Protagonistas

Beatriz de Tapia: odontóloga, docente universitaria e investigadora

La Dra. Beatriz de Tapia.

Beatriz de Tapia Pastor representa una generación de profesionales que entiende la Odontología como un camino de aprendizaje constante. Su trayectoria combina clínica, ciencia y docencia desde una mirada serena, crítica y profundamente vocacional. En esta entrevista, reflexiona sobre cómo elegir una especialidad, qué debe aportar un buen máster y por qué la formación de calidad no consiste en acumular títulos, sino en desarrollar criterio, integrar conocimiento y avanzar paso a paso.

-¿Qué te llevó a elegir la periodoncia como especialidad y qué encontraste en ella que no habías visto en otras áreas de la Odontología?
-Cuando terminé la carrera no tenía completamente claro que acabaría dedicándome a la periodoncia. Lo que me fue convenciendo poco a poco fue que reunía muchas de las cosas que más me gustaban de la profesión.

Beatriz de Tapia Pastor, odontóloga, docente e investigadora
Según la Dra. Beatriz de Tapia, construir una buena base diagnóstica, biológica y clínica sigue siendo fundamental.

Por un lado, tiene una base biológica muy importante y una estrecha relación con la salud general del paciente, algo que siempre me ha interesado especialmente. Me gusta entender al paciente de forma global y la periodoncia te obliga a hacerlo.
Por otro lado, combina cirugía, diagnóstico, planificación y seguimiento a largo plazo. Y, además, tiene una parte muy minuciosa, donde los detalles importan mucho. Esa mezcla entre visión global y atención al detalle es probablemente lo que hizo que terminara encontrando mi sitio en esta especialidad.

-Mirando hacia atrás, ¿qué formación o experiencia fue realmente decisiva para orientar tu carrera?
-Sin duda, el máster fue el punto de inflexión más importante. Inicialmente buscaba una formación clínica sólida, pero acabó siendo mucho más que eso. Fue la etapa en la que descubrí la investigación, en la que entendí el valor del pensamiento crítico y en la que empecé a plantearme que la docencia también podía formar parte de mi futuro profesional.

Curiosamente, la decisión de hacer ese máster nació de una forma bastante concreta. Recién terminada la carrera, mi madre tuvo un problema dental y acudimos a una clínica en Madrid por recomendación de una amiga. El periodoncista que la atendió me habló de la especialidad, de cómo era su día a día y de la formación que había realizado. Recuerdo que aquella conversación me impactó mucho.

De hecho, al salir de la consulta llamé desde el coche para solicitar una entrevista de admisión al programa que él me había recomendado. Dos semanas después estaba volando a Barcelona para conocer el máster. Viéndolo con perspectiva, probablemente fue una de las decisiones más importantes de mi vida profesional.

-¿Cuándo crees que es el mejor momento para hacer un máster?
-No creo que exista un momento ideal para todo el mundo. Depende mucho de cada persona y de sus circunstancias. Lo que sí creo es que un máster se aprovecha mejor cuando uno tiene claro qué busca y está dispuesto a dedicarle el tiempo y el esfuerzo que requiere. Más que una cuestión de edad, creo que es una cuestión de actitud.

-Has combinado clínica, investigación y docencia desde una etapa relativamente temprana. ¿Cómo se construye ese equilibrio sin perder foco?
-No estoy segura de que exista un equilibrio perfecto. Lo que sí creo es que las tres actividades se complementan muy bien. La clínica me plantea preguntas que muchas veces intento responder desde la investigación, y la docencia me obliga a mantenerme actualizada y a ordenar mis ideas.

A lo largo de los años he intentado que ninguna de las tres desapareciera completamente de mi actividad profesional porque creo que cada una aporta algo distinto. Evidentemente hay etapas en las que una pesa más que otra, pero para mí siempre han formado parte del mismo proyecto profesional.

-¿Qué aporta la investigación a una periodoncista que trabaja también con pacientes cada semana?
-Sobre todo, criterio. La investigación te enseña a interpretar la evidencia, a entender las limitaciones de los estudios y a valorar las novedades con cierta prudencia. Creo que ayuda a tomar decisiones más fundamentadas y a distinguir mejor entre lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que todavía está por demostrar.

-En el ámbito de los implantes, ¿qué crees que todavía se subestima en la formación de los jóvenes profesionales?
-Creo que todavía se subestima la prevención. A veces hablamos mucho de cómo colocar implantes y poco de cómo evitar que aparezcan complicaciones alrededor de ellos. La planificación, el manejo de tejidos, el diseño protésico o la capacidad de mantener la restauración limpia tienen una influencia enorme en el resultado a largo plazo.

Cada vez tenemos más evidencia de que el éxito no depende únicamente de colocar bien un implante, sino de crear las condiciones para que siga sano muchos años después.

-¿Qué señales indican que un programa formativo ofrece garantías al alumno?
-Que exista coherencia entre lo que se enseña y la evidencia científica disponible. Que haya transparencia, seguimiento de los casos y capacidad de autocrítica.

También me parece importante que quienes enseñan mantengan una actividad clínica activa y se enfrenten a los mismos desafíos que encontrarán sus alumnos en la práctica diaria.

¿Qué error ves repetir con más frecuencia en quienes empiezan a formarse?
-Querer ir demasiado rápido. Vivimos en una época con muchísima información y es fácil caer en la sensación de que hay que aprender todas las técnicas cuanto antes. Sin embargo, construir una buena base diagnóstica, biológica y clínica sigue siendo fundamental.

A largo plazo, el criterio es lo que realmente marca la diferencia.

-¿Qué papel han tenido las sociedades científicas en tu desarrollo profesional?
-Han tenido un papel muy importante. Mucho antes de formar parte de la junta directiva de SEPA, las sociedades científicas ya eran uno de los lugares donde más aprendía. No solo por la formación, sino por la posibilidad de conocer profesionales con trayectorias muy distintas a la tuya.

En mi caso me han permitido establecer colaboraciones, participar en proyectos y conocer personas que han influido mucho en mi desarrollo profesional. Además, te ayudan a mantener una visión más amplia de la profesión que la que tienes cuando estás centrada únicamente en tu actividad clínica diaria.

-¿Qué puede encontrar un odontólogo joven en una sociedad científica que no siempre encuentra en un curso o en un congreso aislado?

Beatriz de Tapia Pastor, odontóloga, docente e investigadora
Beatriz de Tapia forma parte de la junta directiva de SEPA como vocal de formación e investigación. Foto: SEPA.

Continuidad. Un curso o un congreso pueden aportar conocimientos muy valiosos, pero una sociedad científica permite mantener una formación continuada, participar en proyectos, establecer relaciones profesionales y formar parte de una comunidad con intereses comunes.

-Has recibido reconocimientos por tu actividad investigadora, como el Premio Fonseca Internacional 2020. ¿Qué cambia cuando un trabajo científico recibe ese tipo de visibilidad?
-Es una satisfacción porque detrás de cualquier proyecto de investigación suele haber mucho trabajo y muchas personas implicadas.

Pero, más allá del reconocimiento, lo importante es que el trabajo pueda aportar información útil o ayudar a avanzar en el conocimiento de un tema concreto.

-¿Cómo se aprende a leer evidencia científica sin sentirse desbordado por la cantidad de publicaciones, protocolos y novedades?
-Aceptando que es imposible leerlo todo. Creo que es más importante aprender a interpretar la literatura científica que intentar leer cada artículo que se publica. Entender la metodología, identificar limitaciones y valorar la relevancia clínica de los resultados ayuda mucho a filtrar información.

-¿Qué competencias no clínicas crees que marcan más la diferencia en una carrera como la tuya?
-Probablemente la capacidad de organización, la comunicación y el pensamiento crítico.

Con el tiempo también he aprendido a valorar muchísimo el trabajo en equipo. La mayoría de los proyectos interesantes surgen de la colaboración con otras personas y de la capacidad de aprender de perfiles diferentes.

-¿Qué te ha enseñado la docencia que quizá la clínica por sí sola no te habría enseñado?
-La docencia obliga a cuestionarse continuamente por qué hacemos las cosas de una determinada manera.

También te obliga a mantenerte actualizada y a explicar conceptos complejos de forma sencilla, algo que termina siendo muy útil también en la relación con los pacientes.

-¿Qué consejo darías a un odontólogo joven que quiere compaginar clínica, investigación y docencia, pero no sabe por dónde empezar?
-Que no intente hacerlo todo a la vez. Creo que lo más importante es construir una buena base clínica y, a partir de ahí, ir buscando oportunidades para participar en proyectos de investigación o actividades docentes. Las trayectorias profesionales rara vez son lineales y normalmente se construyen poco a poco.

-Si pudieras corregir una idea equivocada sobre la formación de postgrado o continua, ¿cuál sería?
-La idea de que la formación consiste en acumular cursos o títulos. La formación de calidad tiene más que ver con desarrollar criterio, aprender a pensar de forma crítica y ser capaz de integrar los conocimientos en la práctica diaria que con sumar certificados.

Con el tiempo uno se da cuenta de que no se trata de hacer más formación, sino de aprovecharla mejor.

Beatriz de Tapia es licenciada en Odontología por la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Posteriormente cursó el Máster en Periodoncia e Implantes y el Máster en Investigación Clínica y Materiales en Odontología en la Universitat Internacional de Catalunya. También es doctora en Odontología por la Universidad Complutense de Madrid, con mención Cum Laude y Premio Extraordinario.

En el ámbito universitario, está vinculada a la Facultad de Odontología de UIC Barcelona, donde es profesora del Departamento de Periodoncia y profesora asociada del Máster de Periodoncia e Implantes de la UIC.

Beatriz de Tapia Pastor, odontóloga, docente e investigadora
Para la Dra. Beatriz de Tapia, la investigación te enseña a interpretar la evidencia.

Su actividad investigadora se centra especialmente en periodoncia, implantología, mucositis periimplantaria, periimplantitis, regeneración y relación entre factores quirúrgicos, protésicos y salud periimplantaria.

Beatriz de Tapia Pastor forma parte de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración como vocal de formación e investigación. Además de su actividad docente e investigadora, desarrolla práctica clínica privada en Periodoncia e Implantes.

“Lo primero, la trayectoria y la solidez del programa y del profesorado. También creo que es importante fijarse en la filosofía de formación, en el nivel de implicación de los docentes, en si existe una formación basada en evidencia científica y en cómo se abordan las complicaciones y los casos complejos. Y, aunque a veces se pasa por alto, el entorno humano también importa mucho. Son años intensos y el ambiente influye enormemente en la experiencia formativa”.

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