Premio de Relato Corto GACETA DENTAL 2016

Nunca pensó Antonio Lope que la escritura le salvara del pozo económico que le supuso cerrar su consulta dental cuando las cadenas de clínicas pseudofranquiciadas le hundieron, como a tantos otros.

Lo que empezó siendo una afición acabó convirtiéndose en la profesión que le dio para comer cumplidos los sesenta y cinco.

Primero fueron relatos cortos, y poco después se atrevió con su primera novela, a la que siguieron tres más de aceptable éxito.

Pero aquella tarde volvió taciturno y deprimido de la entrevista con su editor, la conversación pasaba una y otra vez por su memoria:

– No traigas más novelas, ahora se venden mejor las autobiografías. Escribe tu biografía y la editaré.
– Pero si mi vida es muy normal, incluso aburrida…
– Nada hombre, algo interesante te habrá pasado: de niño meterías mano a las criadas, o habrás tenido algún rollito con alguna enfermera cañón…
– No, yo no…
– ¡Coño Lope!, en los años de profesor de universidad ¿algo truculento con profesoras o alumnas?…
– No, nada…
– ¿Y una vecinita que se desnudara ante la ventana para que le vieras las tetas?
– Bueno, hubo una vecina, pero fue solo un día.
– ¡Pues invéntate que fueron cien!, pero escribe una biografía, no es necesario que sea morbosa, basta con pequeños matices de interés.

Así volvió Lope a su casa, su editor le había rechazado su mejor novela, y le exigía que escribiera su biografía, pero, de paso, le había recordado lo insulsa que había sido su existencia. ¿De nuevo hundirse?
Se sentó en un sillón, cogió un libro de Benedetti, un poco para distraer su mente, un poco para ver si se le ocurría algo que escribir, al cabo, casi todas sus novelas habían nacido de plagiar una idea.

Tras varios relatos llegó al titulado «Autobiografía», en él, el protagonista, un escritor llamado Dante, tras intentar inútilmente varios principios a su biografía, decide iniciarlo con las palabras: «No soy aquel Dante, soy un Dante de mierda…».

A Lope no le gustaba la idea de empezar su biografía diciendo: «…soy un Lope de mierda…». Buscó mil principios. La papelera recibía incesantemente los folios arrugados. A punto de reconocer su fracaso como escritor y como personaje, una idea vino a resolverle las dos frustraciones. Descolgó el teléfono y marcó el número de su editor:

– Dígame.
– Soy Lope, tengo una magnífica idea para mi biografía, pero quiero comentártela en persona, ¿Puedo ir a tu casa?, serán cinco minutos
– Sí, vente, ya he cenado pero tengo que trabajar hasta tarde.

Lope colgó, atropelladamente fue hasta su dormitorio, cogió algo de su mesilla y una cajita que al guardar en su bolsillo soltó un tintineo metálico.

Salió de su casa dando un portazo.

Una hora después estaba de regreso. Parecía más sereno, incluso su cara mostraba una ligera sonrisa.
Se acercó al ordenador y comenzó a teclear con rapidez: «Autobiografía»: No soy aquel Lope de Vega, soy el Lope que descerrajó tres tiros sobre su editor…»