Protagonistas

Ana Molina: odontóloga, docente e investigadora

La Dra. Ana Molina.

Construir una carrera odontológica sólida exige algo más que acumular cursos: requiere criterio para elegir, madurez para aprovechar cada etapa formativa y una base científica que permita entender no solo cómo se hacen las cosas, sino por qué. La trayectoria de la Dra. Ana Molina ofrece una mirada valiosa para quienes empiezan a definir su futuro profesional. En esta entrevista, reflexiona sobre la importancia de la experiencia clínica, el papel de los mentores, la lectura crítica, la comunicación con el paciente y la necesidad de formarse con rigor en un entorno cada vez más saturado de estímulos y contenidos.

—Mirando hacia atrás, ¿qué decisión formativa fue realmente decisiva para orientar tu carrera?
—Yo creo que la primera decisión clave fue estudiar Odontología en la Universidad Complutense de Madrid, que actualmente ostenta la posición número 1 en España, la 6ª en Europa y la 11ª a nivel mundial, según el Ranking internacional QS de mejores Facultades de Odontología del mundo. Estudiar en un centro de tantísimo nivel me permitió adquirir una muy buena formación de grado, y conocer las diferentes disciplinas de la Odontología de la mano de muchos de los mejores clínicos y docentes que tenemos en España, y en el mundo.

Esto me llevó a la segunda decisión formativa clave, que fue decantarme por la disciplina de la Periodoncia para llevar a cabo mi formación de postgrado en esta área, y sobre todo poder hacerlo en el Máster de Periodoncia e Implantes de la UCM.

En el último año de mis estudios de carrera tomé una asignatura optativa llamada Terapéutica Periodontal Compleja, entre cuyas actividades se incluía rotar una tarde por semana por el Máster de Periodoncia de la UCM, y allí es donde surgió el flechazo definitivo con la Periodoncia: el rigor científico con el que se dirigían las sesiones con los alumnos, el nivel de conocimiento de las bases biológicas y de las técnicas, la complejidad de los tratamientos que llevaban a cabo, la enorme carga no sólo teórica, sino práctica, el plantel de profesores que acudía cada semana que era (y es) un auténtico lujo para los alumnos… me fascinaron. Y, aunque lograr una plaza en el Máster y cursar los estudios fue un enorme esfuerzo académico, a día de hoy puedo afirmar sin ninguna duda que valió la pena cada minuto invertido en lograrlo.

—¿Cuándo crees que es el mejor momento para hacer un máster, nada más acabar el grado o con algo de experiencia clínica?
—En mi opinión, se le puede sacar mucho más partido a cualquier Máster si se tiene cierta experiencia clínica real, más allá de la adquirida en el desarrollo de la carrera. Mi recomendación, especialmente si una persona no tiene claro por qué disciplina decantarse, es trabajar uno o dos años antes de cursar la formación de postgrado para adquirir habilidades manuales y de trato con el paciente, y poder probar diferentes disciplinas antes de decantarse por una u otra rama. Creo que esto aporta madurez personal y clínica para enfocar un postgrado con más motivación y sacarle mucho más partido.

La Dra. Ana Molina, junto a los Dres. Elena Figuero y Mariano Sanz, los tutores de su tesis doctoral el día de la defensa.

—¿Qué diferencia una buena formación especializada?
—En mi caso siempre he sentido que la formación que yo llevé a cabo (un Máster a tiempo completo, acreditado por la EFP) me dio unas bases de conocimiento de la biología y de capacidad crítica para valorar los nuevos avances y la literatura que me han permitido saber siempre el “por qué” hago las cosas, no sólo el “cómo” deben hacerse. Es difícil de explicar, pero en mi experiencia, entendiendo los principios de la biología del órgano que estás tratando, de la patogénesis de las enfermedades que le afectan, de la cicatrización de los tejidos que manejas, etc.; eres capaz de anticipar los resultados de la terapia, de tomar decisiones clínicas y crear un plan de tratamiento individualizado para tu paciente en el que optimices las probabilidades de éxito. En pocas palabras: una formación especializada de alto nivel requiere un estudio profundo de las bases biológicas, para entender qué hacemos y por qué.

“Hoy más que nunca, para formarnos y actualizarnos es vital acudir a fuentes de rigor”

—La Periodoncia exige acompañar al paciente durante mucho tiempo. ¿Qué competencias clínicas se aprenden solo cuando se entiende esa relación a largo plazo?
—Sí, y te reconozco que para mí es una de las cosas más bonitas de esta disciplina, poder crear esa relación de confianza y ese seguimiento a largo plazo con el paciente. Es además especialmente satisfactorio cuando partes de casos complejos, en los que consigues, por ejemplo, que el paciente abandone hábitos nocivos y cambie su estilo de vida para empezar a cuidarse, que mejore su calidad de vida, incluso su autoestima, y cómo ves que con el paso de los años la terapia ha sido enormemente eficaz y juntos sois capaces de mantener la salud.

Esto sólo se consigue con una competencia clínica muy importante que es la comunicación y la empatía para lograr generar ese vínculo de confianza y, sobre todo, la implicación del paciente en el éxito del tratamiento. Y es una competencia clínica que, aunque por supuesto se puede entrenar y mejorar, sin duda requiere experiencia y mucho trato con pacientes para poder alcanzarla.

La comunicación es la clave del éxito. Yo siempre les digo a mis pacientes que yo hago el 20% del tratamiento, pero que el otro 80% lo hacen ellos, y que si no hacen su parte, da igual lo maravilloso que sea el periodoncista que les trate o las manos que tenga, que vamos a fracasar…

Y claro, para lograr que el paciente haga el 80% (que abandone hábitos nocivos, cambie su higiene oral, sea constante en sus nuevos hábitos, cumpla con las visitas de mantenimiento, etc.), es imprescindible que esté motivado y entienda qué le pasa y por qué. De esta forma generaremos esa motivación intrínseca que es la que nos lleva a todos a comprometernos con algo a largo plazo, en este caso con su salud periodontal.

Comunicarnos, hablar mucho con el paciente, y sobre todo escuchar mucho al paciente para conocerle y buscar la manera de aportar las herramientas y el apoyo que necesita, son claves para el éxito de la terapia.

—¿Qué te ha enseñado la docencia que quizá la clínica por sí sola no te habría enseñado?
—La docencia es una parte de mi actividad profesional que disfruto muchísimo por un montón de razones: por un lado, porque me mantiene actualizada, me obliga a estar al día de nuevos materiales, nuevas técnicas, nuevos conocimientos sobre las enfermedades periodontales y, por tanto, estar constantemente actualizada me mejora también en mi faceta clínica.

La Dra. Ana Molina impartiendo una conferencia.

En segundo lugar, trabajar en la Universidad, y en mi caso en una Universidad de tantísimo prestigio como es la Complutense, me permite estar en contacto directo con especialistas de otras disciplinas de la Odontología de altísimo nivel, aprender de ellos y poder acudir a mis compañeros ante cualquier necesidad o duda de mis pacientes o mis alumnos. Me saca por tanto de ese “aislamiento” que siempre se nos achaca a los dentistas cuando trabajamos sólo en clínica privada.

Y, por último, porque trabajar con los alumnos, con gente muy joven, y sentir que devuelves un poquito de todo lo que has recibido formando a las nuevas generaciones, es enormemente satisfactorio y motivador para seguir enseñando.

—En un momento de mucha oferta formativa, congresos, cursos y contenidos digitales, ¿cómo decides qué merece tu tiempo y qué no?
—Bueno, sin duda la oferta formativa es abrumadora a día de hoy, y entiendo que puede resultar difícil elegir dónde invertir el tiempo y el dinero para obtener una formación de calidad. En mi caso yo me fijo en los siguientes aspectos: en primer lugar, que la entidad detrás de la formación tenga rigor y un aval de experiencia docente y científica, por ejemplo que sea formación de tipo universitario o que venga de la mano de una sociedad científica; en segundo lugar, que la temática y el programa formativo aporten valor a mi práctica clínica y, como hablábamos antes, que me enseñe el “cómo”, pero también el “por qué”; y en tercer lugar, que los docentes tengan un background no sólo clínico, sino también formativo y docente de cierto nivel, para que me asegure que voy a adquirir formación de profesionales con experiencia y conocimientos para enseñarme con rigor, en base a la evidencia científica y a su experiencia clínica (que no sea un “yo lo hago así porque me funciona…”).

—¿Qué error ves repetir con más frecuencia en los jóvenes profesionales cuando empiezan a formarse en una especialidad?
—Pues fíjate que, en este sentido, me preocupa más la actitud de los jóvenes durante su formación de grado que durante el postgrado, y te explico por qué: muchas veces siento que los estudiantes de grado se rigen por la ley del mínimo esfuerzo para lograr objetivos: aprobar con un 5, hacer el mínimo de procedimientos clínicos para aprobar la práctica, acudir a las clases o seminarios mínimos obligatorios para pasar la asignatura… es decir, sólo les preocupa cubrir los objetivos académicos para aprobar, obtener el título y listo. No se dan cuenta que necesitan aprender y adquirir habilidades, cuantas más mejor, para poder ejercer como odontólogos, porque el día que terminan la carrera se van a enfrentar solos a un paciente y no van a tener media docena de profesores a su lado para resolverles las dudas.

“Se le puede sacar mucho más partido a cualquier máster si se tiene cierta experiencia clínica real”

Y lo que sucede muy, muy a menudo es que, en cuanto se enfrentan a la realidad clínica como odontólogos en práctica privada, empiezan a darse cuenta de que les faltan habilidades, conocimientos y competencias que podían haber adquirido en la carrera, pero que dejaron pasar por esa “ley del mínimo esfuerzo”, de hacer lo justo… y entonces es cuando se vuelven “locos” por apuntarse a formaciones y cursos de postgrado, y quieren que tengan mucha actividad clínica real con pacientes, y se gastan un dineral en adquirir conocimientos y habilidades que podían haber adquirido en el grado.

Me da mucha rabia esa actitud en algunos estudiantes de grado, porque, en mi opinión, un postgrado debe aportarte un plus, un extra que te diferencia en tu práctica clínica por encima de todas las competencias que ya has adquirido en grado como odontólogo.

—La Periodoncia está muy ligada a la evidencia científica. ¿Cómo puede aprender un clínico joven a leer ciencia sin sentirse desbordado?
—La ciencia, cuando nos referimos a ella en forma de publicaciones científicas, obviamente no está destinada a todos los públicos porque el lenguaje científico como tú bien dices, “desborda” al lector que no tiene una base formativa en investigación científica. Es decir, si no tienes conocimientos de metodología de investigación te puede resultar difícil poder interpretar y desgranar el mensaje y el valor clínico de un estudio científico.

Para solventar este gap entre la ciencia y la clínica está la divulgación, pero no sólo la dirigida al paciente, sino también la dirigida al profesional. Es importante acudir de forma regular a cursos, congresos, encuentros científicos donde los ponentes desgranen la evidencia científica más actual de una forma que sea accesible para todos los públicos y que cualquier clínico pueda aplicar en su práctica diaria.

Pero ojo, que a día de hoy hay que tener mucho cuidado cuando elegimos el canal de divulgación para mantenernos actualizados: las redes sociales son un campo de minas de noticias falsas y mensajes sensacionalistas que no están basados en absoluto en la evidencia y que sólo buscan viralizarse. Desde Optativa, nos preocupa enormemente el auge de “influencers”, muchos de ellos incluso con perfiles del ámbito de la odontología y las ciencias biosanitarias, que mandan unos mensajes que no sólo son erróneos, sino incluso peligrosos para la población.

“Una formación especializada de alto nivel requiere un estudio profundo de las bases biológicas, para entender qué hacemos y por qué”

Por eso, hoy más que nunca, para formarnos y actualizarnos es vital acudir a fuentes de rigor como mencionábamos, ya sea a través de encuentros organizados por sociedades científicas o desde el ámbito universitario.

—¿Qué debería saber un recién graduado sobre expectativas profesionales antes de compararse con trayectorias muy visibles en redes sociales?
—En general yo creo que no debemos compararnos nunca con lo que se ve en redes sociales, ni a nivel profesional, ni a nivel vital… Son una ventana a un mundo muy irreal, que puede generar unas expectativas que, o son directamente falsas, o inalcanzables para la mayoría de nosotros. Y esto sólo va a generar frustración: no somos peores o insuficientes por no alcanzar lo que vemos en redes, es que no es real esa imagen o esa proyección que estamos viendo (o estamos viendo un porcentaje mínimo de la realidad…).

Las trayectorias que a mí más me han impactado e influido en mi carrera no las he conocido a través de pantallas, las he conocido a través del trato humano: viajando a otras Universidades y centros extranjeros, conociendo compañeros de otras partes del mundo, a través de mis compañeros de estudios en la UCM, de mis mentores y profesores en la Universidad, de mis compañeros de trabajo en la clínica privada… hay que moverse, acudir a eventos científicos, hay que hablar con unos y otros, hacer estancias en centros universitarios o clínicas sin necesidad de irnos muy lejos, puede ser yendo simplemente a ver trabajar a compañeros en nuestra propia ciudad. Ahí es donde vamos a conocer a los verdaderos influencers, con quienes vamos a ver de primera mano las luces y las sombras de la práctica profesional, y quienes nos van a acompañar en nuestra trayectoria profesional.

—En tu caso, ¿cómo conviven la clínica, la docencia, la actividad científica y la vida profesional sin caer en la saturación?
—Creo que precisamente tener tan diversificada mi práctica profesional es la clave para no caer en la saturación. Trabajar en la Universidad como docente e investigadora, atender pacientes en clínica privada, y desarrollar mis tareas institucionales en el seno de SEPA son tareas muy diferentes todas ellas entre sí, y muy enriquecedoras, pero sobre todo destacaría que me permiten seguir aprendiendo día a día y explorar muchas facetas diferentes, ¡nunca me aburro!

La clave para equilibrarlas todas ellas para mí es la organización y lo más importante, reservar siempre espacio para la vida personal, que es al final lo que nos permite mantener los pies en la tierra y el rumbo claro.

—¿Qué consejo darías a un/a odontólogo/a joven que quiere construir una carrera sólida, pero todavía no sabe exactamente hacia dónde orientarse?
—Yo creo que lo importante es descubrir lo que te apasiona, y cuando lo descubras desarrollarlo con todas las ganas y la ilusión que tengas. Y no hay que tener prisa por descubrirlo, como decía al principio, no tenemos que terminar 5º de carrera sabiendo qué queremos hacer en nuestra vida profesional. Y no me refiero sólo a nivel de disciplina o especialidad, sino a nivel de trayectoria: podemos dedicarnos a la Academia, a la investigación, a la práctica clínica privada o pública, trabajar en la industria, etc.; las opciones son muchas y muy variadas.

E insisto que la clave para mí es relacionarnos mucho, humanamente, unos con otros: hablar, preguntar, visitar, viajar, conocer… nada nos va a enriquecer más y nos va a ayudar mejor a trazar el camino correcto en nuestra trayectoria profesional y personal.

Una carrera ligada a la Periodoncia

Licenciada en Odontología y con un Doctorado Internacional por la Universidad Complutense de Madrid, la Dra. Ana Molina cuenta con una amplia trayectoria académica, en la que destaca su Board Europeo en Periodoncia e Implantes Dentales por la Federación Europea de Periodoncia, el Máster en Periodoncia, el Máster en Ciencias Odontológicas y el título de experto en Clínica Periodontal, todos ellos por la Universidad Complutense de Madrid. En la misma línea, obtuvo un posgrado en Metodología de la Investigación en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona.

A lo largo de su trayectoria profesional ha combinado su trabajo como dentista en Madrid con la docencia y la investigación. Así, es profesora ayudante en el departamento de Especialidades Clínicas Odontológicas de la UCM e investigadora en el grupo ETEP (Etiología y Terapéutica de las Enfermedades Periodontales y periimplantarias). Actualmente ostenta el cargo de vicepresidenta en la Junta Directiva de SEPA (Sociedad Española de Periodoncia).

Lo que se busca vs lo que se necesita

“Quizás hay cierta tendencia a buscar formación en técnicas muy espectaculares, muy llamativas, que en mi opinión tienen una aplicabilidad clínica limitada y requieren unas habilidades clínicas de base muy elevadas, es decir, que están dirigidas a un grupo muy reducido de profesionales.

En la práctica clínica hay una altísima deficiencia en implementación de protocolos de screening y diagnóstico de las enfermedades periodontales en las clínicas dentales, y aún más en un manejo adecuado de estas patologías. Y ya no te digo las carencias que hay en prevención, y esto se traduce en que seguimos teniendo unas tasas de periodontitis de casi el 50% de la población adulta.

A nivel de práctica clínica en España, necesitamos por tanto mucha formación en conceptos básicos de Periodoncia: prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades periodontales y periimplantarias (el otro gran caballo de batalla), no tanto en técnicas regenerativas o mucogingivales altamente sofisticadas”.

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