Dr. Julio González Iglesias

Don Salustiano Orive no solo luchó contra los competidores, particularmente contra el Odol, como hemos visto, sino que también lucha contra otro peligro, a veces insidioso y difícil de mostrar. Estos fueron los imitadores, plagiarios y copistas que aquí y allá fabricaban productos parecidos al Licor del Polo tanto en la composición como en el nombre y pretendían obtener beneficios al socaire de la fama y publicidad del genuino dentífrico de D. Salustiano.

Innumerables veces en su publicidad alertaba al público y le prevenía contra dichas imitaciones, que debían ser numerosas. Muchos farmacéuticos destilaban licores con esencias parecidas a las empleadas en la fábrica del Deusto e intentaban hacer pasar gato por liebre.

Ya en 1879, en el «Diario Oficial de Avisos de Madrid», advertía que infinitos productos se engalanaban con el título de dentífricos pero que eran rarísimos los que merecían el título. Había que tener cuidado con las falsificaciones. Quienes deseaban estar seguros de recibir el Licor del Polo debían exigir que la denominación «Licor del Polo de Orive, Ascao 7, Bilbao» estuviera estampada en relieve sobre el cristal del frasco, sobre la cápsula blanca que cubría el envase debía leerse «Farmacia de Orive, Bilbao» y en el cuello del envase el apellido Orive, en blanco sobre verde y oro (1).

Puso un anuncio en «La Iberia» donde decía que el Licor del Polo Orive estaba siendo objeto de imitaciones, plagios y falsificaciones y todo frasco que llevara la etiqueta de «S. de Orive, Bilbao» era falso (2).

Don Salustiano Orive y Oteo.

Aunque los avisos en este sentido se repetían infinidad de veces, en 1906, ante repetidos avisos, publicó un comunicado en varios medios de comunicación titulado «Imitaciones, plagios y usurpaciones del Licor del Polo».

Prevenía a su clientela de los «vivos», usurpaciones codiciosas que pretendían apoderarse del trabajo ajeno y a continuación refería varios casos concretos.

En Barcelona, por ejemplo, en 1901, un farmacéutico comenzó a fabricar un dentífrico con el nombre de Licor del Polo. Enterado de ello, le envió un abogado y el infractor, comprendiendo que estaba cometiendo un delito, aceptó dejar de producir el plagio y retirar del comercio los frascos, ya que había llegado a un acuerdo justo con él.

En Zaragoza, en 1904, sucedió algo parecido en el que otro farmacéutico llamado D. Federico González lanzó al mercado un compuesto al que llamó «Licor del Polo Bueno», creyendo burlar la justicia con la última palabra. Como no quiso entrar en razones, lo denunció y en 1905 (ya había fallecido) se condenó a su viuda e hijos a que retiraran el producto e indemnizaran a D. Salustiano Orive por haber incurrido en «usurpación e imitación».

En 1906 hubo otra usurpación e imitación en Logroño en la que el responsable, una vez apercibido, retiró también las existencias del mercado sin que hubiera necesidad de llevar el asunto a los tribunales (3). Este anuncio salió también en la primera página del ABC con gran alarde tipográfico, como aviso a navegantes (4). Igualmente fue incluido en «La correspondencia de España» (5).

En lo sucesivo siguió reiterando el consejo de que se exigieran las etiquetas en los frascos para evitar las falsificaciones (6).

Posteriormente mantuvo la atención sobre los fraudes con algunos ripios en verso:
Las burdas imitaciones
que del Orive a montones
se hacen, consiguen tan sólo
que se vendan a millones
frascos del Licor del Polo (7)

O este otro:
Imitarle pretendía
¡Ay!, pero en balde,
que es el Licor del Polo
inimitable (8).

Antiguo frasco de Licor del Polo.

Aún en el año 1928, cuando la publicidad del Licor del Polo casi había desaparecido de los dia-rios madrileños, se incluye en «La Voz» la noticia de haberse levantado acta en un establecimiento de Bilbao donde se vendía una imitación del Licor del Polo.

En dicho establecimiento se personaron el notario D. Mario Gómez Fernández y el gerente de la casa Orive y constataron que se vendía la imitación a granel (9).

Actividad industrial
Aunque no relacionados en la odontología, sería un olvido imperdonable dejar de lado las actividades que en el campo de la industria, la agricultura, las comunicaciones, etc., cultivó el inquieto y emprendedor D. Salustiano Orive.

Por ejemplo, montó en Bilbao, en el n.º 7 de la calle Ascao el balneario permanente de Salustiano Orive con el lema de «Baños hidroterapéuticos a la altura de los mejores de Europa».

Tenía 12 bañeras de mármol y dos cuartos de agua fría y caliente. Ofrecía baños rusos y de pulverización. La ducha fría costaba una peseta y la caliente, dos cincuenta.

En el local había «lujosos tocadores», «cuadros pintados al óleo» y «ropa colada y caliente al que la solicite».

El bañista tenía derecho, por el precio de un billete, a una jaboneta y a una ración de Agua de Colonia Orive, acreditadísima entonces.

Uno de sus anuncios proclamaba: «Balneario permanente de Orive. Baños de todas clases a todas horas, lo mismo de día que de noche, en el balneario permanente de la calle Ascao, n.º 7. Esmero en la ropa, siempre colada. Limpieza irreprochable en las pilas de mármol. Agua filtrada, diáfana, cristalina. Económica, sin competencia, pues se dan baños templados y duchas frías hasta tres reales una, por abono. Hay en la galería todos los periódicos de Madrid a disposición de los bañistas» (10).

A finales del siglo XIX existían en España multitud de balnearios de aguas medicinales (Alhama de Aragón, Cestona, Ledesma, Quititiz, etc.) y la hidroterapia en medicina mantenía un cierto prestigio.

Por eso, D. Salustiano bautizó con el nombre de balneario a lo que en realidad era una «Casa de baños», muy populares también en las grandes ciudades españolas y muy concurridas pues entonces era muy raro que existieran baños en las casas particulares, a no ser en las muy adineradas de la alta aristocracia o en las de la opulenta burguesía.

Otra actividad fue la ferroviaria, interviniendo en la construcción del ferrocarril de vía estrecha de Luchana a Munguía (Luchana-Erandio-Sondica-Artebareza-Munguía) que comenzó en 1901 (hubo otro anterior de 1894).

Junto a Roman Morfull fue consejero durante varios años y vicepresidente (11).

También fue accionista del ferrocarril de la Compañía Vasco Castellana que unía Bilbao y Madrid.

Este proyecto comenzó en 1902. En 1912 se hizo cargo del mismo la sociedad inglesa «Great Central Railway Company» que cambió las obligaciones de la Cía. Vasco Castellana por bonos.

Anuncio de Licor del Polo en la prensa argentina (Caras y Caretas) con el retrato de D. Salustiano a los 67 años.

Esta operación fue admitida por las cuatro quintas partes de los accionistas de la Vasco Castella-na, pero D. Salustiano Orive consideró que era una estafa y recurrió a los tribunales, siendo defendido por D. Juan de la Cierva (12).

El diario «Adelante» decía a este respecto: «La constancia de D. Salustiano Orive ha conseguido por sí sola, más que el Gobierno, el Parlamento y parte de la prensa… Cuantos han secundado las enérgicas iniciativas del Sr. Orive hállanse hoy a la expectativa para resarcirse del dinero entregado a los mangoneadores del mencionado ferrocarril (la Cía. Vasco Castellana)… En cambio los que canjearon las obligaciones por bonos lo tienen crudo» (13).

Otra iniciativa muy impactante fue la puesta en marcha de una granja modelo en el término de Erandio, dotada de todos los adelantos modernos y de la que obtuvo productos que merecieron primeros premios en los concursos agrícolas de Barcelona.
«En dicha granja —decía «El Liberal»— ha establecido una vaquería modelo, cuyas reses obtuvieron premios en cuantos concursos se presentaron, cabiéndole la satisfacción al Sr. Orive de haber sido de los primeros en España que se dedicaron a la esterilización de la leche por medio de un nuevo procedimiento de su invención (14).

A finales del siglo XIX y principios de XX se debatió la necesidad de esterilizar la leche, sobre todo después de los estudios de Koch sobre el contagio de la tuberculosis por esta vía.

En 1898, D. Salustiano Orive pidió en el Registro de Patentes una patente por 20 años de un procedimiento de filtración, esterilización y conservación de la leche por vacío que da por resultado un producto industrial denominado por el autor «Leche fosfatada, filtrada y esterilizada» (presentado en Madrid el 14 de abril de 1898) (15).

En esta ocasión la petición quedó «en suspenso» para ser aprobada con fecha 23 de mayo de 1898 (B.O. de 1 de junio de 1898) (16).

Sobre esta actividad decía el diario El Liberal en 1899, bajo el título «Bilbao científico industrial», que el Sr. Orive «compró numerosas propiedades en Erandio donde fundó una vaquería modelo y una explotación agrícola con máquinas de vapor, instalación para riegos, y alumbrado eléctrico».
«Cultiva en grande escala —dice— la remolacha azucarera para el ganado y de este tipo lo tiene holandés, suizo, de cruces mixtos, en términos que produce ciento sesenta litros litros que vende en Bilbao y en los grandes establecimientos, teniendo, además, privilegio de invención por veinte años para un procedimiento de leche esterilizada y filtrada, que expende a todas las provincias de España, teniendo depósitos en Madrid, Valladolid y otros puntos».
«En lo que podría llamarse higiene alimentaria, la leche fosfatada, filtrada y esterilizada por el procedimiento de la invención del Dr. Orive, tiene una importancia que la medicina le ha reconocido diferentes veces…» (17).

Otros negocios de D. Salustiano fueron los referentes a la minería, presidiendo la Sociedad Minera Euskaro-Castellana, poseedora de las mejores minas de antracita de la provincia de León (18). En algunos de estos negocios fue socio D. Nicolás de Madariaga (19).

Viñeta alusiva a la guerra entre el Odol y Licor del Polo, promovida por el primero, que por eso derrota a su contrario.

Otros productos
Como buen farmacéutico, no se contentó D. Salustiano con dar a luz al Licor del Polo, sino que compuso otros varios específicos que lanzó al mercado con pródiga publicidad.

Hacia 1890 lanzó su «Bálsamo anodino antirreumático de Orive» que vendía a dos pesetas el frasco. Para que el público no se confundiera les decía que pidieran el «Bálsamo de color verde» y que pusiera «Farmacia de Orive» (20).

Estuvo anunciándolo hasta 1910, asegurando que los dolores reumáticos desaparecían con su «Bálsamo verde».

En ocasiones, como con el Licor del Polo, hacía uso del humor negro. Así en un anuncio decía que los que se tiraran al agua con intención de suicidarse debían tomar previamente un frasco del bálsamo antirreumático por si se salvaban y quedaban reumáticos, «que era la más desastrosa jugada» que podía sobrevenirles (21).

Otro específico de Orive fue un jarabe antihelmíntico para arrojar la solitaria.

Anteriormente vendió en su farmacia varios tenicidas, pero en 1878 decidió fabricar el propio lo que hizo con el Dr. Urruma socio suyo en el lugar.

Se comprometía a expulsar la tenia en ocho horas, pero había que medicarse en la misma farmacia. A quien no le hacía efecto no le cobraba nada. El precio era alto, nada menos que 400 reales, es decir, 100 pesetas, toda una fortuna entonces. Con ese precio los enfermos podían echar hasta el bofe (22).

Tuvo como competencia al célebre Gisbert que se retiró por razones de salud en 1880. Otro era el farmacéutico madrileño Moreno Miquel, que vendía unas «cápsulas tenífugas» con las que consiguió que un sujeto arrojara una tenia de 132 varas que llevó a la Exposición Farmacéutica celebrada en el Jardín Botánico y que fue admirada por el propio rey Alfonso XII el domingo 3 de diciembre de 1882 (23).

Ante semejante competencia D. Salustiano se dedicó al Licor del Polo y dejó el sucio negocio de las tenias al poco tiempo de iniciarlo.

Más placentera fue la composición y venta de la Colonia Orive. Se vendían entonces multitud de aguas de colonia, muchas de ellas francesas, como la de Botot, la Imperial, Libeuf, Archiduquesa, algunas de las cuales se publicitaban como medicinales.

Harto de ver pasar el negocio por delante de sus narices, D. Salustiano decidió meter la mano en el pastel y tomando de acá y de allá aromas y fragancias creó la «Triple Agua de Colonia de Orive», premiada en París, universalmente proclamada, la más barata, etc., pero que no debía confundirse con las perniciosas e ínfimas que pululaban por todas partes, y para ello debía comprobarse que llevaba la marca S. Orive en blanco sobre verde en el cuello de la botella.

El primer anuncio apareció en la prensa nacional de en El Imparcial en 1879 (24).

Durante muchos años acompañó en las páginas de los periódicos al Licor del Polo e incluso juntos y hermanados aparecieron el algún cuarteta ripiosa:

El Kaiser, el Zar y el Komprinz
el Sultán y hasta el Khedive
usan el Licor del Polo
y el Agua de Colonia de Orive (25).

Si las caries, el reumatismo y los parásitos intestinales era afecciones comunes en la España de D. Salustinano, no menos frecuentes eran los catarros y las toses.

Se tosía por todo, por la tuberculosis, por la bronquitis, la tosferina, el asma, los nervios…, en fin, nadie se libraba y, por tanto, ahí había un buen negocio para el avispado Sr. Orive, cansado de vender en su farmacia cosas tan inútiles como la «Zarzaparrilla Universal», refresco depurativo curalotodo o el jarabe sulfofénico de Dios e hijo (¡qué razones sociales!) que hacía desaparecer el vicio herpético (enfermedad, por cierto, muy borbónica).

Así que manos a la obra y a urdir un remedio contra el romadizo y las toses impertinentes. En principio se concedió al «Agua de Colonia Orive» la capacidad de curar los catarros frotándose con ella el cuerpo y así se anunció durante muchos años alrededor de 1910-15. Así se mataban dos pájaros de un tiro, se perfumaba el pañuelo y se curaban los catarros.

Interior de la farmacia de estilo nazarí de D. Salustiano Orive en la calle Ascao de Bilbao donde montó una casa de baños.

Pero el jarabe Orive contra la tos será obra póstuma de D. Salustiano Orive y nacería a finales de 1913, obra de su hijo Julio (patente 23694, Julio Orive Ontiveros, 1913) (26).
«Si supiérais las malas consecuencias del toser común en los fuertes temperamentos, no dejaríais un día más sin convenceros de las insuperables virtudes curativas del Jarabe Orive» (27).

Otra invención curiosísima fue la de un reactivo para detectar si los vinos contenían fuchsina.
«El Sr. Orive, –decía un anuncio puesto en el «Diario Oficial de Avisos de Madrid»– va a poner en venta los frascos del reactivo y unas pequeñas jícaras de porcelana para hacer la prueba».

El procedimiento consistía en introducir una hebra de lana en el vino que se quería examinar y luego meterla en el reactivo. Si quedaba blanca no había fuchsina, si persistía algún color sí que la había (28).
«El Sr. Orive ha presentado su procedimiento en el Ministerio de Fomento y en la Dirección de Aduanas como el más seguro y barato de cuantos existen» –apostillaba «La Correspondencia de España» (29).

La adulteración de los vinos con fuchsina preocupaba a las autoridades y los Srs. Sáenz Díez y Bonet, químicos, publicaron los métodos para detectarla. No consideraban seguro el de Husson. Tampoco el del Sr. Orive, ni el del Sr. Labarta, ni el del Dr. Vera, presentados a la administración. Los Srs. Sáenz y Bonet daban por bueno el método Romei (30).

La fuchsina o fucsina, así llamada por su color fucsia (también llamado magenta), se utiliza para dar color a los vinos. Hacia 1870 se adulteraron vinos españoles con fuchsina que resultaron tóxicas por los residuos de arsénico que contiene dicho colorante. Curiosamente, en la actualidad se emplea como sustancia reveladora de la placa dental.

Tal vez, uno de los momentos más gloriosos de la «Triple agua de colonia Orive» fue cuando la llevaron a la exposición Farmacéutica de diciembre de 1882, celebrada como hemos dicho en le Jardín Botánico de Madrid, con asistencia del rey Alfonso XII. En dicho acto, la colonia manaba de una fuente para que pudieran mojar sus pañuelos las damas asistentes. Una hermosa joven, cuando el rey se acercó al fragante manantial, le pidió su pañuelo y lo mojó en el aromático líquido, quedando S. M. gratamente satisfecho (31).

A veces, D. Salustiano recibía cartas dándole las gracias por la excelencia del Licor del Polo, del agua de colonia e incluso de su ron quina. Por ejemplo, la que le escribió E. Duran, desde Cazorla el 4 de septiembre de 1911 (32).

Aunque el producto estrella era el Licor del Polo, la colonia también se promocionaba, como puede comprobarse en el anuncio aparecido en La Época, en 1883.
«Agua de Colonia de Orive. La más superior, la más aromática y la más barata. No hay otra que la iguale en aroma fino y delicado, bondad exquisita y baratura incomparable. Compite ventajosa-mente con las de más fama de Inglaterra, Francia y Alemania; con la de Violet, Farina, Agua Florida y otras extranjeras. A igualdad de tamaño que las de más renombre, es tres veces más económica, siendo entre todas ellas la que se lleva la palma. Por eso está hoy de moda en la corte, y es la que hace furor entre las gentes del buen tono apreciadoras de los perfumes finos, delicados e higiénicos y por añadidura muy económicos; cualidades que reúne la superior «Farmacia de Orive, Bilbao», en el vidrio y en la cápsula, la firma S. de Orive en blanco sobre verde y oro en la gargantilla del cuello y la marca de fábrica, y así se evita la falsificación» (33).

A finales del siglo XIX se popularizaron los baños caseros y las casas de baños.

Según el Dr. Salvador Landa, en el artículo citado, dice que D. Salustiano compuso también un Vino tónico de Orive y un Aperitivo de Orive para los que padecían del estómago (34). El mismo autor recuerda que D. Salustiano fabricaba un potente matarratas al que dio el nombre de Espigamarsil, acróstico formado con las primeras sílabas de los nombres de los pretendientes de sus hijas que eran Espinosa, Gamarro, y Río Sales, lo cual da idea del cariño que les tenía (35).

La «Razón Orive e hijos», una vez muerto el prócer comenzaron a publicitar la Pasta dentífrica Orive «lo mejor para limpiar la dentadura». Costaba 1 peseta y prometía encías rosadas como el carmín y dentadura blanquísima (36). Hasta 1918 estuvo anunciándose como el complemento del Licor del Polo.

La faceta política de don Salustiano Orive
D. Salustiano Orive, con 26 años (ya no era un niño, vivió en Madrid la caída de Isabel II y el ambiente de la «Gloriosa», la revolución que destronó a la monarquía y dio alas a partidos e ideas políticas de todo tipo, algunas muy extremistas y revolucionarias, particularmente influidas por Proudhon, Bakunin y Laforgue, el yerno de Carlos Marx, que estuvo en España (Laforgue era de Santiago de Cuba, se casó con Laura, hija de Marx y acabaron suicidándose juntos).

Ya hemos visto las delirantes proposiciones del farmacéutico Somolinos a propósito de la libertad de enseñanza («¡Abajo las horcas caudinas!» «Sócrates, Aristóteles y Séneca no tenían títulos universitarios», etc.).

Hay pues, en esa época, una fuerte reacción contra la monarquía y la religión católica. En este sentido, D. Salustiano se transforma de antiguo seminarista en un «liberalote» de tomo y lomo, de esos que a punto de morir tenían la escopeta cargada al lado de la cama para disparar sobre el cura si osaba entrar para darle la extremaunción.

Ya en Bilbao, se afilió al Partido Republicano como federal de Pi y Margall y en 1881 firmó la Constitución de Zaragoza, documento donde se llegó a un tipo de acuerdo entre las diferentes facciones federales para mantener la unidad de España y no caer en el cantonalismo de 1873. De esa reunión salió presidente del partido el Sr. Estanislao Figueras.

En Bilbao, las figuras más sobresalientes del Partido Republicano como federales fueron el propio D. Salustiano, D. Nicolás de Madariaga, formado en Oxford (padre de D. Ramón de Madariaga) y un sastre llamado Isidoro Beltrán.

El P. R. Federal mantuvo siempre disidencias entre las diferentes federaciones. En 1884 D. Salustiano dirigía (y era propietario) un periódico, el «Euskaldun» que seguía y se hacía eco de las disputas entre los correligionarios aragoneses (37).

En 1883 acudió como representante de Vizcaya a la Asamblea Federal (otra olla de grillos) y escribió un libro sobre ella en colaboración con el Delegado de Castellón (38).

Estas actividades le costaron la enemistad y el odio de los conservadores de Bilbao y en una ocasión sufrió, mientras paseaba por el Campo Volantín, la agresión de un «caballerete» que, según refería el «Irurac-bat», le sacudió un puñetazo en el cuello del cual se defendió con un bastón haciendo huir al agresor (39).

Pi y Margall murió en 1901 y D. Salustiano contribuyó a la cuestación para erigirle un monumento (40). Según una tataranieta suya, la rebotica de la calle Ascao 7, era el centro de reunión de los federalistas de Bilbao y allí debían explayarse de lo lindo con gran consternación de su esposa D.ª Vicenta, hija de un general carlista y de sus propias hijas, educada «como Dios manda».

De su extremismo político son frases como «¡Abajo los intrusos!» o «¡Abajo los explotadores!», que ponía en sus anuncios para publicitar, por ejemplo, su «Licor tenicida infalible».

Es posible que considerara a las tenias como «intrusos» y hasta como «explotadores» pues chupaban la sangre del pueblo.

Su espíritu, desde luego, fue progresista y regeneracionista. Electrificó sus vaquerías, dio trabajo a muchas mujeres en su fábrica de Deusto y luego en Logroño.
«Trabajando con constancia… se va a la regeneración, lo demás es música del porvenir» decía en 1899, cuando España estaba desanimada por la pérdida de las colonias (42).

Sus esfuerzos por la esterilización de la leche y por la higiene en sus centros de trabajo también corroboraron su espíritu moderno.

En 1907 El Liberal publicaba una columna titulada «La casa higiénica», donde un obrero de la fábrica de Deusto informaba que su casa (facilitadas por el Sr. Orive) estaban orientadas al mediodía, sus habitaciones bien ventiladas y con 40 metros cúbicos de aire respirable. Tenían cocina, tres estancias, retretes, agua filtrada gratuita, luz eléctrica por la que pagaban 2 pesetas al mes. El alquiler de tales casas era entre 12 y 30 pesetas, según su superficie (43).

Su personalidad concitó, como hemos visto, odios y amores, pleiteó con poderosos enemigos (el Odol o los ferrocarriles), pero también tuvo admiradores que, incluso, le dedicaron poemas, como Cesáreo Sanz de Balmaseda:

Al descubridor del Polo
Orive, don Salustiano
es un ilustre riojano
que ha de pasar a la historia
con aureola de gloria
por su ingenio soberano.

Estudió siendo viajero
la importancia de los polos
y al mirar que un mundo entero
giraba sobre dos sólo
descubrió Orive el tercero.

Desde entonces transporte
de alegría el mundo vive
y en su afición al deporte
ya no busca el Polo Norte
que busca el Polo de Orive.

De virtudes excelentes
que hace que las nobles gentes
de España, en cualquier contienda
puedan enseñar los dientes
a todo el que las ofenda (44).

Su amigo Luis Barrón y Urien le dedicó un soneto:
Al Parnaso subí, quedé admirado
al contemplar su colosal grandeza
y el portento que vi de su riqueza
no lo hubiera jamás imaginado.

De paisaje bellísimo cercado
miré de un horizonte la pureza
y el sentir de las musas la belleza
me creí de gloria coronado
y dije yo: muy grande es la ventura
de que gozáis, al par de la hermosura
con el cielo igualándola tan solo.

Y una me contesta: no es tan completa
desde que goza tu ideal planeta
del de Orive sin par Licor del Polo (45).

El espíritu regenerador y crítico de D. Salustiano (y de sus herederos) queda patente en este anuncio póstumo (apareció unos meses después de su muerte).

Decía así:
«¿Por qué no prospera la nación española? Por falta de iniciativas, por sobra de vagancia, porque todo se espera del juego; nada del ahorro. Aquí se quiere ser potentado al día siguiente de un discurso fascinador. Los políticos dando ejemplos perniciosos al pueblo, valiendo lo mismo para ministros de Hacienda que de Marina, y no valiendo para organizar sus casa ni educar a sus hijos, todo lo pervierten. Excitando a la vagancia por medio de las loterías, procedimiento social de verdadera inmoralidad, corrompen al pueblo y le empujan al fatalismo. Se dice: qué suerte tiene el marqués del Riscal, Félix Azpilicueta, C.ª Vinícola del Norte de España, etc., comerciantes encanecidos, industriales de abolengo, el autor del Licor del Polo, etc. ¡Y cuán falsa es tal afirmación! El trabajo honrado, la constancia: he ahí el milagro. Jamás la suerte fue la Clió de los vagos» (46).

Gran publicista
Desde sus comienzos en la década de los años setenta del siglo XIX hasta el momento de su muerte, D. Salustiano inundó de anuncios la prensa dando a conocer las virtudes de sus específicos. Fue un maestro de la propaganda y de la polémica escrita. Tocó todas las fibras populares y populistas, a pesar de ser un federalista se mostró patriota como ninguno (para defender sus intereses).

Las duchas formaban parte de la hidroterapia.

Regalaba sus productos a los soldados de Melilla (47), publicaba testimonios de su laboriosidad que engrandecía España, publicaba también, eso sí, alabanzas de consumidores agradecidos.

Ya al final de su vida promovió la rifa de un chalet, en la que nos fijaremos, pues fue un pionero de las actuales sorteos de automóviles, electrodomésticos y apartamentos.

Desde el 9 de agosto de 1911 hizo reproducir en multitud de periódicos un anuncio donde se comprometía a regalar un chalet a quién obtuviera un boleto tras la compra de seis pesetas en las que entraba un bote de Licor del Polo (2 frascos) y un frasco de agua de colonia, si dicho boleto coincidía con el «gordo» del sorteo de la lotería del 20 de enero de 1912.

El chalet (construcciones Guimon) estaba situado en Jauregieta, cerca de Erandio, a veinte minutos de Bilbao, con diez trenes diarios. Constaba de dos pisos, con tres retretes, 500 litros de agua exenta de bacterias (traída del manantial mediante tubería de hierro galvanizado). Tenía una huerta y la superficie total era de 1382 metros cuadrados.
«Residencia propiamente veraniega —decía— a quince minutos del mar» (48). Aparecieron anuncios del chalet en «Siglo Futuro», «Época», «Correspondencia Militar», «El País», «Alrededor del Mundo», «Gedeon», «Correspondencia de España», «Nuevo Mundo», «El Liberal», «El «Imparcial» y «Heraldo de Madrid».

Mientras tanto, aseguraba que los grandes bacteriólogos Pasteur, Koch, Camberland decían que los mejores antisépticos y bactericidas eran los que se obtenían de los vegetales (El Licor del Polo) (49).

El 6 de enero de 1912 ordenó a los periódicos que dejaran de poner la foto del chalet (50).

El 21 de enero de 1912 emitió un comunicado informado que ningún boleto había coincidido con el número de la lotería del 20 de enero de 1912, pero que los guardaran para ulteriores sorteos «pues su deseo era regalar el chalet» (51).

Publica una de las miles de cartas recibidas, de Emilio Durán, de Cazorla, enviando las 6 pesetas para el sorteo y confesándole que desde hace 12 años usa el Licor del Polo y nunca le han dolido las muelas. En cuanto a la colonia dice que es mejor que las de Sevilla, Murray y Leman, cuyo efecto es muy fugaz (52).

El 28 de enero de 1912, al no haber tocado a nadie el chalet, arbitra otro sorteo para el 20 de enero de 1913 en iguales condiciones (53). Hacia junio de 1912 vuelve a insertar en la prensa el anuncio con la fotografía del chalet e idéntico texto. Tampoco hubo suerte en 1913, por lo que se repitió la oferta para 1914. La muerte de D. Salustiano el 15 de mayo de 1913 dejó en suspenso la suerte del chalet, del que nunca más se supo. Fue una campaña intensa y cara en toda la gran prensa nacional. D. Salustiano se daba cuenta en 1911 que otros dentífricos, como el del Dr. Pierre (del que tomó el reclamo de las opiniones de Pasteur, Koch y Chamberland sobre los antisépticos vegetales) desarrollaban campañas publicitarias tan grandes como las suyas. Y «otros noveles que acababan de nacer» (54), «baraunda de dentífricos que van al hoyo» (55).

En 1910, la casa Gal lanzó el dentífrico Cuzzani, compuesto por el profesor Cuzzani, el dentista de Romanones, que fue elogiado por «El Siglo Medio» y resaltado por «El Liberal» dada su baratura, buen aroma, antiséptico, etc (56).

Si don Manuel Cuzzani inventó su dentífrico, otro gran dentista, el líder de los dentistas españoles (D. Florestan Agrula), en 1909, había patentado nada menos que el Perborol, uno de los grandes del futuro.

Por tanto, negros nubarrones se cernían sobre el Licor del Polo y había que dar un golpe de efecto. Este fue el chalet de Jauregieta.

Aguas de colonia, evidentemente, había muchísimas para competir con la de Orive, por ejemplo, la de Ninon, que se llamaba así en honor a Ninon de Lenclos, mujer que seguía conquistando corazones a los ochenta años (16 de mayo, 1910, «Ilustración Española y Americana») o la de la perfumería Coppelia, que costaba 2 pesetas el litro (57), o las de la perfumería La Giralda, o la I Imperial (fragancia exquisita), o la concentrada; demasiada competencia para estar tranquilos.

El Sr. Orive se las veía venir y para prevenir que le dejaran en el pelotón de cola no había otra solución que la publicidad a tope.

Otro aspecto de la propaganda fue la inclusión de pequeños poemas de corte satírico, pareados, tercetos, cuartetos, quintillas, etc., algunos bastante zafios y todos oportunistas y pegados al terreno.

Desde luego no pretendían alcanzar el Olimpo, ni siquiera unas líneas en ninguna antología poética, pero servían para llamar la atención sobre los productos que les interesaba, generalmente el Licor del Polo y el Agua de colonia de Orive.

La producción es infinita y por eso solo vamos a mencionar unos cuantos.

En la higiene de la boca
porque Orive se desvive
no hay dentífrico que iguale
al Licor del Polo Orive.
La Época, 24 de marzo 1904

El Congreso trae revueltos
a ministros y visires
Igual que El Licor del Polo
a otros cien mil elixires
«Nunca pa tras
tú lo verás».
El Informal, 31 de enero de 1904

Del amor es el más dulce embeleso.

Juntar los labios y cambiar un beso
y más si entre los labios se percibe
aromas de Licor del Polo Orive.
El Imparcial, 13 de febrero de 1904

De la boca Don Bartolo
padecía horriblemente.

Empleó Licor del Polo
y hoy está perfectamente
Alrededor del Mundo, 11 de enero de 1904

Las muelas le dolían a Pocholo
y desde ayer ni chilla ni alborota.

Caramba, bien se nota
que calmó su dolor Licor del Polo
La Época, 10 de marzo de 1927

En Babia Rosita vive
quiere tener pretendientes
y no usa para los dientes
Licor del Polo Orive
La Correspondencia Española, 13 de enero de 1922

Uno de los que más éxito alcanzó fue el de:

Al Polo fue Sisebuto
hace un año y ya no escribe
¿Habrá muerto de escorbuto
por no llevar el muy bruto
Licor del Polo de Orive?

A veces se valía de personajes o lugares famosos:

Después del descubrimiento
de América por Colón
Licor del Polo de Orive
es la más grande invención
La Época, 18 de agosto de 1992

Belmonte, Bienvenida
Gallito y Rolo
usan todos los días
Licor del Polo
Y dice Fuentes
¡Olé los toreros
con buenos dientes!
El Imparcial, 10 de febrero de 1916

El Papa en una encíclica prescribe
el uso del Licor del Polo Orive
pues cree que cuando recen los creyentes
deben mostrar a Dios limpios los dientes.
La Época, 15 de marzo de 1927

Tres cosas hay en Basconia
que no conocen rival
El Árbol Santo Foral
Licor del Polo y Colonia
que a Orive hacen inmortal.
El Imparcial, jueves 27 de febrero de 1906

Hoy manda en su protocolo
la sociedad de Naciones
limpiar con Licor del Polo
la boca de los cañones.
La Época, 16 de febrero de 1927

Alusiones a poesías famosas (Don Juan Tenorio, Zorrilla):

Yo a los palacios subí.

Yo a las cabañas bajé.

Licor del Polo pedí
y en todas partes lo hallé.
La Correspondencia de España, 1 de marzo de 1914

Otras veces se refería a la longevidad:

Por no usar la de Orive, célebre pasta
dentadura postiza mi padre gasta
y en cambio por usarla, parte hoy al pelo
avellanas y nueces mi bisabuelo.
El Imparcial, 15 de marzo de 1927

El que estas quintillas escribe
muelas y dientes exhibe
aunque muchos años cuenta
porque usa desde
el setenta Licor del Polo de Orive.
El Imparcial, 28 de marzo de 1912

Esta última composición pudo ser escrita por el propio D. Salustiano que a sus sesenta y tantos años estaba muy orgulloso de conservar intacta su dentadura (menos las dos muelas que le sacaron en Madrid), por usar el licor de su invención. Sin embargo, un año después moriría.

Baño de vapor.

En ocasiones la publicidad le venía dada por las alusiones de autores costumbristas, como por ejemplo, Arniches, que en «El último chulo» ponía en boca del protagonista, Fermín, un piropo dirigido a ponderar la belleza de Engracia: «¡Gloria bendita!», «Licor del Polo» (58).

La presentación de los productos era aprovechada también. En un suelto del «Heraldo» se decía que habían admirado en un escaparate de una perfumería de la calle del Arenal «un elegante frasco de lujo de Licor del Polo de Orive», un verdadero lujo cuyo coste era tres veces el del envase original (59). En otro, es un «elegante pollo» el que pregunta a «una esbelta y bella señorita» «de qué perfumado edén emana la balsámica ambrosía que aromatiza sus enloquecidos suspiros y satura la deliciosamente esta atmósfera embriagadora…». No podía ser otra la causa, claro, que el Licor del Polo (60). Los oradores, cantantes y actores también usaban el Licor del Polo (61).

Tan maravilloso y tan taumatúrgico era el licor que incluso servía para curar las heridas «mejor que el árnica y el percloruro de hierro» (62). En fin, una maravilla que merecía proclamarse a los cuatro vientos. Y eso lo hizo D. Salustiano que confesaba anunciarse en más de 150 periódicos (63).

Fallecimiento y un original testamento
El 15 de mayo de 1915 moría D. Salustiano Orive en su chalet de la carretera de Soria, en Logroño, víctima de una afección renal, según asegura el Dr. D. Salvador Landa, en el artículo varias veces citado.

Los periódicos tardaron en dar la noticia resaltando la voluntad del finado de dar publicidad al hecho.

Uno de los más locuaces fue «La Correspondencia militar» que publicó el pésame, donde decía:
«Ha fallecido en Logroño, donde había establecido últimamente su residencia, el ilustre farmacéutico y popular autor del Licor del Polo y Agua de Colonia de su nombre, D. Salustiano de Orive.

El finado fue hombre de grandísimas simpatías en toda España y muy querido y respetado de cuantos tuvieron la fortuna de conocerle y tratarle. En esta casa deja imperecedero recuerdo, pues nos honraba con su amistad desde hace muchos años. Su acreditada invención del Licor del Polo habrá consagrado su nombre en el extranjero, considerándosele en todas partes como una legítima gloria española.

A su distinguida familia, los señores hijos de Orive, enviamos con tan triste motivo el testimonio de nuestro sincero pesar (64)».

Como suele suceder, los elogios póstumos son un tanto benévolos, cuando no decididamente mentirosos. Puede que D. Salustiano tuviera muchos amigos, pero lo que la Correspondencia callaba era la legión de enemigos que le aborrecían cordialmente. Esto no es peyorativo. Todos los genios concitan simpatías y antipatías y D. Salustiano había sido un genio, se había metido en muchos patatales y había pisado demasiados callos.

Bañarse, descansar, leer el periódico… y fumar.

Por lo pronto, según la tradición (no hemos encontrado documentación fidedigna) había sido desterrado de Bilbao, por falso testimonio en un juicio, a una distancia no inferior a 150 km y por eso trasladó su industria a Logroño.

Esto más bien parece un cuento, pero en fin, eso dicen los enterados. Así que enemigos tenía unos cuantos, pero en lo que los periódicos guardaban silencio (quizá por no estar al tanto) era en la cuestión de la familia, a la cual daban el pésame, cuando no se podían ni ver, ni el padre a los suyos ni éstos a su padre.

Por lo pronto, cuando Orive murió, los periódicos repitieron una noticia bien extraña con el título «Desaparición de herederos» donde informaban que los testamentarios de D. Salustiano Orive habían presentado una denuncia en el juzgado «por la desaparición de un joven, menor de edad, heredero de dicho capitalista».

Al parecer, poco después del fallecimiento del prócer, un coche con dos personas desconocidas se habían presentado en el chalet de Logroño y habían secuestrado al niño. También se hablaba de la desaparición de un aldeano que tenía que recoger parte de la herencia (65).

Un día después aparecía otra nota donde se decía: «Se aclara el misterio», en la que D. Mario y D. Julio Orive, hijos de D. Salustiano, manifestaban que habían ido al chalet familiar a recoger un niño del que ignoraban quienes eran sus padres y lo habían llevado a una casa de campo donde estaba bien atendido (66).

Todo este embrollo se aclaraba en el testamento hológrafo de D. Salustiano, una pieza única que decía así:
«Yo, Salustiano Orive y Oteo, infanzón según justificante que acompaña a este testamento, con residencia mercantil en Logroño, viudo de Dña Vicenta Ontiveros y Torre, hijo de Bernardo y Evarista, ya difuntos, natural de Briones, provincia de Logroño, expreso a continuación mis disposiciones testamentarias: De mi matrimonio tengo cinco hijos, declaro asimismo tener uno natural llamado Salustiano.

Con pena declaro que todos mis hijos de matrimonio han correspondido en manifiesta ingratitud al cariño y generosidad, a ninguno debo atenciones, sino ofensas grandísimas. La codicia insaciable e inmoral se ha manifestado repetidas veces de modo altamente denigrante para ellos y ofensivo para mí. Algún día la conciencia les roerá el alma y llorarán lágrimas de sangre.

En consecuencia, no pudiendo olvidar tan inicuos prócederes, adopto las precauciones necesarias para preservar mi fortuna de toda disipación y evitar que caiga en las personas que han codiciado adquirirla ilegítimamente con hechos y demostraciones más expresivas, sin reparar medios, los más bochornosos y criminales, utilizándolos en su beneficio material.

Acepto a mis hijos con la legítima del Fuero de Vizcaya a que está sometida mi herencia, excluyéndolos de ésta con una teja, un árbol y un real de vellón y un puñado de tierra.

Instituyo por únicos y universales herederos a mis hijos Salustiano (hijo natural) y Julio. A mi hijo Salustiano como heredero de todos mis bienes muebles: de los derechos a ser el solo propietario y dueño de las fórmulas de mi Licor del Polo, de mi Agua de Colonia, polvos de Talco, jabón y productos dentífricos.

Quedaría excluido de mi herencia el heredero que profese en orden o congregación religiosa: El que todo lo espera de ultratumba nada necesita de este mundo terrenal.

Dejo quinientas pesetas durante 80 años para obras benéficas en general… pero prohibiendo absolutamente que de esta pensión se distraiga ni un céntimo para objetos ni fines religiosos.

Lego a mi pueblo de Briones las cantidades siguientes: cincuenta mil pesetas distribuidas en anualidades destinadas a construir una escuela.

Dos mil pesetas durante 80 años para sueldo del profesor y material. El profesor no tendrá a cargo más de 60 niños y si excede serán dos profesores. Lo mismo digo para la maestra o maestras de sexo femenino.

En una y otra escuela se excluirá en absoluto las enseñanzas de todo dogma religioso. Mis testamentarios se cuidarán con especial celo de que no se tuerzan, violenten ni interpreten mis ideales que son los de formar hombres y mujeres honrados, ciudadanos dignos de pública estimación sin prejuicio de misterios que nublen los cerebros como la hacen todas las religiones positivas.

Quinientas pesetas anuales durante el mismo plazo para reposición y conservación de los instrumentos musicales. Prohíbo que con mis instrumentos se acompañe en procesiones y otras fiestas religiosas. La obligación de los músicos será tocar los días festivos con objeto de retirar de las tabernas y casas de juego a la juventud guiándola por la educación artística.

Firmado el 12 de diciembre de 1912».

Este testamento amargó la vida de sus hijos, nietos y biznietos. Fue revocado, pero sirvió a Salustiano para darles una lección. Al fin y al cabo D. Salustiano decía que no creía ni en Dios ¡ni en el Licor del Polo!

Hijos de Salustiano Orive
Parece ser que el famoso y desopilante testamento de D. Salustiano fue anulado por la familia «legítima», que a la postre siguió con el negocio. Del hijo natural, Salustiano, no se volvió a oír hablar de él, al menos en la prensa. El hecho es que apenas tres meses después de la muerte del arisco patriarca, el Heraldo de Madrid dedicó unas páginas a «Logroño en fiestas», destacando aspectos positivos de la ciudad en los campos culturales, artísticos, industriales, etc.

Entre esos reportajes se incluyó uno bastante extenso a la fábrica y negocio de lo que ya se conocía como «Hijos de Salustiano Orive». El periodista visita el emporio de la carretera de Soria y describe los pabellones industriales y la puerta rodeada de una imponente verja.

Las edificaciones eran dos. Una, el chalet vivienda de los propietarios (digno de la Costa Azul) y otra, donde se fabricaban los específicos y donde vivían algunos empleados.

Reciben al periodista los dos hijos, Mario, médico especialista en garganta, nariz y oído, con ejercicio en Bilbao; y Julio, farmacéutico que regentaba la farmacia de la Calle Ascao y vivía con sus tres hermanas.

Al parecer, los herederos habían recibido ofertas millonarias por el negocio pero habían decidido seguir adelante con él (de hecho Julio había patentado un nuevo producto).

El periodista recuerda la personalidad de D. Salustiano y cuenta alguna anécdota de su carácter, como la sucedida en un hotel de Barcelona donde increpó a un huésped al que le dolían las muelas por no usar el Licor del Polo.

Parece ser que hacía firmar un documento a los obreros de la fábrica en el que se decía que «cualquier dolencia de la boca, transcurrido un mes de uso de Licor del Polo sería causa de despido si no se justificaba que procediera de causa mayor».

Acompañado de Mario, el periodista visita las instalaciones donde se fabrican el Licor del Polo, el agua de colonia, los polvos dentífricos, el bálsamo antirreumático y el Ron-quina.

Un viejo empleado, Maximiano, le enseña los extractos de rosas, jazmín, almizcle, etc.

Visita también las cómodas habitaciones de los obreros y la huerta poblada de hermosos árboles frutales. Mario le explica que venden sus productos solo a tres casas, la de Vicente Ferrer, en Barcelona, la de Pérez Martín, en Madrid y la de Uriach. Cada mes le envían 60.000 frascos de Licor del Polo como mínimo. También envían sus productos a América y otros lugares. Confiesa que se anunciaban en más de 150 periódicos (67).

Al parecer, pues, todo estaba en calma y la empresa seguía adelante. Efectivamente seguían anunciándose en la prensa, aunque cada vez con menos intensidad.

Posiblemente, los pleitos familiares hicieron perder fuelle al imperio de D. Salustiano, que fueron quedándose rezagados frente a sus grandes competidores de los años veinte.

Efectivamente, por esos años las publicaciones semanales de lujo como «La Esfera», «Blanco y Negro», «La Ilustración Española» y «Americana», «La Moda Elegante Ilustrada», «Mundo Nuevo», «Mundo Gráfico», etc., comenzaron a incluir la propaganda de casas tan fuertes como Colgate, la casa Calber (de San Sebastián), Gal, de Barcelona, la casa Peele, Perfumería Floralia, Dens, Sanolan, Enthymol, Pepsadent, Federico Bonet con su Prophylactic, Kolynos, Perborol, pasta de fresas La Giralda (de la familia Luca de Tena), Blan-kor, Fulgoral, Listerine, etc.

Ahora, estas casas eran más imaginativas y empleaban los anuncios en color. Por ejemplo, la casa Calber se anunciará en Blanco y Negro con ilustradores como Baldrich. La perfumería Gal contrató a las mas bellas artistas del momento como modelos para la publicidad de sus detífricos, entre ellas a Consuelo Mayendía, del teatro Apolo, María Fernanda Ladrón de Guevara, la Goya (tonadillera), Ana Adamus, Matilde Asquerino, Lydia Lopoukova (bailarina rusa), Teresa Saavedra (tiple española), etc.

La casa Peele también organizaba concursos de belleza femenina con premios de 1.500 pts (1919).

Floralia cuenta con ilustradores como Varela de Seijos, Ramírez, Rafael de Penagos, Loygorri, Barrios, Juan José, etc.

Al lado de este despliegue, con páginas enteras en color y con ilustraciones magníficas, los anuncios del Licor del Polo y la colonia se van empequeñeciendo hasta quedar reducidos a los cada vez más anticuados chascarrillos, paulatinamente menos graciosos.

El gigante de la propaganda de finales del siglo XIX y principios del XX ya no existía para hacer frente a los nuevos retos y sus hijos, como buenos herederos, no estaban a su altura; haciendo bueno el adagio de «el padre lo enriquece, el hijo lo empobrece y el nieto lo envilece». Por ejemplo, el temperamento y la ideología de Mario no estaba para estos trotes, dadas sus inclinaciones anarquistas. Así es que, como decimos, los productos de la casa Orive van perdiendo terreno ante las nuevas y fulgurantes estrellas.

Incluso el Odol (del que se habla en números anteriores de Gaceta Dental) vuelve a anunciarse en los semanarios citados. El colmo. ¡Ay si don Salustiano levantara la cabeza!

El hecho es que, hacía 1926, dejan de aparecer, incluso, los anuncios en la prensa diaria. Después de la guerra volvieron con el dentífrico El Torero, que se hizo famoso porque dejaba las encías rojas.
Galería de imágenes

Artículo elaborado por:
Dr. Julio González Iglesias

Profesor Historia de la Odontología
Universidad Alfonso X El Sabio
Madrid

Dr. Julio José González Pérez
Doctor en Odontología. Implantólogo.

Dr. Jorge González Pérez
Profesor de la Facultad de Odontología.

Universidad Alfonso X El Sabio. Madrid.

Bibliografía
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2. La Iberia, jueves 3 de marzo. 57, 1884: 4.

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4. ABC, lunes 24 de septiembre, 620, 1906: 1.

5. Correspondencia de España, lunes 24 de septiembre, 17757, 1906: 4.

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7. La Época, 10 de enero de 1907, p. 3.

8. El Imparcial, viernes 25 de marzo, 20969, 1927: 3.

9. La Voz, 7 de marzo, 2304, 1928: 4.

10. www.elcorreo.com//Balneario Ascao-20080421.html

11. Diario Oficial de Avisos de Madrid. Miércoles 12 de noviembre. 137. 1913: 3.

12. La conspiración militar, 12 de noviembre, 1079, 1913: 4.

13. Adelante, Madrid 5 de enero de 1912, p. 35.

14. El Liberal, jueves 26 de septiembre, 8022, 1901: 2.

15. Industria e Invenciones, Barcelona, 6 de agosto, 1898: 14

16. Ibid., 20 de agosto, 8; 1898: 15.

17. El Liberal, domingo 26 de marzo, 7114, 1898: 2.

18. El Liberal, jueves 26 de septiembre, 1901, p. 2.

19. Landa Llona S. Revist. Vasca de Odontoest., vol. 19, n.º 3, 2009, p. 14.

20. La Iberia, Madrid, lunes 20 de octubre, 12130, 1890:4.

21. La Ilustración española y americana, Madrid, 29 de febrero, n.º VIII, 1908:p. 15

22. El Imparcial, domingo 13 de enero, ?, 1878: 4.

23. La Iberia, domingo 3 de diciembre, 8084, 1882: 2.

24. El Imparcial, martes 25 de febrero, 1879: p. 4.

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26. Industria e Invenciones, 6 de diciembre de 1913: 8.

27. Mundo Gráfico, año III, 12 de noviembre, 107; 1913: p. 27.

28. Diario de avisos de Madrid, sábado 31 de mayo, 151, 1879: 3.

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33. La Época, miércoles 6 de junio, 11100, 1833: 4.

34. Landa Llona S. op cit., p. 14.

35. Ibid., p. 14.

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37. La República, Diario Federal, sábado 12 de abril, 62, 1884: 1.

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39. La República, Diario Federal, 30 de mayo, 103, 1884: 3.

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