Cinco minutos de conversación bastan para darse cuenta de que es un enamorado de su profesión. Respetado y querido por sus colegas, el Dr. Luis Cuadrado de Vicente ha sido nombrado colegiado del año por el COEM. Con él charlamos de su trayectoria y sobre el momento actual que vive la Odontología, donde «más que nunca, la paciencia y el trabajo excelente son claves para el éxito».

—¿Qué ha supuesto para usted el nombramiento como Colegiado del Año por parte del Colegio de Dentistas de Madrid?

—Realmente ha sido una sorpresa muy agradable. Después del primer impacto, cuando me lo comunicaron, y de asimilarlo, debo reconocer que tengo una sensación extraña. Por un lado, un tremendo orgullo por mí y por todos los que estamos empeñados en el proyecto de i2 Implantología y, por otro lado, en los tiempos que corren, desde el punto de vista profesional y económico, pienso que colegiados del año son todos los que luchan día a día en sus consultas por ofrecer lo mejor a sus pacientes y seguir adelante con ilusión y orgullo profesional. Si nosotros podemos figurar como modelo de ilusión profesional, entonces, sin duda, estamos muy satisfechos con esta distinción. Sin el resto de los compañeros este premio no tendría sentido.

—¿Qué cree que le ha hecho merecedor de tal distinción?

—Hemos trabajado muy duro en i2 Implantología. En su día decidimos dar un paso adelante y apostamos por la enseñanza de excelencia y el trabajo en equipo con una gran ilusión. Creo que modestamente hemos sabido llegar a todos nuestros compañeros y transmitir la ilusión y el orgullo por la profesión que muchos nos quieren arrebatar. Hemos recibido mucho cariño, solo intentamos corresponder a esa confianza y cariño.

—Llegar hasta tal reconocimiento profesional no es tarea de dos días. ¿Cómo fueron los inicios académicos del Dr. Cuadrado de Vicente? ¿Desde siempre tuvo clara su orientación hacia la rama sanitaria?

—Desde luego. Primero por ver a mi padre, médico y dentista, su esfuerzo diario, sus libros, siempre estudiando. Esos libros maravillosos, la casa llena de medicamentos, de instrumentos y esa magia que desprendían los médicos para un niño como yo. Los pacientes agradecidos, la capacidad de ayudar, de salvar, de corregir… y todo estaba escrito. Estudiar otra cosa no era razonable. A mí aquello me maravillaba. Y además tenía claro que era cirugía lo que quería hacer.

Aprobaba siempre, pero a base de atracones. Me gustaba más la práctica, hacer guardias de estudiante en el hospital, los enfermos, el quirófano, la práctica directa. Aquello era real. En cierta manera la medicina tiene algo de mágico. Sinceramente creo que es algo diferente y te hace diferente, se siente dentro. No quiero ser pedante, seguro que todos me entienden. Tampoco ser pesado pero, para mí, eso es lo que nos quieren quitar. Ellos no nos entienden.

—¿Y qué hay de los primeros pasos profesionales?

—Es largo, fundamentalmente porque ya ha pasado tiempo, pero sí hay momentos básicos. Al terminar hice las oposiciones de Sanidad de la Armada. Estuve un año embarcado en el transporte de ataque Galicia y luego hice las especialidades de Cirugía Plástica en el Hospital Gómez Ulla, donde además hacíamos toda la Maxilofacial, y también hice Estomatología en la UCM.

Años fascinantes donde no parábamos de operar y crecer profesionalmente. Recuerdo con profundo agradecimiento a todos los que me enseñaron (Dres. Blanco, Rubio, Porcuna, Luanco…) tanto en el hospital como en la Escuela de Estomatología. Les respeto y quiero profundamente.

Al acabar Plástica me embarcaron en el portaaeronaves Príncipe de Asturias en la Guerra del Golfo. Una buena experiencia. Luego, como adjunto de Cirugía Plástica, primero en el Hospital Naval de Madrid y luego en Gómez Ulla, hasta el año 2000 cuando pedí la excedencia.

En Estomatología trabajé primero en la consulta de mi padre. No me creeréis pero a mí, aquello de la implantología me parecía un cuento. Mi padre hacía una magnífica implantología desde siempre. Heroica. Resultados magníficos, pero algo me chirriaba conceptualmente. Tuve que convencerme con el tiempo y la aparición de la implantología moderna que mi padre compartió conmigo y me enseñó, incluso antes de terminar Estomatología. Enseguida comenzó la época maravillosa de Core-Vent con Juan Manual Aragoneses y Jorge Megía, entonces empresarios en Miladental. Luego Casa Schmidt. No soy capaz de recordar cuántos cursos dimos esos años, cuántas conferencias por España… fascinante. ¡Qué ambiente tan maravilloso! Era como una religión. Diapositivas y más diapositivas, carros y más carros, la SEI, los congresos internacionales… sencillamente apasionante.

Cristina y yo teníamos la clínica en el mismo edificio de Aragoneses. Aquello era espectacular. Hicimos de todo. ¡Qué época! Recuerdo cuando llamé a Gore a Barcelona pidiendo las membranas y no sabían ni que existían. Publicamos en GACETA DENTAL varios casos, incluso de regeneración en altura. Meses después hicieron el primer curso en Madrid. Titanio colado… uf, ¡qué época!

Luego abrimos la clínica en Diego de León y nos hemos ido rodeando de un equipo maravilloso tanto de compañeros como de auxiliares (Rocio, Belén, Julia, Yolanda, Leticia, Carla, Celia y Gema). Somos una pequeña familia. Compartir el día a día con Almudena Martínez Bravo, con su ilusión y simpatía. Luego con Valeria García, Alfonso García y Juan Carrión. Nuestros anestesistas Paco Morillas y Ricardo Martín Celemín. Y qué decir de mi Iñaki Lauret, pieza fundamental.

Desde septiembre nos hemos trasladado a la nueva clínica, mucho más grande con una orientación docente clara, todas las comodidades, el mejor equipamiento dental y AV… y somos más, las doctoras Cristina Martínez y María Garrido, ortodoncistas; la Dra. Cristina Cuadrado, el Dr. Pelayo Gil y el Dr. Blanco, en plástica; Laura Domínguez, fisioterapia; Pilar Jaén, nuestra gerente; Araceli Lauret, prensa…

—¿Se reconoce ahora en aquel joven que empezaba o ha cambiado mucho?

—Yo soy el mismo (risas). Me veo igual. En serio, quizá veo las cosas diferentes, soy bastante escéptico y me creo lo justo. Profesionalmente aplico el WYSIWYG – What You See Is What You Get (en español, «lo que ves es lo que obtienes»– y creo que la experiencia es fundamental. Sin embargo, creo en el optimismo y el trabajo duro. Y, sobre todo, soy más tolerante con casi todo. Dicen que siempre estoy enredando, pensando nuevas cosas. Exijo mucho, a veces demasiado. Y me pongo siempre, ante todo, en el lugar del otro, paciente o compañero que confía en mí. Espero no defraudarles.

—¿Quién o quiénes le han influido más a nivel profesional?

—Sin duda, mi padre, Cristina, mis compañeros del hospital, mi época de Core-Vent, Schroeder y Branemark (aunque tuve mis historias con él en el campo extraoral), todos aquellos compañeros para los que he colocado implantes, Jacobo Gantes; Paco García Sabán, en Phibo; Almudena Martínez; Juan Carrión… tantos que sería imposible mencionarlos. Espero que me perdonen. Y mis hijos Cristina y Luis, maravillosos y de los que me siento orgullosísimo. A veces no estuve a su lado, pero son la razón de todo. Si estás leyendo esto, sí, también aprendí de ti, sin duda.

—¿Se podría decir que es usted un apasionado de la profesión?

—Completamente. Me fascina. Me impresionan, día a día, las nuevas tecnologías, los materiales, la capacidad terapéutica actual. Los magníficos profesionales que hay en España. Por eso reivindico el orgullo de la profesión frente a la crisis, el subempleo, la explotación, especialmente de nuestros jóvenes licenciados. Tenemos que llegar al público general a mostrar y reclamar lo que somos, sin complejos. Basta ya. Elevemos la cabeza.

—¿Cómo se enriquece el Dr. Cuadrado de Vicente? Y no hablamos por supuesto de dinero…

—Ese es un punto fundamental, sobre todo para los jóvenes. El secreto es no pensar nunca en el rendimiento económico. Quiero decir que si esa es nuestra premisa, nos equivocamos. Paciencia y trabajo excelente conducen al éxito. En estos tiempos todavía más. Sería muy largo de exponer, pero creo que todos me entienden. Que sepan que nosotros no estamos en esto por el dinero. El día que vea franquicias de Neurocirugía en las calles, me empezaré a creer eso de «haz las paces con tu dentista». Lo importante, lo más importante, son nuestros pacientes.

Profesionalmente me enriquezco continuamente, soy como una esponja. Admiro a todos y les respeto y les agradezco que compartan algo conmigo. Mis compañeros, nuestros alumnos, mis amigos de la profesión, todos los que muestran interés y preguntan, el tremendo esfuerzo de las casas comerciales, su lucha diaria, el respeto que les debemos… Incluso las críticas, cuando las hay, me enriquecen.

—¿Qué le diría a un joven que está cursando ahora Odontología y que ve su futuro laboral incierto?

—Por un lado, recuperar nuestro orgullo es fundamental. Sé que es muy difícil luchar contra la situación actual, pero la labor de los colegios profesionales tiene que ser permanente y pública, intensa. En eso tenemos que ayudar todos. El futuro de nuestros jóvenes y de nuestra profesión está en nuestras manos.

Les recomendaría además formarse excelentemente y tener paciencia. La vida es larga y hay que prepararse bien. Trabajo duro, optimismo, lucha, aprovechar las oportunidades y situarse en cabeza.

—Es usted especialista en implantología, un área en la que la innovación y la investigación son una constante. ¿Cuál es la situación de España en este campo que ha experimentado un boom tan importante en los últimos años?

—Es curioso, pero las cosas que se hacían en aquella implantología heroica y que se criticaron tanto, ahora se hacen de rutina… Pienso que en España hay profesionales excelentes, extraordinarios. Soy objetivo si digo que creo que tienen poco que enseñarnos por ahí fuera. No tengo ninguna duda. A veces me sonrojo con algún afamado conferenciante extranjero. Sin duda los hay extraordinarios, pero a veces… Y las nuevas generaciones son espectaculares. Además en España hay casas comerciales con soluciones y desarrollos propios que son magníficos y están a la vuelta de la esquina. Y aquellas que distribuyen productos extranjeros, siempre en la lucha y el esfuerzo inmenso, a veces incomprendido por la casa matriz. Tenemos que sentirnos, de nuevo, orgullosos.

—¿Hacia dónde van las investigaciones de cara al futuro?

—Fundamentalmente hacia el desarrollo de superficies, CAD-CAM, nanotecnología, nuevos materiales en estructuras y, sobre todo, a nuevas técnicas y biotecnologías de regeneración y reconstrucción tisular (hueso y margen gingival).

Permitirme finalmente agradecer de todo corazón al COEM esta distinción. Realmente es muy importante para mí. Gracias a todos mis compañeros de i2 Implantología y a todos mis amigos de la profesión, protésicos, casas comerciales, auxiliares. Gracias por permitirme ser parte de vuestra vida.

Y, bueno, espero que esta entrevista no haya salido muy reivindicativa; me habéis pedido sinceridad y espero que nadie se moleste. Muchas gracias a GACETA DENTAL.

Más personal

Nacido en… Madrid. ¡Pero toda mi familia es de Salamanca!

Estado civil… Casado con Cristina Canals Salinas, Médico Estomatólogo.

Hijos… Cristina (Odontólogo) y Luis (Empresario, Restaurante Lavoca).

Aficiones… Real Madrid, coches, motos, viajar, audiovisuales. Mi Mac desde 1991.

Deportes… Pádel, fútbol, F1, tenis… Me gustan todos.Practico pádel.

Un libro… «El médico», «Los pilares de la Tierra».

Película… «The Doctor» (la deberían regalar los Colegios en Navidad), «El Aceite de Lorenzo», «El señor de los anillos».

Música preferida… Me gusta casi toda, hasta Máxima FM.

Viajes en cartera… ¡Quiero ir a Japón!

Una frustración… Clarísima, me encanta la creatividad en general: la música, la pintura y la cinematografía. ¡Es lo único que envidio!

GB