La sostenibilidad se ha convertido en uno de los grandes ejes de transformación de la educación superior. Ya no basta con incluirla en discursos institucionales, planes estratégicos o memorias de actividad. Hoy se espera de las universidades algo más exigente, que sean capaces de traducir sus compromisos en decisiones concretas, en cambios operativos y en proyectos capaces de generar impacto real. En esta visión institucional, la sostenibilidad se entiende como una línea de acción transversal que debe integrarse de forma efectiva en la actividad académica y en la vida universitaria.
Ese es precisamente el marco en el que se sitúa la nueva iniciativa impulsada por la Universidad Europea de Madrid desde la Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud y el Grado en Odontología. Se trata de un programa de recogida y reciclaje de guantes y mascarillas desechables no contaminados utilizados en los laboratorios de simulación odontológica. «Una actuación con la que la institución se convierte en la primera universidad de España en poner en marcha una propuesta de estas características dentro del ámbito odontológico universitario», detallan desde la propia institución.
«El proyecto ha sido promovido por la profesora María Llorente de Pedro y va mucho más allá de una medida puntual de gestión de residuos. Supone una forma distinta de entender la docencia, la responsabilidad universitaria y el papel que debe desempeñar la formación superior en la construcción de una cultura profesional más comprometida con el entorno. Para que esta iniciativa haya podido materializarse, ha resultado también fundamental la implicación de la Dra. María Jesús Pardo y la Dra. Yolanda Freire, directoras del Departamento de Odontología, cuyo impulso constante y cuya decidida colaboración han sido claves en el desarrollo del proyecto», destacan desde la Universidad Europea de Madrid.
Y es que, tal y como subrayan desde la institución, «la Odontología, tanto en su vertiente clínica como en su dimensión docente, utiliza de forma habitual materiales de un solo uso. Entre ellos, los equipos de protección individual ocupan un lugar central. Su empleo responde a razones incuestionables de seguridad, higiene y control de infecciones, pero al mismo tiempo genera una cantidad muy considerable de residuos».
En este sentido, detallan, «en los últimos años, el debate sobre sostenibilidad en el sector sanitario y, en particular, en el ámbito dental, ha ido ganando peso. A medida que aumenta la sensibilidad social y normativa en torno al impacto ambiental de las actividades profesionales, se hace más evidente que la práctica odontológica no puede quedar al margen de esta reflexión. En este contexto, los productos desechables adquieren un protagonismo especial».
«Los guantes y mascarillas forman parte de la rutina diaria en clínicas, hospitales, laboratorios y centros universitarios. Su uso es constante y, precisamente por ello, su acumulación como residuo tiene una relevancia que durante mucho tiempo ha pasado desapercibida o se ha asumido como inevitable. Sin embargo, una parte de estos materiales, cuando proceden de entornos no contaminados, puede gestionarse desde una lógica diferente a la de la eliminación convencional. Ahí es donde este proyecto encuentra su sentido. Frente a la inercia de depositar estos residuos en la fracción resto, la Universidad Europea de Madrid plantea una alternativa basada en la recuperación material y en los principios de la economía circular», cuentan desde la Universidad.
Así pues, la iniciativa se centra en los guantes y mascarillas desechables no contaminados empleados en los laboratorios preclínicos de Odontología. Se trata de materiales que, al no haber estado expuestos a residuos biológicos o químicos peligrosos, permiten explorar una vía de gestión distinta a la de los residuos sanitarios de riesgo.
El procedimiento establecido es claro y operativo. Los guantes y mascarillas se depositan en contenedores específicos situados en los espacios docentes. Una vez completados, esos contenedores siguen un circuito de recogida previamente definido hasta su traslado a un punto de acopio. Posteriormente, el material se remite a una planta especializada, a través de la colaboración con TerraCycle®, donde será transformado en materia prima reciclada, en forma de granza o pellets, para su posterior utilización en nuevos procesos de fabricación. «En este proceso, la colaboración de los técnicos de los laboratorios de Odontología ha resultado igualmente fundamental, tanto en la organización de la operativa diaria como en la correcta implementación del sistema de recogida, garantizando su viabilidad y continuidad en el tiempo. Esta secuencia, aparentemente sencilla, encierra una idea de gran alcance, que permite considerar que incluso un residuo tan habitual y aparentemente intrascendente como un EPI utilizado en prácticas puede formar parte de una cadena de valor distinta, más responsable y más coherente con los retos ambientales actuales», explican.
Uno de los aspectos más valiosos del proyecto es su dimensión educativa. La universidad no solo transmite conocimientos técnicos. También modela hábitos, prioridades y formas de entender la profesión. «Por eso, cuando una institución incorpora prácticas de sostenibilidad a sus entornos reales de aprendizaje, está enviando un mensaje muy claro a sus estudiantes. En el ámbito concreto de la titulación, esta línea de trabajo se encuentra plenamente alineada con la apuesta del equipo académico del Grado en Odontología y con la visión de la Dra. Ana Suárez, vicedecana de Odontología, orientada a integrar excelencia formativa, innovación y responsabilidad institucional en un mismo enfoque», manifiestan desde la institución.
En este caso, los alumnos no solo aprenden a utilizar correctamente los equipos de protección en un contexto odontológico. También incorporan una comprensión más amplia del impacto de su actividad, entendiendo que los materiales tienen un ciclo de vida y que la responsabilidad no termina en el momento de su uso. Esta toma de conciencia resulta especialmente importante en profesiones sanitarias, donde la exigencia técnica debe convivir con una comprensión cada vez más amplia de las implicaciones sociales y ambientales del trabajo cotidiano.


