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Diez profesionales analizan esta área odontológica de fuerte desarrollo

¿Existe en España la formación adecuada para poner implantes? ¿Son fiables todos los cursos de Implantología que se imparten? ¿Es necesaria la creación de la especialidad de Implantología? Son las tres preguntas que formulamos a diez destacados profesionales de este campo odontológico que ha experimentado un crecimiento espectacular en los últimos años. Todos ellos destacan el importante nivel de la Implantología española y la necesaria regulación de la amplia oferta formativa existente como aval de garantía tanto para el profesional como para el paciente.

El reciente Congreso de la Sociedad Española de Implantes (SEI), celebrado en León, abordó durante su jornada inaugural el campo de la formación implantológica, un tema en el que hemos querido profundizar con algunos profesionales destacados de la Implantología española. Diez referentes que nos ofrecen su punto de vista sobre el presente y futuro de este campo que ha experimentado un crecimiento espectacular en los últimos años.

1. ¿Existe en España la formación adecuada para poner implantes?

–Antonio Bowen. Hay numerosos programas de formación en Implantología, tanto de universidades como de escuelas privadas, y debemos diferenciar entre sus programas: los Másteres universitarios y la formación modular. Los primeros están sujetos a una regulación importante y la dedicación suele ser a tiempo completo, con una importante parte práctica. Además, en el caso de España, muchos de ellos tienen un importante prestigio a nivel internacional.
Los privados y los modulares son más difíciles de evaluar, si bien algunos cuentan con una importante tradición y un soporte universitario importantes y otros cuentan con el aval y créditos de formación continuada oficial.
En general, creo que la formación implantológica en España es de muy alto nivel, equiparable al que la disciplina tiene a nivel mundial.

–José Luis Calvo Guirado. La oferta académica nacional incluye cursos de formación continua, de especialista universitario y másteres que enseñan de manera adecuada y científica a colocar implantes.

–Lino Esteve. La formación incluida en el Grado es insuficiente, lo que obliga a los dentistas a buscar algún tipo de postgrado. De ahí la gran demanda de formación de este tipo en nuestro país.

–Manuel Fernández Domínguez. La formación que se ofrece en España en el ámbito de la Implantología es de altísimo nivel.
Por supuesto que no se puede generalizar ya que, al no existir una regulación ad hoc para la formación y titulación en Implantología, esta se puede adquirir de forma muy diversa y heterogénea: desde la Universidad con Másteres Oficiales, Títulos de Expertos, etc., hasta cursos y talleres desarrollados por Colegios de Odontólogos y empresas del sector dental, e incluso, en algunos casos, estas habilidades y competencias se adquieren de la mano de expertos en sus clínicas dentales. También influyen muy positivamente las sociedades científicas de Cirugía Oral, Periodoncia, y Cirugía Bucal, entre otras, que contribuyen notoriamente a fomentar la formación continuada y de novo en este área. Es conveniente resaltar el empuje y nivel de estas sociedades, lideradas por equipos de compañeros, que en muchos casos, y con gran esfuerzo y dedicación, ayudan y orientan a las nuevas generaciones que irán a la vanguardia en el futuro.
No quiero olvidar a los medios de comunicación como Gaceta Dental, al detectar y profundizar en los problemas actuales de nuestra profesión de la mano del análisis objetivo de los profesionales implicados.

–Juan López-Quiles. Yo matizaría la pregunta. No es formación para poner implantes. Es formación para rehabilitar pacientes que han perdido dientes. Es mucho más complejo que «poner implantes». Abarca el correcto diagnóstico, el tratamiento quirúrgico, la rehabilitación protésica, el mantenimiento y la resolución de complicaciones.
Aclarado esto, existen excelentes cursos y másteres, con distintos niveles según la experiencia y necesidad de los alumnos.

–José María Martínez. Por supuesto que sí. El problema es que no todos los profesionales han seguido los pasos adecuados para esta formación.
Hay una gran cantidad de cursos que se ofertan y cuya duración es mínima, por lo que es imposible que en ese tiempo tan escaso se pueda formar adecuadamente a los profesionales.
La Odontología tristemente se ha mercantilizado de tal forma, que en cualquier consulta los tratamientos implantológicos son la fuente principal de sus ingresos. Por todo ello, para algunas empresas odontológicas el objetivo de sus trabajadores es el de insertar, sea como sea, un implante.
Este panorama se está reflejando en dos aspectos fundamentales: el incremento de fracasos en este tipo de tratamientos, y el aumento de reclamaciones en las comisiones deontológicas de los colegios profesionales.

–Alberto Salgado. El odontólogo no sale en absoluto preparado para poner implantes al acabar la carrera. Necesita una formación adicional importante.

–Juan Manuel Vadillo. Sí, sin duda. El nivel de la Implantología en España es muy alto, y la formación que se imparte es muy variada y de gran nivel. Lógicamente hay mucha oferta y no toda es igual, pero creo que cualquier tipo de demanda puede ser hoy en día satisfecha con esta variedad formativa.

–Juan Carlos Vara. En España, existen grandes profesionales dedicados a la docencia, dando una muy adecuada formación implantológica. Una vez asentadas las bases teóricas, es esencial que estos cursos sean eminentemente prácticos.

–Eugenio Velasco. La Implantología oral está teniendo un gran desarrollo en España y las posibilidades de formación de los profesionales de la Odontología en este ámbito son múltiples. Desde un punto de vista formativo, la Implantología se ha ido incorporando a través de tres vías importantes: las universidades, las sociedades científicas y colegios profesionales y las empresas del sector. La mayoría de las universidades españolas poseen programas de postgrado donde se enseñan, entre otros aspectos, los contenidos quirúrgicos, periodontales y prostodóncicos de esta disciplina y disponen de programas acreditados de formación implantológica oral.
Además las sociedades científicas y colegios profesionales están generando foros de formación y de encuentro.
También, las empresas del sector implantológico han desempeñado un papel formativo importante. Estas soportan gran parte de los recursos para que los cursos de formación universitarios y de sociedades profesionales puedan existir.

2. ¿Son fiables todos los cursos de Implantología que se imparten? ¿Deberían ser regulados?

–Antonio Bowen. Es complicado saberlo, ya que cada curso tiene unas características especiales, pero la mayor parte de ellos sí. La forma de saber la cualificación del curso, es doble: por una parte la vinculación universitaria del mismo, y en los que no es así, la acreditación oficial por parte de CFC (créditos de formación continuada).
Sin duda, es necesaria una regulación de los mismos. El problema es definir los contenidos mínimos, pero a nivel internacional están bastante claras las necesidades de cada curso y la carga teórica y práctica que requiere cada parte.
Los mínimos de cada curso pueden ser establecidos, al igual que las especialidades médicas, por las sociedades científicas implicadas en la Implantología. En nuestro caso, por la Sociedad Española de Implantes.
Otro tema son las acreditaciones específicas que se deben tener para realizar técnicas especiales en Implantología, como son los implantes cigomáticos, las técnicas de cirugía guiada, la expansión ósea… en fin, una serie de técnicas muy específicas y sólo asequibles al profesional formado específicamente para ellas. Esta regulación es importante llevarla a cabo, no sólo por el paciente sino por el propio profesional.

–José Luis Calvo Guirado. No todos los cursos son fiables. Deberían estar regulados por el Estado y ser acreditados por la ANECA. Así se garantiza una credibilidad académica adecuada.
En mi opinión, no es necesario ser profesor universitario para dictar cursos. Siendo un buen profesional clínico con experiencia profesional y con una formación académica previa es suficiente para impartir formación en Implantologia. De hecho hay numerosos profesionales que así lo hacen e imparten cursos exitosos y con alto contenido práctico.

–Lino Esteve. No, muchos no son fiables. En algunos campos, la normativa llega a ser asfixiante. En otros, como el nuestro, los principios neoliberales campan por sus respetos y el mercado impone su ley destructora favoreciendo el desembarco del capital, ciego a los intereses del sector. En este marco, la falta de regulación de la publicidad sanitaria es una gran lacra. Y, ¿cómo podía ser de otra forma en el área de la formación? Se necesita al menos una acreditación responsable de estos cursos. La iniciativa del anterior equipo ejecutivo del Consejo General era un intento en este sentido, aunque en mi opinión, no estuvo bien planteada.

–Manuel Fernández Domínguez. Creo que en su mayoría los cursos, a pesar de su diversidad y heterogeneidad, responden a unos criterios cada más exigentes y son fiables. Pero, por supuesto, deberían de estar regulados para unificar la adquisición de habilidades y competencias. En un mundo tan globalizado, los odontólogos pueden conocer la oferta formativa dentro y fuera de nuestro país, y pueden comparar los programas, los sistemas de evaluación, el nivel de práctica quirúrgica, la cualificación del profesorado, el apoyo administrativo, de biblioteca, y medios logísticos y de investigación de la institución, la posibilidad de integrarse en un programa de Doctorado y el nivel de dedicación exigido y, en función de ello, proceder a la elección más idónea o conveniente, dependiendo del perfil de los candidatos.

–Juan López-Quiles. Evidentemente no. Para ser regulados ya existen métodos, como es el respaldo de la Universidad, sociedades científicas o de los organismos que regulan la formación continua según las distintas comunidades autónomas. Pero un organismo superior y unificado, del tipo ANECA para las Universidades, dirigido a la Implantología sería muy útil.

–José María Martínez. De mi respuesta anterior se desprende que no. Instituciones universitarias, hospitalarias, etc., ofrecen programas de formación implantológica, desarrollados por profesionales de alto prestigio, que facilitan una visión multidisciplinar que es fundamental para alcanzar el éxito de estos tratamientos.
La Implantología, entendida tan solo desde el punto de vista del acto de insertar un implante, está condenada al fracaso. Este campo requiere de unos conocimientos quirúrgicos; una planificación previa basada en aspectos protodóncicos, estéticos y de diagnóstico por imagen; para finalizar con la rehabilitación protésica y un seguimiento en el que los conocimientos periodontales son importantes.
Respecto a la regulación en la formación implantológica, es obvio que debería ser así. Sin embargo, es muy difícil. Piense que la regulación de un tratamiento, podría provocar la exclusión de profesionales que no tuviesen la certificación oportuna para su realización. Esto conllevaría un impacto en numerosos centros que se enriquecen de estos tratamientos. Amén de que la industria implantológica vería reducidas sus ventas, de forma considerable.
Al final, uno se encuentra luchando con profesionales de mínima formación, pero que, gracias a la política de difusión de sus centros, continúan realizando estos tratamientos, que compiten mediante precios enmascarados, pero que calan perfectamente en sus destinatarios, que son los pacientes. Esta lucha competitiva será muy difícil equilibrarla, y creo que es responsabilidad de las instituciones colegiales y sociedades científicas transmitir a la sociedad la importancia de acudir a profesionales con una experiencia contrastada.

–Alberto Salgado. Hay muchos cursos de formación, pero desgraciadamente no todos tienen la misma calidad. Hay propuestas de formación fantásticas, y otras que son francamente deficitarias. Considero, sin duda, que debería haber una regulación, y que se exigiese una calidad contrastada.

–Juan Manuel Vadillo. Habría que definir el concepto «fiable». Lo que está claro, es que la formación es variada y, dependiendo de los centros donde se imparte y los docentes que lo hacen, los contenidos teóricos, preclínicos y clínicos son diferentes. La diversidad hace que los programas puedan adaptarse al nivel y los conocimientos previos del demandante. Es el profesional que busca un curso de formación en Implantología el que selecciona aquello que se adapta a sus necesidades y, hoy en día, existen los medios para informarse adecuadamente de la oferta. Respecto a la regulación, en mi opinión es imposible. Desde el momento en que no están reguladas las especialidades, no es viable regular la formación. Y además: ¿Quién lo regularía? ¿Bajo qué criterios? Debería ser el Ministerio de Educación, a través de una Ley de Subespecialidades o Especialidades.

–Juan Carlos Vara. Por supuesto que no. El crecimiento de másteres, títulos y cursos ha sido terrorífico en los últimos años. Todos los fines de semana hay programación, y evidentemente hay de todo: muy bueno, bueno, malo y peor. Lo más complicado es cómo se regula y quién lo regula. No sé cómo se puede hacer, pero sí creo que es necesario. Además a esto se le suma que todavía no hay una Ley de Especialidades.

–Eugenio Velasco. La calidad o fiabilidad de los cursos que se organizan en España es muy diversa, pero el control de la formación prácticamente no existe. Es imprescindible que exista una regulación de todos los cursos de Implantología para que los interesados estén suficientemente informados de su nivel científico y profesional. En este sentido, el papel del Estado y de los colegios profesionales es evidente.
Los cursos más fiables son los organizados por la Universidad. La institución universitaria proporciona una serie de controles académicos y económicos, sobre todo en los cursos de postgrado, que favorecen su calidad. Además, no hay que olvidar que la investigación experimental y clínica de la Implantología se desarrolla en más del 90% en la Universidad.
Las sociedades científicas y colegios profesionales presentan también un alto grado de fiabilidad en el desarrollo de la formación implantológica. Sus cursos son muy demandados por los profesionales y ambas instituciones inciden positivamente en la formación.

De izda. a dcha. y de arriba a abajo, los doctores Antonio Bowen, José Luis Calvo Guirado, Lino Esteve, Manuel Fernández Domínguez, Juan López-Quiles, José María Martínez, Juan Manuel Vadillo, Juan Carlos Vara, Eugenio Velasco y Alberto Salgado.

3. ¿Considera necesaria la creación de la especialidad en Implantología?

–Antonio Bowen. Creo que es fundamental. La Implantología es la actividad odontológica que tiene la mayor producción científica y literaria en los últimos veinte años. Tiene un cuerpo doctrinal específico y una metodología de aprendizaje clara. Tiene relación con otros campos de la Odontología y de la Medicina y una importantísima repercusión en investigación básica y en Bioingeniería. Ha sido el principal motor de la evolución en Odontología y en Cirugía Bucofacial en los últimos años y es el principal motor económico de la Odontoestomatología.
Si estas razones no parecen suficientes, hay otras de importantísima repercusión social y sanitaria, ya que la mayor parte de la publicidad engañosa que sufrimos en Odontología está basada en los precios de los implantes y la mayor parte de las reclamaciones judiciales y extrajudiciales están relacionadas con los tratamientos con implantes.
Si tuviéramos una especialidad oficial y regulada en Implantología, la seguridad del paciente sería máxima y la calidad de los tratamientos, indudable.

–José Luis Calvo Guirado. Sí es necesaria la especialidad en Implantología porque ya forma parte de la Odontología general. En todas las clínicas cada vez se colocan más implantes y debería estar más reconocida por el Estado.

–Lino Esteve. Creo que, como muchas otras especialidades odontológicas, su reconocimiento como tal ayudaría a mejorar el nivel de calidad de los trabajos y a la larga evitaría tantos resultados mediocres como los que estamos viendo en los pacientes.

–Manuel Fernández Domínguez. Sin duda alguna soy partidario de la creación de especialidades en Odontología. No puede ser de otra manera si se analiza la situación en nuestros países vecinos. Otro tema diferente será determinar cuáles son las especialidades propuestas o al menos inicialmente propuestas.
Mi experiencia durante casi nueve años como director del Departamento de Odontología de la Universidad San Pablo CEU me ha permitido enriquecer mi visión y planteamiento en las Conferencias de Decanos lideradas por los doctores Mariano Sanz, Pedro Bullón y José Carlos De la Macorra y creo que se ha ido avanzando de forma progresiva y, en la actualidad, la sinergia creada entre la Conferencia de Decanos, el Consejo de Dentistas y la Administración permite valorar con optimismo ese objetivo.
Por otro lado, el análisis riguroso de los problemas derivados de esta iniciativa (quién asume el coste de esta formación, a quién se le concede el Título de Especialista o qué repercusiones legales podrían derivarse de una exigencia de ser especialista para la realización de ciertos procedimientos) y plantear que la Administración forme especialistas en ramas como la Ortodoncia o la Implantología, a sabiendas de que sus procedimientos no están incluidos en la cartera de prestaciones de la Sanidad Pública, plantean un futuro desalentador, al menos más alejado en el tiempo.
A nivel particular y de forma subjetiva, yo no soy partidario por el momento de la creación de la especialidad de Implantología. Mi condición académica como profesor universitario junto con mi experiencia quirúrgica como cirujano maxilofacial me orientan más a la especialidad en Cirugía Bucal, donde incluirse procedimientos de Implantología, pero, por supuesto, que interrelacionados con la Prótesis, la Periodoncia y la Patología de la Articulación Temporomandibular.

–Juan López-Quiles. Como Implantología no. Las especialidades en Europa prácticamente se limitan a la Ortodoncia y a la Cirugía Bucal. Es decir, competencias mucho más amplias. La Implantología no deja de ser una ciencia transversal que abarca conocimientos de varias áreas. Lo que hay que saber de Implantología debería aprenderse después de formarse primero y adecuadamente en Cirugía Bucal y Prótesis.

–José María Martínez. Llevamos años luchando por el reconocimiento de las especialidades en Odontología. A nivel europeo, tan sólo están reconocidas la Ortodoncia y la Cirugía Bucal.
Durante mi mandato como presidente de la SECIB (Sociedad Española de Cirugía Bucal), tuvimos ocasión de mandar el borrador, a petición del Consejo General de Dentistas de España, para el reconocimiento de la especialidad de Cirugía Bucal. En aquel momento, pensamos que esta se alcanzaría; fíjese que tras acabar este mandato, la SECIB ha tenido tres presidentes más, y todavía no se ha alcanzado.
Es cierto que en aquella época otras sociedades quisieron incorporarse a esta posibilidad de reconocimiento. Recuerdo que la SEI, no lo solicitó.
Con estos antecedentes lo que quiero transmitir es que las especialidades deben de abordarse con un criterio razonable y dentro de un marco europeo.
La Implantología requiere de una formación multidisciplinar, pero el elemento básico y esencial sigue siendo la inserción de uno o varios implantes, mediante cirugía. Para su colocación, en condiciones favorables, se necesitan conocimientos quirúrgicos básicos, pero en situaciones desfavorables, y son muchas, la formación quirúrgica es esencial. Por consiguiente, deberíamos empezar por el principio que sigue siendo la especialidad de Cirugía Bucal, y dejemos a la Implantología, en este momento como una extensión de la misma.

–Alberto Salgado. Es necesaria la especialidad en Implantología. Es la doctrina que más ha crecido los últimos años en nuestro campo, y además es la que mayor número de demandas y reclamaciones acumula. Sin duda debe ser regulada y exigirse una formación específica. No sé cuál es la mejor manera de realizarlo, y si es posible que sea de forma no restrictiva, pero desde luego creo que no deberíamos continuar así. Deberíamos mejorar esto.

–Juan Manuel Vadillo. Esa es la cuestión. Debería crearse esa opción, esa especialidad que sirviese para proteger al paciente.Es la única forma de que este pueda acceder a un tratamiento seguro y fiable, y por ende, que los profesionales pudiesen formarse cualitativamente de la mejor manera posible y aprovechar el enorme conocimiento que hoy tenemos en España sobre esta disciplina.

–Juan Carlos Vara. Siempre he defendido la Implantología como especialidad, al englobar la Cirugía, la Periodoncia y la Prótesis. Sin tener conocimientos de estos tres campos no se puede hacer un buen diagnóstico, planificación, colocación y mantenimiento a largo plazo del implante.

–Eugenio Velasco. La creación de las especialidades es un tema controvertido en la Odontología actual. España suele ser lenta y muy expectante a los cambios curriculares y profesionales. Las especialidades forman parte del desarrollo de la Odontología como profesión. A semejanza de la Medicina, las especialidades pueden representar un avance en la formación de los dentistas. Una especialidad significa un mayor nivel del profesional que la posee en relación al dentista general. La incorporación de futuras especialidades como la Cirugía Oral, la Ortodoncia y la Periodoncia hacen necesario que la Implantología ocupe su lugar como otra especialidad. Sobre todo, porque su desarrollo científico ha sido espectacular en los últimos 15 años. La Implantología oral exige hoy día una dedicación exclusiva porque son de tal envergadura los conocimientos y técnicas desarrollados que solamente dedicando su tiempo completo el profesional puede incorporar, con una calidad aceptable, el diagnóstico y tratamiento implantológico. La especialidad otor­garía el carácter legal a este reto científico y profesional.


Los expertos, uno a uno

  • Dr. Antonio Bowen. Presidente hasta el pasado mes de junio de la Sociedad Española de Implantes (SEI) y miembro del Comité Científico de Gaceta Dental.
  • Dr. José Luis Calvo Guirado. Catedrático de Cirugía Bucal e Implantología Oral. Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM).
  • Dr. Lino Esteve. Director del Postgrado en Implantología. Universidad Miguel Hernández de Elche. Grupo Aula Dental Avanzada.
  • Dr. Manuel Fernández Domínguez. Director del Máster de Cirugía Bucal e Implantología de la Universidad San Pablo CEU.
  • Dr. Juan López-Quiles. Director del Máster de Cirugía Bucal e Implantología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Miembro del Comité Científico de Gaceta Dental.
  • Dr. José María Martínez. Profesor titular de Cirugía Bucal y Maxilofacial. Facultad de Odontología. Universidad Complutense de Madrid (UCM).
  • Dr. Alberto Salgado. Profesor del Postgrado en Implantología. Universidad Miguel Hernández de Elche. Grupo Aula Dental Avanzada.
  • Dr. Juan Manuel Vadillo. Director del Máster de Cirugía Implantológica, Prótesis y Periimplantología en el Departamento de Odontología de la Universidad Alfonso X El Sabio. Madrid.
  • Dr. Juan Carlos Vara. Ex-vicepresidente de la Sociedad Española de Implantes (SEI). Miembro del Comité Científico de Gaceta Dental.
  • Dr. Eugenio Velasco. Director del Máster de Implantología Oral de la Universidad de Sevilla. Presidente de la Sociedad Española de Implantes (SEI).