D. Alfredo Muñiz Arija

Los avances estéticos de la nueva era en la que vivimos están llevando a los jóvenes a colocar en su boca determinadas joyas las cuales pueden provocar muchas complicaciones.

Este afán de los jóvenes por estar al último grito de la moda, modificando o incluyendo distintas piezas de joyería en la boca, está llevando a multitud de complicaciones orales, las cuales en muchos casos son irreversibles o sólo son reversibles mediante intervenciones quirúrgicas.

El piercing oral es una de esas formas de estar a la moda. Consiste en la colocación bien en la lengua, atravesándola con un pendiente, o bien en los labios o carrillos con la colocación de otro tipo de pedrería.

La aparición del piercing oral no se puede concretar ni justificar a ningún movimiento en concreto. Ya los egipcios y los romanos usaban el anillado como señal identificatoria de determinados rangos sociales. Existen multitud de coincidencias y referencias al anillado también entre los marinos, piratas, esquimales y distintas tribus de la amazonia.

Más recientemente las mayores coincidencias se establecen en los años setenta, en los cuales los punkies se colocaban distintos pendientes, imperdibles o joyas como símbolos de rebeldía. Posteriormente, para distinguirse los homosexuales de los heterosexuales se empezaron a taladrar la oreja derecha para diferenciarse los unos de los otros. Todas estas tendencias siempre han supuesto una forma de diferenciarse o de establecer distintos rangos o estatus social. A esta forma de modificar el aspecto físico se le llamó body art. Utilizando el cuerpo como bandera, a la cual poner distintas señales, las cuales iban a transmitir al resto de los mortales una tendencia, situación, o forma de vida, la cual en base al tipo, forma o aspecto colocaríamos en una parte de la sociedad. Podía ser discutible o no esta forma de expresarse, pero lo que es cierto es que responde a unas normas establecidas y a unos criterios totalmente respetables.

Pero hoy en día los piercings, y más concretamente el piercing oral no responde a ninguna señal concreta, sino a simple y llanamente a una moda, o a que…”como mi amiga o amigo lo lleva…pues yo también…”. Parece entonces demostrado que no indica ni demuestra ningún estatus social distinto, ni mejor ni peor, por lo cual hace todavía más absurdo e inservible la colocación de este tipo de pedrería, mas, si cabe, si somos conscientes de los daños que puede causar, los cuales pasaremos ahora a analizar.

El piercing lingual
Una de las distintas colocaciones de un piercing es el piercing lingual. Consiste en la colocación en la lengua, atravesándola ésta de dorsal a ventral (desde la parte superior a la inferior) con una joya o pendiente.

La lengua cumple varias funciones importantes dentro de la fisiología bucal como la fonación, la deglución y el gusto. Para realizar estas funciones la lengua cuenta con nervios sensitivos e innumerables papilas táctiles y gustativas, los cuales nos ayudarán a reconocer los gustos y sobre todo a hablar correctamente. Es del todo absurdo que durante la infancia muchos niños acudan a servicios de logopedia para ayudarles en la fonación, para que unos años después por una absurda moda confundamos nuevamente a la lengua y limitemos enormemente la fonación correcta, así como comprometamos seriamente las papilas sensoriales y gustativas, pudiendo provocar una hipogeusia (por la pérdida de algunas papilas gustativas). Por no hablar de los irreparables daños que causamos en los tejidos y vasos linguales (Figura 1a).

Figura 1a. Inflamación de la lengua alrededor del piercing

En el caso de la lengua el riesgo de hemorragia es mayor, ya que la perforación de la lengua implica un sangrado importante y una cicatrización muy complicada por la constante irrigación salival a la que la lengua está sometida, pudiendo derivar en un edema como complicación grave. Muchos autores han descrito casos que van desde cuadros de asfixia y ansiedad por deglución, infecciones, angina de Ludwing, pericoronaritis, edemas, endocarditis, etc.

Los piercings linguales provocan también un excedente salival, si tenemos en cuenta que la saliva es un importante agente regulador del equilibrio bacteriológico bucal, tanto el exceso como el defecto de ella puede provocar graves problemas en la flora bucal, por ello el exceso salival provocado por éstos añade otras contraindicación más a los piercings linguales.

El piercing labial
Otra de las formas de colocación de un piercing es el piercing labial o bucal. Consiste en atravesar o anillar el labio o mejilla de manera que quede una parte del pendiente en la cara externa y otra en la cara interna del labio o mejilla. La colocación de este tipo de piercing conlleva una lesión traumática de la mucosa bucal (Figura 2).

El constante roce de los piercing provoca en muchos casos la aparición de fibromas, los cuales no se manifiestan hasta muchos años después de su colocación, implica también el desgarro de encías, recesiones gingivales (Figura 3), las cuales sólo son regenerables con injertos de encía, en cuyos casos si hay pérdida de papila sería muy difícil recuperarla, quedando la zona interproximal (ambos lados del diente) expuesta, con la consiguiente aparición de sensibilidad dental y favoreciendo el depósito de sarro en esa zona. Fracturas y desgastes del esmalte del diente, son otras de las complicaciones que conllevan este tipo de adornos bucales.

Otra de las técnicas de anillado que puede resultar especialmente grave, es la colocación sin cirugía de un piercing, mediante técnicas de imantado. Se han descrito casos en los que se han producido ingestiones accidentales de los imanes, las cuales provocaron al imantarse en el intestino un pinzamiento con perforación intestinal y peritonitis.

Otro de los problemas más frecuentes de los piercings bucales son la masticación accidental de los mismos. Tanto los bucales como los linguales en muchas ocasiones, lo mismo que nos mordemos la lengua o el carrillo accidentalmente, si en ese caso tenemos colocado un piercing y participa en la mordedura accidental, podemos provocar la fractura dental a nivel de la furca o raíz del diente, lo que conllevaría la pérdida de la pieza dentaria, o el desgarro de la lengua, labio o carrillo, al morder accidentalmente el piercing y la lengua, labios y carrillo trataran súbitamente de evadirse del momentáneo atrapamiento. También son muy habituales las migraciones dentales, ya que los dientes están en constante movimiento y al detectar cualquier cuerpo extraño, rápidamente se provocaría un movimiento dental, lo que va a derivar en un problema mayor, el movimiento de los dientes y como consecuencia una maloclusión, sólo reparable con un largo tratamiento ortodontico (Figura 4).

Hemos hablado ya de los riesgos traumáticos que conlleva la colocación de los piercings, pero, por ser la cavidad bucal un medio en el que habitan multitud de bacterias, el piercing oral es potencialmente peligroso en el caso de infecciones muy graves, tales como infecciones de transmisión sanguínea como hepatitis B, C, D, G, V.I.H., etc. Durante la colocación del piercing es cuando las bacterias de la cavidad oral pueden pasar al torrente sanguíneo, pudiendo colonizar el corazón lo que derivaría en una endocarditis (grave inflamación de las válvulas y tejidos cardíacos), lo cual comprometería seriamente la vida del paciente.

Recomendaciones
En Estados Unidos existe una Asociación de Anilladores Profesionales (Association of Professional Piercers, APP), pero en España no existe actualmente, según la información recopilada, ninguna asociación que aune a este colectivo, por ello a la hora de colocarse un piercing en la boca debiera consultar a su odontólogo de las complicaciones que pueden conllevar la colocación de este tipo de joyas. Asegurarse de la profesionalidad del piercer, acudiendo a locales debidamente registrados, absteniéndose de los piercer de mercadillos y rastros ambulantes. Comprobar la esterilización del piercing, el cual debe venir en su bolsa estéril. El material del piercing debe ser de oro de al menos 14 quilates por lo menos en la primera etapa de cicatrización. Debieran de abstenerse a realizarse un piercing los menores de edad, las embarazadas, pacientes con infecciones cutáneas, pacientes con VIH, y en general cualquier persona que tenga riesgo de contagio.

En esta nueva era no hay nada como estar al último grito de la moda, pero sin embargo estas modas, pueden, por un simple capricho, complicar seriamente la salud física y la salud dental, por ello es recomendable acudir a centros especializados y seguir escrupulosamente las indicaciones de los profesionales médicos.