Mesa de debate sobre la economía española, de izquierda a derecha, Pedro J. Ramírez, Josep Piqué, Luis de Guindos, Ramón Soto-Yarritu, Jordi Sevilla y Vicente Jiménez.

«La economía española va a crecer en 2014», aseguró el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, quien no obstante matizó que el camino que queda hasta ese momento será «largo y con muchas curvas». Manifestaciones que efectuó en el Foro «La economía en España, un año después», organizado por el Colegio de Dentistas de Madrid, y en el que también intervinieron Josep Piqué, presidente del Círculo de Economía y ex ministro popular; Jordi Sevilla, senior counsellor de PricewaterhouseCoopers y ex ministro socialista, y Pedro J. Ramírez, director de El Mundo.

El título de la convocatoria, realizada por el COEM, respondía a la celebrada en noviembre de 2011 en el mismo escenario y por los mismos contertulios, y a la que Luis de Guindos acudió en su calidad de empresario y economista (ver GACETA DENTAL nº 231, de diciembre de 2011). En esta nueva comparecencia el hoy ministro afirmó que «objetivamente, España está bastante mejor que hace un año», si se tienen en cuenta los indicadores adelantados, como el equilibrio en la balanza de pagos, uno de los signos que indican que la recuperación de la actividad se producirá en poco tiempo, y defendió «las muchas partes brillantes que tiene la economía española» para «no centrarnos en la parte oscura». Claros y sombras que De Guindos desgranó en su intervención al trazar la trayectoria seguida en este año largo de gobierno de Rajoy, que se encontró con una situación que «nos llevaba abocados al rescate, con unas cuentas públicas insostenibles y una economía en la que se había perdido la percepción del riesgo y se vivía del crédito». Expuso que hoy, por el contrario, «las cuentas públicas se ven sostenibles tras la corrección de las cuentas autonómicas, el sistema financiero es el más sólido, según informes del Fondo Monetario Internacional, y se han reducido en 17 puntos del PIB los préstamos contraídos». «Es imprescindible reducir el endeudamiento», añadió, como uno de los objetivos prioritarios marcados desde su ministerio, sin olvidar que también es necesario corregir el grave problema del paro y hacer fluir el crédito a las pymes. En su repaso por lo acontecido en este año largo, De Guindos no ocultó otros problemas que influyen en la marcha de la economía de un país, como la corrupción y los problemas institucionales.

Jordi Sevilla ahondó en esos aspectos de crisis política e institucional y se mostró partidario de «modificar la Constitución» y de que los dos partidos mayoritarios «abandonen el enfrentamiento sistemático incluso en temas menores». «Hay que recuperar –dijo– el valor de la política para que sirva para algo y no para alguien, para que aporte soluciones y no se utilice para buscar el deterioro del otro». En el terreno meramente económico se mostró menos optimista que De Guindos: «Es posible que en un año se modere la caída del PIB, pero no es lo mismo que crecer», matizó, y puso el acento negativo en «el enorme stock de paro, que tardaremos más de diez años en recuperar» y en la gran deuda privada existente y llamó la atención sobre la política de austeridad, «que hay que tomarse con calma para no llegar al ‘austericidio’». El flujo del crédito, la rebaja en las cotizaciones sociales y un plan de reactivación selectivo fueron las otras tres palancas sobre las que el ex ministro Sevilla basa la recuperación de la economía española.

Aspectos positivos y negativos

Josep Piqué puso en cada lado de la balanza lo positivo y lo negativo que se ha producido en este año transcurrido desde el foro anterior. Más recesión, más paro –«que va a seguir aumentando»–, un 56% de desempleo juvenil, disminución de las rentas reales, incremento de los impuestos directos e indirectos, «derrumbe» de la demanda interna, salida neta de capitales del país, desprestigio de nuestras instituciones –«empezando por la más alta»–, desafío soberanista catalanista… «La realidad es así de cruda», resumió al finalizar con la relación negativa y antes de empezar a enumerar «lo mejor de este último año»: estabilidad y sostenibilidad del euro, buen comportamiento en el sector exterior, no dependencia de financiación exterior neta, «desempalancamiento» del sector privado y las empresas, balances saneados de las entidades financieras, consolidación fiscal de resultados –«aunque a costa de más impuestos»– y cuenta corriente equilibrada. El presidente de Vueling prevé «una devaluación interna que nos hará más pobres» y apostó por una serie de reformas, «que no hay que confundir con recortes», entre las que incluyó las de las administraciones públicas, el sistema de pensiones –«el actual no es sostenible»–, el sistema educativo y de la política, para devolverle el prestigio. E hizo una llamada de atención sobre la nueva canalización del descontento de la gente, «que ya no se hace desde los sindicatos sino desde las redes sociales, y eso puede deparar sorpresas desagradables». Tanto como lo que definió como «la italianización de la política» que ve venir, fundamentalmente en Cataluña, donde los partidos tradicionales han pasado de representar el 90% de los votos al 70% y, en la actualidad, a una previsión, según las encuestas, que no superarán el 55%. «Estamos en la antesala del bipartidismo imperfecto por la desafección de la sociedad, lo que conduce a la ingobernabilidad y al peligro de que el voto se vuelque en partidos populistas».

Pedro J. también hizo balance del tiempo transcurrido desde la celebración del anterior foro en el COEM y recordó que la crisis, «seis años después, sigue aquí y el señor Rubalcaba sigue sin ponerse las fundas en los dientes». Hizo una amplia relación de «cosas no previsibles» ocurridas en este tiempo, como el déficit oculto que se encontró Rajoy, la subida de impuestos, la enorme dificultad para obtener financiación exterior, la propuesta independentista de Cataluña, la pérdida de popularidad de la Corona, que al tesorero del PP «le afloraran 38 millones de euros», para resumir que «estamos peor en términos políticos y económicos que hace 16 meses». Puso sobre la mesa temas que hay que abordar necesariamente, como la gran reforma del Estado, y advirtió: «La calle está que hierve y nos espera una primavera más caliente que la del año pasado, con asaltos a supermercados…». Está convencido de que «si dentro de un año no estamos creciendo, la sociedad española pedirá un cambio, una solución distinta, una política distinta, aunque sea con el mismo partido».

El presidente del colegio madrileño, Ramón Soto-Yarritu, intervino para cerrar el acto con un resumen de las aportaciones de los contertulios y aprovechó para hablar de la Ley de servicios profesionales que el gobierno quiere redactar sobre la obligatoriedad o no de la colegiación. «Los colegios –defendió Soto-Yarritu– son garantes de que la profesión se ejerza de forma legal y de que los ciudadanos reciban el mejor tratamiento». También dio a conocer la cifra del 32% de paro que se da entre los dentistas, profesionales que viven «una competencia feroz y una guerra de precios que repercute en la calidad de la sanidad». Un colectivo, el de los dentistas, «que está arrimando el hombro en estos tiempos de crisis». •