Con motivo de este número especial dedicado a la Implantología, la Dra. Araceli Morales, presidenta de la Sociedad Española de Implantes (SEI), hace un repaso de la situación de esta disciplina en España: desde los problemas que representa la plétora de profesionales, hasta las enormes expectativas que alberga la ingeniería genética en el ámbito de la regeneración tisular, pasando por el alto nivel de los profesionales españoles y su reconocimiento internacional.

¿Cómo ha evolucionado la implantología en España desde sus orígenes hace más de 50 años?
—Creo que el objetivo de entonces y el de ahora es el mismo. Quienes hace más de medio siglo se aventuraron, aun a riesgo de que se les tachara de locos, a tratar el edentulismo de manera radicalmente diferente tenían un claro propósito: mejorar la vida de sus pacientes. Y eso es lo que hoy en día nos lleva a practicar la implantología en nuestras consultas, deseamos ofrecer a quienes lo necesiten la mejor alternativa terapéutica posible. Dicho esto, por supuesto que nuestra práctica y los medios de que disponemos han evolucionado enormemente, y tenemos ante nosotros un futuro excitante. Además, la implantología ha supuesto una revolución en la Odontoestomatología, hasta el punto de que toda la profesión parece girar en torno «al implante».

¿Cómo ha afectado a esta especialidad la crisis económica que estamos viviendo?
—Sin duda está repercutiendo y mucho. Bien es cierto que no a todos y en todos los sitios de la misma manera y que hay que distinguir entre práctica privada, franquicias, compañías de seguros e incluso la labor asistencial desarrollada en algunos másters. Los pacientes que acuden a cada uno de estos lugares tienen expectativas tal vez diferentes y eso también influye, pero en cualquier caso hay un cambio sustancial desde el punto de vista económico a la hora de presentar y aceptar los tratamientos.

¿Cuáles son las principales tendencias de la Implantología a medio y largo plazo?
—Estoy convencida de que el escenario en el que vamos a movernos en los próximos años va a ser muy diferente. No creo que haya grandes modificaciones en el diseño de implantes, que sin duda se irá perfeccionando. Las grandes revoluciones tecnológicas vendrán de la mano del diagnóstico, toma de impresiones digitales y fundamentalmente del laboratorio, que cada vez nos confeccionará prótesis más precisas. Y todo ello sin perder de vista lo que para mí es realmente apasionante: la ingeniería genética, que sin duda nos dará enormes alegrías en el ámbito de la regeneración tisular. Porque puede que llegue un momento en que los cultivos celulares sustituyan a las fijaciones de titanio. Puede que haya una coexistencia. Pero no olvidemos que, en cualquier caso, sería estupendo hallar un tratamiento definitivo para las periimplantitis.

Desde el punto de vista profesional, ¿cuáles son los principales problemas de la implantología actual?
—Me temo que el mismo que acucia a la profesión en general: la plétora. Es fantástico que la implantología concite tanto interés y dedicación, pero es peligroso que se masifique, que se use como una forma de obtener, fundamentalmente, beneficios económicos.

Sinceramente me preocupa que esto acabe siendo un mercadeo.

En alguna ocasión ha manifestado que la Implantología estaba necesitada de protocolos. ¿Se ha avanzado algo en este terreno?
—Sí, lo dije porque en ocasiones da la impresión de que nos regimos más por modas que por hechos contrastados, pero cada vez se hace más una Implantología basada en la evidencia.

¿Cuáles son las principales carencias en la formación reglada en esta disciplina? ¿Considera que la Implantología debería ser considerada una especialidad de la Odontología?
—Tanto la formación reglada como la continuada son absolutamente fundamentales. El problema quizás sea la oferta tan variopinta y numerosa que existe hoy en día. En SEI estamos ocupándonos de ese problema y en breve haremos una nueva propuesta educativa al respecto. Yo creo que se está poniendo el acento en los aspectos técnicos, absolutamente necesarios, pero observamos carencias importantes. Yo sigo diciendo, aunque sea políticamente incorrecto, que el haber sacado a esta profesión del ámbito médico fue un error y por ello hay que dotarle de una formación completa y humanista. ¿Especialidad? Desde luego para SEI la implantología es una disciplina que abarca cuatro fases: el diagnóstico y la planificación, la cirugía, la prótesis y el mantenimiento, y eso, dentro de un marco perfectamente establecido.

¿Qué nivel tiene España en esta disciplina? ¿Y qué reconocimiento tiene nuestro país a nivel internacional?
—El nivel de la implantología española es muy alto y quienes la practican son profesionales de enorme talla. Eso es una realidad. Ciertamente hay un reconocimiento internacional de profesionales concretos, pero es que además la implantología que se hace diariamente en las consultas de «a pie» es muchas veces excelente.

La SEI es una de las entidades pioneras en implantología. ¿Qué papel juega en la actualidad y qué proyectos tiene a corto y medio plazo?
—La SEI efectivamente fue la primera sociedad científica que en Europa y hace medio siglo apostó firmemente por la implantología, y lo hizo con absoluto convencimiento y visión de futuro. Hoy en día está más viva que nunca. Tenemos una clara vocación de servicio fundamentalmente a nuestros socios, pero también a toda la población, ya que creemos tanto en la formación de los profesionales como en la información de los potenciales pacientes. Estamos inmersos ahora en nuestro proyecto docente. Contamos con una nueva publicación internacional, EJOI, y mantenemos también nuestra cabecera. Se ha creado un entusiasta grupo de jóvenes profesionales que están trabajando duramente en proyectos de largo alcance y estamos preparando con mucha ilusión nuestra participación, el próximo mes de octubre, en el Congreso de la Academia Americana de Implantología (AAID) en Las Vegas. Por primera vez va a haber una representación de SEI con ponentes españoles, y en español en esa reunión. Animamos a todos aquellos que quieran tanto aprender como disfrutar a que nos acompañen. Será una ocasión única que merece vivirse en directo.

Y para terminar, una pregunta que está en la mente de muchos ciudadanos: ¿por qué son tan costosos los tratamientos implantológicos?
—Sería bueno recordar aquí aquello del coste y del valor. Un tratamiento implantológico bien hecho, en las condiciones adecuadas, con los materiales correctos y, sobre todo, con los profesionales preparados tiene un coste, desde luego, porque lo merece. Estamos hablando de cifras razonables. Pero tiene un valor difícilmente calculable. ¿Cómo medimos las horas de formación de un profesional, la valía de sus manos, su capacidad de ejecución…? Si no valoramos todo eso y seguimos preguntándonos, única y exclusivamente cuánto se cobra por un implante, estamos haciendo un flaco favor a la profesión y a los pacientes. Sin abusos ni excesos en ese sentido, pero habría que reflexionar si no es precisa una correcta información a los pacientes y una revalorización de la labor del facultativo.