Dr. Colin Robinson, Profesor Emérito del Instituto Dental de la Universidad de Leeds

El Dr. Colin Robinson, profesor emérito de la Universidad de Leeds, ostenta este curso la Cátedra Hispano-Británica «Reina Victoria Eugenia» de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Con él abordamos los aspectos más importantes de las treinta charlas que está impartiendo en la Facultad de Odontología complutense a estudiantes de posgrado y en las que, entre otros temas, insiste sobre la necesaria integración de las Ciencias Básicas con la clínica en el proceso de aprendizaje e investigación de los futuros profesionales.

—Ha sido elegido director de la Cátedra Hispano Británica «Reina Victoria-Eugenia» vinculada a la Universidad Complutense de Madrid. ¿Cómo recibió la noticia de que iba a ser usted la persona designada para la misma?
—El contacto se realizó a través de la Dra. Concha Martínez Álvarez, a la que conozco desde hace tiempo por diversos temas de investigación. Ambos somos miembros de la Association of Basic Science Teachers in Dentistry (ABSTD), una organización británica grande, pero sin una gran dimensión internacional. Concha, que es una persona muy entusiasta, fue quien empezó dentro de la asociación la interacción con Europa. Hablando un día con ella me preguntó si estaría interesado en venir a Madrid y dar una serie de charlas. Posteriormente, surgió el asunto de la Cátedra, así que lo que en un principio era impartir unas conferencias adquirió una dimensión mucho mayor y más formal.

—A priori, parece una responsabilidad realmente importante, ¿verdad?
—Una vez aceptada la propuesta me empecé a preguntar de qué hablaría a la audiencia, teniendo en cuenta que ésta estaría compuesta, principalmente, por posgraduados, estudiantes de quinto y último año de carrera y miembros del claustro académico.

Aunque soy bioquímico, he trabajado la mayor parte de mi carrera en facultades de Odontología y en unidades de estudios óseos, y tuve claro desde el principio que el contenido de las charlas giraría en torno a las Ciencias Básicas pues éstas sustentan el resto de conocimientos. El tratamiento de la caries, la perforación clínica del diente… en esos temas existe un componente de ciencia básica que el estudiante necesita. Bajo esta premisa preparé mis ponencias, aprovechando para actualizar su contenido un poco, ya que existen elementos más modernos de los que, tal vez, los estudiantes no hayan oído hablar.

—La primera de las conferencias que ha impartido, abierta al público, ha intentado responder a la pregunta: «¿Por qué nuestros dientes y huesos duran más que nosotros?» ¿Nos lo podría explicar en unas líneas?
—Al final todo se reduce a los cristales. Cuando me muestras tu sonrisa, lo que me enseñas es cristal sólido. Y todo se encuentra entrelazado y empaquetado de una manera preciosa. Si lo miras a través del microscopio te preguntas: «¿quién ha podido crear algo así?» Es una maravilla. Esos cristales son un material muy especial denominado hidroxiapatita. Y cuando estemos muertos y enterrados, cientos de miles de años –incluso millones– después, tus dientes y tus huesos aún van a estar por aquí. La razón es que esos cristales son parte de la Geología, de hecho, existen los mismos tipos de cristales en el granito.

—Sus charlas, por tanto, además de las Ciencias Básicas, abordan la Geología.
—Uno de los ejemplos que he expuesto en una conferencia que ya he impartido es un esqueleto de más de 4.000 años de antigüedad encontrado en el sur de Inglaterra al que llaman «El Arquero». El esqueleto cuenta con todo el material y parafernalia de un jefe de tribu británico, incluyendo el arco. Al analizar sus dientes y sus isótopos, se descubrió que esta persona procedía de la Europa del Este. Probablemente se trate de uno de los primeros inmigrantes que cruzaron Europa y la única manera por la que puedes decir eso con exactitud es por el registro del esmalte dental; éste no cambia una vez que el individuo tiene sus dientes definitivos.

En el centro, el profesor Colin Robinson en un momento de la entrevista junto a José Luis del Moral y Fernando Fernández, director y subdirector, respectivamente, de GACETA DENTAL.

—¿No teme que este tipo de contenidos puedan resultar algo complicados para un estudiante de Odontología?
—Depende de cómo se presenten y de lo que se quiera conseguir. Mi trabajo es enseñar a los estudiantes Ciencias Básicas y esperar a que, con esta base, continúen realizando más investigación. Que sean conscientes de que estos materiales son cristales, y que actualmente conocemos exactamente cómo son, cómo funciona el flúor y cómo se asienta en los cristales y proporciona ese fantástico resultado. Si pones flúor –no se necesita mucha cantidad– en un espacio del cristal, éste, de repente, no podrá disolverse en ácido. Así es como funciona. Porque, inicialmente, antes de la incorporación del flúor, era un mineral débil.

—Tras la primera experiencia del pasado mes de octubre, va a tener otras estancias en Madrid.
—Efectivamente, será en los meses de febrero y junio.

—¿Tiene ya definidos los contenidos que va a desarrollar en las estancias?
—Cada sesión constará de diez conferencias. El último día aprovecharemos durante al menos una hora para aclarar dudas de los estudiantes y repasar los contenidos tratados. La idea es mostrar un resumen de todo lo que hayamos hablado.

Además, siempre he dejado tiempo para que, si alguien no quiere hacer alguna pregunta de manera pública, lo haga de forma privada. Así, permanezco el tiempo suficiente en el aula para que quien quiera se acerque y me pregunte. La idea es hacerles superar esa situación que les puede generar vergüenza. No tiene importancia, a mí en ocasiones también me pasa. Además, con esto les das una confianza que, como clínicos, van a necesitar.

«¿Una blanca y brillante sonrisa es siempre algo bueno?» será el tema elegido en febrero. Si estudiamos cómo los dientes se van desarrollando, éstos llegan a un estado en el que son totalmente blancos. Mientras los cristales van creciendo se crea un espacio entre ellos. En una fase de su desarrollo el espacio de separación entre los cristales es muy grande, y si extraemos el diente, éste aparecerá completamente blanco. Lo normal es que los cristales continúen creciendo y vayan cerrando dicho espacio. Pero en ocasiones eso no ocurre así.

En la parte final, que será lo que más interese a los odontólogos, describo qué es lo que se provoca en los dientes en un proceso de blanqueamiento. En ocasiones se trata de ir eliminando manchas, creadas por un proceso de oxidación provocado por el consumo de vino tinto, café o té. Pero son simplemente manchas que oxidan las moléculas y que tintan los dientes. Excepto, que durante ese proceso, supuestamente, el material de blanqueamiento debe penetrar el esmalte hasta alcanzar la parte viva del diente. Esto es algo que me preocupa porque se dice que no hay problema con ello.

Otro de los aspectos relevantes respecto al blanqueamiento es la dispersión de la luz. Para que ésta exista se necesita tener espacios. ¿Vamos a crearlos en los dientes cuando los blanqueamos? Si echamos un vistazo a la literatura existente, nunca nos dan una respuesta a este respecto. Y sospecho que, a menudo, sí crean esos pequeños espacios.

Puede que ese proceso de creación de espacios no sea un problema. Puede que dichos espacios sean demasiado pequeños. O puede que la parte externa del diente se repare sola durante el proceso normal del desarrollo del diente. Pero mi punto de vista es que el dentista debería saber que ese posible problema podría existir, y también debería saberlo el paciente.

Para el Dr. Colin Robinson, las Ciencias Básicas son un componente clave para los estudiantes.

—Como parte de la Cátedra se va a ofrecer una o dos becas a los estudiantes para realizar estudios en el extranjero. ¿Lo considera importante para el desarrollo del espíritu de la investigación científica?
—El proyecto de investigación de los estudiantes en las facultades es un elemento extremadamente importante. No importa qué tipo de investigación lleven a cabo, lo esencial es definir claramente qué es lo que quieren, cómo van a conseguirlo y que técnicas van a utilizar.

En muchas ocasiones los estudiantes quieren realizar un proyecto clínico y se les da la opción, que a mí nunca me ha gustado, la verdad, de realizar una revisión bibliográfica. Creo que es importante que los estudiantes empiecen a darse cuenta de todo lo que entraña una investigación científica, cuáles son las posibles preguntas a plantear y acostumbrarse a todo lo que rodea este tipo de trabajo.

La investigación básica no es atractiva a priori para el estudiante, porque sabemos que la relación entre el futuro clínico y la ciencia básica no es fácil. Son dos mundos totalmente diferentes, pero es algo crucial para hacer las cosas bien.

—¿Por qué momento atraviesa la investigación en el área dental a nivel español y europeo?
—La investigación dental ha sido siempre, por muchas razones, la «Cenicienta» en el campo sanitario. Uno de los principales motores de la investigación es el dinero. Y éste se puede obtener si el área de investigación es atractivo: células madres, cáncer, enfermedades cardiacas… Una enfermedad dental no va a causar la muerte específicamente. Así que cuando los gobiernos o los consejos de investigación se encuentran en la fase de poner en marcha los recursos, la Odontología suele encontrarse en la parte final del listado de prioridades. Realmente hay que luchar muy duro por conseguir algo, aunque hay personas que están haciendo un muy buen trabajo en este terreno. Por ejemplo, uno de mis colegas trabaja con células madre para conseguir que vuelva a crecer un diente natural. La parte científica sobre la que ha trabajado es realmente fantástica, pero ese molar regenerado necesitó 18 años para crecer completamente.

El estudio es fantástico, muy útil e importante, pero no puedes esperar conseguir dinero diciendo que hay un negocio clínico tras él porque es evidente que no lo hay.