Encuentros

Implantología digital: más control, más protocolo y el mismo criterio clínico

Los cinco invitados del coloquio: los Dres. Miguel González, Pedro Peña, Didier Delmas, Guillermo Manzano y Nuno Antunes.

Cinco destacados expertos analizaron, en una mesa redonda organizada por Gaceta Dental con el patrocinio de Nobel Biocare, cómo la digitalización ha dejado de ser una promesa para convertirse en una forma de trabajo que afecta al diagnóstico, la planificación, la cirugía, la prótesis, la comunicación con el laboratorio y la relación con el paciente. Pedro Peña, Didier Delmas, Miguel González, Nuno Antunes y Guillermo Manzano debatieron y compartieron reflexiones sobre la Implantología Digital y las tendencias de un futuro -y presente- marcado por la inteligencia artificial y la robótica.

La conversación arrancó con una idea compartida: la digitalización ya no se discute como horizonte, sino como presente. La cuestión, coincidieron los participantes, no es tanto si una clínica es o no digital, sino qué significa realmente serlo y hasta qué punto ese salto se ha traducido en una mejor práctica implantológica.

En ese punto, el debate se movió rápidamente de la herramienta al método. Frente a una visión reducida de lo digital como suma de dispositivos, los ponentes defendieron que el verdadero cambio aparece cuando el flujo se cierra de principio a fin y cuando la tecnología sirve para tomar mejores decisiones clínicas.

Didier Delmas: «Tenemos que saber transmitir al paciente el valor de nuestra experiencia, formación y la tecnología que aplicamos en los tratamientos».

Pedro Peña situó el debate en perspectiva. Tras décadas de evolución, consideró que la Implantología casi ha alcanzado el “cierre del flujo digital completo”. “Estamos muy cerca, -si no ya- en este punto. Sin embargo, todavía queda probablemente algún momento en el que somos todavía analógicos, y eso es porque no nos sentimos 100% seguros de lo digital”, aseveró.

Miguel González ahondó en la idea de que “una clínica no se convierte en digital por incorporar un escáner intraoral o por digitalizar una fase aislada”. Para él, la clave está en “clonar” al paciente, integrar los datos y trabajar con un flujo completo que permita diagnosticar, planificar, ejecutar y provisionalizar con coherencia. “Hay que tener el flujo completo. Te ayuda en todo: a diagnosticar a un paciente con una precisión muy grande, a poder hacer una cirugía navegada y a tomar la impresión con una precisión mucho mayor que de forma analógica. Pero también es primordial, básico, entender qué es lo que pasa de forma analógica para poder implementar lo digital”.

Guillermo Manzano resumió esa filosofía con una idea muy concreta: “la verdadera digitalización no es un clínico utilizando una máquina, sino un equipo siguiendo un protocolo. Ahí es donde aparecen de verdad los beneficios en el diagnóstico, la planificación, la ejecución y, muy especialmente, en el control de calidad. Las bases biológicas o funcionales no cambian, lo que cambia es la forma de enfocarte y de enfrentarte a cada caso. El sistema digital te permite evaluar, comparar, ajustarte y ser mucho más preciso. Dicho esto, en el mundo real, uno de los principales retos reside en la adopción como rutina de esos nuevos protocolos por parte del clínico, especialmente cuando lo haces a escala, donde te encuentras con niveles diferentes de madurez digital”.

Más precisión y más control, pero con base clínica sólida

A lo largo de la mesa se repitió una advertencia: la digitalización aporta valor cuando hay criterio detrás. Didier Delmas defendió que el principal beneficio del flujo digital es el control, porque permite recabar y manejar una cantidad de información que en analógico resultaba mucho más difícil de integrar. Sin embargo, dejó claro que ese control solo tiene sentido si el clínico sabe qué problema quiere resolver. “No se trata de comprar tecnología. Es un error muy común intentar llenar un vacío quizás formativo o a nivel de práctica clínica comprando una máquina”, enfatizó Didier Delmas. “La digitalización simplifica la toma de decisiones, nos ayuda en el diagnóstico, en el plan de tratamiento… Ahora, tenemos todos los datos posibles del paciente, pero para tomar buenas decisiones tiene que haber conocimiento. Asimismo, es esencial el trabajo en equipo, odontólogo, equipo auxiliar, laboratorio… todos tenemos que ir en la misma línea”.

Esa idea enlazó con uno de los puntos que mayor debate generó en el encuentro: si la tecnología hace o no mejor al profesional. Hubo matices, pero el consenso fue claro en lo esencial. La tecnología puede hacer el trabajo más preciso, más consistente y menos dependiente del clínico en determinados pasos, pero no hay que olvidarse de los límites de la biología, ni de la formación y experiencia que son determinantes para resolver un caso cuando algo falla.

“Desde mi punto de vista, la digitalización contribuye a elevar el nivel de la práctica clínica y también a equilibrarlo. Hay que tener en cuenta que la adopción de la digitalización no es lineal. No todas las clínicas están en el mismo punto, algunas, de hecho, lo siguen haciendo todo analógico; hay otras que solo tienen un escáner intraoral, pero otras están completamente digitalizadas. En cualquier caso, no puedes confiar a ciegas en el software. El criterio del clínico sigue siendo esencial” puntualizó Nuno Antunes.

“No te ayuda a ser mejor si no tienes los conceptos claros primero. La digitalización me ayuda a ser más preciso, a hacer las cosas más rápido, pero lo más importante es tener el conocimiento para desarrollarlo de una forma mejor”, destacó Miguel González. Algo que Pedro Peña resumió a modo de titular: “El buen clínico es mejor con tecnología”. Por su parte, Guillermo Manzano añadió otro matiz relevante: “Lo digital aporta consistencia y precisión, pero también puede generar una falsa sensación de seguridad. Por ejemplo, la guía quirúrgica te da precisión, no te da criterio. Y cualquier caso que abordas con guía tienes que ser capaz de terminarlo sin ella“, destacó.

En la misma línea, Didier Delmas alertó, de nuevo, del riesgo de pensar que la tecnología “lo hace por ti”. A su juicio, ese es uno de los errores más frecuentes cuando se habla de digitalización.

Protocolos, formación y curva de aprendizaje

Si hubo otro hilo conductor claro en la conversación fue el de la formación. Todos coincidieron en que la Implantología Digital exige conocimiento, actualización continua y protocolos clínicos bien construidos y adaptables, ya que son sistemas vivos que se refinan con la experiencia y con la necesaria actualización continua. “La velocidad a la que vamos ahora es de tal calibre que no te da la vida. Hay que generar programas formativos que vayan de la mano de las innovaciones que se hacen todos los días y la Universidad no es capaz de responder a este ritmo frenético de innovación”, destacó Pedro Peña.

Guillermo Manzano: «Lo digital puede dar también una falsa sensación de seguridad. La herramienta ayuda, pero el criterio y la responsabilidad siguen recayendo en el clínico».

Por eso defendió la necesidad de combinar formación reglada, con una apuesta permanente por la formación continuada con soporte de la industria, aprendizaje entre colegas y modelos híbridos que integren lo online con lo práctico. No basta con incorporar una herramienta; hay que aprender a integrarla, entrenar al equipo y asumir una curva de aprendizaje que no siempre encaja bien con la presión asistencial y empresarial de la clínica. “La curva de aprendizaje está ahí, pero hay que tener paciencia y saber el beneficio que te va a dar. Y no solo beneficio económico: tenemos que pensar en el paciente, en su experiencia. Todo el tiempo de sillón que le puedas ahorrar será bien recibido. Como profesional tienes que asumir la curva de aprendizaje porque si no lo haces o no das el paso digital será el paciente el que lo pida como ya nos sucede”, reseñó Didier Delmas.

En algún punto del debate se puso encima de la mesa la parte de responsabilidad de las empresas cuando venden tecnología y el papel clave que tienen a la hora de asesorar, aconsejar, formar y saber adaptar esa formación.

“En general la industria tiene conciencia de esa dificultad de adopción dependiendo del punto de entrada, porque no es lo mismo un clínico que está acostumbrado a planificar de forma digital, que ya utilice un escáner intraoral y que va a entrar en cirugía guiada o en cirugía navegada. Son tipos de clínicos distintos. Entonces, a nosotros como compañía, no nos interesa vender equipos y tenerlos parados dentro de la clínica, porque eso es un punto de fricción con el clínico a lo largo del tiempo. Por eso, a nivel de formación hacemos cada vez más programas adaptados a las características que el profesional nos presenta, con la necesidad bien identificada, pero también con su habilidad para las tecnologías digitales, para poder entrenar a esa persona de la forma más rápida, empezando con casos más sencillos para que coja confianza y esté cada vez más preparado para hacer casos más complejos”, advirtió Nuno Antunes.

En un contexto en el que, como se apuntó durante la mesa, la oferta formativa en Odontología es “una auténtica locura”, Pedro Peña advirtió de que “no es fácil” elegir bien y de que “la gente suele ir como las urracas a las cosas brillantes”, cuando lo que es clave para acertar en la elección de un programa es poner el foco en el dictante: buscar perfiles que tengan un bagaje personal y profesional suficiente como para que lo que ellos te puedan dar sea contrastable y de utilidad”. En la misma línea, Didier Delmas insistió en que hay que saber elegir bien quién te forma, primando la experiencia “por desgracia, estamos acostumbrados en el sector a ver gente que vende humo”, y añadió un nuevo criterio de ayuda: tener en consideración las buenas referencias de otros compañeros que ya hayan hecho un determinado curso.

Inmersos varios de los invitados en el lanzamiento de un proyecto formativo online, se abrió el debate al valor de la formación online en una disciplina que “exige” práctica. Pedro Peña destacó “la accesibilidad y la democratización -entendidas desde el plano geográfico y económico-; Didier Delmas puso el foco en ‘la velocidad de actualización’ como una de sus grandes ventajas, mientras que Miguel González recordó que la experiencia reciente ha demostrado ‘que no teníamos que viajar tanto para formarnos y que se pueden hacer cosas online de calidad’. Por su parte, Guillermo Manzano apostó por ‘modelos híbridos’, en los que el clínico pueda adquirir conocimientos online ‘a tu ritmo’ y reservar módulos concretos para la parte práctica”.

Zona estética: cuando lo digital ayuda, pero no sustituye a la experiencia

Otro de los temas estrella fue el abordaje de la zona estética, descrita por varios de los ponentes como el territorio más desafiante para el clínico y donde más claramente se ve que lo digital es una ayuda, pero que no basta por sí solo. Ahí confluyen tejidos blandos, volumen óseo, perfil de emergencia, exigencia del paciente y una ejecución en la que pequeños cambios producen un impacto enorme en el resultado.

Pedro Peña: «El buen clínico es mejor con tecnología».

Para Miguel González, “el gran valor de lo digital en este contexto está en el diagnóstico: poder ver antes de actuar qué déficit de tejidos existe, qué aditamentos se necesitarán y qué posición tridimensional del implante permitirá acercarse al resultado buscado”.

Guillermo Manzano añadió otra dimensión al desafío: la estética es también la zona en la que más riesgo existe de prometer demasiado. «Las simulaciones digitales son muy poderosas y generan un impacto inmediato en el paciente, pero solo deben mostrarse cuando existe una base clínica real detrás. El riesgo de lo digital en estética es ese: que la imagen sea más bonita que lo que la biología nos permita conseguir”, advirtió.

Desde una perspectiva más clínica, Miguel González recordó que la estética no puede desligarse de salud y función. Su planteamiento fue claro: “la digitalización permite enseñar mejor al paciente qué se puede conseguir, pero también ayuda a encauzar expectativas y a explicar por qué no siempre es posible alcanzar el ideal que el paciente trae en la cabeza. La estética es la consecuencia de que la salud y la función sean perfectas”.

La relación con el paciente apareció de forma constante a lo largo de todo el encuentro. La digitalización, coincidieron los ponentes, mejora la comunicación porque permite mostrar la situación inicial, las limitaciones del caso, las distintas opciones terapéuticas y el alcance real del tratamiento. Pero esa capacidad solo es valiosa si se usa para explicar mejor, advirtió Didier Delmas. “Trasladar todo esto al paciente, qué hay que hacerle, por qué, las limitaciones, los métodos, las herramientas empleadas, el presupuesto… que entienda todo esto es un gran reto. Tenemos que saber transmitir el valor de nuestra experiencia, formación y la tecnología que tenemos. Son también valores diferenciales respecto a la competencia porque también además de clínicos, somos empresarios”.

¿Hacia dónde vamos?

Nuno Antunes: «La gran transformación del All-on-4 con tecnología digital ha sido la planificación reversa: partir del resultado final y de la prótesis para decidir la cirugía, y no al revés».

En el tramo final de la conversación, además de hablar sobre la irrupción de la robótica o de la creciente incorporación de la IA en la industria y la clínica, el futuro de la Implantología se dibujó en términos de más integración, más seguimiento y más apoyo a la toma de decisiones. Nuno Antunes apuntó que “el siguiente gran avance puede no estar tanto en sumar más datos como en desarrollar herramientas que ayuden a interpretar el riesgo biológico y a personalizar mejor los tratamientos”. Guillermo Manzano, por su parte, imaginó “protocolos más estructurados, menos improvisación y una Implantología en la que cada vez se trabaje más en diagnóstico y planificación para ejecutar después con mayor eficiencia”.

Con matices distintos, todos los participantes cerraron la mesa desde un mismo punto: la digitalización ha cambiado de forma profunda la práctica implantológica, pero su verdadero valor sigue dependiendo de algo que no ha cambiado: el conocimiento clínico, la formación continua, el trabajo en equipo y la capacidad de decidir con criterio.

Flujo de trabajo digital All-on-4®: del concepto quirúrgico a la planificación reversa

Con una mesa redonda, bajo el auspicio de Nobel Biocare, no podía dejar de abordarse en uno de los bloques la arcada completa y, en concreto, el concepto de tratamiento All-on-4®. También aquí apareció un consenso de fondo: el valor de lo digital no reside solo en guiar la cirugía, sino en permitir que la prótesis se considere desde el principio y no al final del caso.

Pedro Peña definió All-on-4® como una opción válida en determinados casos, pero insistió en que tiene indicaciones concretas y exige un control máximo en el ajuste pasivo de la estructura.

Miguel González explicó que, en su experiencia, fue en estos casos donde más claramente percibió el salto cualitativo del flujo digital. La combinación de planificación, cirugía guiada o navegada y fotogrametría ha cambiado la forma de capturar la posición de los implantes y de fabricar provisionales inmediatos con mayor precisión y menos tensión. «La diferencia fundamental es la toma de impresiones. Con la fotogrametría, si la prótesis no baja es porque está tropezando en algún sitio, porque la pasividad sé que va a estar bien».

Miguel González: «La estética es la consecuencia de que la salud y la función sean perfectas».

Nuno Antunes señaló que «la gran transformación del All-on-4® con tecnología digital ha sido la planificación reversa: partir del resultado final y de la prótesis para decidir la cirugía, y no al revés. Ese enfoque, apuntó, ha dado más sentido protésico al tratamiento y ha mejorado su previsibilidad».

Didier Delmas aportó una idea transversal al conjunto del bloque: «el concepto puede ser una solución excelente, pero solo para el paciente adecuado. No debería convertirse en una respuesta sistemática ni desligarse de la realidad biológica, económica y emocional de cada caso. No se puede estandarizar para todo paciente que le falten dientes. Hay que hacer una odontología real porque nuestro paciente es real».

Guillermo Manzano añadió: «el flujo digital ha mejorado enormemente la ejecución, pero hay factores que ninguna tecnología resuelve por sí sola. La planificación digital solo es tan buena como el diálogo clínico que la precede. Si cirugía y prótesis no han hablado el mismo lenguaje antes de empezar, la guía quirúrgica y la fotogrametría no salvan el resultado. Y hay algo que el sector todavía infravalora: el All-on-4® no termina en la carga inmediata. Continúa en el seguimiento y monitorización de la evolución a largo plazo. Ahí es donde la odontología digital tiene todavía mucho terreno por explorar».

Nuevo espacio de formación digital

Cleardent refuerza su apuesta por la Odontología digital con la puesta en marcha de un centro de formación especializado –Cherry Hub-, concebido como un espacio de referencia para la capacitación de odontólogos en el flujo de trabajo digital de Nobel Biocare. Este entorno formativo permitirá a los profesionales profundizar, de manera práctica y actualizada, en todas las fases del proceso digital, desde la planificación hasta la rehabilitación final, alineando tecnología, precisión clínica y excelencia en los resultados para el paciente.

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