266_Debocaenboca
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Los rumores apuntan a que el Dr. Soto-Yarritu no se presentará a las próximas elecciones del COEM.

El COEM tendrá nuevo presidente. Dicen que es un secreto a voces, que el actual presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región no se presentará a la reelección al cargo en la convocatoria que muy presumiblemente se celebrará en la próxima primavera. Y no será porque no hay voces insistentes en pedir a Ramón Soto-Yarritu que repita candidatura, o sea que encabece un equipo basado en la actual junta de gobierno del colegio de Vitruvio. Esos mismos rumores, que lejos de ser discretos y sigilosos más parecen un clamor, aseguran que habrá una candidatura continuista liderada por alguno de los integrantes de esa junta hoy vigente. Pero lo que esos susurros no son capaces de asegurar, ni siquiera de aventurar, es el nombre definitivo de ese/a cabeza de lista, que aún está por decidir. En esta cuestión el runrún y la habladuría han puesto en marcha tantos posibles candidatos que ninguno merece ser destacado como probable, aunque todos los nombrados aparezcan como posibles. ¿Habrá más datos cuando el COEM celebre los actos de la patrona Santa Apolonia? Pues parece de lo más factible y previsible. Habrá que estar atentos al discurso de Soto-Yarritu en esas fechas, que puede ser totalmente revelador y explícito en esta cuestión. Entonces el bisbiseo dejará paso a la voz alta y clara, la duda a la certeza y la incertidumbre a la evidencia. Hasta el pollo ese con sombrero que aparece en la tele cuando se retransmiten los partidos de fútbol podría asegurar que la no participación del doctor Soto-Yarritu en las elecciones es una apuesta segura. Lo del sucesor ya es otro cantar. Se admiten apuestas… antes de que termine el partido, claro.

Odontólogo voyeur. El Colegio de Dentistas de Sevilla se enfrenta a una situación cuando menos poco usual, pues tendrá que decidir qué hacer con un colegiado de su demarcación que ha sido condenado por voyeur. De momento, al susodicho dentista le han caído seis meses de cárcel por dedicarse a grabar con una cámara camuflada en un bolígrafo a siete compañeras de trabajo en los vestuarios de una clínica de la provincia sevillana. G.B.R., iniciales que se corresponden con la identidad del condenado, evitó llegar a juicio al aceptar esa pena de prisión de medio año y el pago de 800 euros por un delito contra la intimidad de las personas, además de comprometerse a mantener una distancia mínima de 300 metros con sus víctimas durante tres años. El reo tendrá además que hacer frente al pago de 9.000 euros en concepto de indemnización a las siete espiadas y de los 3.700 euros de las costas judiciales. Aunque en un principio alegó que el bolígrafo-cámara lo utilizaba para grabar y tomar fotos de las bocas de sus pacientes, el deshonesto odontólogo terminó por admitir su intención de obtener imágenes de sus compañeras en el proceso del diario vestido y desvestido laboral. Todo esto parece indicar que a partir de ahora el mirón se conformará con ver ese tipo de escenas en la televisión de pago.

266_Debocaenboca‘Ingre-diente’ insólito. Aunque se han conocido recientemente, los hechos ocurrieron hace más de seis meses. Resulta que una buena mujer de ‘el país del sol naciente’ decidió darse un capricho y entró en uno de los establecimientos McDonald’s de su ciudad, Osaka. Al parecer el menú elegido constaba de bebida, hamburguesa, patatas y… restos de un diente humano, que aparecieron como ingrediente sorpresivo entre los tubérculos fritos. Las reclamaciones de la señora consiguieron arrancar disculpas –se supone que sinceras– de los empleados del establecimiento, pero no que le devolvieran su dinero. Como la cosa no estaba muy clara, la afectada se llevó a analizar la sorpresa con que había sido «obsequiada» en su menú, que resultó ser un diente humano «que había recibido cuidados médicos». Vamos, que había pasado por las manos de un dentista –se supone que nipón–, desconociéndose cómo llegó este material dental a la bandeja de comida de la indignada señora que, según se confirmó luego, en ningún caso procedía del personal del local donde se produjo el suceso. Tras argumentar que es «extremadamente baja» la probabilidad de que esos fragmentos dentales se encontraran entre los ingredientes del menú, porque el proceso de producción está «muy automatizado», la dirección hizo examinar la dentadura de los empleados sin que se apreciara ausencia de pieza alguna en sus encías. Lo uno –el hallazgo sorpresa– por lo otro –la salud dental de los empleados–.