Iñaki Lauret

Antes de entrar en detalles, me gustaría hacer mención a un fenómeno que puede pasar desapercibido pero que tiene mucho que ver con el desarrollo de software, sobre todo en el caso de Apple y Microsoft.

Por supuesto, los defensores de Apple aún ensalzan sus cualidades de facilidad de uso y consistencia en los resultados, pero bien es cierto que Microsoft en los últimos tiempos se ha preocupado de potenciar sus programas y, en cierto modo, mejorar sensiblemente su funcionamiento.

Digo esto porque el detalle al que me refiero es que parece, de alguna manera, que el crecimiento en las ventas de dispositivos Apple en los últimos tiempos le está acercando a Microsoft en términos de cuota de mercado, pero eso sólo supone que van a tener que enfrentarse a los mismos problemas que encontró aquella.

Me explico, Apple actualmente se acerca a la cantidad de 100 mil millones de dólares sólo en dinero de caja (no se cuenta el valor de las acciones, ni las propiedades, inversiones o patentes), es decir, que podría arreglar los problemas de España, Grecia, Irlanda y Portugal sólo con echar mano al cajón de la calderilla, algo que ya le ocurrió a Microsoft.

El asunto ya no se trata de qué hacer con ese dinero, Apple no ofrece dividendos a sus accionistas que ya tienen bastante con las subidas estratosféricas de aquellas, sino que casi cualquier cosa que se haga a partir de ese momento sólo hace aumentar la cantidad de dinero que entra.

Si se venden los ordenadores o el software más barato, es previsible que suban las ventas; si se hacen mejores programas, también. Y aunque parezca paradójico, tanto dinero llega a suponer un problema pues pone en marcha leyes antitrust y, sobre todo, en lo que concierne al usuario, hace que a uno se le quiten las ganas de hacer las cosas mejor, ya que es innecesario, problemas de conciencia aparte. Esta es la tentación que Steve Jobs siempre mantuvo alejada y en la que probablemente Bill Gates cayó demasiado pronto.

Así que, en cierto modo, llega un momento en que ninguno de los dos quiere ser mejor que el otro, o no demasiado mejor, o no en todo, y esta es la razón por la que no creo que Windows 8, siendo un buen sistema, supere al iOS de Apple, o lo que es lo mismo, PowerPoint intenta mantenerse un poco por debajo de Keynote, pero no demasiado.

Y esto nos mete de lleno en el tema que nos ocupa. Salvando las distancias de sistemas operativos, actualmente los dos programas responden bastante bien a lo que se espera de ellos, y en los dos casos encontramos «fallos», en cierto modo, imperdonables.

Empezar una presentación

Como ya he dicho, ambos programas aún deben resolver algunos problemas, sobre todo, de concepto.

Podemos intuir que para crear una presentación lo primero que necesitamos es un tema, un diseño que resulte atractivo o, por lo menos, vistoso. Pero como en general no somos diseñadores gráficos y, lo que es peor, no sabemos exactamente el contenido completo de la presentación a priori, en algún momento nos encontraremos con que algunos textos no se leen con claridad, las imágenes no nos caben etc. El caso es que al haber elegido un determinado tema predefinido, luego no habrá manera de quitárselo de encima.

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Por eso, mi recomendación es empezar por el principio como se ha hecho siempre, con la hoja en blanco. Al fin y al cabo, lo importante es el contenido, ¿no?

Puede parecer simplista, pero siguiendo algunas sencillas normas, siempre podremos realizar la presentación, pase lo que pase, y aquí van algunas:

– Nunca llenar la diapositiva de forma que los textos o las imágenes lleguen a los bordes. Algunos proyectores o pantallas tienen la mala costumbre de recortar la imagen y no hay algo que reste mayor prestancia a una proyección, que una frase de la que se ven sólo la mitad de las letras. Esto es lo que cinematográficamente se llama «dejar aire», algo así como no apurar demasiado con la cortical vestibular, si se trata de un implante.

Cuando se trate de un motivo de fondo, relleno de color, degradado, etc., no importa porque nadie lo notará; en este caso más vale que sobre que no que falte.

– Siempre hacer los tipos de letra de menor tamaño y las imágenes un poco más pequeñas. En una gran pantalla siempre se verán grandes y en un monitor de ordenador siempre serán legibles.

– No utilizar colores demasiado saturados como rojos o azules puros, ni tampoco tonos demasiado sutiles, la mayoría de los proyectores adolecen de un rango de color bastante limitado y al final esos detalles o no se ven, o están exagerados.

– Si se quiere mostrar una fotografía en todo su esplendor, llenar la diapositiva con ella y, en la medida de lo posible, prescindir de texto y otros elementos decorativos. Lo mismo para los vídeos. La mejor manera de atraer la atención del auditorio es apabullarla en un momento determinado a toda pantalla, pero cuidado, debemos ofrecer algo que realmente merezca la pena ser visto.

Una vez que hemos interiorizado estas normas, podemos empezar a construir una presentación en condiciones y a salvo de imprevistos.

En mi caso siempre empiezo de la misma manera, primero pienso en lo último, eso que siempre se olvida y que se quiere meter a última hora, como es la fecha, la dirección de la página web, el logotipo; así que lo primero que hago es reservar el espacio para estos elementos, como se ha dicho, sin llevarlos hasta el borde, lo cual se conoce técnicamente como «llevar a sangre».

Así que debemos comenzar creando una primera diapositiva que tenga previsto todo lo anterior y, a partir de ahí, duplicarla cada vez que queramos añadir una nueva.

Esto es importante, se debe duplicar, no crear una nueva o insertar una nueva o abremos perdido el tiempo. De partida, podemos duplicarla varias veces para tener varias diapositivas disponibles, aunque como veremos, esa no es la mejor idea.

Por supuesto, todo lo anterior debería estár más o menos automatizado, es algo que de sobra conocen los señores de Apple y Microsoft, y de hecho se supone que es una opción de los programas y se llama «Diapositiva Maestra». Y aquí es donde empezamos a estrellarnos, es posible que lleve más tiempo entender cómo funciona la diapositiva maestra, que hacer toda la presentación. De hecho, aunque consigamos entenderlo, no podremos repetirlo en la siguiente ocasión.

Esta función es la que se supone que permite hacer un diseño que compartirán todas las diapositivas nuevas que hagamos y que, sólo cambiando la maestra, cambiará toda la presentación de forma acorde. Personalmente, no la utilizo nunca, pero para los más curiosos, ver el cuadro «Diapositiva Maestra».

Pero continuemos. Normalmente realizaremos una primera diapositiva de presentación con un título sobre el tema de la misma y alguna imagen prometedora.

DIAPOSITIVA MAESTRA

La diapositiva maestra es supuestamente la que nos debe facilitar dar un formato uniforme a toda la presentación, pero se debe tener especial cuidado al seleccionarla, ya que los cambios posteriores no resultan tan intuitivos como sería de desear.

Para acceder a la edición de la diapositiva maestra se debe ir al menú «Visualización: Mostrar diapositivas maestras en Keynote» o menú «Ver: Patrón: Patrón de diapositivas».

Lo primero que hay que notar es que por defecto no existe sólo una diapositiva maestra, sino por lo menos dos, una para la primera diapositiva, la del título, y otra para las diapositivas siguientes, y es este diseño el que nos aparecerá al hacer nueva diapositiva.

En el caso de usar esta funcionalidad, después será más sencillo, por ejemplo, cambiar el tipo de letra en toda la presentación, ya que sólo habrá que cambiarlo en la maestra, o al menos eso es lo que se supone, porque no afectará a los elementos que posteriormente hayamos añadido y personalizado y que no formaban parte de la maestra inicial.

Quizá lo más sencillo sea seleccionar uno de los temas que tanto un programa como otro nos proponen y que al ser seleccionados aplican la maestra por defecto, siempre y cuando encontremos uno que se adapte a lo que queremos transmitir con la presentación.

Como conclusión, decir que al igual que sucede con todos los automatismos informáticos, no suelen cubrir al cien por cien nuestras expectativas y en ese caso siempre es mejor realizar el diseño desde cero, lo cual nos permite saber exactamente lo que sucede en cada momento y no estar subordinado a cuestiones de programación que ni siquiera podemos ver.

Pero como se suele decir, para gustos hay colores.

Recomiendo empezar con una diapositiva tal como sale al hacer un documento nuevo y borrar lo que pueda traer por defecto (esto vale para ambos programas), cajas de texto o lo que sea.

Y ya hemos dado con el segundo escollo. En ninguno de los dos casos está claro cómo seleccionar y borrar las cajas de texto que aparecen al principio. Si pinchamos dentro e intentamos moverlas, no podremos porque nos saldrá el cursor para escribir texto.

En este aspecto Keynote es un poco más considerado porque no activa la escritura de texto hasta el segundo click, pero aún así no resulta del todo efectivo, así que hay que recurrir a una técnica poco habitual, la de pinchar fuera y seleccionar arrastrando.

Pinchar fuera significa, fuera de la diapositiva, así que quizá haya que reducir el zoom de la vista para ver los bordes de la misma. Así que pinchamos fuera y arrastramos hasta seleccionar la caja de texto, imagen o elemento rebelde del que se trate. Por supuesto, si dominamos el difícil arte de seleccionar y mover cajas de texto en PowerPoint, esto será inneceario.

El segundo nivel en el arte samurai de la colocación de elementos de la presentación es el uso de los manejadores y el reborde de la caja para alinear textos, imágenes y gráficos.

Como ya he dicho, en Keynote es algo más sencillo, pero en PowerPoint hay que pinchar exactamente en el borde de una caja de texto para poder moverla, requiere cierta habilidad y paciencia, pero las guías que aparecen momentáneamente nos permitirán saber si el elemento está centrado en la diapositiva o alineado con otros elementos.

Cuando hayamos conseguido ordenar los distintos elementos, el cambio de tipo de letra o colores de relleno es bastante sencillo y prácticamente igual que en Word.

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Recomiendo pues, perder algo de tiempo al principio con estas prácticas y luego ir completando diapositivas sucesivamente, siempre pensando que a lo mejor el título del apartado en curso debe repetirse y debe ir un poco más arriba para dejar sitio a las fotos, e ir duplicando siempre la diapositiva anterior. Esto dará uniformidad a toda la presentación.

Si por lo que fuera, al final se nos ha olvidado algo relevante y que debe ir en todas o en parte de las diapositivas, recurrir al noble arte de copiar y pegar, siempre utilizando el teclado y, a poder ser, la mano izquierda, que también sirve para algo («cmd + c» y «cmd + v» en el Mac, «ctrl + c» y «ctrl + v» en Windows).

Por último, haré una mención al tema de imágenes y vídeo. Aunque en los dos casos se pueden insertar sin aparentes efectos colaterales, no siempre es así.

Estamos acostumbrados últimamente a cámaras fotográficas de altísima resolución que generan archivos de cierto tamaño, así que a la hora de guardar o copiar un documento, por ejemplo a una memoria USB, nos podemos encontrar esperando más de lo que suponíamos y, además, cuando más prisa tenemos (por supuesto, siempre asegurarnos de copiar el documento original y no un acceso directo).

Como ya he mencionado en alguna ocasión, una imagen de 12 megapíxeles no sirve de nada en un monitor o proyector de alta definición, ya que estos no tienen más de 2 megapíxeles, y los otros 10 deberán pasearse sin rumbo por la memoria del ordenador con la desesperación de que nunca van a ser vistos.

Por eso, siempre que se pueda, reducir el tamaño de las imágenes. Una buena medida es 2.000 x 2.000 píxeles, aunque 1.500 x 1.500 darán un resultado similar y evitaremos problemas de cierres inesperados de programa por falta de memoria, o ralentización de la presentación que parece que «se lo está pensando».

El tema del vídeo es un poco más complicado, pero si tenemos la oportunidad de pedir, que sea en Windows Media Video, por supuesto para Windows (extensión .wmv) o en H264 para Mac (cuidado, Quicktime no quiere decir nada, debe ser Quicktime pero con compresión H264).

Transiciones

Por último, el tema de las transiciones entre diapositivas o diferentes elementos de las mismas.

Una vez más los dos programas fallan estrepitosamente en hacer accesible esta función. Lo primero que no dejan claro de entrada es que hay dos tipos de transiciones: o diapositiva completa o un elemento dentro de la diapositiva. Mi costumbre siempre es hacer una diapositiva por cada cambio que quiero ver en la pantalla, así que si tengo la aparición de un título y luego un subtítulo, hago dos diapositivas y normalmente aplico una transición sencilla de disolución.

Sólo al final, y cuando tengo toda la presentación montada (y si hay tiempo), me dedico a las florituras.

Esto genera más diapositivas, desde luego, y, claro está, yo trabajo normalmente en Mac con Keynote, lo cual me permite agrupar las diapositivas arrastrando unas sobre otras en la vista de la izquierda, eso crea grupos que se despliegan a voluntad con un pequeño triángulo negro y no es necesario tener a la vista la serie completa, lo cual a veces puede resultar un poco confuso.

Es una pena que no exista la misma funcionalidad en PowerPoint, o yo no la he encontrado.

En definitiva, un poco de trabajo manual, mucho duplicar, copiar y pegar, y las presentaciones crecerán sanas y predecibles, siempre que no olvidemos lo dicho en el artículo anterior («Sobrevivir a Word», en el número 241 de GACETA DENTAL), acerca de copiar y pegar textos provenientes de otros archivos, ya seán Word u otras presentaciones.

TRANSICIONES
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Como se ha comentado en el artículo, hay que distinguir los dos tipos de transiciones disponibles, el de diapositiva completa o el de un elemento de la diapositiva.

Normalmente, las transiciones de los elementos sueltos (línea de texto, gráfico, etc.) suelen ser más tentadoras al tener más movimiento o efectos que a priori pueden resultar más graciosos, pero que raramente aportan algo a la explicación en sí misma. Lo más interesante en el caso de transiciones de diapositiva completa es que al final podemos seleccionar todas las diapositivas y aplicar una transición que se aplicará a todas a la vez.

En el caso de los elementos dentro de la diapositiva hay que prestar especial atención al evento del que dependen. Si tenemos una lista de texto, por ejemplo, a lo mejor queremos que aparezcan uno detrás de otro automáticamente, o sólo cuando pulsemos en el teclado o hagamos click.

Como se puede ver en la imagen inferior, hay que seleccionar primero el icono de transición, luego el elemento que vamos a animar y, después, el evento que lo pondrá en marcha. Normalmente este último será automático o al hacer click.

ARTÍCULO ELABORADO POR:

Iñaki Lauret, Responsable del Departamento de Audiovisuales e Informática de i². Centro i² Implantología, Madrid.