D. Iñaki Lauret

En artículos anteriores hemos intentado aclarar algunos conceptos que nos ayuden a decidir cuál es el equipo más adecuado a nuestras necesidades, en lo que a hardware se refiere, y, por lo tanto, es el momento de considerar el apartado de software.

Hay que tener en cuenta, y es algo que suele pasar desapercibido en un primer momento, que el precio de un ordenador no acaba en el letrero que suelen ponerle en la tienda de turno, porque poco vamos a poder hacer con él si no contamos con los programas adecuados, y éstos, hasta el momento, hay que pagarlos también.

Y en este aspecto, como siempre, encontramos diferencias entre Mac y PC, pero en este caso a la inversa, en lo que a precio se refiere.

Hay que considerar por adelantado que si nos referimos al entorno de software profesional, las diferencias son inexistentes. Cualquier aplicación, por ejemplo, de planificación de implantes, va a costar lo mismo independientemente de la plataforma que se utilice, así que nos referiremos al entorno de uso personal, ya sea para entretenimiento como para trabajo.

La primera consideración debería ser el sistema operativo, pero resulta realmente difícil a priori realizar una elección de este tipo.

Al fin y al cabo, los ordenadores vienen con un sistema preinstalado incluido en el precio y ése es con el que nos vamos a quedar, confiando en que responda a las expectativas. Sólo un apunte en este aspecto en el apartado de los NoteBooks.

Aunque la batalla entre ordenadores de pequeño formato –con pantallas de 7 o 10 pulgadas, ya que a partir de 13 pulgadas ya se considera un portátil– y las tabletas está aún por decidir, muchos fabricantes intentan abaratar costes y es posible encontrarse con marcas y modelos cuyo sistema operativo es Linux en alguna de sus versiones. Cierto que podremos navegar por internet con ellos y enviar y recibir correo electrónico, pero no es Windows, así que no podremos instalar Office y cosas así, por lo que nuestra vida ciberespacial se verá bastante limitada, así que hay que fijarse bien y asegurarse antes de realizar la compra.

Normalmente, el resto de ordenadores, ya sean portátiles o de sobremesa, vendrán a partir de ahora con el sistema Windows 8 si es PC, o Mountain Lion si es Mac, y poco más.

Cierto es que todos vienen con navegador de internet, lo cual es fundamental por muchas razones –y veremos algunas más adelante–, y algún programa de correo, pero excepto en el caso de oferta especial, no traerán ningún procesador de texto, hoja de cálculo o programa de presentaciones, así que si vamos por la vía legal (que debería ser la única opción), tendremos que añadir al precio del ordenador algún paquete de software de este tipo.

Realmente las opciones son dos, Microsoft Office para Windows, e iWork para Mac, aunque no es tan sencillo.

Si vamos a comprar Office, resulta que existen varios tipos de licencias, hay una para hogar y estudiantes por unos 130 euros, pero se declara expresamente que está prohibido utilizarla para cualquier actividad profesional, así que Powerpoint sólo nos valdrá para hacer presentaciones con nuestras fotos del veraneo y enseñárselas a nuestros familiares y amigos. Supongo que esta licencia debe considerarse más como un medio de aprendizaje que otra cosa, porque si pasamos a una licencia para uso profesional, nos vamos al entorno de los 300 euros.

En el otro lado, Apple ofrece por separado Pages, Numbers y Keynote, el equivalente a Word, Excel y Powerpoint, a 16 euros cada uno, y con la posibilidad de exportar los archivos creados en formatos de Office, lo que asegura que se podrán ver en un PC.

Junto a este conjunto de programas, que son probablemente los que se utilizan más intensivamente, existen otras dos categorías que van a resultar imprescindibles y que se sitúan en polos opuestos.

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Por un lado, vamos a necesitar sin dudarlo un programa de almacenamiento y retoque fotográfico y, por el otro, algunas utilidades que pasan desapercibidas a priori, pero sin las que no vamos a poder vivir cómodamente.

Creo que la primera decisión fundamental es decidir si realmente necesitamos Photoshop o no. Photoshop es el rey de los tabloides y es indudable que no tiene rival a estas alturas y las maravillas de las que es capaz están todos los días en las noticias, pero sinceramente, a estas alturas de la película y con lo que han ganado los «Sres. de Adobe» con este programa, debería estar casi regalado y no costar 700 euros.

En cualquier caso, y una vez realizado el dispendio, casi de forma inmediata sobreviene el problema de las actualizaciones.

Es curioso que nada más instalar un programa nuevo (incluso descargado de internet, que se supone debe suministrar la última versión disponible), nos asalta algún mensaje de «Existe una actualización disponible, ¿quiere instalarla ahora?» o algo así.

Mi regla de oro a este respecto es aceptar las actualizaciones sugeridas de este tipo cuando se acaba de instalar, probar el programa durante un par de meses, rechazando las ulteriores propuestas de actualización. Si todo va bien y podemos hacer lo que necesitamos con el programa, no volver a actualizar nada hasta que se produzca un cambio de importancia sustancial.

En general, los programas que hemos comentado prácticamente no necesitarán actualización a lo largo de casi toda la vida útil del ordenador, y podemos estar hablando de varios años.

Otra cosa muy distinta es cuando adquirimos un ordenador nuevo, con un sistema operativo nuevo, y descubrimos que el paquete que habíamos comprado anteriormente se niega a instalarse, o lisa y llanamente no funciona correctamente.

Nos encontramos entonces con la difícil decisión de comprar una actualización que en muchos casos no es nada barata y para seguir haciendo exactamente lo mismo que hacíamos antes.

Y es entonces cuando nos sobreviene la tentación de adquirirlo, por decirlo de alguna manera, bordeando la legalidad.

Así que, asumiendo la realidad existente, a continuación me permito hacer algunas consideraciones que, con la colaboración de todos, nos permitan orientar el futuro hacia terrenos más lógicos y productivos.

Piratería, derechos de autor y patentes

Como es obligado, vaya por delante decir que no soy partidario de la piratería ni del robo en ninguna de sus variantes, y que se ha hablado largo y tendido en los medios de este tema, así que lo que intentaré es aclarar un poco el asunto desde el otro lado, desde el lado del productor de contenidos.

En primer lugar, está claro que las leyes están para cumplirlas, que para eso elegimos a nuestros representantes, y que, por lo tanto, si una ley no gusta, hay que hacérselo saber o votar a una opción diferente, pero al mismo tiempo diciendo en qué dirección queremos que se mueva el asunto.

Intentemos pues, saber qué debemos apoyar y qué no, según nuestra forma de pensar y preferencias.

Por un lado, aclarar que no hay que mezclar churras con merinas. Demasiado a menudo, se engloba en el tema de derechos de autor a músicos, escritores, creadores de software, etc., y se pretende medir por el mismo rasero a todos ellos. Y como de soslayo, y como si fuera algo que no tiene nada que ver, están las patentes.

Pues bien, para ser claros, la tendencia actual es a criminalizar cualquier atisbo de copia en cualquiera de estos terrenos, lo cual no deja de ser una barbaridad, porque no es la primera vez que en la historia se llega a la misma conclusión en sitios diferentes y, al mismo tiempo, sin que haya ninguna intención dolosa por ninguna de las partes.

Así que, a la hora de apoyar o rechazar alguna de las propuestas que se hacen, tengamos en cuenta los siguientes puntos:

–No es cierto que los músicos vivan de los derechos de autor. En realidad con eso la mayoría no tendrían ni para pagar la gasolina de la furgoneta. El músico gana dinero con las actuaciones en directo. Como hijo y nieto de músicos, tengo alguna idea al respecto.

–Sólo los autores de las canciones ganan algo de dinero con los derechos de autor, los intérpretes que cantan las canciones de otros no perciben nada, ni por las apariciones en radio o televisión, ni con la venta de discos. Así que cuando digan que Julio Iglesias ha vendido no sé cuantos cientos o miles de millones de discos, no echemos cuentas, la mayoría de las canciones no son suyas y no cobra por ellas.

–Los escritores lo tienen algo más difícil, no existen intérpretes de libros que vayan leyéndolos por ahí habitualmente, así que sólo pueden cobrar de las ventas de libros (más lo que algún mecenas altruista tenga a bien proporcionarles).

–Los productores de software son un caso aparte, no tienen necesidad de salir de su casa (u oficina) ni para firmar ejemplares de su obra. Con la llegada de internet, ni siquiera tienen que moverse para suministrar el producto, así que sus gastos son realmente reducidos.

Por supuesto, cada uno que añada todos los matices que considere necesarios y que las nuevas tecnologías van introduciendo en el debate.

Y ahora algunas preguntas de difícil respuesta, no porque sea difícil encontrarla, sino por lo comprometido del contenido de la misma:

¿Cómo es posible que una compañía telefónica te regale un smartphone que cuesta lo mismo que un portátil, sólo por contratar la línea?

¿Por qué la instalación de Photoshop actual ni siquiera cabría en un disco duro de los años 90? Personalmente, sigo utilizando las mismas herramientas del programa que usaba hace 20 años. Y no hablemos de Microsoft Office, ¿realmente han añadido algo interesante al programa en los últimos 10 años?

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Claro está que ellos ya se ocupan de mantener unos gigantescos departamentos de marketing para hacernos creer que eso es normal, pero la respuesta está más bien en la anécdota de las uvas en el Lazarillo de Tormes (espero que siga siendo de obligada lectura en los colegios).

Y es que no somos conscientes de lo que la informatización ha supuesto en los últimos años. Cada vez que ponemos impedimentos o expresamos nuestras reservas acerca de los sitemas digitales, estamos cometiendo un gran error.

Ahí tenemos a Google con su sistema de búsquedas y Youtube. ¿Quiere alguien decirme cuánto costaría mantener un departamento que te suministrara la información que suministra Google y la rapidez con que lo hace, sin ordenadores? ¿Millones de euros, miles de millones? ¿Cuánta gente sería necesaria?

Bueno, pues yo me crié en una época en la que esto no existía y, aun así, las cosas funcionaban y, si se me apura, muchas eran más baratas. Y, sin embargo, son sistemas gratuitos.

Pongámoslo más sencillo, supongamos una multinacional fabricante de automóviles. ¿Cuánto podía gastarse al año sólo en enviar contratos, memorandos, manuales, cartas y contratos? Por supuesto en papel y de una punta a la otra del globo. ¿Cuánto le costaban los viajes de técnicos y comerciales? Ahora pueden hacerlo por videoconferencia casi gratis.

Y no digamos un banco que lo único que mueve (movía) son papeles. Podríamos seguir así casi hasta el infinito con todo tipo de productos y todas las partes del proceso.

Lo cierto es que a la hora de comprar un coche, una lavadora o un traje, aquí parece que no ha pasado nada y, lo que es peor, no nos hacemos demasiadas preguntas al respecto.

El problema fundamental en lo que a la legalidad se refiere es que, merced a la confusión creada, se intentan pasar como buenas muchas propuestas de una perversión manifiesta.

Y vaya por delante sólo un ejemplo, por duro que sea. En ciertos países asiáticos y africanos, una empresa dedicada, entre otras cosas, a la bioingeniería está suministrando (vendiendo, con métodos más o menos ortodoxos, o presionando para introducirlas) semillas de maíz transgénico resistente a plagas y de crecimiento rápido. Sólo tienen un pequeño defecto, son estériles, así que en poco tiempo habrán desplazado a otras especies, y los agricultores cada vez que quieran plantar tendrán que comprárselas a esa compañía, con las condiciones que le parezca bien proponer a la susodicha.

Pues bien, y aquí vamos al meollo de la cuestión, ese maíz transgénico está patentado y, por lo tanto, protegido por las leyes de autor y variantes de las mismas.

Pero es que esa compañía y otras están patentando el genoma de insectos, plantas y, ahora, pretenden ir a animales más complejos. No es por ser agorero, pero podrían tener malas intenciones y patentar el genoma humano, así que tendríamos que pagar derechos por tener un hijo. Para los escépticos, leer el cuadro «El Humano Patentado».

Aunque parezca broma, no lo es, y muchas leyes de las que se están aprobando y las campañas de publicidad referentes a la encarnizada protección de derechos particulares sobre materias cuya autoría no está muy clara –ahí están los evolucionistas y los creacionistas peleándose por ello–, deberían ponerse en cuarentena hasta que la mayoría estuviéramos un poco más informados.

Y éste es el error. Mientras los profesionales, que con su práctica son los que realmente hacen avanzar a la profesión, se quedan a la expectativa, otros están aprovechando al máximo las nuevas herramientas para dirigir nuestros designios. No digo que en un futuro cercano se puedan proporcionar los tratamientos gratis y aún así ganar dinero, sino que debemos plantearnos eso como una posibilidad factible e intentar entender cómo funciona. ¿Quizá una tarifa plana de implantes?

Bromas aparte, considero (y creo que ya lo he expresado en artículos anteriores) que es una gran responsabilidad de los propios profesionales encontrar el camino para aprovechar todas estas posibilidades. Desde un punto de vista informático es fácil hacer propuestas, pero las peculiaridades de la profesión odontológica son muchas y hay que estar todo el día con los pacientes para conocer la realidad al detalle.

O eso, o cualquier día tendremos que caminar con sumo cuidado, no sea que alguien haya patentado la fuerza de la gravedad e intente cobrarnos cada vez que tengamos un tropezón y nos caigamos al suelo.

En próximos artículos iremos viendo más en profundidad cada una de las aplicaciones propuestas y la manera de obtener resultados prácticos en pocos pasos, pero, sobre todo, lo que no se debe hacer (y que suele arruinar nuestro trabajo) y cómo salir de los atolladeros.

EL HUMANO PATENTADO
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QR Code de la directiva 98/44/CE.

A pesar de la controversia, la mala prensa y las acusaciones de que cada vez se lee menos, internet sigue ofreciendo esta posibilidad y, a veces, es bueno utilizarla.

Estoy seguro de que mi recomendación no enganchará de la misma manera que algunos best sellers que corren últimamente por ahí; ya sé que se trata del BOE, pero estoy seguro de que por el tema que trata es interesante su lectura y que cada uno saque sus conclusiones: «Directiva 98/44/CE».

Se podría escribir un libro comentando la susodicha directiva, haré sólo algunos apuntes que son, únicamente, mi opinión personal:

Exposición de motivos, párrafo 10. Ten cuidado la próxima vez que te hagan una biopsia.

«Cuando la invención tenga por objeto una materia biológica de origen humano o utilice una materia de este tipo, la persona a quien se hayan realizado las tomas deberá ser informada y haber tenido ocasión de dar su consentimiento libre para dichas tomas. Sin embargo, dicho consentimiento no podrá exigirse como condición de patentabilidad de la invención, ni su falta o inexactitud afectará a la validez de la patente ya concedida».

Artículo 4, punto 2. Así que puedo inventar un ser humano de mi propiedad.

«2. La materia biológica aislada de su entorno natural o producida por medio de un procedimiento técnico podrá ser objeto de una invención, aun cuando ya exista anteriormente en estado natural».

Artículo 5, punto 2. Que alguien me lo explique.

«No podrán ser objeto de patente: (…) 2. Las variedades vegetales y las razas animales. Serán, sin embargo, patentables las invenciones que tengan por objeto vegetales o animales si la viabilidad técnica de la invención no se limita a una variedad vegetal o a una raza animal determinada».

Artículo 50.

«1. La patente confiere a su titular el derecho a impedir a cualquier tercero que no cuente con su consentimiento:

4. Cuando la patente tenga por objeto un producto que contenga información genética o que consista en información genética, los derechos conferidos por la patente se extenderán, sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado 4 del artículo 5, a toda materia a la que se incorpore el producto y en la que se contenga y ejerza su función la información genética».

Artículo 52.

«1. Los derechos contenidos por la patente no se extienden:

e) Al empleo del objeto de la invención patentada en la construcción o el funcionamiento de medios de locomoción, aérea o terrestre, que pertenezcan a países miembros de la Unión de París para la protección de la propiedad industrial o de los accesorios de los mismos, cuando esos medios de locomoción penetren temporal o accidentalmente en el territorio español».

(Ver: http://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2002-8257).

ARTÍCULO ELABORADO POR:

D. Iñaki Lauret, Responsable del Departamento de Audiovisuales e Informática de i², Centro i² Implantología, Madrid.