Igual que en la literatura y en el cine hay libros y películas a las que se los conoce con la denominación de «serie negra», por las características de su ambiente y personajes, también en la odontología hay una trastienda oscura cuyos protagonistas bien podrían ingresar en el mencionado género.

Cuando el periodista americano H. C. Mencken, allá por 1920, comenzó a editar su revista «Black Mask» (de la que saldrían escritores de la talla de Raymond Chandler), no todos los artículos o cuentos incluidos en ella eran ficticios; también había algunos relatos verídicos que nada tenían que envidiar, en cuanto a dramatismo y sordidez, a los imaginarios.

Lo que al principio se consideró subliteratura acabó atrayendo la atención del público (y de los académicos), sobre todo cuando la adoptó el cine, produciendo esos emocionantes «thrillers» que tantas uñas han hecho morder a los espectadores en los patios de butacas del mundo entero.

Algunas novelas y películas de este estilo han sido protagonizadas por dentistas, recordemos de entre estas últimas «Avaricia», basada en la novela de Norris y realizada por Erich von Stroheim, que relata la odisea del dentista McTeague, considerada una de las diez mejores películas de todos los tiempos. Pero en esta ocasión no nos proponemos hacer relatos de «pulp fiction» ni nada semejante. Los hechos a describir son absolutamente reales, con personajes de carne y hueso que en su momento ocuparon las páginas de sucesos de los periódicos y, en ocasiones, tuvieron el dudoso honor de monopolizar las primeras planas de los más importantes rotativos mundiales.

Se trata, pues, de rescatar del pasado esa trastienda sórdida de la que hablábamos al principio, en la que encontraremos crímenes, asesinatos, envenenamientos, suicidios y brutalidades perpetradas por dentistas dignos de ser narradas por la incansable Margarita Landi y figurar con letras de oro en el extinguido «El Caso», periódico escasamente valorado actualmente, pero que en su momento fue uno de los más libres y leídos de España.

Comenzaremos primero rememorando el caso del dentista Hawley Harvey Crippen que, según todos los indicios, asesinó a su mujer, Cora, artista de «music-hall», conocida como la «Bella Elmore» y que acaparó la atención mundial allá por 1910, y seguiremos por un caso español, también famosísimo en su momento: el asesinato, con arsénico, perpetrado por el dentista D. Ramón Santos Marracci y su amante María de los Ángeles Mancisidor, en la persona de Dionisio Campos Alegría, marido de esta última.

Para ello hemos usado las fuentes esenciales y contemporáneas; esto es, la prensa diaria que informaba (a veces equivocadamente) en «tiempo real» a sus lectores de estos impactantes acontecimientos.

Si el asunto interesa, publicaremos algunos más, y si no, hablaremos del gobierno…

Hawley Harvey Crippen, el dentista asesino de Cora, la «Bella Elmore»
El asunto comenzó su truculenta trayectoria con algunos sueltos en los periódicos donde se informaba al público de «misterioso asesinato de una artista en Londres» (1). Inmediatamente se sospechó de su marido, «un dentista yankee, del que se ignora su paradero» (2). La actriz, llamada la Bella Elmore había desaparecido en febrero; es decir, cinco meses antes (3). Su cuerpo fue hallado en el sótano de la casa donde vivían, en Hilldrop Crescent (Londres). Coincidiendo con el macabro asesinato, el «dentista yankee, doctor Crippen» desapareció.

Los comunicados de prensa fueron dejando más noticias. La víctima era artista en un «music-hall» donde se la conocía como la «Bella Leonor o Elmore» y se había casado hacía dos años con el Dr. Crippen en Nueva York.

Hacía meses que el marido había informado a los amigos que su esposa estaba de viaje en Nueva York, pero a una hermana de ésta, que vivía allí, le había comunicado su fallecimiento.

Los periódicos informaban que el presunto asesino había huido de Londres acompañado de una atractiva señorita llamada Ethel Clara Le Neve, a la que conociera en una importante entidad bancaria donde tenía sus ahorros (4).

Se decía que Crippen había asesinado a tiros a su víctima y la había enterrado en el sótano de la casa donde vivían, en Londres. Clara Le Neve comunicó a sus padres que se había casado con Crippen, recién divorciado de su esposa, y que pensaban ir de viaje de novios a Francia. Efectivamente, los padres recibieron varias postales de Dieppe y Boulogne. A la vuelta trajeron una criada francesa que no hablaba una palabra de inglés. En cuanto a Crippen, informaban que había tenido varios dispensarios en Londres, donde era considerado una especie de charlatán, ya que unas veces se presentaba como oculista, otras como otorrino y otras como dentista, además de vender un remedio americano que curaba todos los males. Tan pronto se hacía llamar Hawey Crippen, como Pierre, como Franckel (5).
La pareja Crippen–Le Neve había desaparecido sin dejar rastro. Al parecer esta última iba disfrazada de chico. En principio alguien dijo que se les había visto en Francia, en Vernet les Bains, y que tenían intenciones de dirigirse a España (6). Se llegó a precisar que la policía de Prades había enviado a varios agentes para capturarles, pero que cuando llegaron ya se habían marchado. Ante los rumores de su llegada a España se alertó a la policía de Barcelona. Se describía al doctor Crippen como un hombre de 50 años, muy calvo, con barba rubia, ojos azules y vivísimos y de un metro sesenta de estatura. Miss Neve alcanzaba el metro setenta, era morena, pálida, de ojos grises, de gran expresión de dulzura, modales distinguidos y conversación encantadora. Vestía a un tiempo con modestia y elegancia. Una hermana suya declaró que le había confiado sus planes de boda con Cripper y que en modo alguno conocía los propósitos de éste hacia su esposa. Crippen tenía un socio llamado Mr. Long, a quien escribió encomendándole la tarea de vender los muebles de la casa de Hilldrop Crescent, para pagar el último plazo.

Mr. Long, acompañado del padre de Le Neve, entraron en la vivienda y la encontraron totalmente desordenada, con ropa de los fugitivos y dos maletas semivacías.

En Nueva York el crimen levantó una gran expectación, hasta el punto de que cuatro mujeres se ofrecieron para prestar auxilio a la policía vigilando la llegada de buques al puerto; una era hermana de la víctima, otra su cuñada, otra artista de circo y la última, actriz inglesa (8).

La prensa comparaba el caso con un cuento de Mark Twain, «El robo del elefante blanco», pues llegaban telegramas de todas partes asegurando que les habían visto. En Londres no se hablaba de otra cosa. «Where is Crippen…?», «Where is miss Le Neve?», «¿Dónde se ocultan el dentista y la typewriter?».

A España llegó la noticia de que Scotland Yard ofrecía 250 libras esterlinas (6.750 pesetas de entonces, una auténtica fortuna) a quien diera alguna pista.

El jefe de policía de Madrid recibió los retratos de los fugitivos que figuraban en el Daily Mail y los repartió profusamente, sobre todo en los puestos fronterizos en el litoral. Ahora se publicaban los detalles sobre el crimen. El cuerpo de la Bella Elmore apareció descuartizado en la cueva y medio destruido por acción de los ácidos. Además, estaba cubierto de cal, así que apenas quedaban algunos huesos y dientes. Primero se creyó que la había matado a tiros; luego, el criterio había variado y se achacaba a envenenamiento. Todo el mundo se estremecía ante la crueldad del crimen. El padre de Le Neve estaba convencido de que su hija ignoraba estos detalles. Alguien la identificó como la joven que se había suicidado el día 13 de julio en Bourgues, en un hotel. Se suponía que Crippen viajaba solo. Además de la sospecha de que hubiera entrado en España, otros afirmaban haberlo visto en París y en Andorra. Los detalles morbosos sucedían: se achacaba al agua de cal la semidesaparición del cuerpo.

Entra en escena la criada Valentina Lecoq, la francesa que no sabía inglés. Confesaba que siempre había creído que Le Neve era la esposa de Crippen y que ambos parecían muy enamorados. Sólo recibían al hermano y a la hermana de Le Neve. No tuvo sospecha de que se hubiera cometido ningún delito ni encontró nada sospechoso en la cueva de la casa. Un revisor de la Compañía Francesa de Ferrocarriles del Norte aseguró haberles visto en el tren. Monsieur Gongh, célebre policía francés, se desplazó a París. El señor Millán Astray, dada la resonancia del crimen, ofreció su ayuda para aclarar si estaban en Barcelona. Por lo pronto se aclaró que la Bella Elmore inglesa no tenía nada que ver con la madrileña que utilizaba el mismo nombre de guerra. De repente se dice que Cripper está en Canadá y la policía inglesa decide mandar allí a un detective (9). Desde La Junquera se aseguraba que por allí no pasaron nunca Cripper ni Le Neve. Desde Londres se lanza la noticia de que ambos viajaron en el vapor «Montrose», que salió el 20 de julio de Amberes rumbo a Quebec (9). Un detective inglés partió de Londres en el «Laussutie», más veloz que el «Montrose», y llegaría a ese destino 24 horas antes (10). El Daily Express afirmaba que Cripper y Le Neve discutían en el barco a propósito de la fuga y que el capitán del navío, enterado de la conversación, telegrafió a la Canadian Pacific, dueña de la nave, quien a su vez informó a Scotland Yard. El sábado 28 de julio habían detenido a los sospechosos y los habían confinado en un camarote (11).

Una ceja
Al parecer, el Dr. Cripper y miss Le Neve se habían disfrazado eficazmente. Ella iba vestida de hombre y Cripper se había puesto unas cejas postizas. Scotland Yard había telegrafiado a todos los barcos que iban hacia Canadá.

Los del «Montrose» sospecharon de la pareja, pero después de vigilarlos llegaron a la conclusión de que no eran los buscados. La casualidad quiso que una de las cejas de Crippen se despegara, lo que fue observado por un camarero. También se les sorprendió hablando sobre la fuga. Eso provocó la detención, de la cual se informó por telégrafo a la naviera y a la policía (12).

Sin embargo, las noticias eran dudosas. Otros señalaban al «Sardinian» como el buque donde habían llevado a cabo las detenciones. Crippen y Le Neve embarcarían en El Havre disfrazados de protestantes y, al levantar sospechas, el capitán telegrafió al Havre, desde donde se dio la noticia a Scotland Yard.

Habría sido el capitán del «Sardinian» el que los habría detenido e identificado por el método expeditivo de desnudar al jovencito pastor (Le Neve) (13).

A todo esto, los periódicos del mundo entero analizaban y recapitulaban sobre el crimen cada vez que se conocían más detalles. Sin duda, era la gran noticia del momento.

En Londres se le llamaba «el Crimen de la Bodega», y se resaltaba su brutalidad: agarrotar a una mujer, despedazarla minuciosamente en la semioscuridad de una bodega, descoyuntar los huesos, mutilar el sexo, abrir un hoyo en el suelo, llenarlo de cal viva y enterrar los restos. El horror afectaba a los siete millones de habitantes de Londres y acaparaba las primeras planas de los periódicos.
¿Cómo un hombre tan débil podría haber perpetrado semejante monstruosidad? Pero la debilidad de Crippen –añadían– no era sino una máscara hipócrita… Hombre taimado, de pensamientos sádicos, de figura borrosa, de ojos insondables, es un monstruo repulsivo, «digno de estar en un frasco para ser estudiado diseccionándole el cerebro…».

Jamás Londres, desde tiempos de Jack el Destripador, se había conmovido tanto con un crimen tan frío perpetrado por un criminal que engañaba a la gente diciendo que la víctima se había ido a Europa, y que luego se casa con la hermosa dactilógrafa miss Le Neve, a quien regala las alhajas de la muerta… (14).

A Crippen se le retrataba como «un ser lúgubre, endeble, de ojos inquietos que parpadean cobardemente tras unos espejuelos; con su nariz chata y su cara peluda, se parece a un pajarraco miedoso de las tinieblas».

La telegrafía sin hilos, los radiogramas
Algo inquieta al público. Los radiogramas del «Montrose», enviados por el telegrafista Ernest Lawrence Hughes, se refieren a Crippen, pero nada dicen de Le Neve (15).

Otros afirman que su identidad no está confirmada (16).

El capitán dice que Crippen se ha afeitado el bigote y se ha dejado crecer la barba. Los pasajeros ignoran la identidad de la pareja, que no se separa nunca. No tienen equipaje. Padecen insomnio. Crippen dice que acompaña a su hijo (miss Le Neve viste de hombre) a California por motivos de salud. El doctor figura en el registro como negociante, miss Le Neve como estudiante.

El «ABC» resumía la peripecia viajera de los implicados. Ambos habían salido de Londres rumbo a Amberes, donde zarparon el 20 de julio hacia Quebec.

Las noticias del «Sardinian» habían resulta do falsas. El doctor Crippen había adoptado el nombre de reverendo Robinson, y Le Neve pasaba por hija suya. El inspector Dew, encargado de detenerles, viajaba en el «Laurence» (17).

El 29 de julio, la agencia Fabra informaba que el jefe provincial de Canadá, Mr. Mac Carthy, esperaba al «Montrose» en Raminsky para detener a la pareja si el inspector Dew los reconocía oficialmente. El 29 de julio, el «Montrose» fondeó en el río San Lorenzo (18). Los periódicos habían adelantado noticias poco fidedignas. Ahora se afirmaba que Crippen y Le Neve no habían sido detenidos por el capitán del «Montrose», sino vigilados, sin que ellos mismos se enteraran y menos los viajeros de la nave. Sólo se les podría detener cuando fueran reconocidos oficialmente (19).

Incluso el mismo 30 de julio se afirmaba que el reverendo Robinson no era Crippen (20).
«ABC» vuelve a recibir por cable (no por radiograma) una crónica donde se dice que el 1 de agosto el «Montrose» navega lentamente, pero que llegará ese día a Quebec.

El jefe de policía le ha confirmado al corresponsal del Daily Telegraph que embarcarían en el «Montrose» en Father Point, acompañados del inspector Dew y de otras personas que conocen a Crippen. Si Mr. Robinson es Crippen entrará esposado en Quebec. Si su «hijo» es la señorita Le Neve, será igualmente detenida.

El capitán del «Montrose», Henry George Kendall, envió el siguiente telegrama: «Cada vez estoy más persuadido de la identidad de la pareja sospechosa. El hombre se manifiesta nervioso y enfurecido y a medida que nos acercamos a tierra se está volviendo receloso. Ella está pálida y se muestra fatigada. Ambos permanecen constantemente en su camarote» (22).

Efectivamente todo se hizo según lo previsto. Dew subió a bordo y junto a los otros testigos observaron a Crippen, que estaba paseando con el médico del vapor. Se acercaron cautelosamente y una vez hecha la identificación se acercó a él y le dijo: «Buenos días, Dr. Crippen; soy Mr. Dew, inspector jefe de Scotland Yard, y usted es el hombre que ando buscando», esposándolo a continuación.

Crippen no ofreció resistencia. Luego detuvieron a Le Neve, que se mostró más afectada (23).

El enviado de The Daily Chronique en Quebec informaba a sus lectores que los presos habían declarado que jamás pensaron en suicidarse. Declararon que nada tenían que ver con la muerte de la Bella Elmore.

Miss Le Neve fue presa de un temblor nervioso… y de una gran crisis nerviosa, por la que hubo que administrarle calmantes (24).

Su madre le envió un telegrama donde la instaba que dijera toda la verdad a pesar de que amara mucho a su marido (25).

Como hemos visto, la información de los periódicos durante el viaje en el «Montrose» de Crippen y Le Neve fue bastante confusa, como corresponde a la inmediatez de los comunicados. El capitán del «Montrose», Kendall, hizo en el Weekly Despatch un relato minucioso de los hechos.

El dentista asesino
La captura de Crippen
Detalles retrospectivos

LONDRES. El Weekly Despatch ha recibido del capitán Kendall, que manda el «Montrose», el siguiente e interesante despacho: «Los dos sospechosos responden exactamente a las señas que tiene la policía respecto a Crippen y su compañera. Dos horas después de haber salido de Amberes fijé mi atención en ellos. Pero yo no telegrafié a mis armadores sino cuando mis sospechas fueron confirmadas por los acontecimientos. Conversé con los dos y les observé de cerca para convencerme de su identidad. En Amberes subieron a bordo, vistiendo ambos trajes marrón, zapatos de tela blanca y sombreros de fieltro. Un gesto de miss Le Neve, cuando estrechó la mano de Crippen mientras éste se apoyaba sobre una chalupa de salvamento, excitó mi primera sospecha. Al otro día por la mañana advertí al segundo comandante. Sus observaciones confirmaron las mías. Y resolvimos no espantar a los dos pasajeros y tenerlos constantemente de buen humor.

Durante el almuerzo observé sus sombreros. El de Crippen llevaba esta marca: Jackson, bulevar del Norte. El de miss Le Neve no llevaba marca alguna. Y tenía un aro de papel, sin duda porque era grande. Miss Le Neve, aunque vestida de hombre, tenía el aspecto de una muchachita bien educada y elegante. Hablaba poco, y siempre estaba sonriente. Parecía estar absolutamente dominada por su amigo, y no le abandonaba ni un momento. Su traje no le sentaba bien. El pantalón era demasiado estrecho, señalaba mucho las caderas.

Durante todo el viaje, los dos sospechosos fueron vigilados de cerca, porque si hubiesen sabido el peligro que les amenazaba, tal vez hubieran cometido algún acto violento.

Observé que Crippen llevaba siempre un revólver en el bolsillo. Crippen tenía cuidadosamente afeitado el bigote; pero ostentaba una gran barba. Se le veía acariciársela con frecuencia, como satisfecho de ella. Pensaba, sin duda, que le daba un aspecto de granjero acomodado, y era verdad. Pasaba sus días sentado en el puente, leyendo o haciendo como que leía. Tanto él como ella comían bien y no sufrían de mareo. Discutí varias veces con Crippen acerca de América. Conocía Toronto, Detroit y California. Cuando llegue a Canadá –me dijo– iré a Detroit en barco, si me es posible, porque prefiero viajar por agua. Su libro favorito durante el viaje fue el «Pickwick Papers». Luego empezó a leer «Cuatro hombres justos», historia de un crimen cometido en Londres. Un día conté a Crippen una historia humorística. Mi objeto era hacerle reír para ver si sus dientes eran falsos. La estratagema tuvo un éxito completo. Observé que todos los gestos de miss Le Neve en la mesa eran los de una mujer. Cogía sólo con dos dedos el cuchillo, el tenedor y las frutas. Crippen partía nueces, se las daba y luego le cedía la mitad de su ensalada. La cuidaba mucho, vigilando todos los pequeños detalles. La pareja entró en el salón la noche del 21 de julio, y estuvo cantando y bailando. Durante una conversación, Crippen hablóme de las bebidas yanquis. Y me dijo que el único punto de Londres donde las venden buenas es en casa de Selfrige. Dos o tres veces, paseándome sobre el puente, llamé a Crippen «Robinson», nombre que decía que era el suyo. Pero no contestó. Llaméle nuevamente, y sólo entonces miss Le Neve le llamó la atención.

Volvióse y me rogó le dispensara, porque el fresco del mar le volvía sordo. Una noche no fue al concierto. Al día siguiente se excusó conmigo, diciendo que de buena gana hubiera ido, pero que su compañero de viaje se había puesto enfermo y no se había atrevido a dejarle solo. Durante el día, Crippen consultaba a menudo el sextante para enterarse de la situación del barco. Contaba los días que debía aún pasar a bordo. Con frecuencia se sentaba en el puente, alzaba los ojos y los fijaba en las atentas del aparato de telegrafía sin hilos. Un día me dijo que si continuábamos navegando con tal rapidez, estaría en Detroit el 2 de agosto. Algunas veces se sentaban el uno al lado del otro, y parecían entregarse a meditaciones graves. Miss Le Neve no parecía muy abatida, porque ignoraba el crimen. Además creo que no tiene una gran voluntad. Sin duda, está dispuesta a seguirle a todas partes. Si él la mira, sonríe tiernamente, como si obedeciese a una alguna sugestión hipnótica. Cuando apercibimos Belle Isle, Crippen mostróse agitadísimo. Preguntó dónde iría a encontrarnos el piloto, y qué distancia hay entre Quebec y la estación donde los pilotos ven a los buques. Manifestó que estaba deseando llegar y salir para Detroit. Le hice ir a mi camarote y hablamos de los Estados Unidos y sobre todo de San Francisco. Crippen dijo que hacía 18 años que no había ido a dicha población, pero que adora California (26).

Interrogatorio de Crippen
LONDRES. Comunican de Quebec que el doctor Crippen compareció ante el juez, señor Pauet Anger. Manifestó el detenido que conocía los motivos por los que se había procedido a su detención, pero que era completamente inocente del delito del que se le acusaba. No negó Crippen su identificación, así como también declaró que la persona que le acompañaba era la señorita Le Neve. Durante el interrogatorio sufrió el detenido algunos ataques nerviosos, teniendo que ser auxiliado por un médico. Antes de regresar a la cárcel, el juez dispuso que la señora Guinet, amiga íntima de la esposa de Crippen, se presentara ante el detenido para su identificación. La señora Guinet le reconoció sin vacilación alguna, y el doctor Crippen sufrió nuevas turbaciones nerviosas y pidió que se la quitaran de la vista. La señorita Le Neve, a causa del estado de postración en que se encuentra, ha sido trasladada a Comthouse por dictamen facultativo.

Miss Le Neve encontró pronto la piedad del público, que comenzó a considerarla una víctima. Declaró que el propio Crippen le había cortado los cabellos y obligado a vestir ropa de hombre sin saber por qué. Incluso se dijo que Crippen sabía hipnotizar y que probablemente tenía a Le Neve bajo ese efecto, en sus manos, sin voluntad (27).

El mismo inspector Dew también creía en la inocencia de Le Neve (28).

La policía descubrió que Crippen había comprado en una farmacia de Londres, el 14 de enero, cinco gramos de hyosina, un alcaloide muy venenoso (29).

Nuevos detalles
Como hemos dicho, el asesinato de la Bella Elmore había conmovido también a los Estados Unidos. Se temía que Crippen se envenenara. Por eso hubo periódicos que le ofrecieron sumas elevadas por entrevistas y memorias, comprometiéndose a sufragar los gastos de su defensa. Otro famoso abogado de Londres también se ofreció a defenderle. Apareció una curiosa noticia que afirmaba que la detención de Crippen tuvo relación con su dentadura postiza, pues sabido por Kendall, capitán del barco, procuró por todos los medios evidenciar que el supuesto Robinson la llevaba, así que comenzó a contarle chistes y chascarrillos para descubrirla. Cierto día le refirió un hecho muy gracioso y Crippen se rió con la boca muy abierta, descubriendo la famosa prótesis.

Otro periodista había tenido la ocasión de conocer cuáles eran las relaciones de Crippen y la Bella Elmore. Al parecer, esta última era muy gastosa y caprichosa. Aunque el dentista ganaba diez o doce mil francos, ella se empeñó en meter huéspedes en casa. Uno de esos huéspedes, llamado Richard, afirmaba que Crippen era trabajador, prudente, mesurado y discreto; en tanto que Elmore, que se conservaba muy hermosa y añoraba su vida artística, provocaba violentas disputas con su marido llenándole de injurias.

Mr. Richard suponía que esta situación le había obligado a hacer un disparate (29).

Por su parte, a Le Neve también le llovieron proposiciones. Un empresario de «varietés» de Nueva York le ofreció 5.000 francos diarios por tiempo indefinido por trabajar en su teatro (31).

El crimen y la ciencia
El diario «ABC» resaltaba algunos aspectos novedosos en el crimen de Crippen. Por ejemplo, decía que la ciencia antropométrica había logrado la identificación del cadáver irreconocible.

La telegrafía sin hilos había servido para localizar a los criminales y facilitar su detención.

Otras disciplinas podían arrojar luz sobre el crimen, como la criminalística, los estudios de Lombroso e incluso los de Gall.

Probablemente, según las teorías de estos dos autores, los criminales serían más enfermos que delincuentes (32).

Extradición
Muy tempranamente se comenzaron los trámites para devolver a Crippen a Inglaterra. Mientras tanto, en la cárcel, Crippen, que era católico, leía «Las confesiones de San Agustín», y Le Neve recibía los auxilios de un pastor anglicano.

El detective Dew y el capital Kendall visitaban las cataratas del Niágara en olor de multitudes (33).

A Le Neve le habían enviado un libreto titulado «Capturados por el T. S. H (telégrafo sin hilos)» para representarlo en una comedia a cambio de un generoso estipendio (33).
Galería de imágenes

Opiniones
Crippen seguía suscitando la ira y el deseo de una venganza. La gente deseaba no sólo verlo muerto, sino descuartizado. Se horrorizaban cuando sabían que desayunaba en la cárcel con jamón, huevos y té.

Sin embargo, Le Neve aparecía como una víctima más, «magnetizada» por el despiadado doctor. «Pobrecita Le Neve…, es como una golondrina». Tulio Bonafoux no estaba tan seguro (34). Félix Méndez, en «Nuevo Mundo», publicó un artículo titulado «¿Habrá que matarlas?», donde se preguntaba cómo un tipo tan vulgar como Crippen había podido enamorar y descuartizar a ocho o nueve mujeres (La Bella Elmore era la octava, según decía) sustituyéndolas por otras más hermosas cada vez (35).
(En el próximo número continuaremos con la historia de Crippen y la «Bella Elmore», su vuelta a Inglaterra, la sentencia de Le Neve, etc.)

Artículo elaborado por:
Dr. Julio González Iglesias
Profesor de Historia de la Odontología
Universidad Alfonso X El Sabio
Madrid

Dr. Julio González Pérez
Doctor en Odontología. Implantólogo

Dr. Jorge González Pérez
Profesor de la Facultad de Odontología
Universidad Alfonso X El Sabio
Madrid

Bibliografía
1. La Época. Jueves 14 de julio. 21453; 1950: 3.

2. El Imparcial. Viernes 15 de julio. 15573; 1910: 1.

3. Día de Madrid. Sábado 16 de julio. 753. 1910: 1.

4. La Correspondencia de España. Lunes 18 de julio. 19150. 1910: 2.

5. La Correspondencia de España. Martes 19 de julio. 19151. 1910: 2.

6. El Siglo Futuro. Miércoles 20 de julio. 911; 1910: 3.

8. La Correspondencia de España. Jueves 21 de julio. 1953; 1910: 2.

9. El Imparcial. Domingo 24 de julio. 15582. 1910: 3.

10. La Correspondencia de España. Martes 25 de julio. 19152; 1910: 2.

11. El Siglo Futuro. Martes 26 de julio. nº 916. 1910: 3.

12. La Correspondencia de España. 27-7- nº 19159. 1910: 1.

13. El País. Miércoles 27 de julio. 8380. 1910: 3.

14. Bonafoux, Tulio. El Imparcial. Viernes 29 de julio, 1558, 1910: 2.

15. La Correspondencia de España. Sábado 30 de julio. 19161. 1910: 2.

16. La Correspondencia de España. Sábado 30 de julio. 19161. 1910: 3.

17. ABC. Miércoles 7 de julio. 1910: 7.

18. La Correspondencia Militar. 3 de julio 1957; 1910: 1.

19. El País. Sábado 30 de julio. 8363. 1910: 2.

20. ABC. Sábado 30 de julio. 1910:14.

21. ABC. Lunes 1 de agosto. 1910: 7.

22. El Imparcial. Lunes 1 de agosto. 1910: 7.

23. La Correspondencia de España. Lunes 1 de agosto. 19164. 1910: 7.

24. El imparcial. Martes 2 de agosto. 15591. 1910: 2.

25. La Correspondencia Militar. Martes 2 de agosto. 9939. 1910: 3.

26. La Correspondencia de España. Miércoles 3 de agosto, 19166, 1910: 2 .

27. La Correspondencia de España. Sábado 6 de agosto. 19169. 1910:3.

28. La Época. Sábado 6 de agosto. 21476, 1910:1.

29. La Época. Domingo 7 de agosto. 21477. 1910: 1.

30. La Correspondencia de España. Domingo 7 de agosto. 19170. 1910: 1.

31. La Época. Jueves 8 de agosto. 21478: 1910: 1.

32. ABC. Jueves 4 de agosto. 1910: 8.

33. La Época. Martes 9 de agosto. 21479; 1910: 3.

34. Bonafoux, Tulio. El Imparcial. Lunes 15 de agosto. 15604. 1910: 2.

35. Méndez, Félix. «¿Habrá que matarles?» Nuevo Mundo. nº 867. 1910: 6.