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Valencia, del 31 de octubre al 2 de noviembre de 2019

Bajo el lema «Yo salvo dientes», y sin dejar de lado las nuevas tecnologías y el futuro de los profesionales, la Dra. Amelia Almenar García, presidenta del 40 Congreso Nacional de la Asociación Española de Endodoncia (AEDE), nos cuenta que el objetivo de esta cita con la Endodoncia ha sido elaborar un programa científico dinámico y de actualidad. El encuentro, con el que se culminan 40 años de promoción de la disciplina a lo largo de los cuales se han producido significativos avances, tendrá lugar en Valencia del 31 de octubre al 2 de noviembre de 2019.

—El Congreso de AEDE llega a su 40 edición ¿cuáles diría que han sido los hitos más importantes de esta cita con la Endodoncia?
—En este Congreso se culminan 40 años de promoción de la Endodoncia en los que hemos asistido a grandes avances. Por ejemplo, en su inicio no existían los localizadores de ápice tan necesarios hoy en día, ni sistemas rotatorios con la capacidad de adaptarse a anatomías complejas, ni cementos que promueven la regeneración celular, ni tampoco disponíamos de la magnificación óptica. No solo se ha modificado la forma de hacer los tratamientos, sino que también ha cambiado el modo de realizar nuestros diagnósticos. Ahora disponemos de exploraciones radiográficas como la tomografía de haz cónico que permite ver los dientes y sus estructuras adyacentes en las tres dimensiones del espacio. También se han ampliado los conocimientos básicos relacionados con la fisiología celular y la microbiología, lo que ayuda a dar sentido a la respuesta biológica del paciente a nuestros tratamientos. Todo lo anterior, y mas aún, ha sido objeto de los contenidos durante estos 40 congresos nacionales, lo que ha supuesto una formación progresiva del profesional.

—¿Cuáles son los objetivos que se han marcado de cara a la celebración del 40 Congreso de AEDE?
—Los objetivos son los que siempre ha defendido AEDE desde su fundación: divulgar tanto a nivel profesional como público que la Endodoncia es un tratamiento «predecible» si se realiza en las adecuadas condiciones. Esto se consigue mediante las actividades científicas y sociales que tienen lugar en los congresos. El intercambio de experiencias clínicas y de investigación enriquece la formación del congresista y crea también vínculos de amistad entre los socios.

—¿Cómo afronta dicho encuentro y cuáles son las principales novedades de esta edición?
—Es una gran responsabilidad dirigir este evento y hay que dedicarle mucho tiempo al margen la familia y del trabajo en la clínica o en la universidad. No es una labor en solitario, cuento con un grupo de personas que colaboran intensamente en la buena marcha del Congreso. Evidentemente las novedades tecnológicas son un gran atractivo en cualquier congreso y es por ello que necesitamos la colaboración del mundo empresarial. Por ejemplo, este año se van a presentar dos sistemas rotatorios de nueva generación que pueden ser probados por los congresistas en los talleres programados. La exposición comercial es una gran oportunidad que permite conocer de primera mano lo relativo tanto a novedades, como a otros productos que en ocasiones son poco conocidos para el profesional que no suele acudir a estos eventos formativos.

—El encuentro se celebra bajo el lema «Yo salvo dientes», ¿qué destacaría de su programa científico?
—Hemos elaborado un programa que abarca un gran abanico de temas. Se hablará de diagnóstico, cirugía periapical y retratamiento, patología de la pulpa, microbiología y desinfección, conformación biomecánica y cementos biocerámicos. No puedo olvidarme de la traumatología dental, restauración del diente endodonciado y el futuro de la Endodoncia como especialidad. Tenemos un gran número de ponentes, siendo todos de prestigio nacional e internacional.

—¿Cuáles diría que son los grandes retos del endodoncista a día de hoy?
—Es una opinión muy particular, pero dedicándome en exclusiva a la Endodoncia y siendo el retratamiento la actividad principal de mi consulta, el reto es luchar contra la desconfianza que tiene el paciente hacia el tratamiento de conductos. Se ha llegado a esta situación por la falta de ética que existe cuando se hacen tratamientos de cualquier manera dirigidos por motivos económicos y que luego terminarán en un implante. Esto perjudica, en primer lugar, al paciente y, en segundo, a todos los odontólogos. Es difícil cambiar esta situación, pero debemos intentarlo. Otro reto sería conseguir que la Endodoncia fuera reconocida como una especialidad odontológica.