Carmelo Sanz, presidente de Fenin, Consuelo Sánchez Naranjo, subsecretaria del Ministerio de Sanidad y Política Social; Margarita Alfonsel, secretaria general de Fenin, y Juan del Llano, director general de la Fundación Gaspar Casal

“Los estudios apuntan que las tecnologías sanitarias no impulsan el crecimiento del gasto sanitario al mismo nivel que otras áreas”

“Los estudios apuntan que las tecnologías sanitarias no impulsan el crecimiento del gasto sanitario al mismo nivel que otras áreas”

“La evaluación económica ha de jugar un papel crítico en la incorporación de tecnologías sanitarias”, aseguró Rosa María Urbanos, profesora titular del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, en el marco de la III Jornada “La innovación en la tecnología sanitaria: Garantía para la perdurabilidad del SNS”, impulsada por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) y la Fundación Gaspar Casal, celebrada el pasado 25 de noviembre. En esta línea, añadió que “deberíamos decidir sobre la incorporación de nuevas tecnologías, igual que ya hacen en algunos países, en función de los resultados que ofrecieran los estudios de coste-efectividad”. Además, explicó que “a estos estudios se pueden añadir consideraciones de equidad para evitar que el análisis esté únicamente dirigido por motivos de eficiencia”.

En lo relativo a las desigualdades de acceso a las tecnologías la profesora Urbanos destacó que “si lo que queremos es garantizar la equidad en el acceso a las tecnologías, lo primero que debemos hacer es definir el propio término”. A partir de esta premisa, el análisis de la profesora Urbanos fue más allá, en el sentido de que replantea desde la base las diferencias del Sistema: “Nos hemos dotado de un SNS que permite a las comunidades autónomas tomar decisiones que las diferencian entre sí. En consecuencia, ya hemos decidido implícitamente que no todas las desigualdades que tienen lugar entre autonomías son injustas o indeseables”, apuntó.

En este sentido, esta experta declaró que “en todo caso, si deseamos corregir algunas diferencias en la dotación y el acceso a las tecnologías sanitarias, sería conveniente establecer incentivos financieros orientados precisamente a ese fin”. Como ejemplo de esta propuesta, “una posibilidad sería crear un fondo específico a tal efecto, sobre el que habría que realizar un seguimiento a partir de indicadores objetivos que permitieran modular la cantidad a recibir por cada comunidad autónoma”.

En opinión de Rosanna Tarricone, directora ejecutiva del Instituto de Tecnología de la Salud para la Investigación Socio-Económica, “aunque existe la necesidad de encontrar una mayor evidencia científica, hay estudios en Estados Unidos, Reino Unido e Italia que concluyen que las tecnologías sanitarias no impulsan el crecimiento del gasto sanitario al mismo nivel que otras áreas como las salariales o las de otros tipos de asistencia sanitaria”. De acuerdo con esta experta en economía de la salud, “las tecnologías sanitarias no son uno de los principales impulsores del gasto sanitario, al contrario de lo que muchas veces es creído por los decisores políticos, que no siempre son conscientes del verdadero valor que aportan las tecnologías sanitarias al sistema”.

En esta idea coincide Hugo Villegas, coordinador de la Comisión de Desarrollo e Incorporación de Tecnología Sanitaria de Fenin: “Es necesario buscar mayor homogeneidad en la evaluación de las tecnologías sanitarias en cada una de las comunidades autónomas”. Por ello, considera necesaria una mayor coordinación entre las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias, “ya que en España existe una altísima descentralización en la toma de decisiones a ese respecto”, apostilla.

Respecto a la incorporación de las mismas al sistema, Hugo Villegas apuesta por cambiar algunos conceptos socialmente extendidos. “En contra de la idea de que la innovación es un enemigo para la sostenibilidad del sistema sanitario, debe ser vista como el gran aliado, siempre teniendo en cuenta que se tiene que incentivar la innovación eficiente, es decir, que la relación coste beneficio sea positiva”.

En este sentido, Rosanna Tarricone subrayó que los decisores sanitarios adoptan medidas más centradas en un corto periodo electoral que a largo plazo, “cuando son precisamente las medidas estructurales las que mayor eficacia tienen en el sistema”, señaló. Por este motivo, esta experta llama a la creación y difusión de más foros de debate como el impulsado por Fenin y la Fundación Gaspar Casal.

En este contexto, Margarita Alfonsel, secretaria general de Fenin, indicó que en el análisis del presupuesto sanitario en muchas ocasiones no se ven los ahorros indirectos sino el coste, por lo que insta a la clase política a un replanteamiento de la evaluación de las tecnologías sanitarias, que bajo su visión, debe tener en cuenta los siguientes aspectos: “que se realice de forma transparente, que asegure que los clínicos participen en las decisiones porque van a ser sus herramientas tecnológicas de trabajo; alentar la asignación suficiente de recursos; e impulsar la relación de cooperación entre todos los agentes del sistema”.

Respecto a este último punto, Margarita Alfonsel destacó que “la industria de tecnología sanitaria ocupa una posición única como socio catalizador en el Sistema Nacional de Salud (SNS), porque refuerza las interacciones entre todos los agentes implicados”.

Asimismo, Margarita Alfonsel hizo referencia al estudio “La aportación de las empresas de Tecnología Sanitaria a la sostenibilidad del sistema sanitario español. El sector de Tecnología Sanitaria: de proveedor a socio estratégico”, elaborado por Fenin, en colaboración con la consultora PricewaterhouseCoopers. Según este informe, el 45% de las empresas del sector de tecnología sanitaria cree que no existen mecanismos de coordinación adecuados entre las comunidades autónomas en aspectos tanto técnicos como estratégicos y más de la mitad de ellas los consideran insuficientes.

Por otro lado, y a modo de ejemplo del ahorro que puede suponer el uso de las tecnologías sanitarias, Hugo Villegas apunta que, de los aproximadamente 2,25 millones de intervenciones quirúrgicas al año que se producen en España, la tasa de infección quirúrgica es de un 5,6%, por lo tanto se dan más de 125.000 casos de pacientes infectados al año. En este sentido, indica que el coste adicional de una sola infección supone al hospital 2.400€, y en total, las infecciones quirúrgicas generan al sector sanitario en España un coste de 300 millones de euros al año en términos de cuidado adicional a los pacientes. “Sin embargo, emplear tecnologías sanitarias como suturas con antiséptico puede reducir de manera muy importante las infecciones, a un coste muy bajo”, concluye.