancia, se encontrarán los linfomas no Hodgkin y los cánceres de cavidad oral y faringe, páncreas y estómago. Teniendo en cuenta los buenos resultados que se obtienen en los tratamientos de muchos tumores, la prevalencia en 2018 de pacientes con ellos, es decir, el número total de pacientes con cáncer, ya sean casos de nuevo diagnóstico o más antiguo, se estimó en 772.853.

—¿Cómo ha mejorado el tratamiento del cáncer las cifras de supervivencia por dicha enfermedad?
—J. R.: En general, la mortalidad del cáncer en España ha descendido claramente en las últimas décadas. La razón de esta mejora es multifactorial, debiendo considerarse el descenso de la tasa de tabaquismo en varones, el impacto de la prevención, del diagnóstico precoz y la mayor eficiencia de los tratamientos antineoplásicos, aunque esta última desafortunadamente es heterogénea, con grandes avances en algunos tumores y un auténtico estancamiento en otros.

Los factores de riesgo conocidos también juegan un papel dispar, como es el caso de aumento grave del cáncer de pulmón en las mujeres asociado al tabaquismo y la probabilidad de aumento de la incidencia de este tumor en poblaciones preferentemente urbanas como consecuencia de la contaminación. La supervivencia de los pacientes con cáncer ha aumentado de forma continua en los últimos años en todos los países europeos, aunque ciertamente no en todos los tumores. La supervivencia de los pacientes con cáncer en nuestro país es superponible a la del resto de países de nuestro entorno, situándose en España en un 53% a los 5 años. El margen de mejora es importante dado que, aún hoy, un tercio de las muertes por cáncer son evitables, ya que se vinculan al tabaco, a las infecciones, al alcohol, al sedentarismo y a las dietas inadecuadas con insuficiente aporte de fruta y verdura.

—¿Qué debería conocer un dentista de los tratamientos oncológicos recientes?
—J. R.: Para un dentista lo fundamental es conocer todo aquello que puede afectar a la seguridad del paciente, a los resultados del tratamiento y a las complicaciones de los procedimientos dentales. A título de ejemplo, es importante que el dentista, antes de ejecutar procedimientos invasivos, tenga conocimiento cierto del estatus hematológico del paciente, porque un grado severo de anemia y un procedimiento dental que conlleve sangrado pueden desembocar en una situación crítica para el paciente. Del mismo modo, con una neutropenia severa, una manipulación dentaria puede producir una sepsis grave por entrada masiva de bacterias procedentes de la boca al torrente circulatorio.

Igualmente, el dentista debe saber cuál es el número de plaquetas antes de iniciar un procedimiento potencialmente sangrante para evitar una hemorragia no deseada. Asimismo, la manipulación invasiva dental en pacientes que están en tratamiento antiangiogénico puede seguirse de problemas de cicatrización, debiendo pasar más de un mes desde la retirada de estos fármacos para que la manipulación sea segura. Muchas de las moléculas modernas, tanto anticuerpos monoclonales como inhibidores de tirosina kinasa tienen este tipo de efectos secundarios.

El efecto adverso más conocido por los dentistas y que debe evitarse a toda costa es la aparición de osteonecrosis mandibular en pacientes en tratamiento con difosfonatos, denosumab y antiangiogénicos.