Tras más de cinco años de implantación, el Programa de Atención Infantil en la Comunidad Autónoma de Murcia ha alcanzado plenamente los objetivos fijados en sus inicios por las instituciones implicadas, Colegio de Dentistas y Servicio Murciano de Salud.

Así lo revela una Encuesta de Satisfacción realizada por una entidad independiente, en la que queda patente el grado de compromiso e identificación que sienten los dentistas murcianos por el PADI.

El doctor Óscar Castro Reino defiende los beneficios de un Programa de Atención Infantil mixto, en el que participen tanto el sector privado como el público, ya que es la mejor manera de cumplir con el compromiso colegial de asesorar a la Administración y colaborar en una gestión racional de los recursos públicos.

Pregunta. ¿Cuáles son los fundamentos del Programa de Atención Dental Infantil (PADI) implantado en la Comunidad Autónoma de Murcia?
Respuesta. Se trata de un sistema mixto en el que participan libremente los dentistas privados y los profesionales que trabajan en los consultorios públicos de salud dotados de gabinete odontológico. Para los privados, la remuneración de su trabajo se basa en la fórmula de capitación por niño y año, a lo que hay que sumar una tarifación específica para las patologías bucodentales de mayor gravedad. El Colegio es el encargado de gestionar y remitir la documentación generada al Servicio Murciano de Salud y de efectuar los pagos a los colegiados. El Convenio se renueva y actualiza todos los años adaptando las variables a la realidad del momento.
P. ¿Por qué considera que la integración de las redes pública y privada de clínicas dentales en un PADI mixto es la fórmula más adecuada?
R. La respuesta es evidente: porque con el sistema mixto ganamos todos, profesionales y ciudadanos. La defensa de un PADI exclusivamente público encierra ideas no confesables que se presentan envueltas en un discurso demagógico. En ambos supuestos, el coste recaerá en las arcas públicas, ya que siempre habrá que sufragar el acto terapéutico en mano de obra, materiales y aparatología utilizados. La diferencia estriba en que aprovechando las instalaciones privadas ya existentes, que cuentan con una extensa y adecuada implantación, nos ahorraremos el montante que corresponde a la creación de nuevos consultorios odontológicos.

Y digo nos ahorraremos porque es una patraña sostener que es el dentista privado quien paga la odontología pública cuando participa en el PADI, y no el Estado. Y esto por dos razones. Por un lado, habría que definir qué es el Estado y acotar por quién está formado. Al parecer, hay quien lo considera un ente abstracto y paternal proveedor de todos los bienes y responsable de cubrir todas sus necesidades. Un principio cívico básico explica que el Estado somos todos, y cuando facilita un servicio, todos —sin exclusión de región o comunidad alguna— colaboramos subsidiariamente en ello. Sobre todo ahora, en época de crisis, se deben aquilatar muy bien los recursos y no propagar discursos disparatados que, de alcanzar sus fines, a todos perjudicarían. Los Colegios tenemos el deber de asesorar a la Administración sanitaria a la cual pertenecemos; pero para poder hacerlo, ciertamente, antes hemos debido demostrar que sabemos gestionar nuestros propios recursos con sensatez, dejando de lado costosos oropeles.

Por otra parte, ¿es que no cobra el dentista privado por sus servicios? El sistema de capitación y los honorarios fijados para los tratamientos asistenciales especiales, siempre en expectativa de mejora, responden razonablemente a lo esperado.
P. Al finalizar 2008 se cumplieron cinco años de la aprobación y puesta en funcionamiento del PADI en su Comunidad. ¿Cómo valora los resultados obtenidos durante ese periodo?
R. Altamente positivos. La asociación de Consumidores y Usuarios THADER de la Región de Murcia realizó un exhaustivo estudio de satisfacción en el que quedó constancia del éxito del Programa entre los dentistas implicados, tanto públicos como privados. La puntuación otorgada por los profesionales fue de 7,38 puntos sobre 10, lo que constituye un sólido aval para su continuidad al tratarse de una encuesta independiente. El amplio espectro de dolencias que atiende es un motivo de satisfacción para el Colegio de Dentistas, el Servicio Murciano de Salud y, por supuesto, toda la población de la Comunidad.

El proceso de difusión del Programa entre la población fue minuciosamente planificado por las instituciones implicadas para acceder a los distintos estratos sociales. No obstante, se constata que sus bondades, o incluso su propia existencia, van alcanzando paulatinamente a un mayor número de familias.
P. ¿Cree que los dentistas privados consideran de segundo nivel a los pacientes captados mediante el PADI?
R. Sé que este análisis se infiere de algunas manifestaciones vertidas por ciertos dirigentes colegiales, pero yo discrepo de ellas profundamente. El 98% de los dentistas adscritos al PADI —es decir, la práctica totalidad— no hace diferencia alguna entre los niños del Programa y los demás pacientes de la consulta. Esta afirmación queda refrendada en la Encuesta de Satisfacción mencionada. El mismo porcentaje de profesionales privados asegura que continuará en años sucesivos. Creo que resulta elocuente que más del 50% de los colegiados murcianos pertenezca al mismo (495 clínicas en el año 2008, de las cuales 458 son privadas y 37 públicas).

Otra información incluida en el estudio y que eleva a auténtico disparate las declaraciones de aquellos dirigentes, consiste en la que los dentistas privados valoran el PADI como un acto con un fin social, lo que permite que muchas personas que no tienen recursos puedan optar a un cuidado de su salud bucodental de manera gratuita. Esta estimación coexiste legítimamente con que se contemple como un factor dinamizador de la consulta: medio para fidelizar a los pacientes, catalizador para incorporar a sus familiares al rol de la consulta, etc. El Colegio respalda y se complace plenamente de estos beneficios porque es su obligación favorecer en todo lo posible al conjunto de sus colegiados.
P. ¿Es elitista la determinación de que sean mayoritariamente las clínicas privadas las que dispensen los tratamientos del PADI mixto? ¿Inhibe este hecho la utilización del servicio entre los niños de clases sociales más desfavorecidas?
R. En absoluto. Por el contrario, el sesgo elitista se adivina en quien pretende derivar a los consultorios públicos a los niños que sólo recibirían tratamiento odontológico gracias al PADI, sabiendo que los niños con más posibilidades acudirían de cualquier manera al sector privado conducidos por sus padres. Esta medida sí encierra una pretensión segregacionista. Ya he dicho que hay constancia de que los dentistas privados no establecen distinciones entre sus pacientes, sea cual sea su procedencia. Una clínica privada no es un obstáculo para que un niño inmigrante acuda a ella para recibir un tratamiento. En Murcia el PADI muestra unos índices de penetración social muy satisfactorios.

Hay quien debería releer —o realizar quizá la primera lectura—el Código Deontológico, escuchar a quienes de verdad persiguen una Odontología social y, sobre todo, ser conscientes de que sus palabras son mucho más transparentes de lo que piensan.

El conocimiento de la existencia de los recursos públicos y el acceso a los mismos deben fomentarse a través de campañas informativas y de una educación básica dirigida, principalmente, a los estratos más desfavorecidos. Entre otras muchas dimensiones sociales y culturales, este es el camino que también el PADI debe seguir para alcanzar la implantación deseada.
P. ¿Cómo fue el proceso negociador con la Administración sanitaria de su Región hasta lograr el acuerdo definitivo del PADI?
R. En las reuniones en las que se gestó el PADI imperó un notable entendimiento. Un punto de partida muy positivo para que éste se produjera consistió en que el Servicio Murciano de Salud considerara al Colegio de Dentistas de Murcia un interlocutor autorizado para su asesoramiento. A nuestra larga trayectoria en una eficaz administración de los recursos colegiales —por ejemplo, recientemente habíamos inaugurado la nueva sede y fuimos felicitados por la forma en que gestionamos su consecución—, había que sumar la anterior existencia de cauces de comunicación entre ambas instituciones. La fluidez y frecuencia con que se producía, ya entonces, el intercambio de datos e información, sólo se explica como fruto de la constante preocupación por mejorar las prestaciones odontológicas a la ciudadanía.

Quiero subrayar que para ser escuchado, en primer término, hay que ser respetado por la propia gestión y, cómo no, poseer la voluntad de responder a la ineludible función de servicio público a la que se deben los colegios profesionales.
P. En un período de crisis financiera, ¿la mejor solución es un PADI exclusivamente público, como defienden algunos dirigentes colegiales?
R. Pensar de este modo denota una escasa capacidad para evaluar la rentabilidad de una inversión. Está sobradamente demostrado que, sólo tras un riguroso estudio de viabilidad, puede saberse si es más razonable llevar a cabo una enorme inversión en infraestructuras o abonar el servicio a quien ya las posee. Indudablemente, con el PADI nos encontramos en el segundo caso.

La inversión necesaria sería cuantiosa e ilógica, teniendo en cuenta que ya existe y se encuentra, por otro lado, estratégicamente distribuida por todo el territorio. Recientemente he leído manifestaciones que señalan que dicha inversión —como digo, absolutamente innecesaria— es insignificante comparada con la que se necesita en las grandes obras… Es un paralelismo que no tiene ni pies ni cabeza. Cuando un gasto es necesario, como españoles que somos todos, solidariamente debemos esforzarnos en que sea posible; pero, cuando no lo es, ¿por qué realizarlo? El empleo de dinero público es una alta responsabilidad que algunos no terminan de comprender. No se pide con el PADI mixto que el Estado llene nuestras clínicas privadas, sino que se le ayude a rentabilizar el dinero que todos los ciudadanos hemos aportado con nuestros impuestos. Padecemos una crisis financiera, inmobiliaria, de gran consumo… y también lo será de salud si no sabemos administrar el dinero de que disponemos.
P. ¿Qué papel están desempeñando los profesionales adscritos al PADI?
R. Un papel fundamental. Su grado de compromiso constituye un motivo basal de su éxito. A pesar de que hay quienes valoran su gestión en el PADI asignándoles una motivación estrictamente mercantilista, quienes de verdad conocemos la realidad y no la tergiversamos deliberadamente, sabemos —porque así lo han manifestado anónimamente en la Encuesta de Satisfacción— que a los dentistas que participan en el Programa les mueve, junto con su natural pretensión de obtener un beneficio, el deseo de mejorar la salud de la población infantil, principalmente de los más desfavorecidos económicamente. Aspectos como la finalidad social y la creación de hábitos saludables en el cuidado de la boca entre los niños, destacan en las manifestaciones vertidas en la Encuesta.
P. ¿Se contempla en el PADI de Murcia la correcta atención de la gran patología?
R. En la Encuesta de satisfacción del PADI en Murcia los dentistas afirman que tales patologías no suponen un inconveniente en el funcionamiento normal de la clínica. De esta forma se demuestra que no hay riesgo de que sean rechazadas en las clínicas privadas y tengan que ser atendidas en el consultorio público. La gran patología tiene una tarifa que coexiste con el sistema de capitación; por lo tanto, nadie debería quedar excluido. La normalidad con que en Murcia se están llevando a cabo demuestra la vocación de servicio público de los dentistas y la buena planificación del Programa.
P. Inmersos en plena crisis económica, ¿cómo cree que debe afrontarla el sector odontológico?
R. El dentista que hasta el momento ha ejercido según los preceptos colegiales, que son la inmensa mayoría, debe estar tranquilo y seguir en esa línea. Esto no quiere decir que no padezca los efectos de la crisis, pero sí que manteniendo una actitud ética y profesional —con todas las adaptaciones necesarias a los tiempos que vivimos— podrá responder mejor a las contingencias negativas, y puede estar seguro de que la población sabrá reconocer ese posicionamiento honesto. La calidad asistencial debe estar siempre al mismo nivel, sean cuales sean las circunstancias sociales y económicas que vivamos.

Por el contrario, las mayoría de franquicias dentales están notando la recesión financiera. El recorte en la concesión crediticia ha afectado enormemente a estas empresas, pues los créditos que sus clientes-pacientes habitualmente debían suscribir con determinadas entidades para adelantar el pago del tratamiento, ya no son concedidos. Esperemos que esta adversidad, acompañada de la creciente sensibilidad social ante esta manera particular de ejercer y entender la odontología, se traduzca en una adecuada estructuración y ubicación con respecto a las necesidades sociales de estos establecimientos.

Para finalizar, quiero reafirmarme en mi postura de que somos los Colegios los que debemos estar plenamente al servicio de los Colegiados, buscando formas, fórmulas y recursos que hagan que en todos los planos profesionales (económico, formativo, deontológico…) sean los más convenientes y satisfactorios para ellos. Creo que quien no actúe así, podrá tener un presente glorioso pero le auguro un futuro incierto cuanto menos.