Dr. Luis Morales Jiménez

En la actualidad se acepta que el crecimiento y desarrollo maxilofacial de una persona depende de su herencia genética, pero también de la incidencia de factores ambientales durante su maduración, modificando el desarrollo en mayor o menor grado e incidiendo así en la aparición de las maloclusiones (1).

Todos los recién nacidos experimentan el reflejo de succión digital como una reacción involuntaria y constituye una respuesta estereotipada ante un estímulo en la región oral que les aporta un sentimiento de bienestar y les interrelaciona con el mundo exterior. De Nova (2) afirma que es aceptable su permanencia hasta los dos años de edad, y, según otros autores (3,4), de un 10 a un 20% de los niños lo mantienen hasta los cinco años. Aunque no están claros los motivos que llevan a un niño a prolongar este hábito, se han barajado múltiples teorías, desde la que defiende Mairesse (5), por la cual se correspondería con una actitud sexual autoerótica, al menos al principio, hasta la teoría de la conducta de exploración del mundo que les rodea (6). Esta persistencia del hábito puede estar relacionada con otros trastornos conductuales (onicofagia, tricorilomanía) como refiere Friman (7,8), o con deterioro de las relaciones sociales con sus compañeros o padres por considerar inadecuado este comportamiento (9), siendo motivo de rechazo o castigo.

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